30 de diciembre de 2015

Análisis estadísticos, conclusiones y propósitos.



   En estos últimos días de diciembre a todos nos embarga una ansia de recapitular sobre lo que nos ha pasado o hemos hecho en el año que termina. Los programas de televisión y los periódicos nos hacen resúmenes de lo más llamativo que ha ocurrido durante el año que acaba. Yo no me he podido sustraer a la tentación y he hecho un resumen de este 2015 en cuanto a mis lecturas se refiere. 

   A continuación voy a exponer los datos obtenidos, luego haré las conclusiones derivadas y por último os contaré los propósitos para el año entrante.

Resultados.

   Durante 2015 he leído 57 libros que traducido en páginas hacen un total de 43.181, repartidas durante los doce meses según se puede observar en la gráfica del inicio de la entrada. Enero, marzo y octubre fueron los meses más provechosos en lectura, mientras que agosto, septiembre y diciembre son los que menos me han cundido.

El género de mis lecturas se reparte como se ve en el  siguiente gráfico:

 Se puede observar que la novela histórica junto con la de intriga es la que más me ha atraído este año. Sin embargo la de humor y viajes ha sido bastante escasa y eso es algo a lo que tengo que poner remedio en el futuro. Ciencia Ficción y romance tampoco han sido temas que he leído mucho pero no es de extrañar pues no están entre mis preferidos aunque siempre leo algo incluso de temas poco atrayentes para mí porque estoy de acuerdo con la frase que aparece en uno de los libros de Alatriste: "Desconfíen vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro".

   Si atendemos a la nacionalidad de los escritores los españoles ganan por goleada, seguidos por autores de otros países europeos.


    Sin embargo he comparado cuántos de estos escritores son mujeres y el resultado no me ha gustado. Algo que también tendré que corregir en el futuro no me vayan a tachar de no tener paridad.


 Otro factor a tener en cuenta es el grado de satisfacción que me han proporcionado mis lecturas. Atendiendo al número de estrellas que he otorgado a cada libro en función de lo que me ha gustado los resultados son los siguientes:

   En esta gráfica se observa que la proporción de libros que me han gustado mucho (*****) es semejante a la que me ha decepcionado (***). En contrapartida los libros muy malos (**) han sido pocos sobretodo si los comparamos con los que me gustaron bastante (****).

   Esto a su vez puede traducirse en otra representación más gráfica que muestra lo que me he divertido este año leyendo:




   Es decir, la cantidad de aburrimiento ha sido muy parecida a lo mucho que he disfrutado con otras lecturas, pero si tenemos en cuenta que las páginas soporíferas han sido muy pocas frente a las que me gustaron bastante creo que el balance es positivo.

Conclusiones.

 Este 2015 he leído mucho y bien, me he divertido sobradamente y me puedo dar por satisfecha pues ese era el objetivo. Algunas lecturas dejaron bastante que desear pero eso es algo que tengo asumido pues dentro del panorama literario siempre se cuela algún libro de muy mala calidad y alguno me lo acabo leyendo yo; qué se le va a hacer. Para compensar los libros que me han encantado me han permitido disfrutar y pasármelo francamente bien por lo que los ratos decepcionantes quedan eclipsados con estas fantásticas lecturas.

   Resumiendo, en el 2015 ha habido de todo, como en botica, pero una siempre se acuerda más de lo bueno y no me puedo quejar de la calidad de lo leído. Además he contado con el asesoramiento en algunos casos de los fantásticos blogueros a los que sigo por estos lares y ellos me han ayudado a que las lecturas soporíferas fueran minoría.

   Y es en este apartado, el de los blogueros amigos, donde no puedo ni cuantificar ni hacer estadística alguna al respecto. Porque ¿cómo poner en una gráfica el apoyo y la ayuda recibida? ¿cómo traducir en porcentajes las veces que vuestros comentarios me han aportado otras perspectivas de la misma lectura? ¿cómo medir el compañerismo, la buena sintonía y la amabilidad vertida en cada comentario vuestro? Todo eso es inconmensurable.

Propósitos.

