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25 de enero de 2019

Abandonados II (Reseñas a medias)


Esta es la segunda publicación que dedico a los libros que, por un motivo u otro, he abandonado. Como aviso a navegantes, y por si a alguien le puede servir de ayuda, expongo aquí las razones que me llevaron a dejar la lectura de algunas novelas.

Vaya por delante que todas las opiniones que aquí vierto, además de ser muy personales y sujetas a los gustos de una servidora, se basan en una lectura inconclusa por lo que cabe la posibilidad de que lo que a mí no me gustó pudiera corregirse al final pero que, al no terminar la novela en cuestión, no he podido comprobar.

“La ciudad de la lluvia” – Alfonso del Río

“En el Bilbao de principios de los años ochenta, tres misteriosas muertes unirán los destinos de varios personajes sin conexión aparente. Alain Lara, un joven y prometedor jugador del Athletic, descubre una vieja fotografía en la que reconoce a su abuelo, junto a un famoso empresario bilbaíno. La repentina desaparición de ambos, junto con otros sucesos, lo llevará a una investigación que se remontará a un pasado oculto.”
Esta es la sinopsis abreviada de la novela. La historia comienza en 1970 en Bilbao con un abogado amenazado. Luego hay un salto al París de 1939 donde aparece un ingeniero y un hombre que está buscando a un topo en el bando nazi, después nos vamos a Valencia y a Bilbao otra vez pero ya en 1983... a esas alturas yo ya estaba algo mareada con tanto ir y venir; y sin enterarme de nada.
Ante esta desorientación, por tanto viaje en el tiempo, y ante el exhaustivo detalle con que se cuentan cosas que a mí no me resultaron demasiado interesantes, como en qué consiste la “fascinante” vida de un abogado junior o los avatares de una inminente estrella del fútbol, yo me desinflé. No conseguía entrar en la historia. Pero lo que me decidió a abandonar fueron algunos fallos gramaticales que denotaban, además de cierta dejadez en la supervisión del trabajo final, una calidad narrativa muy mala.

“Las hijas del agua” – Sandra Barneda

Una hermandad secreta de mujeres, una joven elegida para proteger un legado escrito en el agua, y la ciudad de Venecia en el siglo XVIII. Estos son los elementos de lo que yo creía una historia interesante. Además, pillé el libro recién llegada de mi visita a Venecia, una ciudad que me hechizó y que aún me tiene encandilada.
Dispuesta a recorrer de nuevo esa localidad maravillosa, esta vez leyendo, me sumergí en la lectura de la novela para casi morir de un ataque de hiperglucemia en el intento.
Al principio, las descripciones de la ciudad de los canales son muy buenas y aquello me animó muchísimo. Por desgracia eso fue lo único bueno de todo el libro (o de lo que llegué a leer, la mitad más o menos).
La historia es insulsa, los personajes planos y simplones (el malo es malísimo y el bueno lo es tanto que es medio tonto), los diálogos son puro artificio empalagoso propio de un telefilm de sobremesa dominguera. La ñoñería es tanta que hubo momentos en los que creí que necesitaría un chute de insulina para combatir los niveles elevados de glucosa.

“La maldición de la casa grande” – Juan Ramón Lucas

“Esta es la historia de Miguel Zapata Sáez, Tío Lobo, un modesto ganadero que a finales del siglo XIX supo sacar provecho de la incipiente industria de la minería en la sierra de La Unión (Murcia) y, a partir de una pequeña venta creada para dar servicio a los trabajadores, edificó un auténtico imperio.”
Según la sinopsis, y basada en hechos reales, la novela nos cuenta el ascenso de un humilde ganadero que se hizo un empresario. Para empezar no se especifica en qué año transcurre la historia, tan solo un vago “en el año del cólera que cerró Cartagena” algo que a mí me dio muy poca información, no sé si por no ser murciana o por ser una ignorante (seguramente que por las dos cosas).
Esta novela en realidad la terminé (más o menos), aunque hice trampas porque me salté bastantes páginas ya que la lectura fue insufrible. Si intenté acabar (más o menos) fue por esa maldición que planea en la historia; me tenía intrigada pero, al final, resultó ser una tomadura de pelo en toda regla. A modo de señuelo se avanzan algunas cosas que van a ocurrir más adelante pero que luego decepcionan mucho, además de descolocar y desordenar la lectura. Mucho ruido y pocas nueces.
Los diálogos son impostados y poco verosímiles. Que la hija de un minero diga cosas como “Buenas tardes, caballero. Veo que tiene usted interés en que nos encontremos y he de confesarle que no me resulta ingrato…” me descolocó más que los desplazamientos temporales de la historia.
Hay mucha digresión sobre la vida minera y sus penalidades, pero historia argumental poca. Un argumento muy flojo que se pretende esconder tras una intriga que no es realmente tal y que defrauda mucho.

