28 de agosto de 2017

"El contenido del silencio" - Lucía Etxebarría

Gabriel vive en Londres y está ultimando los preparativos de su boda. Su hermana Cordelia vive en las islas Canarias pero no tiene contacto con ella desde hace más de diez años. Una llamada desde España le pone sobre aviso: una secta afincada en Tenerife se ha sometido a un suicidio colectivo y creen que su hermana está entre los desaparecidos. Gabriel se traslada a la isla y allí intentará averiguar qué ha pasado con Cordelia.

En principio, el tema principal es el “modus operandi” de las sectas, pero de manera accesoria y como complemento se añaden otros. De pasada se nos cuenta el papel de la mujer en la España de Franco, también se explican, con una gran profusión de datos, las maniobras de los nazis en este país durante y después de la Segunda Guerra Mundial –entre esta abundancia de detalles hay más de tres páginas dedicadas al origen y significado de la cruz gamada–. Asimismo, se plantean diferentes teorías pseudocientíficas como el campo morfogenético –un campo de energía que hace que una familia se mueva con un patrón determinado conllevando heredar los conflictos no resueltos de nuestros antepasados– y en el que se fundamenta el destino de algunos personajes que aparecen por esta novela, algo que me pareció lo más delirante de todo el libro. Porque delirante creo que es el adjetivo que mejor le va a esta historia. 

Lucía Etxebarría escribe muy bien y eso es lo que hizo que terminara la lectura. Tanto el lenguaje utilizado como la narración están muy cuidados. Pero el argumento es a veces rocambolesco y algo pueril, los secretos de familia resultan ñoños y sin sustancia, más propios de un culebrón de serie B.

Cuando analiza la manera de funcionar de las sectas y cómo lavan el cerebro a sus víctimas se basa en la historia personal de uno de los personajes. Este relata en primera persona su experiencia como discípulo de una organización católica llamada La Firma, un nombre ficticio pero tras el que, después de leer el primer párrafo, cualquiera puede identificar al Opus Dei. No me pareció mal el paralelismo, aunque esta organización no esté catalogada como secta, lo que me pareció mal es que se explayara más de cuarenta páginas en contar con pelos y señales los entresijos de dicha institución.

La acción transcurre mayormente en Tenerife y Fuerteventura. La autora hace gala de un buen conocimiento de las islas –hay un par de párrafos donde se describe el paisaje majorero que son una auténtica preciosidad, lo mejor de la novela sin ninguna duda–. Sin embargo la manera de contar cosas de estas islas me pareció muy fría en la mayoría de las ocasiones. Soy una enamorada de las islas Canarias –las visito con asiduidad– y cuando habla de sus gentes, de su gastronomía, de su historia o de su paisaje no percibí “el alma” de ese lugar tan especial. Más pareciera que estaba leyendo un folleto de viajes o las explicaciones de un guía turístico. 

Una novela que se deja leer por su buena redacción aunque el argumento no esté a la altura y con una información añadida excesivamente prolija que deja la sensación de muchas páginas de relleno. 



24 de agosto de 2017

"El jardín de la memoria" - Lea Vélez

Después de unas reparadoras vacaciones aquí estoy de nuevo, dispuesta a dar caña y mucha guerra.

En este paréntesis vacacional me he dedicado a hacer las cosas que tenía aparcadas o medio abandonadas durante el proceso de escribir la tesis: pasear, escribir, disfrutar de mi familia y de mis amigos y sobre todo LEER. Por eso inicio este nuevo curso con la actividad primigenia del blog, con una reseña literaria.



La autora de este libro, Lea Vélez, perdió a su marido tras varios años de lucha contra el cáncer. Esta novela, que en realidad no es tal, relata los últimos momentos compartidos con su compañero.

Conocí a la escritora a través de otra novela suya escrita después de ésta, La cirujana de Palma, en el prólogo le dedicaba esta frase a su esposo ya fallecido:

“A George, porque con su vida me enseñó a reír y con su muerte me enseñó a vivir”

Reconozco que esa frase me impactó mucho, además saber que había enviudado siendo una mujer joven también me sorprendió. Cuando supe que había escrito un libro sobre esa experiencia tan traumática no dudé en hacerme con él pues en aquella primera novela descubrí a una buena escritora.

Hablar de los últimos momentos con un ser querido moribundo puede ser muy triste, pero Lea lo cuenta de una manera tan natural que la lectura no fue ni lacrimógena ni ñoña. Relata el penoso camino hacia la muerte, el camino del que acompaña al que muere, pero sin caer en sentimentalismos.

Parte de ese camino lo recorre con los recuerdos de la infancia de su esposo y recuerda con él, con su ayuda, otras experiencias también de pérdida que vivió siendo un niño. Con estas evocaciones recupera las vivencias y a los seres con quienes las compartió. 

Con este libro Lea Vélez pretende rellenar una maleta con recuerdos, para que no se pierdan, para que un día sus hijos (unos niños de 2 y 4 años cuando falleció su padre) puedan evocar a quien les dejó tan pronto.

