2 de octubre de 2026

Amor de piedra

 Ramiro acusaba el cansancio de tantas noches de trabajo; solo eso podía explicar las voces que creía oír en la solitaria sala del museo.

Su especialidad en arqueometría y análisis de la policromía antigua le había capacitado para trabajar en uno de los museos más prestigiosos del mundo: el Museo Arqueológico Nacional. Sus novedosos conocimientos de la más avanzada tecnología colorimétrica le permitían descifrar los secretos químicos ocultos en restos arqueológicos de gran valor sin dañarlos y obtener así información importantísima.

La famosa institución estaba preparando una exposición internacional sobre estudios actualizados de las grandes piezas ibéricas del museo: «Los colores del pasado: del Mediterráneo al Atlántico». Para dicha exposición habían requerido los servicios de Ramiro; debía analizar dos de las piezas más valiosas y famosas de la colección: la Dama de Elche y la Dama de Baza.

Debido a los estrictos protocolos de seguridad las esculturas no podían trasladarse a los laboratorios subterráneos por lo que el joven arqueólogo tenía que trabajar «in situ», en las horas que el museo permanecía cerrado al público y en una penumbra acogedora (y algo intimidante) para no alterar la humedad y la temperatura ambientales.

«Mediante el uso de luces multiespectrales podemos hacer hablar a las piedras» solía comentar a sus colegas, aunque lo de «hablar» lo decía en plan metafórico, por eso las voces que creía escuchar a altas horas de la madrugada las achacaba al cansancio.

—Buenas noches, Ramiro —le saludó el guardia de seguridad cuando fue a comprobar que todo estaba en orden.

—Buenas noches, Mateo. Por favor, revisa si la conexión wifi se vincula con algún dispositivo y se transmite cierto tipo de sonido por megafonía —le comunicó el joven ante la posibilidad de alguna interferencia.

—No hay nada enchufao —contestó el segurata—. Además, yo no oigo ná.

—No te preocupes. Seguro que son imaginaciones mías.

—Si no me necesita me voy a seguir la ronda.

—Adelante, Mateo. Yo recojo esto y me voy, ya está bien por hoy. Necesito descansar.

***

—Que son imaginaciones, dice. Este chico será un portento en lo suyo y guapo a rabiar, pero es un pelín pazguato —se oyó una voz en la sala 13 donde unos momentos antes se encontraba Ramiro trabajando.

—Con esos dos luceros que tiene por ojos y con ese tronío que se gasta el gachó, puede ser todo lo pazguato que quiera. Nadie es perfecto —contestó otra voz femenina con acento andaluz.

—Mira, chica, no te hagas ilusiones porque no tienes nada que hacer. Ramiro es mío y él también denota su predilección por mí. Las mujeres de Elche no podemos evitar esa fascinación en los hombres —suspiró la primera voz con tono engolado.

—Eso sí que son imaginaciones, estirá.

—¿No has percibido con qué mimo me toca y el arrobo con que me mira?

—¡A pijo sacao! Pues claro que te mira alobao, porque tienes más años que la tos. Además, esas cosas que llevas en la cabeza, que parecen las orejeras de un sillón, llaman la atención hasta a un ciego —espetó la andaluza—. Conmigo sí que se queda cuajao. Babeando le vi el otro día cuando se acercó a mí. En Baza yo ya levantaba suspiros cuando estaba viva y alguna cosa más llegué a levantar que no te voy a contar  por no escandalizarte que eres muy remilgada, aunque darte un poco de sonrojo lo mismo no te venía mal porque estás blanca como el papel. Quilla, ¿tú no tomabas el sol en Elche?

—El andar al aire libre es cosa de la plebe. Yo soy una dama y siempre me moví entre palacios y mansiones. Incluso mi efigie ha sido la inquilina de las más ilustres estancias. ¡Yo estuve en el Louvre! Viví en París, pero una provinciana como tú no puede entender lo que significa eso.

—Así te has quedao, paliducha y con cara de amargada. Ramiro nunca se enamoraría de una estirá. Él es viril y fuerte, admira el valor y pa eso ya estoy yo aquí: una guerrera sagrada, mi ajuar así lo muestra. ¡Soy la hostia!

—Una ordinaria es lo que eres. No se puede ser más basta, por favor —replicó la de Elche con tono desabrido y burla—. Yo soy un símbolo de identidad cultural. He inspirado a múltiples poetas gracias a mis facciones perfectas y helenistas. Mi belleza no tiene parangón.

—Ni tu engreimiento. Serás una belleza, pero… no estás entera. Ya me dirás cómo Ramiro te va a dedicar ciertas atenciones si te falta casi todo del cuerpo, porque solo eres un busto. En cambio, mírame a mí: enterita, de arriba abajo y con un color que para ti quisieras.

—El verdadero amor es el del intelecto. Ramiro se enamorará de mi ser, no de mi cuerpo. Somos almas gemelas que comparten el amor por la cultura. Al principio le está atrayendo mi físico, pero eso solo es la puerta que le dará acceso a estancias más recónditas y placenteras que van más allá de lo puramente sensual.

—Cucha, esaboría, donde estén unas buenas caderas como las de la menda… déjate de intelectos y estancias recondidas.

De pronto, un fuerte carraspeo interrumpió el diálogo entre las dos esculturas. Seguidamente se oyó otra voz con acento de Albacete y procedente de una escultura con cuerpo de toro y cabeza humana.

—Perdonad que interrumpa. No he podido evitar oír vuestra conversación, entre otras cosas porque aquí no hay otra cosa que hacer y porque no he tenido más remedio ya que el pedestal al que me han dejado anclado me impide largarme e irme a mi Balazote natal. Solo quería haceros notar un pequeño detalle a tener en cuenta en vuestra pelea por el amor del bello Ramiro: ¿sois conscientes de que estáis hechas de piedra?

—¡¿Quién te ha dado a ti vela en este entierro?! —contestaron a la vez las dos damas.

El toro con cabeza humana se calló y no volvió a intervenir, pero un escalofrío recorrió su cuerpo de piedra caliza mientras pensaba: «Estas dos acaban mal».

—Es mejor que dejemos esta discusión porque no nos conduce a nada —concedió la de Elche—. No le doy la razón a un ser tan desagradable de ver como es la bicha —añadió refiriéndose al toro—, pero no puedo rebajarme a discutir con una palurda como tú —volvió a añadir esta vez refiriéndose a la de Baza.

—Pero ¿tú qué te has creído, tía esparramá? Eres una estirá que se cree la reina del Mambo porque ha viajado a París. Los rodetes que tienes en la cabeza te comprimen los sesos y te han dejado p’allá. Insulsa insufrible.

—Qué despliegue tan fascinante de vulgaridad. Se nota que pasaste siglos enterrada bajo el barro. Por mucho colorido que poseas, la finura no se compra con pintura barata. Tu falta de distinción no se puede decorar.

—Cucha, petarda, te voy a dar yo un par de lecciones sobre distinción con las falcatas que tengo yo aquí para defenderme de imbéciles como tú.

—¿Me vas a agredir? Pero qué simple puedes ser. La bicha ya te lo ha avisado: somos de piedra. ¿Qué vas a hacer para llegar hasta mi pedestal? Ordinaria y tonta; lo tienes todo, hija mía.

—No me provoques señoritinga que me pierdo…

***

ÚLTIMA HORA: Vandalizan la Dama de Elche.

 

MADRID. — El Museo Arqueológico Nacional (MAN) ha sido escenario en las últimas horas de un preocupante acto de vandalismo. Según fuentes de la investigación, un grupo de desconocidos logró burlar todos los controles y protocolos de seguridad del edificio durante la pasada noche, logrando acceder de forma directa a la Sala 13, el espacio noble destinado a la colección de Protohistoria.

Una vez en el interior de la sala, los intrusos se ensañaron de manera exclusiva con una de las piezas más valiosas y emblemáticas del patrimonio histórico español: la Dama de Elche. La dirección del centro ha confirmado que los vándalos, utilizando un objeto punzante, esculpieron de forma permanente las palabras "Paliducha estirá" en la frente de la milenaria escultura de piedra caliza. Ninguna otra pieza arqueológica del entorno, como la Dama de Baza o la Bicha de Balazote, sufrió daños materiales.

La Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional ya investiga el suceso y analiza las grabaciones de las cámaras de seguridad para esclarecer cómo se vulneró el perímetro. Por su parte, el equipo de conservación y restauración del museo se enfrenta a una situación crítica; al tratarse de un grabado por incisión sobre un material poroso y antiguo, el daño en la superficie de la obra es directo, lo que requerirá una intervención microscópica de extrema complejidad para intentar mitigar el impacto estético en la pieza.

Fuentes cercanas al museo nos han desvelado que, para la restauración, requerirán los servicios de un joven y reputado arqueólogo que ya trabaja para ellos:  Ramiro de la Torre Caverna. El elegido ha declarado: «No es mi especialidad, pero haré todo lo que esté en mi mano por restaurar una pieza tan bella y delicada. Me dedicaré a esta importante misión en cuerpo y alma».