“Laín, el bastardo” – Francisco Narla

El protagonista de esta novela ambientada en el siglo XIII es hijo bastardo de un señor feudal gallego y de una cocinera del castillo del noble. Cuando el padre se va a las Cruzadas, el amparo que hasta entonces ha recibido de su progenitor desaparece y la esposa y el hijo legítimo le hacen la vida imposible al bastardo. Es entonces cuando decide huir y vive diferentes aventuras.
Esto último me lo imagino porque yo no conseguí llegar a tanto. Son muchos los rodeos y las vueltas que dan diferentes personajes, pero la historia avanza a paso de tortuga y me cansé. Puede que el ritmo hubiera sido algo más ágil si al autor no le gustara tanto detenerse en detalles sobre la fauna de los bosques, pues describe con exasperante minuciosidad todo bicho que pulula por ese tipo de hábitat, hasta el punto de que una servidora llegó a creer que estaba ante una versión escrita de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente.
Por otro lado me llamó mucho la atención que, viviendo en la península ibérica, el señor feudal se vaya tan lejos para luchar contra el infiel. Si de defender la religión cristiana se trata con bajarse al sur (a Al-Ándalus) hubiera tenido enemigos a los que enfrentarse sin necesidad de irse hasta Tierra Santa. Es cierto que hubo caballeros hispanos que lucharon en las cruzadas pero la mayoría se quedaron en la que tenían más cerca y al lado de casa, para mí contar esto sería lo más lógico y lo más propio, aunque está claro que irse a Jerusalén o a Antioquía es mucho más “cool” que irse a Jaén o a Granada, dónde va a parar.
Una novela llena de personajes, con muchas historias suplementarias que no dejan de ser paja y que intentan esconder un argumento central muy pobre y muy lento.
   
“El club de los filósofos asesinos” – Julio Murillo

A Henry le han despedido, su mujer le traiciona y su madre se muere. Las cosas le van tan mal que se lía la manta a la cabeza y decide vengarse a tiro limpio de quienes le han desalojado de su paraíso personal. Al mismo tiempo un hombre aparece muerto en un hotel con una nota firmada muy enigmática.
En principio la novela prometía, pero solo al principio. Porque esta también tiene mucho relleno innecesario. Si en la anterior me quejaba de descripciones abusivas sobre animales, en esta de lo que se abusa es de datos sobre música y bandas sonoras. Y ante este afán desmedido de algunos escritores por dar la brasa con algunos temas, yo me pregunto: ¿tan difícil es escribir una novela sin saturarla con detalles que no vienen a cuento? ¿qué problema hay con ir al grano?
Además de divagar, la novela tiene errores de bulto, como diálogos poco convincentes en los que se quieren explicar cosas que no tienen cabida en una conversación. Y en estos casos yo me vuelvo a hacer otra pregunta: ¿qué problema hay en que sea el narrador quien nos facilite la información?
La historia no me enganchaba, a pesar de las premisas, y lo dejé.

