Con la vuelta a la normalidad traigo de nuevo una sección que quedó aparcada mientras estaba inmersa en mi tesis doctoral: Poemas y Cantares. El protagonista de este mes de septiembre es Valle-Inclán. También aprovecho para anunciar que a partir de ahora complementaré algunas publicaciones con vídeos realizados por mí (una de las ideas que me han venido este verano de desconexión).
Ramón María del Valle-Inclán (en realidad se llamaba Ramón José Simón Valle y Peña) nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra) el 28 de octubre de 1866, aunque otra población cercana, Puebla del Caramiñal, también se disputa el honor de ser el lugar de su nacimiento. El propio escritor zanjó la pelea afirmando que nació en un barco cuando atravesaba la ría de Arosa que discurre entre ambas localidades.
Su familia era de ascendencia hidalga venida a menos. Tras una preparación académica en el hogar y en un instituto de Pontevedra, inicia los estudios de Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Pero le gusta más asistir a las tertulias literarias en los cafés que a las clases en las aulas. Tras repetir curso varias veces abandona la Universidad y se va a Madrid.
En Madrid las tertulias literarias están en pleno apogeo y él se hace un hueco gracias a su ingenio. Empieza a colaborar en diferentes revistas publicando cuentos y algunos artículos. También se aficiona a la zarzuela.
Con 26 años viaja a México, allí trabaja como traductor de textos en italiano y francés. Aunque su estancia en ese país no llegó a un año dejó huella. Participa en un duelo y en una pelea bastante sonada en Veracruz. Cuando regresa a España se instala en su Pontevedra natal donde vuelve a participar activamente de las tertulias literarias. Recién llegado de México exhibe una imagen peculiar: se cubre con un poncho mexicano (que más tarde cambiaría por una capa), lleva polainas blancas y una larga barba.
Vuelve a Madrid con casi 30 años al conseguir una plaza de funcionario del Estado. Se ve envuelto en diferentes escándalos (se bate en duelo y resulta herido). En las tertulias madrileñas, a las que tan aficionado es, conoce a Pío Baroja, Azorín y Jacinto Benavente. Los cafés de Madrid le conocen por su lengua vivaz y malintencionada, por su costumbre de monopolizar las conversaciones y por su querencia por la gresca. En uno de estos cafés, el Café Nuevo de la Montaña, sito en la Puerta del Sol, se pelea con un periodista, éste le rompe un brazo, uno de los gemelos se le clava produciéndole una herida que se gangrena y acaba en amputación.
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| Placa conmemorativa de la pelea donde perdió un brazo. Hoy, en ese lugar se emplaza una tienda selecta de teléfonos móviles norteamericanos. |
Con 33 años es ya famoso con el mote de “El manco”. Este suceso no le impidió volver a los cafés a seguir vociferando y metiéndose con todo quisque.
La beligerancia de este peculiar personaje era legendaria. Cuentan que un día se cruzó en la Carrera de San Jerónimo (muy cerca del malhadado café de la Montaña) con Unamuno y Baroja. Estos tres escritores se llevaban fatal entre sí por celos y envidias literarias, lo que explica que estuvieran durante un buen trecho de esta calle andando e insultándose mutuamente a voz en grito. Debió de ser todo un espectáculo (bochornoso).
Este gusto por la confrontación tuvo su lado positivo. Durante la convalecencia de una herida en un pie causada por un disparo escribe Sonata de otoño.
Con cuarenta años se casa con una actriz de teatro doce años más joven. Tienen seis hijos. Mientras ella va de gira teatral él ejerce de director artístico. Cuando no está de gira, reparte su vida entre Galicia y Madrid.
Al inicio de los años 20 y coincidiendo con un empeoramiento de su salud, Valle Inclán empieza a utilizar el término “esperpento” que según él mismo definió “es una modalidad que busca encontrar el lado cómico en lo trágico de la vida”.
Tras su paso por diferentes países participando en distintas iniciativas de corte semi-político (viaja al México revolucionario, a La Habana y Nueva York) emprende un proyecto ambicioso: El ruedo ibérico, una especie de episodios nacionales que narren los avatares históricos desde el reinado de Isabel II hasta la pérdida de las colonias de ultramar, pero solo escribe tres novelas.
Cuando Primo de Rivera llega al poder, en 1923, se opone abiertamente al dictador y deja patente su parecer en cafés y tertulias, llegando a ser detenido en varias ocasiones. Monta uno de sus numeritos con escándalo incluido, en el estreno de una obra de teatro y como se niega a pagar la multa es encarcelado durante quince días.
A pesar de intentar durante toda su vida recuperar los títulos nobiliarios que tenía su familia, es un firme defensor de la República (paradojas que tienen los genios), se presenta como diputado del partido de Lerroux pero no sale elegido. Al mismo tiempo es nombrado caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita por el carlista Jaime de Borbón (más paradojas geniales).
Tras veinticinco años de matrimonio, su mujer le pide el divorcio, repartiéndose la custodia de los hijos pues él no puede pagar la manutención de todos ellos. Se marcha a Roma como director de la Academia Española de Bellas Artes con los tres hijos cuya custodia tiene. Corre el año 1933 y en España el ambiente político está enrarecido.
En 1934 regresa a España y su salud no es buena. Se va a vivir a Santiago de Compostela y allí fallece el 5 de enero de 1936, tiene sesenta y nueve años y su entierro consiste en una ceremonia civil por expreso deseo del finado que dejó escrito: “No quiero a mi lado ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo”.
El poema que traigo se titula “Los pobres de Dios”. Durante años oí a mi abuela materna recitar los últimos cuatro versos y siempre creí que era una canción popular, hasta que ya adulta descubrí que era el final de un poema de Valle Inclán -aunque realmente es de Rosalía de Castro, pues estos últimos versos los tomó el poeta, se cree que como homenaje, prestados de su paisana-. Nunca pensé que mi abuela conociera esta poesía (o, en su defecto, la de Rosalía de Castro), y lo malo es que cuando supe el origen real de esas estrofas ya era tarde para preguntarle dónde las aprendió. Aquí traigo la poesía completa.
Por los caminos florecidos
va la caravana de los desvalidos,
ciegos, leprosos y tullidos.
No tienen albergue en la noche fría,
no tienen yantar a la luz del día,
por eso son hijos de Santa María.
El polvo quema sus llagas rojas,
sus oraciones son congojas:
van entre el polvo como las hojas.
Van por caminos de sementeras,
caminos verdes entre las eras,
en donde cantan las vaqueras.
COMO CHOVE MIUDIÑO,
COMO MIUDIÑO CHOVE,
POL'A BANDA DE LAIÑO,
POL'A BANDA DE LESTROVE.
Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)
Una poesía dedicada a los que vagan sin rumbo, a los que no tienen dónde ir porque nadie los acoge. Ayer fueron ciegos, leprosos y tullidos, hoy son refugiados de guerras lejanas, siempre, ayer y hoy, vagando, siempre rechazados por sus semejantes. Hay cosas que nunca cambian, como la crueldad humana.
Y mientras nosotros miramos para otro lado, los pobres de Dios vagan mientras “chove” (llueve), bajo la lluvia, bajo nuestra indolencia y nuestra indiferencia.
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