 



NOTA DE LA AUTORA: Esta es un relato para el taller del Colectivo Bremen. Toda la historia es fruto de la imaginación de la autora, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Por fortuna, tanto la dama de Baza como la de Elche se encuentran en perfecto estado y, que se sepa, no hay ninguna rivalidad entre ellas. Menos mal.


1 de septiembre de 2026

Al cobijo de una rana

 


La tormenta primaveral era antológica, como lo suelen ser todas en Madrid. Se desató con toda la furia de los elementos sorprendiendo a los transeúntes desprevenidos y sin paraguas; al menos eso es lo que le había pasado a Micaela. En mitad del Paseo de Recoletos la pilló el aguacero; los goterones iniciales (grandes como monedas de cincuenta céntimos) que anunciaban el apocalipsis en forma de lluvia ya la hicieron correr por el bulevar en busca de refugio. La marquesina de una parada de autobús fue su primera elección, lamentablemente también fue el lugar elegido por muchos otros de sus conciudadanos sin paraguas y el lugar estaba abarrotado de gente, siguió corriendo cuando ya las gotas del principio se habían convertido en una cortina de agua, los pocos portales que permanecían abiertos a pesar del temporal también se hallaban ocupados por paseantes resguardados de la lluvia.

Desesperada y calada hasta los huesos se resignó a su suerte y a pillar un resfriado que, a buen seguro, la tendría con fiebre unos cuantos días. Sin embargo, y en medio de la acera, vio una estructura metálica, parecía la figura de un animal. Sin pensárselo se dirigió allí porque aquella cosa tenía cuatro patas y debajo había lugar para cobijarse.

Medianamente a salvo del aguacero comprobó que «esa cosa» que la cobijaba era una rana. «¿Qué o a quién se homenajea erigiendo un monumento a una rana?» se preguntó Micaela escurriendo el fino abrigo de paño empapado. En una placa situada a los pies de la rana de metal se podía leer: «Rana de la Fortuna». Al levantar la vista se dio cuenta de que aquello se encontraba enfrente de un casino y entonces le cuadró el lugar y el motivo de tan insólito elemento urbano.

Fortuna le pareció a Micaela encontrarla para poder huir del aguacero, aunque puestos a pedir suerte hubiera sido mejor que no hubiera llovido nada.

Con superstición tocó la panza metálica del bicho (llena de símbolos). No necesitaba suerte en el juego (suponiendo que ese era el motivo dada la ubicación) porque no era aficionada a apostar, ni siquiera compraba lotería. Su única relación con el juego había sido las partidas de mus en la universidad y de tute con su abuelo. Si había tocado la rana era porque andaba muy necesitada de buena estrella ya que últimamente su vida era un desastre.

Tras cinco años como becaria en un bufete de medio pelo, había conseguido llegar a pasante, pero su precario puesto se tambaleó ante la llegada de una nueva compañera que, con su presencia y don de gentes, había encandilado a todo el personal (incluida, por desgracia, a la directiva) relegando a Micaela a las funciones de becaria y en su nivel más bajo, es decir, a llevar cafés para los demás. Cuando Starbucks instaló una máquina con siete variedades de café e infusiones, su misión en el despacho perdió sentido y la pusieron de patitas en la calle con un paupérrimo finiquito en las manos.

Mientras se lamentaba de su negra suerte se fijó que, en el edificio del otro lado del paseo, la Biblioteca Nacional, había un gran cartel anunciando una exposición. El título, «Homo homini lupus» era llamativo, e ininteligible para Micaela que no tenía ni idea de latín, pero en letra más pequeña, y gracias a su buena vista, pudo leer la traducción debajo en el mismo cartel: el hombre es un lobo para el hombre.

Con ese título supuso que la exposición trataría sobre la caza de los lobos (o algo parecido), pero no le cuadraba que ese tema se expusiera en la Biblioteca Nacional, sería más propio el Museo de Ciencias Naturales. Intrigada buscó en internet con su móvil.

Parece ser que la frase era de un filósofo llamado Thomas Hobbes «¡Qué curioso! Me pega más que lo hubiera dicho Félix Rodríguez de la Fuente» se dijo Micaela con una sonrisa recordando el visionado de unos documentales de la 2 que se llamaban «El Hombre y la Tierra» y que le fascinaban a su abuelo.

«La expresión se utiliza para describir la crueldad, egoísmo y desconfianza que los seres humanos pueden mostrar entre sí», siguió leyendo en internet. Levantando la vista de la pantalla del móvil, Micaela reflexionó sobre ello.