“Elogio de la madrastra” – Mario Vargas Llosa

Esta mini novela de Vargas Llosa la tenía guardada desde hacía tiempo. Se la clasifica como novela erótica y tenía curiosidad por leer este género de la mano del gran escritor peruano.
Entiendo que el término “erótico” es algo difuso y va en gustos, pero en esta novela, el erotismo está en su versión más suave. Puede que esta suavidad se deba a que el motivo de las elucubraciones lúbricas de la madrastra son los “arrumacos” que le proporciona su hijastro que es un tierno niño de pocos años. Precisamente la poca edad de uno de los participantes en los juegos eróticos fue lo que a mí me desconectó de la historia; me chirriaba mucho y no conseguí “ponerme” a tono con lo que se contaba ya que no entiendo cómo un niño pequeño puede excitar, no ya a mí (que no me estimula nada de nada) sino a nadie.

Y hasta aquí mi lista de abandonos. Solo, y para terminar, incidir que todo esto son opiniones muy particulares que, evidentemente, no coincidirán con las de otros lectores, pero quiero seguir siendo honesta conmigo misma y con quienes por aquí me leen. Cuando un libro me gusta no tengo inconveniente en expresarlo, pero cuando no me gusta creo que es obligado compartirlo también.







18 de mayo de 2018

Abandonados I (Reseñas a medias)


Hace meses que mi ritmo de publicación de reseñas literarias ha descendido considerablemente. Esto es debido, en parte, a mi participación en un curso de escritura que ha hecho aumentar mi producción de relatos propios en detrimento de la lectura y su posterior reseña. Mi reciente viaje a Venecia y la crónica que nació de él también tiene parte de culpa. Pero no todo es debido a estas razones. Hay una mucho más importante y es que últimamente mi tino a la hora de elegir buenas lecturas es nefasto, es tan mala la opinión que me merecen que abandono su lectura antes de acabarlos. No doy una, la mayor parte de los libros que selecciono para leer son unos rollos de campeonato.

Me he parado a reflexionar sobre ello. ¿A que puede ser debido esto? Tengo varias explicaciones.

1-   Que me he vuelto mucho más crítica y ahora no soporto lo que antes me parecía soportable.
2-   Que me he vuelto más impaciente y no tengo aguante para proseguir con una lectura y darle la oportunidad de que se enderece según avanza el argumento.
3-   Que elijo a tontas y a locas y me muevo por impulsos a la hora de decidir leer un libro, sin pararme y analizar bien qué es lo que me hace atractiva una lectura.

Sea como fuere, el caso es que llevo un buen número de libros que no he terminado. 

Cuando escribo una reseña me gusta ser sincera y avisar si el libro tiene alguna pega. Como un aviso a los navegantes yo advierto de lo que hay. Pero esto lo hago cuando el libro lo he terminado. Si no lo acabo tengo presente que es posible que al final la cosa se haya arreglado. Pero he estado reflexionando, y creo que en el caso de los abandonos también debería avisar, aunque de una manera más sucinta. Y aquí estoy, con la recopilación de los libros que en los últimos meses me han decepcionado tanto que ni siquiera me han dado ganas de terminarlos. En estas no-reseñas explico por qué me decidí a abandonar la lectura.


Las tres muertes de Fermín Salvochea - Jesús Cañadas.

1873, recién instaurada la Primera República, Fermín Salvochea tomó posesión del cargo de alcalde de Cádiz. Siguiendo su espíritu anarquista, adoptó una serie de medidas polémicas que le granjearon la simpatía de los pobres al mismo tiempo que la animadversión de las clases pudientes y del clero.
1907. Fermín Salvochea, legendario alcalde de la ciudad de Cádiz, fallece en extrañas circunstancias. Ese mismo día, Juaíco, un barbero viejo y borracho, decide contarle la historia de Salvochea a su hijo Sebastián.
1873. El joven Juaíco empieza a trabajar para Fermín Salvochea durante su primera semana como alcalde. Una muerte en un burdel los embarcará en una aventura llena de misterios, magia negra y venganza más allá de la tumba.
1907. Un enigmático teatro de los horrores ha llegado a Cádiz. Brutales asesinatos se suceden en los callejones de la ciudad. Sólo Sebastián y sus amigos podrán encontrar la verdad tras la historia de Juaíco y proteger Cádiz del mal antiguo que anida en sus entrañas."

Esta sería la sinopsis del libro y no me negaréis que se presenta interesante. Bueno, pues no lo fue, al menos durante el primer tercio del libro (insisto que no lo terminé). Una de las cosas que no me gustó es que no entra en materia ni a tiros. La famosa muerte de Fermín Salochea “en extrañas circunstancias” no se cuenta durante el primer tercio del libro, y el tal Juaíco le cuenta a su hijo de todo menos cómo murió el alcalde.

El lenguaje empleado es demasiado almibarado y rebuscado con algunos adjetivos que yo creo ya están en desuso desde hace varias décadas. Fallos garrafales como citar la famosa Canción del pirata de Espronceda y decir “por cien cañones por banda” (no son cien, son diez; si un barco lleva cien cañones por banda, serían un total de doscientos, y ese barco se hundiría sí o sí, a no ser que sea el Titanic en cuyo caso se hundiría igual pero no por culpa del peso).

Con estas premisas ya iba yo pensando en dejar la lectura hasta que en la historia aparecieron grifos, y no me refiero a los instrumentos por los que sale el agua, sino a esos seres mitológicos mitad águila, mitad león. Lo que me faltaba. Así que dejé el librito por ser una payasada absurda, que tendrá su público, no lo niego, pero entre el que yo no me encuentro.

Polvo eres - Nieves Concostrina.

En este libro se cuenta la manera de morir de deteminados famosos cuyo deceso resultó algo fuera de lo normal. “No importa que sean santos, mandamases, escritores o músicos: algunos personajes no descansan ni después de muertos. Estas amenas y por momentos desternillantes páginas nos cuentan sus innumerables peripecias a la hora de morir o después de su deceso”.

El término “desternillante” del que escribió la sinopsis no coincide con el mío. Vamos a dejarlo en “graciosillo”. Se utilizan expresiones demasiado coloquiales, y aunque esta obra se cataloga en algunos foros como de “divulgación” yo creo que titular algunos capítulos como “Carlos I de España, el pejiguera de las tumbas” o “El botellón fúnebre de Nerón” me parece bastante vulgar y falto de respeto (vaya por delante que yo no soy monárquica). Además, esos titulares son llamativos pero no se corresponden para nada con la historia que subyace debajo.

No estoy en contra de la divulgación de cualquier tipo, pero si para llamar la atención del respetable público hay que acudir a expresiones chabacanas, casi que mejor dejar la cultura en los libros “serios” y dejarse de chorradas.

La sinfonía del tiempo - Álvaro Arbina.

La sinfonía del tiempo es una emocionante historia de amor, una gran saga familiar y una poderosa intriga histórica. Un fascinante viaje a los tiempos del acero y el carbón, de los edificios de hierro y cristal, de los avances industriales y científicos, de la desigualdad social y el refinamiento burgués

Así es parte de la sinopsis de esta novela. Una vez más, los que escriben las sinopsis tienen conceptos que no coinciden con los míos sobre algunas palabras. “Emocionante historia de amor” para mí fue una edulcorada, ñoña e insulsa historieta digna de un telefilm o de un culebrón, pero de los malos.

Si a esto le añadimos que la sintaxis en algunos párrafos los volvía ininteligibles por las frases tan retorcidas o que el librito tenía más de quinientas páginas… no dudé ni un momento en cerrarlo sin terminar.

El llanto de la isla de Pascua - José Vicente Alfaro.

Un arqueólogo español entra a formar parte de una ambiciosa excavación que pretende arrojar un poco más de luz sobre los numerosos enigmas que todavía hoy persisten en torno a la Isla de Pascua. Un crimen atroz y la sospecha de hallarse ante un descubrimiento antropológico sensacional, le situarán en el centro de una conspiración de la que se acabará convirtiendo en involuntario protagonista”.

Esta es la sinopsis, no voy a valorar el lenguaje empleado porque no quiero enrollarme. Solo decir que la novela está llena de saltos en el tiempo, desde la actualidad al pasado (año 1195 a.C.). Cuando se trata de la actualidad la presentación de los personajes y la manera de contarlos me pareció plana y bastante insulsa. Cuando narra lo que está pasando hace más de treinta siglos la cosa es tan difusa y tan rara (hasta donde leí no averigüé si estaba hablando de extraterrestres) que me costó centrarme. Tanto me dispersé que decidí dejarlo y quedarme sin saber cómo se construyeron los famosos moais de la isla de Pascua.