   Para el 2016 me propongo leer más, o quizás menos, en cualquier caso me propongo divertirme igual que este año. Deleitarme con las lecturas, viajar a épocas pretéritas y futuras, a lugares lejanos o cercanos pero siempre viajar transportada por las páginas de los libros. Me propongo compartir con todos los que me visitáis mis opiniones, intercambiar ideas y sobre todo disfrutar. Disfrutar de la lectura y de vuestra compañía.

¿Cumpliré mis propósitos? El año que viene lo veré y espero poder compartir y comentar los resultados con vosotros.


Kirke

27 de diciembre de 2015

El último arpón


   En el año 1635 Telmo Esnal huye de Madrid acosado por los que quieren vengar su última fechoría. Llega a San Sebastián de donde es originaria su familia. Telmo es un joven crápula y sin escrúpulos, estudiante en Alcalá donde se dedicaba a esquilmar los dineros de sus padres y al que "los oros y las copas se habían tornado en espadas y bastos en la partida enrevesada de su vida". 

   Para escapar de sus perseguidores se enrola en un ballenero. El bajel se llama Gloria, lleva tallada una mujer de larga melena y mirada triste en la proa del barco y su capitán es Alonso de Iragorri, un oficial con pasado desdichado. 

   Zarpan camino de las gélidas aguas de Groenlandia a la caza de ballenas. Durante el viaje conocerá el valor de la camaradería entre marineros curtidos en mil tempestades y su visión de la vida cambiará radicalmente.

   Al mismo tiempo se nos cuenta una historia acaecida 20 años antes y que acaba relacionándose con las vidas de los protagonistas.


    En principio es una novela de aventuras. Se cazan ballenas y los arponeros junto al resto de la tripulación ponen en juego sus vidas al enfrentarse a esos colosos. Además de enfrentarse a esos majestuosos animales también sufren el ataque de piratas siempre dispuestos a arrebatar las riquezas que portan los barcos en sus travesías. 

   Uno de los barcos piratas que les ataca lleva también un tesoro precioso en su interior, sobre todo para el capitán Iragorri. Y es esta parte la que da otra vertiente a la novela, la del romanticismo. Porque también es una historia de amor, de un amor desgraciado e imposible pero que perdura en el tiempo. 

No soy muy amiga de las historias románticas pero esta me ha conmovido y las vicisitudes, desgraciadas vicisitudes, de Alonso y la bella Gloria me emocionaron, he de confesar que hasta las lágrimas y eso que yo no soy de mucho llorar. 

  Una novela de aventuras, con piratas, corsarios, arponeros audaces, capitanes de navío con una triste historia a sus espaldas, mujeres cautivas, amores desgraciados; en resumen una historia entretenida con todos los ingredientes para pasar un buen rato.

Kirke  





22 de diciembre de 2015

Carta a quien corresponda


   Cuando era pequeña siempre creí a pies juntillas en los Reyes Magos. A pesar de que algunas amigas del colegio, más avispadas por sus hermanos mayores, ya me iban señalando que no existían siempre negué la mayor y me obstiné en creer en ellos. Incluso cuando las evidencias eran más que notorias -una vez reconocí la letra de mi padre en una de las etiquetas donde ponía el nombre del destinatario del regalo- seguí aferrada a la existencia de tan mágicos personajes. Ya mayorcita mi propio raciocinio me decía que algunas cosas eran imposibles, como el que los camellos llegaran hasta el quinto piso donde yo residía y cupieran en un salón de no más de 15 metros cuadrados, pero yo seguía poniendo un cuenco lleno de agua para esos animales tan exóticos y tres copitas de coñac para que Sus Majestades combatieran el frío de enero -lo de que tenían que ser tres era algo en lo que insistía mucho mi padre, en cambio para los camellos que también eran tres sólo se ponía un único recipiente- también ponía los zapatos limpios al pié del árbol -en esto insistía especialmente mi madre- y cumplía con todos los rituales para ver si todas las peticiones de la carta que había enviado previamente eran satisfechas.

   La propia redacción de la carta ya llevaba muchas horas de trabajo porque quería ser rigurosa y sobre todo clara a la hora de exponer mis demandas para que luego no hubiera errores de interpretación y me trajeran otra cosa muy diferente a la que yo quería -que era lo que solía ocurrir-. 