Reconozco que en algún momento me emocioné, pero no por el tono de la narración (insisto, no es nada lacrimógena) sino porque, por desgracia yo también he perdido a causa del cáncer a una persona muy querida y hube de pasar por situaciones muy similares a las que relata la escritora. 

El relato no es triste porque a pesar de contar cómo llega la muerte, el libro es un canto a la vida: “junto a la muerte se aprende a vivir”.

El libro no es excepcional pero entre sus líneas se adivina a una mujer, la escritora, que sí lo es. La manera de afrontar la pérdida demuestra que además de escribir bien sabe aceptar los designios de la vida.

“No se puede atrapar la frescura de una flor entre las páginas de un libro, solo una sombra de su belleza. Por suerte los escritores sí que podemos atrapar los sentimientos”

Las cenizas de su esposo descansan en un lugar de Gran Bretaña (él era natural de allí) llamado 'El jardín de la memoria', los recuerdos de sus últimos días residen entre las líneas de este libro.

“Hay que mantener regados los recuerdos de los que se fueron. Si no los regamos y no los revisitamos perdemos parte de nuestra propia esencia. He plantado un jardín para que mis hijos tengan a su padre”


                                    



23 de julio de 2017

Blog desconectado por falta de batería


   Los que por aquí pasáis con asiduidad sabéis lo estresantes que han sido estos últimos meses. La aventura de mi tesis doctoral me ha dejado secuelas. El agobio, los nervios ante la eventualidad de no cumplir los plazos y todo el estrés que conllevó presentar y defender la tesis me han dañado. El agotamiento mental que supuso todo esto me ha dejado laxa y sin ganas de hacer nada. 

   En todos estos años de andadura bloguera nunca he dejado de escribir en el blog, con mayor o menor frecuencia siempre anduve por aquí. Pero este año será la excepción. Por primera vez en varios años mis vacaciones van a consistir no solo en ir al mar y disfrutar de un paisaje diferente al que estoy habituada. Este año me he propuesto desconectar, y esa desconexión será figurada y literal.

    Como si de un teléfono móvil se tratara me voy a apagar para recargar completamente la batería y luego poder utilizar todas mis aplicaciones al 100% de rendimiento; voy a hacer limpieza mental y eliminar los archivos basura que me impiden funcionar correctamente (todavía tengo alguna gráfica de la estadística rondándome la cabeza y cosas así). Necesito apagar mi dispositivo para que así el programa rastreador pueda ser más efectivo.

   No voy a utilizar ningún artilugio electrónico, tan solo el teléfono móvil y para emplearlo para lo que fue ideado en sus inicios: para hablar, con la familia y algunos amigos. Por lo demás me despido durante unas semanas de las redes sociales, de los blogs y del correo electrónico.

   Cuando pienso en esta desconexión creo que estoy volviendo a la época de las cavernas, pero bien mirado esto era así tan solo hace unos pocos años. No había conexión a internet fuera del domicilio o del ámbito laboral y el mundo no se detenía. Espero que en esta ocasión tampoco se detenga. 

   A mi regreso de este retiro de la vida cibernética espero reencontrarme con todos vosotros, para compartir mis lecturas, mis escritos (me desconecto pero pienso seguir escribiendo) y para conocer vuestras creaciones. Espero regresar con nuevos proyectos, con un nuevo talante más relajado y con muchas ganas de saber de vosotros, de hecho ya os empiezo a añorar, pero mi propósito es firme.

   Hasta la vuelta, amigos.








21 de julio de 2017

"Es un decir"- Jenn Díaz

El día que Mariela cumple once años matan a su padre, ella misma oye el disparo que acaba con su vida. Es la postguerra española y ella vive en un pueblo. Desde ese momento se convierte en una adulta, pero a pesar de ello no sabe quienes ni por qué han asesinado a su padre. En casa ni su madre ni su abuela quieren decirle nada y es entonces cuando Mariela se propone averiguar los secretos que se esconden en su familia. Todos en el pueblo saben más de la vida de Mariela que ella misma y la manera de conocer su historia es a través de lo que se dice en el pueblo, de lo que los demás comentan sobre ella y su familia. 

Esta novela, o más bien este relato largo (poco más de 150 páginas), es la vida de Mariela, una vida llena de ausencias, reales o sentidas. Un padre muerto, una madre displicente, una abuela enigmática y un abuelo desaparecido hacen que Mariela sienta la ausencia en todo su rigor:

“Alguien a quien no se puede ver, ni tocar, ni escuchar es como si estuviera muerto”

Esta historia es la historia de Mariela a través de las vidas de los hombres como esposos, como padres, como amantes vista por las mujeres como esposas, como madres y como enamoradas. Esta historia es el resultado de lo que Mariela escucha que dicen otros de su vida a través de las palabras “que lo dicen todo y no dicen nada” y cuando esas palabras no son claras o no resuelven sus dudas ella misma rellena los huecos, adorna su historia con falsos recuerdos que idealizan al ausente.

“Del muerto es fácil hablar y confiar en él, es alguien que se adapta a tu necesidad, a tu añoranza y se va moldeando hasta que es justo como tú deseas”
“Es fácil idealizar a un muerto porque nunca te va a decepcionar”

A través de los pensamientos de una niña que se cree adulta pero en realidad aún no lo es y de los de la abuela, una mujer inculta y afectada por la desaparición de su marido, nos enteramos de los secretos que se esconden en esa familia. Secretos que a mí se me antojaron folletinescos y que me dejaron un regusto a decepción (me esperaba más enjundia tras ese secretismo).

Además, la forma de narrar plasma el caos y la falta de conexión propia de los pensamientos, ideas que se suceden unas a otras de manera desordenada y sin solución de continuidad. Hay que darle el reconocimiento a la autora por saber expresar tan bien esa forma de razonar, pero esta técnica si bien es natural cuando de pensar se trata es incómoda cuando se trata de leer.

Una novela original en cuanto a la narración, decepcionante en cuanto al contenido y aceptable por su corta extensión. Es un decir.





16 de julio de 2017

"No soy un monstruo"-Carme Chaparro

En un centro comercial de Madrid un niño de cuatro años desaparece en un despiste de su madre. Todas las alarmas se disparan y además la angustia se acrecienta porque la desaparición es en el mismo lugar donde dos años antes otro niño fue secuestrado sin haber dado con el paradero. La policía y los medios de comunicación no tardan en llegar a la conclusión de que se trata del mismo depredador que ha vuelto a actuar.

En esta historia se ven implicados dos personajes principales, Inés, una reportera de televisión y también escritora de novelas, y Ana, una policía que se encargó del caso del primer niño y además amiga de la escritora.

Este es el escenario de una novela policíaca pues de encontrar a los niños y al culpable de las desapariciones se trata. Pero en realidad es algo más, o yo al menos he visto algo más en este libro y precisamente ese algo es lo que me ha hecho valorar más positivamente esta historia. Desapariciones y depredadores aparte, se muestra el dolor y el miedo de una madre ante la pérdida de un hijo; la desolación mezclada con el sentimiento de culpa que sienten los progenitores cuando su hijo, del que son responsables y al que deben cuidar y proteger, desaparece y es víctima de un monstruo. Aunque esos monstruos no se sientan como tales.

El libro va de menos a más. Si bien se entra de lleno en el argumento, al inicio hay algo de indefinición. Varias historias, en principio accesorias, no me permitieron conectar con la trama.

La autora, Carme Chaparro, al igual que una de las protagonistas, trabaja también en los informativos de una cadena de televisión y es escritora –aunque esta es su primera novela–. En este aspecto me pareció poco original o una manera fácil de perfilar personajes, es decir, utilizar los conocimientos de primera mano que tiene el escritor para describir mejor determinadas situaciones. Es una herramienta recurrente por muchos autores, hasta cierto punto me parece lógica, pero a mi modo de ver resta calidad a la obra. Es como un actor que se interpreta a sí mismo, no tiene apenas que fingir pues es su forma de ser la que se vuelca en el personaje. No obstante, y falta de originalidad aparte, la novela está bastante bien escrita.

La labor de documentación es muy buena. No solo se recrea el mundo de los informativos (mundo perfectamente conocido por la autora pues vive en él), también se muestran los entresijos de la investigación policial y forense, los protocolos y pasos que se dan para que una investigación llegue a buen puerto. 

Se habla también de investigaciones punteras como la huella de teclado, una manera de reconocer a una persona por la forma de teclear un texto (este aspecto yo creí que era pura ciencia ficción pero mi informático personal, mi marido, me sacó del error; esta técnica existe y hay programas informáticos que pueden captar un rastro atendiendo a la velocidad del tecleado). 

El trhiller se desarrolla muy bien y el final es trepidante –devoré las últimas páginas con ansiedad por saber el desenlace–. Un final inesperado aunque algo forzado en mi opinión, pues para encajar algunos aspectos de la trama se recurre a la casualidad y creo que eso le quita frescura.

Con todo y con eso la novela es bastante buena y recomendable totalmente. No sé si tiene tanta calidad como para recibir el Premio Primavera de Novela, pero se lee muy bien y es entretenida. Tampoco sé si en este éxito algo tiene que ver que la escritora sea conocida en el ámbito audiovisual pero, desde luego, ha tenido muy buenos padrinos: Carmen Posadas leyó el manuscrito para darle su opinión (tengo mis dudas de que hubiera aceptado esa tarea si Carme perteneciera al grupo de escritores noveles anónimos) y una editorial como Espasa se ofreció a publicar su obra, ahí es nada.

Un thriller interesante que se lee bien. Ideal para estos días estivales y para dejarse llevar por una historia entretenida. Ni más, ni menos.




Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores