Ayer fui a trabajar dispuesta a ser parada por algún control controlador
ya que la universidad en la que doy clase está fuera del municipio de Madrid y
tenía que salir del perímetro de los apestados. Curiosamente, ahora que toda la
capital está confinada, no vi ni un coche patrulla, así que llegué a mi puesto
de trabajo sin contratiempos.
Por la tarde me acerqué al centro de la ciudad y como no me salía de mi
municipio me relajé. Hice mal. En plena plaza de Callao había un control. No sé
muy bien qué hacía allí porque, que yo supiera, eso no es la frontera con otra
área libre de virus; llegué a pensar que por culpa del Madrid Central de
Carmena, esa zona sea ahora un municipio independiente.
El caso es que nos pararon a un señor bajito y a mí. Primero le pidieron
la documentación al señor; resulta que era de Cuenca, aunque vivía en Madrid,
pero no estaba empadronado y el policía le echó una bronca de padre y señor
mío. Creí que se lo llevaban al calabozo, pero al final lo dejaron ir. Con la
bronca que se llevó yo me puse muy nerviosa y, aunque he nacido en Madrid y
siempre he vivido en la ciudad, miré bien mi DNI para comprobar qué domicilio
ponía no fuera a ser que la cosa se pusiera tensa.
Antes de mirar mi documentación el señor agente me preguntó cuál era el
motivo de mi presencia allí. Le iba a decir la verdad, que iba a una famosa
librería de la Gran Vía a comprar un libro, pero me di cuenta de que eso podía
ser sospechoso (lo de comprar un libro y, por tanto, leer), así que no quise
arriesgar y preferí mentir. Como sé que algunos jueces consideran que fumar es
un derecho fundamental, le dije: «Voy a comprar tabaco, que se me ha acabado».
El policía ni miró el DNI, me deseó una buena tarde y pasé el control sin problema.
Día 19 (8 de octubre)
Isabel Díaz Ayuso dice que los datos de contagios están mejorando.
Fernando Simón dice que no se fía de esos datos. Salvador Illa dice que no se
están cuestionando los datos de Madrid. Ignacio Aguado dice que hay que tomar
más medidas porque vamos mal. Ruíz Escudero dice lo que se ha hecho es
suficiente porque vamos bien.
El ministro nos confina. Los jueces nos desconfinan. Antes del
confinamiento total, mi barrio ya estaba confinado, y ahora no sé cuántos
confinamientos me han quitado los jueces, si solo uno o los dos. En la tele
dicen que no vale el último confinamiento porque se vulneran derechos
fundamentales, pero que el primero sigue vigente porque ahí ya no hay
vulneración, no me ha quedado claro si porque en esos barrios no tenemos los
mismos derechos o simplemente que no tenemos derechos.
La Comunidad de Madrid dice que mañana dará nuevas órdenes, así que voy
a aprovechar para marcharme hoy de mi barrio y de mi ciudad. Tengo que buscar
un lugar donde no haya ni políticos ni jueces, creo que Marte estaría bien. No,
mejor Júpiter, que está más lejos.
Día 20 (9 de octubre)
Al final nos han encasquetado un estado de alarma, precisamente lo que
Ayuso quería evitar a toda costa, o eso dijo ella, porque yo creo que lo estaba
pidiendo a gritos.
Dicen que, antes de tomar esta medida, el presidente de España no ha
podido hablar con la presidenta de Madrid, que no le llamaba y que cuando lo
hacía él no le cogía el teléfono, o algo así. También dicen que ha sido la
vicepresidenta del gobierno central la que ha podido hablar con el
viceprisidente autonómico, y que este le ha pasado el recado a su jefa.
Mientras, el consejero de Sanidad ha ido a lo suyo y ha puesto más áreas
sanitarias confinadas (es tenaz e insistente este hombre con lo de confinar por
trozos, qué manía). Por lo visto, al final ha llamado nuestra presi para hablar
con el presi de todos, pero este ya no se podía poner porque estaba reunido con
los ministros redactando, esperemos que esta vez bien, la nueva ley o dictamen,
o lo que sea, que establece el estado de alarma.
Ante tanto desencuentro telefónico, yo me pregunto: ¿esta gente no tiene
whatsapp? ¿o messenger? ¿o instagram para mandarse un privado? Incluso, TikTok,
lo mismo si se enviaran un par de vídeos bailando al son de “Échame a mí la
culpa” de Albert Hammond se relajaban un poquito.
Día 23 (12 de octubre)
Me siento rara: hoy me he levantado nacionalista, y yo nunca he tenido
esas tendencias, debe de ser porque hoy es el día de la fiesta nacional y algo
flota en el ambiente. Esto es raro en mí porque siempre he pensado que creerse
mejor por ser de un sitio determinado y encima llevar una bandera para jalearlo,
era cosa de paletos. Tampoco es que yo me crea ciudadana del mundo, como dicen
los antinacionalistas, porque yo mundo conozco más bien poco.
Pero hoy me siento muy de mi pueblo. Estoy exaltada, sobre todo desde
que se nos ha encerrado, y como algunos llevamos dos semanas más de acumulación
respecto a otros lugares de la ciudad, la cosa está enquistada. Tanto
señalarnos como apestados hace piña entre los que nos hemos visto relegados a
un gueto, a ese lugar excluyente, pero también exclusivo. Ahora comprendo a los
judíos.
Desde hace varios días, he notado cierta complicidad entre mis vecinos,
un sentimiento de identidad común. Además, ahora que toda la ciudad está
confinada, nos seguimos sintiendo diferentes respecto a otros barrios a pesar
de la supuesta homogeneidad que nos da el estado de alarma.
Cuando empezó todo esto, en otros sitios de la ciudad se nos miraba por
encima del hombro (la Lomana nos insultó y todo) y ahora, que también les toca
a ellos, van de coleguitas. Pues no, ahora ya no vale. Además, este nuevo
sentimiento de identidad no puedo compartirlo con otras zonas de Madrid con las
que no tengo nada que ver. Ni con virus ni sin él, el barrio de Salamanca y el
mío nunca han estado hermanados a pesar de ser colindantes.
Mañana me iré a la asociación vecinal del barrio a proponer un proyecto
nacionalista. Debemos tener una bandera, un himno y alguna chorrada más, digo,
alguna cosa identificativa y cohesiva que nos convierta en un rebaño, digo, que
nos identifique como pueblo. Como hoy es fiesta, nacional, aprovecharé el
asueto y pensaré en un plan de acción. Algo se me ocurrirá.
Día 24 (13 de octubre)
Desde el gobierno central dicen que la Comunidad de Madrid no está
haciendo nada para combatir la epidemia. ¡Eso no es verdad! Fuentes fidedignas
me han informado de que la presidenta acude todos los días a misa.
Yo también estoy rezando mucho.