   Siempre fui una niña buena; sacaba muy buenas notas en el colegio, no daba excesivos disgustos a mis padres -alguna reticencia a la hora de obedecer de vez en cuando y poco más- y no me solía pelear mucho con mis amigos. No sé qué hacía mal pero el caso es que lo que me traían no coincidía en casi nada con lo que pedía. La bicicleta era cambiada por un libro de cuentos, la muñeca de moda por otra de menos moda y fama pero que a mí en cambio me gustaba igualmente -a la fuerza ahorcan-. Además siempre había un regalo sorpresa que ni aparecía en la carta ni se encontraba entre mis gustos; una vajilla con platitos, tacitas y teteras y/o una cocinita. Curiosamente, muchos años después, ni me gusta el té ni me gusta cocinar. Quizás de aquellos barros estos lodos, no sé.

   Más adelante y cuando ya era adolescente se empezó a extender la costumbre americana de pedir cosas a Santa Claus y/o Papá Noel. Fue entonces cuando creí que mi error estribaba en no dirigirme a las personas adecuadas. Quizás en Oriente eso de pedir un anorak con capucha de pelo era algo desconocido porque en esas latitudes no conocen el frío y me traían un abrigo de cheviot, mucho más elegante según mi madre. Por eso, y aunque ya era talludita para escribir cartas por Navidad empecé a dirigir mis misivas a Santa Claus y/o Papá Noel . Pero el resultado fue muy parecido y eso que las cosas que pedía ya no eran tan materiales. Por ejemplo, que el profesor de matemáticas se jubilara antes de tiempo o que el chico que me gustaba se fijara en mí. Sin embargo a la vuelta de vacaciones el de matemáticas seguía impartiendo clase y volvía a hacerme la vida imposible y el chico por el que bebía los vientos me ignoraba como si yo fuera transparente. El tío ese gordo vestido de rojo era igual de ineficaz que los monarcas orientales.

   Ya de más mayor empecé a asimilar que los deseos están en el limbo de las esperanzas y las ilusiones; ahí todos juntos y sirviendo de motor para levantarnos todos los días. De todas formas he seguido escribiendo mi carta pero la complemento con la compra de un décimo o dos de lotería, por eso de poner una vela a Dios y otra al diablo y ver si con una ayudita los sueños se pueden realizar. Al menos los materiales, al fin y al cabo algo es algo. Pero tampoco funciona, la Diosa Fortuna me hace el mismo caso que los monarcas y el gordo barbudo. 

   Este año ha coincidido que había elecciones generales en estas fechas tan propicias para pedir y desear. Así que también me volqué -yo siempre hago las cosas con pasión para ver si así salen mejor- ilusionada con mi voto y mi participación. Llena de buenas intenciones para mi país y mis compatriotas participé en estas elecciones. Aunque todavía es pronto para analizar resultados creo que mis deseos tampoco se verán satisfechos en esta ocasión. La Política también hace oídos sordos a mis anhelos.

   Ante este panorama desolador y viendo que mis misivas no llegan al destinatario adecuado he decidido escribir una carta como se hacían antiguamente las instancias, dirigida "A quien corresponda". Ahí va.

A quien corresponda.

   Me gustaría contarle que me he portado bien y he sido una ciudadana ejemplar. He cumplido con mis obligaciones tributarias, he pagado puntualmente todos mis impuestos y no me he retrasado en ninguno de los trámites que la Hacienda Pública me ha pedido. Reconozco que al realizar alguno de estos pagos he protestado un poco -más bien me he acordado de algún miembro familiar del Ministro correspondiente- pero he pagado al fin y al cabo. Me gustaría pedir a cambio que las infraestructuras de mi ciudad, de mi país, funcionen correctamente y que mi dinero no vaya a parar a destinos que no tienen que ver con el servicio público.

   También he sido buena trabajadora, he cumplido mis tareas lo mejor que he sabido y no me he inhibido cuando de arrimar el hombro se ha tratado. En este caso también reconozco que algunas veces he protestado pero más como un ejercicio de relajación. Me gustaría que en reconocimiento a mis desvelos me subieran un poquito el sueldo y que no me despidieran a la mínima de cambio, algo que estoy temiendo desde hace varios años y que me tiene un poco intranquila no permitiéndome conciliar el sueño como es debido. 

