Después de leer la trilogía de Gengis Khan (El lobo de las estepas, El señor de las flechas, Los huesos de la colinas) y la siguiente novela que relata lo que ocurre tras la muerte de este gran guerrero, El imperio de la plata, me decidí a leer el quinto y último libro de esta fascinante saga.
Tras la muerte de Gengis el imperio mongol vive años de incertidumbre, Ogedai, su hijo y sucesor, consigue expandir aún más sus dominios y también consolidar un sistema que gobierne tantos y tan dispares territorios, de manera que todo lo conquistado no se pierda.
Sin embargo Ogedai muere sin dejar establecido quién le debe suceder. Su hijo Guyuk es demasiado joven, por lo que otros nietos de Gengis, con vastos territorios a su cargo, le disputan el khanato. Pero Torogene, la madre de Guyuk y esposa del desaparecido Ogedai, sabe mantener el orden con mano firme y consigue retener el poder para su hijo.
Pero la vida de un guerrero mongol es peligrosa y mucho más si detenta mucho poder, por lo que las intrigas y las envidias acosan al joven khan.
Así nos introducimos en una historia fascinante y llena de acción, donde los nietos de Gengis se disputan el honor de ser khan de khanes. Mongke, Arik Bote, Kublai y algunos más creen ser los más adecuados para gobernar el inmenso imperio que conquistó Gengis Khan.
Sin embargo la disputa por el gobierno del imperio no es óbice para que las conquistas continúen. En el norte, los territorios de Damasco, Bagdad y las fortalezas de la secta de los Asesinos son arrasados por las hordas mongolas y por el sur, los restos del imperio chino también sufren el acoso de la caballería del khanato.
Hay muchos personajes, pero el principal y en el que se centra toda la atención es Kublai. Nieto de Gengis, y en la línea sucesoria -si hacemos caso al orden de nacimiento- muy lejos de aspirar a gobernar a todos los mongoles y sus súbditos. Además, Kublai no es un guerrero -una condición indispensable para liderar a los mongoles-, al menos no lo es en un principio. Su abuelo, que había conquistado parte del imperio chino tuvo el acierto de rodearse de algunos eruditos de esta nación y Kublai fue educado por ellos. A los ojos de su hermano mayor y de sus primos es un intelectual que no sirve para nada. Al menos para nada que los mongoles realmente valoren. Sin embargo Kublai comandará un ejército y llegará hasta lo más profundo del sur de China, completando lo que su abuelo inició. Los conocimientos que adquirió a través de sus maestros chinos le servirán para comprender y saber gobernar los nuevos territorios.
La novela está narrada con la agilidad que caracteriza a Conn Iggulden, y tiene, a partes iguales, intrigas políticas y aventuras. El autor utiliza muy bien los pocos datos históricos que se conservan de aquella época y confecciona una historia creíble y muy bien ambientada. No obstante, al final del libro explica las licencias literarias que se ha tomado, aprovechando la poca información que se tiene de algunos personajes.
Sin embargo la disputa por el gobierno del imperio no es óbice para que las conquistas continúen. En el norte, los territorios de Damasco, Bagdad y las fortalezas de la secta de los Asesinos son arrasados por las hordas mongolas y por el sur, los restos del imperio chino también sufren el acoso de la caballería del khanato.
Hay muchos personajes, pero el principal y en el que se centra toda la atención es Kublai. Nieto de Gengis, y en la línea sucesoria -si hacemos caso al orden de nacimiento- muy lejos de aspirar a gobernar a todos los mongoles y sus súbditos. Además, Kublai no es un guerrero -una condición indispensable para liderar a los mongoles-, al menos no lo es en un principio. Su abuelo, que había conquistado parte del imperio chino tuvo el acierto de rodearse de algunos eruditos de esta nación y Kublai fue educado por ellos. A los ojos de su hermano mayor y de sus primos es un intelectual que no sirve para nada. Al menos para nada que los mongoles realmente valoren. Sin embargo Kublai comandará un ejército y llegará hasta lo más profundo del sur de China, completando lo que su abuelo inició. Los conocimientos que adquirió a través de sus maestros chinos le servirán para comprender y saber gobernar los nuevos territorios.
La novela está narrada con la agilidad que caracteriza a Conn Iggulden, y tiene, a partes iguales, intrigas políticas y aventuras. El autor utiliza muy bien los pocos datos históricos que se conservan de aquella época y confecciona una historia creíble y muy bien ambientada. No obstante, al final del libro explica las licencias literarias que se ha tomado, aprovechando la poca información que se tiene de algunos personajes.
Este quinto libro de la saga relata cómo Kublai llegó al poder y es en ese punto donde termina. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el autor ha querido terminar una historia en el punto álgido del protagonista, evitándonos asistir al ocaso -como ocurrió con la historia de Gengis- y desaparición de un personaje fascinante.
Porque "el tiempo y la edad acaban apagando las llamas más luminosas". La dinastía que inició Kublai en China apenas duró cien años. El esplendor de los mongoles fue efímero y desapareció casi con la misma rapidez con la que se expandió.
"Cualquiera puede cambiar el mundo, pero nadie puede cambiarlo para siempre"