Las hijas del capitán - María Dueñas.

Esta es la última novela de María Dueñas. Con ella pretendí deshacer el empate que tengo con esta autora. ‘El tiempo entre costuras’ me gustó mucho, pero ‘Misión Olvido’ no me gustó nada. Así que este iba a ser el libro que inclinaría la balanza en un sentido u otro. Lo hizo. Y lo hizo de una manera mucho más rápida de la que se podría esperar tratándose de un tocho de mas de seiscientas páginas. Si fue rápido es porque no pasé de las primeras doscientas hojas.

La trama puede parecer interesante, pero en realidad a mí no me lo pareció. Las páginas se suceden una tras otra y la historia no avanza. Pasan muchas “cositas” pero en realidad no pasa ninguna “cosa”. Hay paja por un tubo. Describir el trayecto de una de las protagonistas a través de un Nueva York nocturno relatando calle por calle su itinerario a mí me resultó aburrido e innecesario, tan solo se explica esta maniobra si la autora quiere demostrar su maravilloso conocimiento de esa ciudad, algo que a mí me trae al fresco porque no tengo intención de visitar Nueva York en un futuro próximo y si lo hago me dedicaré a utilizar un mapa y no su novela.

Lo que leí me pareció insulso, ñoño y con poca chicha. No discuto que la cosa se enderece al final, pero si el argumento se pone interesante solo en la última etapa no entiendo a qué viene aburrir al personal con un principio más lento que un chotis.

Y hasta aquí mis abandonos. Tengo más, pero los publicaré más adelante. Por hoy, basta.

De todas formas vaya esta publicación como pre-aviso o explicación a otras reseñas que se basarán en re-lecturas. Después del éxito que estoy teniendo con algunas novedades cada vez soy más propensa a repetir con lo que ya leí y me gustó; con lo seguro.




14 de abril de 2016

Morir bajo tu cielo

   Hace mucho tiempo que tengo ganas de leer algo sobre nuestro desastre del 98, sobre Cuba o sobre Filipinas. Hace poco tiempo me enteré quiénes fueron en realidad ‘los últimos de Filipinas’. Hasta entonces sólo asociaba esa expresión a un profesor que tenía en el colegio y que llamaba así a los que entregaban siempre en último lugar los exámenes y los trabajos.

   Cuando me avisaron que había una novela que relataba los acontecimientos de la pérdida de Filipinas no lo dudé y me decidí a leerla. Cuando me enteré quién era su autor sí que dudé, pero aun así decidí leerla igualmente.

   Juan Manuel de Prada es un escritor de ideas muy conservadoras. No tengo nada en contra de las personas que opinan así, aunque mi ideología es bastante más liberal, lo que no me gusta es cómo este señor expresa esas ideas. Sus intervenciones en algunos programas de televisión son, en el mejor de los casos, polémicas. Es un ferviente católico y sus diatribas en contra del aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual han sido furibundas. Reseño esto último para poder comprender lo que voy a explicar a continuación.

   Vaya por delante que no pude acabar el libro. Esta reseña se basa en una lectura inconclusa por lo que pido disculpas de antemano. Sin embargo, he querido manifestar el porqué de mi decisión y las impresiones que me llevaron a ese abandono.

   El libro prometía, pues el inicio está muy bien. Comienza describiendo la vida de los dos oficiales que estuvieron al cargo de "los últimos de Filipinas": el capitán Las Morenas y el teniente Martín Cerezo. Al mismo tiempo que se nos cuentan los antecedentes de estos dos militares se describe la situación político-social de Filipinas. Se nos muestra la Manila colonial más rancia que pertenece a los restos de un Imperio decadente que se encuentra ya en caída libre.

   Se hace una buena crítica al remilgado cinismo de los más pudientes que a caballo entre la tradición y la modernidad "iban a comulgar por las mañanas, por las tardes acudían a casas de tolerancia y asistían por las noches a la logia masónica". 

   También se muestra muy bien cómo el trato que se les da a la población indígena por parte de los colonizadores repercute en una guerra que en principio sólo parecía una revuelta de unos pocos. Los filipinos no formaron en ningún momento parte del gobierno de las islas, ni ocuparon puestos de relevancia en sus organismos oficiales por lo que nunca se volcaron en la defensa de las mismas. 

Nadie se implica en una causa que no siente como propia

   Esta implicación no la tenían ni los propios soldados españoles obligados a batallar en un lugar que ni siquiera eran capaces de ubicar en el mapa. Para más escarnio sólo peleaban los más pobres pues si se tenía el dinero suficiente se podía pagar para evitar el enrolamiento. El ejército español estaba formado por pobres desgraciados que no sabían por qué o por quiénes luchaban.

 Tengo que resaltar que la narrativa de De Prada es exquisita, utiliza un lenguaje muy rico –tuve que visitar continuamente el diccionario- y unas expresiones elaboradas que demuestran su gran talento para escribir.

  Lo anteriormente expuesto puede considerarse como introducción a lo que está por venir y para situarnos en lo que, se supone, es la trama principal: el Sitio de Baler. Durante once meses un destacamento de soldados españoles resistió en un pueblo de la isla de Luzón, Baler, el asedio de los insurrectos filipinos. Cuando la guerra terminó este grupo de soldados no se enteró y siguieron atrincherados en una iglesia varios meses más después de firmado ya el armisticio.


   Pero, y ahora viene el problema, también van apareciendo otros personajes que complementan la trama, y es aquí donde el autor muestra cierto maniqueísmo que, además de hacer poco creíbles a esos personajes, presentan la historia como si fuera un cuento para niños, donde el malo es perverso y está sumergido en un pozo de inmundicias mientras que el bueno es un dechado de virtudes.

   Es curioso, pero entre estos personajes tiene mucho peso el clero. Por ejemplo, el arzobispo de Manila se nos presenta como un tipo contemporizador que a la vez que reconoce los defectos de la curia romana la disculpa descargando responsabilidades en los gobernantes, especialmente si son liberales (a Maura, cuya militancia en aquella época era liberal, le dedica varios epítetos poco favorecedores). Otro personaje que tiene relevancia es una monja –un poco rara porque algunos votos no está obligada a cumplir-, una mujer aventurera y con mucho desparpajo que aprovecha la mínima ocasión para hacer proselitismo y divulgar la fe católica a los descreídos filipinos que piensan que la fuente de todos sus males está en la religión. Entre los objetivos para convertir a la verdadera fe se encuentra Teodorico Novicio, el tagalo que capitaneó el ataque en Baler y que repartió caña a los españoles. Es curioso cómo alguien así, que yo me imaginaba bastante feroz, se comporta ante las soflamas de la monja de manera condescendiente y hasta sumisa. 

   Y es así como página tras página se hace una defensa a ultranza de las creencias religiosas, las católicas exactamente. Las continuas alusiones a la bondad de Dios, a los ritos religiosos y su significado acabaron aburriéndome. Para más inri, resulta que el villano de la novela es un holandés traficante de armas y luterano-calvinista por más señas, con unos vicios repugnantes y depravado hasta la exageración; eso sí, se hace hincapié en que su maldad es debida al poco amor que le tiene a Dios, pobrecito él. 

   No tengo ningún problema en que se defiendan las creencias religiosas, en absoluto, y si esa es la intención del escritor no seré yo quien ponga objeciones. Lo que ocurre es que yo buscaba otro tipo de lectura en esta novela, y aquí toda la responsabilidad es mía. Yo quería una historia de soldados; los que combatieron en la defensa de Filipinas, los últimos en concreto. Pero en el primer tercio del libro apenas se hace mención a ellos –un par de cortos capítulos relatando el desplazamiento desde España a Manila del destacamento en cuestión-. 

   En fin, que me fui desinflando a medida que se sucedían las páginas y como el libro tiene casi 800 pues no tenía el cuerpo para tanto sacrificio. Es posible que si la novela fuera algo más corta habría aguantado para ver en qué acaba todo. Aunque el final ya lo sé por los libros de Historia.

Kirke  


Hada verde:Cursores
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