   He intentado inculcar en mi hija los valores del respeto, la educación y el amor por el estudio. Me gustaría, y para no quedar como una cándida a ojos de mi descendiente, que ella también sea respetada, que la valoren por lo que hace y que el esfuerzo que realiza para formarse sea recompensado con un trabajo digno, a ser posible dentro de nuestras fronteras.

   Como he sido educada con el prójimo, preocupándome por los problemas de mis vecinos me gustaría que el año que viene la inquilina del primero deje de dar por saco con temas baladíes y que las ayudas por mejoras en el edificio lleguen por fin. También, y siempre pensando en mis vecinos más mayores, que todos estén arropados y acompañados por sus familiares y no sólo por una servidora que es la única a la que se le ocurre preguntar por sus achaques.

   Me gustaría también pedir un poco de cordura para todos mis semejantes, más paciencia y educación, menos egoísmo y más solidaridad, menos mala leche y más sonrisas -aunque la vida no dé muchos motivos para sonreír los demás no tenemos la culpa-, y sobre todo, aunque la cosa está difícil, tomarnos las cosas con humor. Ah, y también paz en el mundo, claro.

   Esperando que esta misiva llegue a las manos adecuadas y deseando que se realicen estos deseos lo más fielmente posible al espíritu de quien los expone, se despide atentamente:

Una ilusa.

19 de diciembre de 2015

Madrid, 1605

    Este año 2015 que ya se acaba se ha celebrado el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote. Quiero hacer un homenaje a tan ilustre personaje y a su autor recuperando una reseña ya publicada de una novela que leí hace dos años y que os recomiendo por todo lo que cuento a continuación.


     Erasmo, un profesor jubilado y Pilar, una de sus pupilas dan con un escrito de un tal Gonzalo de Córdoba, un aprendiz de librero que llegó a conocer a Cervantes y que fue espectador privilegiado de la génesis del Quijote. Erasmo y Pilar además de conocer tan fascinante episodio de la historia de la literatura ven en ese documento la clave para encontrar el manuscrito original de Cervantes. Gonzalo relata también cómo la novela es robada antes de llegar a la imprenta de manera que el escritor y el aprendiz se dedican a investigar para poder rescatarla llegando a vivir aventuras semejantes a las que tiene el protagonista del libro que buscan.

      Las similitudes no paran ahi, también hay una simetría entre los personajes, siendo Cervantes otro Quijote por su idealismo y su sentido del honor mientras que Gonzalo es el Sancho Panza del escritor dado su pragmatismo a la hora de enfrentarse a los problemas. Incluso en la historia que se desarrolla en la época actual se puede ver el mismo paralelismo entre el profesor, un poco loco, y la más realista Pilar.

   También la forma de escribir es un recuerdo a la del genial escritor alcalaíno, salvando las distancias, claro, aunque creo que los autores de Madrid 1605 podrían haber sido discípulos aventajados de don Miguel. Una delicia.

  Es una novela de aventuras, de historia, de intriga; con muchísimo suspense. Son muchas novelas en una sola pero sobre todo es una novela donde se refleja el inmenso amor de sus protagonistas por los libros en general y por el Quijote en particular.

   Por mi parte he disfrutado de la conexión que en algunas obras se da entre el lector y el escritor, "pues aunque no corra la misma sangre por nuestras venas, hay otra sangre que tú y yo compartimos. La que no es roja, sino negra. Aquella de la que están hechas todas las historias de los libros y todos los personajes que las pueblan".

   Un homenaje muy digno y muy entretenido a 'la novela más famosa e influyente de todos los tiempos', El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.


Kirke  


15 de diciembre de 2015

En el corazón del mar


   Me gustan mucho los libros de aventuras, me resultan muy divertidos y son los que mejor consiguen que desconecte de la realidad. De todos estos los que se desarrollan en el mar suelen ser mis preferidos. Barcos que van a lugares lejanos afrontando peligros sin cuento, tempestades con olas gigantescas o calmas chicha que dejan el navío inmóvil en la inmensidad del océano, son elementos que me fascinan. Si a todo esto le añadimos la caza de ballenas -unos seres que desde pequeña me encantan- la diversión para mí está más que garantizada.

  Hace unas semanas me enteré del estreno de una película, El corazón del mar, sobre la aventura del Essex, un barco ballenero que naufragó a causa del ataque de un cachalote. Herman Melville se basó en este hecho real para escribir su famoso Moby Dick (todo un referente en cuanto a lectura de aventuras y que yo admiro con devoción). A su vez la película está basada en el libro que reseño en esta entrada.

  En febrero de 1821 zarpa de la isla de Nantucket (Massachusetts) el ballenero Essex, un barco ya viejo y algo deteriorado, con una tripulación inexperta y mal equipada. Cuando están en aguas del Pacífico sufren el ataque de un cachalote. Ataque que todos los tripulantes califican de "deliberado" y con muy mala intención. Tan mala que hunde el barco y la tripulación se pone a salvo en las barcas llamadas balleneras y que se utilizan para la caza de los cetáceos. En tres de esas endebles embarcaciones la tripulación del ballenero afrontará la travesía de miles de millas para llegar a tierra. No sólo en la debilidad de las barcas reside el peligro, además la falta de agua y de alimentos pondrán en riesgo sus vidas. El canibalismo aparecerá como una consecuencia de tan terrible situación.


    Así que la idea de leer sobre un ballenero, un cachalote "asesino" y la travesía por el océano de tres barcas afrontando innumerables peligros donde el hambre y el instinto de supervivencia ponen a prueba a hombres curtidos en la mar me pareció una diversión segura. 

   No podía podía estar más equivocada. 

   Nathaniel Philbrick se ha dedicado a resumir las crónicas escritas por dos de los protagonistas de la aventura del Essex. Uno fue Owen Chase, el primer oficial del barco y el otro el grumete Thomas Nickerson, que dictó su experiencia muchos años después del naufragio. Además añade fragmentos de otros escritos procedentes de marineros y capitanes de barco que sufrieron situaciones muy parecidas.

    Pero el libro no sólo cuenta la aventura del Essex y su tripulación sino que previamente se nos hace un repaso más que detallado de la forma de vida en la isla de Nantucket, un puerto ballenero muy importante en la primera mitad del siglo XIX ya que el aceite que aporta la ballena es de excepcional calidad y un producto esencial en la iniciada era industrial: ilumina las calles y lubrica las máquinas de las fábricas. Nantucket es además un feudo cuáquero, aspecto muy importante a juicio del escritor para fundamentar las posteriores actitudes de algunos tripulantes del Essex. 


    Se explica también, con multitud de detalles, cómo se extrae la grasa de las ballenas y cómo se procesan y almacenan todos los productos derivados de estos animales (ámbar gris de los intestinos, espermaceti de la cabeza, etc, etc). Es francamente instructivo sobre todo si el lector tiene la intención de dedicarse en un futuro a la profesión de ballenero. 

   También se nos "ameniza" la lectura con informaciones que supongo son complementos de la trama, por ejemplo: efectos fisiológicos de la inanición y sus consecuencias en la psique de quien la padece, estudios sobre víctimas de campos de concentración y sus deseos de supervivencia, fauna y flora marina del océano Pacífico en función de las corrientes y la temperatura del agua, incidencia de las creencias religiosas (las cristianas en general y las cuáqueras en particular) en el comportamiento humano cuando pasa hambre y sed. 

    Muy didáctico todo y soporífero también.

   La forma de contarlo es muy fiel a los escritos en los que se basa -el texto está lleno de citas exactas entrecomilladas- y esto le resta pasión. Las aventuras que viven los supervivientes del Essex se hacen monótonas y francamente tediosas por la frialdad con la que el autor las expone. 

   Mientras los tripulantes del Essex morían de hambre y sed yo lo hice de aburrimiento. En esta ocasión si quería aventuras en el mar con ballenas asesinas debería haber ido a lo seguro y volver a leer Moby Dick. 

Kirke  


Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores