Hace meses que
mi ritmo de publicación de reseñas literarias ha descendido considerablemente.
Esto es debido, en parte, a mi participación en un curso de escritura que ha
hecho aumentar mi producción de relatos propios en detrimento de la lectura y su posterior reseña. Mi reciente viaje a Venecia y
la crónica que nació de él también tiene parte de culpa. Pero no todo es debido
a estas razones. Hay una mucho más importante y es que últimamente mi tino a la
hora de elegir buenas lecturas es nefasto, es tan mala la opinión que me
merecen que abandono su lectura antes de acabarlos. No doy una, la mayor parte
de los libros que selecciono para leer son unos rollos de campeonato.
Me he parado a
reflexionar sobre ello. ¿A que puede ser debido esto? Tengo varias
explicaciones.
1- Que
me he vuelto mucho más crítica y ahora no soporto lo que antes me parecía
soportable.
2- Que
me he vuelto más impaciente y no tengo aguante para proseguir con una lectura y
darle la oportunidad de que se enderece según avanza el argumento.
3- Que
elijo a tontas y a locas y me muevo por impulsos a la hora de decidir leer un
libro, sin pararme y analizar bien qué es lo que me hace atractiva una lectura.
Sea como fuere, el caso es que llevo un buen número de libros que no he
terminado.
Cuando escribo
una reseña me gusta ser sincera y avisar si el libro tiene alguna pega. Como un
aviso a los navegantes yo advierto de lo que hay. Pero esto lo hago cuando el
libro lo he terminado. Si no lo acabo tengo presente que es posible que al
final la cosa se haya arreglado. Pero he estado reflexionando, y creo que en el
caso de los abandonos también debería avisar, aunque de una manera más sucinta.
Y aquí estoy, con la recopilación de los libros que en los últimos meses me han
decepcionado tanto que ni siquiera me han dado ganas de terminarlos. En estas
no-reseñas explico por qué me decidí a abandonar la lectura.
Las tres muertes de Fermín Salvochea - Jesús Cañadas.
“1873, recién
instaurada la Primera República, Fermín Salvochea tomó posesión del cargo de
alcalde de Cádiz. Siguiendo su espíritu anarquista, adoptó una serie de medidas
polémicas que le granjearon la simpatía de los pobres al mismo tiempo que la
animadversión de las clases pudientes y del clero.
1907. Fermín
Salvochea, legendario alcalde de la ciudad de Cádiz, fallece en extrañas
circunstancias. Ese mismo día, Juaíco, un barbero viejo y borracho, decide
contarle la historia de Salvochea a su hijo Sebastián.
1873. El joven
Juaíco empieza a trabajar para Fermín Salvochea durante su primera semana como
alcalde. Una muerte en un burdel los embarcará en una aventura llena de
misterios, magia negra y venganza más allá de la tumba.
1907. Un
enigmático teatro de los horrores ha llegado a Cádiz. Brutales asesinatos se
suceden en los callejones de la ciudad. Sólo Sebastián y sus amigos podrán
encontrar la verdad tras la historia de Juaíco y proteger Cádiz del mal antiguo
que anida en sus entrañas."
Esta sería la
sinopsis del libro y no me negaréis que se presenta interesante. Bueno, pues no
lo fue, al menos durante el primer tercio del libro (insisto que no lo
terminé). Una de las cosas que no me gustó es que no entra en materia ni a
tiros. La famosa muerte de Fermín Salochea “en extrañas circunstancias” no se
cuenta durante el primer tercio del libro, y el tal Juaíco le cuenta a su hijo
de todo menos cómo murió el alcalde.
El lenguaje
empleado es demasiado almibarado y rebuscado con algunos adjetivos que yo creo
ya están en desuso desde hace varias décadas. Fallos garrafales como citar la
famosa Canción del pirata de Espronceda y decir “por cien cañones por banda”
(no son cien, son diez; si un barco lleva cien cañones por banda, serían un
total de doscientos, y ese barco se hundiría sí o sí, a no ser que sea el
Titanic en cuyo caso se hundiría igual pero no por culpa del peso).
Con estas
premisas ya iba yo pensando en dejar la lectura hasta que en la historia
aparecieron grifos, y no me refiero a los instrumentos por los que sale el
agua, sino a esos seres mitológicos mitad águila, mitad león. Lo que me
faltaba. Así que dejé el librito por ser una payasada absurda, que tendrá su
público, no lo niego, pero entre el que yo no me encuentro.
Polvo eres - Nieves Concostrina.
En este libro
se cuenta la manera de morir de deteminados famosos cuyo deceso resultó algo
fuera de lo normal. “No importa que sean santos, mandamases, escritores o
músicos: algunos personajes no descansan ni después de muertos. Estas amenas y
por momentos desternillantes páginas nos cuentan sus innumerables peripecias a
la hora de morir o después de su deceso”.
El término “desternillante”
del que escribió la sinopsis no coincide con el mío. Vamos a dejarlo en “graciosillo”.
Se utilizan expresiones demasiado coloquiales, y aunque esta obra se cataloga
en algunos foros como de “divulgación” yo creo que titular algunos capítulos
como “Carlos I de España, el pejiguera de las tumbas” o “El botellón fúnebre de
Nerón” me parece bastante vulgar y falto de respeto (vaya por delante que yo no
soy monárquica). Además, esos titulares son llamativos pero no se corresponden
para nada con la historia que subyace debajo.
No estoy en
contra de la divulgación de cualquier tipo, pero si para llamar la atención del
respetable público hay que acudir a expresiones chabacanas, casi que mejor
dejar la cultura en los libros “serios” y dejarse de chorradas.
La sinfonía del tiempo - Álvaro Arbina.
“La sinfonía
del tiempo es una emocionante historia de amor, una gran saga familiar y una
poderosa intriga histórica. Un fascinante viaje a los tiempos del acero y el
carbón, de los edificios de hierro y cristal, de los avances industriales y
científicos, de la desigualdad social y el refinamiento burgués”
Así es parte de
la sinopsis de esta novela. Una vez más, los que escriben las sinopsis tienen
conceptos que no coinciden con los míos sobre algunas palabras. “Emocionante historia
de amor” para mí fue una edulcorada, ñoña e insulsa historieta digna de un
telefilm o de un culebrón, pero de los malos.
Si a esto le
añadimos que la sintaxis en algunos párrafos los volvía ininteligibles por las frases tan retorcidas o que el
librito tenía más de quinientas páginas… no dudé ni un momento en cerrarlo sin
terminar.
El llanto de la isla de Pascua - José Vicente Alfaro.
“Un arqueólogo
español entra a formar parte de una ambiciosa excavación que pretende arrojar
un poco más de luz sobre los numerosos enigmas que todavía hoy persisten en
torno a la Isla de Pascua. Un crimen atroz y la sospecha de hallarse ante un
descubrimiento antropológico sensacional, le situarán en el centro de una
conspiración de la que se acabará convirtiendo en involuntario protagonista”.
Esta es la
sinopsis, no voy a valorar el lenguaje empleado porque no quiero enrollarme.
Solo decir que la novela está llena de saltos en el tiempo, desde la actualidad
al pasado (año 1195 a.C.). Cuando se trata de la actualidad la presentación de
los personajes y la manera de contarlos me pareció plana y bastante insulsa.
Cuando narra lo que está pasando hace más de treinta siglos la cosa es tan
difusa y tan rara (hasta donde leí no averigüé si estaba hablando de
extraterrestres) que me costó centrarme. Tanto me dispersé que decidí dejarlo y
quedarme sin saber cómo se construyeron los famosos moais de la isla de Pascua.
Las hijas del capitán - María Dueñas.
Esta es la
última novela de María Dueñas. Con ella pretendí deshacer el empate que tengo
con esta autora. ‘El tiempo entre costuras’ me gustó mucho, pero ‘Misión Olvido’
no me gustó nada. Así que este iba a ser el libro que inclinaría la balanza en
un sentido u otro. Lo hizo. Y lo hizo de una manera mucho más rápida de la que
se podría esperar tratándose de un tocho de mas de seiscientas páginas. Si fue
rápido es porque no pasé de las primeras doscientas hojas.
La trama puede
parecer interesante, pero en realidad a mí no me lo pareció. Las páginas se
suceden una tras otra y la historia no avanza. Pasan muchas “cositas” pero en
realidad no pasa ninguna “cosa”. Hay paja por un tubo. Describir el trayecto de
una de las protagonistas a través de un Nueva York nocturno relatando calle por
calle su itinerario a mí me resultó aburrido e innecesario, tan solo se explica
esta maniobra si la autora quiere demostrar su maravilloso conocimiento de esa
ciudad, algo que a mí me trae al fresco porque no tengo intención de visitar
Nueva York en un futuro próximo y si lo hago me dedicaré a utilizar un mapa y
no su novela.
Lo que leí me
pareció insulso, ñoño y con poca chicha. No discuto que la cosa se enderece al
final, pero si el argumento se pone interesante solo en la última etapa no
entiendo a qué viene aburrir al personal con un principio más lento que un
chotis.
Y hasta aquí
mis abandonos. Tengo más, pero los publicaré más adelante. Por hoy, basta.
De todas formas
vaya esta publicación como pre-aviso o explicación a otras reseñas que se
basarán en re-lecturas. Después del éxito que estoy teniendo con algunas novedades
cada vez soy más propensa a repetir con lo que ya leí y me gustó; con lo
seguro.





