Tras su experiencia laboral con un final tan desastroso se dijo que era verdad. Ese despacho de abogados era una manada de lobos: se habían comportado con ella de manera cruel y egoísta. Después de tantos cafés repartidos, de saberse de memoria los gustos de todo el personal (Marina, la de derecho familiar, quiere el café solo y sin endulzar; Javier, el de facturación, cortado y con sacarina; Manuel, el conserje, doble y con dos sobres de azúcar…). Ella creía que les caía bien, pero nadie movió un dedo en señal de protesta cuando decidieron despedirla, ni un abrazo de consuelo recibió. Tan solo Asunción, la mujer de la limpieza, se limitó a lanzarle una tímida sonrisa de conmiseración cuando salió por la puerta del bufete. ¡Qué desgraciados!

Aunque la peor había sido Lorena, la nueva, la que, con sus risitas, sus faldas cortas y sus generosos escotes que mostraban un busto igualmente generoso, se los había metido a todos en el bolsillo, especialmente a los hombres y a Anabel, la recepcionista, lesbiana declarada que había salido del armario en los años noventa.

Nada más llegar, Lorena se hizo con la cartera de un nuevo cliente (un concejal al que le habían pillado con las manos en el culo de su secretaria) ya que su máster sobre acoso laboral en la Universidad de Oxford la acreditaban para gestionar la denuncia. También tenía otro máster sobre derechos del colectivo LGTBI lo que la catapultó a colaborar en la gestión de varias cuentas de empresas que estaban decidiendo si poner un tercer retrete en sus instalaciones para los transgénero.

Micaela el único título que poseía tras terminar la carrera era un curso de fotografía en blanco y negro realizado en un taller del ayuntamiento en el Centro Cultural de su barrio. Además, usaba una talla de sujetador 70 A.

La manada de lobos (sus compañeros) había atacado a la oveja (ella) y la habían devorado cruelmente, con saña y alevosía, para luego tomarse un café y ayudar a la digestión.

Micaela también sabía que la manada necesita de un líder (esto lo aprendió viendo los documentales de Rodríguez de la Fuente con su abuelo), un lobo alfa que los guiaba y decidía qué presa atacar. En este caso había sido Lorena, la nueva, la pechotes como la llamaba Manuel.

Esa era la responsable, sin ningún género de dudas. La loba alfa

Micaela miró hacia el encapotado cielo y pensó: «No, no es una loba. ¡Es una zorra!»




13 de julio de 2026

Presentación "El legado de Circe" en Cádiz: Café de Levante


El miércoles 17 de junio a las 19:30 h por fin llegó el momento de presentar «El legado de Circe». El lugar, el Café de Levante, famoso por sus actividades culturales. Por sus mesas han pasado personajes eminentes de la cultura española y, ahora, también yo.

Los instantes previos fueron un cúmulo de sensaciones. Estaba muy, pero que muy ilusionada. Quienes se encontraban conmigo me preguntaban si también estaba nerviosa y, la verdad, no sabía muy bien qué contestar porque lo que sentía era difícil de describir. Ahora, tras el paso de los días, creo que la definición exacta sería decir que no estaba nerviosa, estaba acojonada.

24 de junio de 2026

Presentación "El legado de Circe" en Cádiz: Sobrevivir a una entrevista.

 




En esto de escribir y publicar una novela estoy teniendo vivencias de lo más variopintas y extraordinarias.

Una vez salvado el que parecía un escollo insalvable que fue publicar la novela vino el siguiente paso: darla a conocer.

2 de abril de 2026

La hora del planeta

 Este relato es el resultado de un ejercicio propuesto en el taller de escritura al que pertenezco. El tema, en esta ocasión, era "Puntualidad" y esta gamberrada es lo que me ha salido. Disculpad la broma.

LA HORA DEL PLANETA

En la relojería «La hora del planeta» reina el caos. Varios operarios corren de un lado al otro mientras que, desde el despacho del director general, don Minuto Exacto, se oyen unos gritos furibundos.

—¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡Esto es un desastre! ¡Reunión en el taller principal ahora mismo! —grita don Minuto con el rostro enrojecido por la furia.

Todos los trabajadores y mandos intermedios se van a una espaciosa sala donde, sobre miles de mesas llenas de piezas de relojería, se montan los relojes de todo tipo que rigen el tiempo en la Tierra. Clepsidras, relojes de arena, de sol, atómicos, múltiples utensilios capaces de medir el tiempo se encuentran desperdigados por el inmenso taller.

Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores