“Durante
toda la noche sopló viento de Mongolia. Aullaba. Como si trajera consigo
jaurías enteras, lobos de las estepas. Pero no traía lobos sino nubes de arena.
La ciudad amaneció rebozada en un manto de color rojo.”
Este es el
primer párrafo con el que comienza una trepidante historia y la ciudad a la que
alude es Pekín.
Max Montoya,
ingeniero español que trabaja para una multinacional en China, desaparece
misteriosamente cuando el coche en el que viaja tiene un choque sin importancia
en un atasco. La diplomacia española pide explicaciones a las autoridades
chinas y estas mueven su maquinaria para averiguar el paradero del español ya
que el campo en el que trabaja está relacionado con la fabricación de
componentes informáticos y puede tratarse de un tema de espionaje. Desde España,
y por orden de las altas esferas gubernamentales, el CNI envía a uno de sus
mejores agentes, Gilda Leyva, para que investigue también.
Con estas
premisas arranca un estupendo thriller
donde se mezcla aventura, humor, intriga y crónica social a partes iguales. Aunque
esta novela a priori puede
considerarse policíaca, en realidad es algo más. Es mucho más.
Para empezar,
la novela está plagada de guiños humorísticos e irónicos, como que la protagonista
se llame Gilda en honor a Rita Hayworth y resulte ser una mujer bajita y no
demasiado atractiva. El sentido del humor de la escritora es notorio
especialmente cuando se centra en los personajes que representan políticos
españoles donde la palma se la lleva el ministro de Asuntos Exteriores. Cada
vez que este personaje hace acto de presencia el sarcasmo de la autora se
expresa incisivamente; sarcasmo igualmente incisivo cuando aparece el embajador
español en China que también se lleva lo suyo. Desternillante.
Mientras que
Gilda Leyva se encarga de averiguar el paradero de Max Montoya, Dolores Payás
nos presenta una radiografía divertida de los entresijos de la diplomacia —española
y china— o de la sociedad del gigante asiático con sus contrastes y sus paradojas (y su encanto también). Especial hincapié se hace en el sentido de la
colectividad china, en detrimento de la individualidad, que les permite avanzar
a un ritmo escalofriante, porque el trabajo en equipo conlleva muchas ventajas:
“La acción en grupo creaba un equilibrio
extraordinario, un arma solidaria, para afrontar la crueldad del mundo.”
Sin defender el
sistema político controlador que hay en China, también nos hace reflexionar
sobre la impostura del binomio libertad-capitalismo:
“El tan cacareado amor por la libertad es
una falacia, el hombre elige ser rico y propietario de cosas antes que ser
libre. La libertad conlleva responsabilidades, muchos quebraderos de cabeza.”
La autora habla
de estos temas con conocimiento de causa pues ha pasado largas temporadas en
China y no como una habitante ocasional, sino interesándose por la forma de
vivir y de entender la vida de los chinos.
También hace
alusión al machismo exacerbado y arraigado en ese país, al mismo tiempo que
rescata el protagonismo que se merecen las mujeres de allí a través de los
personajes que por esta novela aparecen.
Y es que los
personajes femeninos tienen un peso especial. Payás entiende y defiende a las
mujeres y eso se le nota al escribir. Uno podría pensar que dado que la autora
es una mujer esto que cuento es lo lógico. Pues no, no todas las autoras están
comprometidas con el papel de la mujer en la sociedad. Desde luego Dolores sí y
en esta novela así lo manifiesta.
Esta novela
apareció en las librerías el mes pasado. Sin embargo yo tuve el privilegio de
leerla mucho antes porque la autora me hizo el inmenso honor de entregármela
para que le diera mi opinión antes de que una editorial se interesara por ella.
Es lo que en el mundo literario se llama “feedback”. Gracias a esta acción pude
disfrutar, antes que el público en general, de una historia muy divertida y peculiar
ya que, dada la trama, cabría catalogar la novela de policíaca, pero no lo es,
o sí, pero no completamente, porque tiene un elemento que no se suele encontrar
en las novelas de ese género: el humor. Y parece ser que ese humor tan
inesperado en una novela de corte policíaco hizo que algunas editoriales
desestimaran publicarla. Pero hubo una editorial, Navona, que fue valiente y
apostó por la originalidad de combinar trama policíaca con humor, y menos mal, porque
sin ese humor la novela quedaría incompleta.
Si conozco
estos detalles es porque mi relación con la escritora va más allá de lo
habitual entre un lector y un escritor. Llegados a este punto aviso que lo que
viene a continuación deja de ser también una reseña habitual para convertirse
en otra cosa. Aunque esto es algo que suelo hacer de vez en cuando —después de
todo, este no es un blog de crítica literaria y yo no soy una entendida en la
materia sino una simple lectora que manifiesta su opinión— pido disculpas a los
puristas por la rebeldía.
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| Presentación de "Solo sombras" en la Librería Los Editores, a la izquierda Dolores Payás y a la derecha Angels Barceló quien se encargó de presentar la novela. |
Conocí a Dolo
Payás hace más de seis años y fue leyendo su primera novela. Me encandiló el
estilo narrativo tan cuidado, y tan divertido también, que resulta ser su seña
de identidad. Con aquella lectura me apunté su nombre y me propuse leer todo lo
que escribiera.
Por estas cosas
de los mundos de internet nos pusimos en contacto y mantuvimos una relación telemática
pues los miles de kilómetros que separaban nuestros respectivos domicilios
hacían prácticamente imposible vernos en persona. Esa amistad virtual se hizo
tangible el mes pasado cuando, con motivo de la presentación de “Solo sombras”
en Madrid, pudimos hablar cara a cara y darnos un abrazo. Fue muy gratificante
comprobar que la mujer afable y cariñosa que se adivinaba tras las letras de
sus correos electrónicos era así en persona. Sin trampa ni cartón.
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| Una servidora con Dolo Payás |
Mucho se ha
escrito sobre la relación que se establece entre lector y escritor, y del papel
que tiene cada uno al intentar, desde los dos lados, “conectar”.
No suelo yo
conectar con muchos escritores, me gustan sus obras, sí, pero no siento ninguna
atracción. Cuando esa conexión no se da, entonces tengo una relación que yo
llamo de “usuario”, es decir leo algo, me gusta (o no) y a otra cosa, mariposa.
Pero a veces el vínculo entre lector y escritor va más allá; a través de las
letras el lector puede sentir cierta afinidad especial y por motivos muy
distintos, pero siempre esa sensación se vehiculiza a través de la forma de
contar una historia. Esto me pasa con muy pocos escritores, y Dolo Payás es una
de ellos.
La prosa
cuidada de Dolores Payás, con un vocabulario de una gran riqueza pero sin ser
ampuloso, denota un bagaje cultural importante —ella es muy leída y muy
viajada, y eso se percibe al leerla—.
Que se cuenten
las historias bien, para mí es fundamental, y si, encima, las historias son
interesantes el éxito de la lectura está asegurado. Pero las historias que
cuenta Dolo Payás no solo son interesantes y están bien contadas, además tienen
trasfondo, hay crítica, hay reflexión y hay siempre humor —un humor que a mí,
personalmente, me encanta y que me dice mucho de quien así lo manifiesta—.
Cuando todos estos elementos se combinan y además muy bien, voilá: se da la conexión.
En “Solo sombras” además de una trama
interesante, hay mucho divertimento (sobre todo a costa de algunos cargos
diplomáticos) y un repaso de algunas de las características de la sociedad
china que tan inexplicable y enigmática puede parecernos para quienes nunca
hemos vivido allí.
¡Ah! y todo
fenomenalmente escrito. Leer a Dolores Payás es ir sobre seguro.



























