24 de febrero de 2016

Pólvora negra

   El 31 de mayo de 1906 Alfonso XIII se casa con Victoria Eugenia de Battenberg en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. Durante el desfile nupcial y cuando pasan por la calle Mayor a la altura del número 88 -actualmente número 84-, la comitiva sufre un atentado cuando Mateo Morral desde un balcón lanza una bomba camuflada en un ramo de flores. El atentado causó 27 muertos entre los que no se encontraba el rey, objetivo del asesino.

   La novela se desarrolla tomando este suceso como punto de partida y de llegada. Con saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo el lector va adquiriendo la información de cómo se gestó el atentado y cómo acabaron las pesquisas en busca del autor. 

   Con un estilo narrativo muy peculiar, Montero Glez –seudónimo de Roberto Montero González– cuenta de manera chulesca y con cierta sordidez todo lo acontecido antes y después del atentado fallido contra Alfonso XIII el día de su boda. 

   La descripción del Madrid más castizo es estupenda. Desde el café Candela –un sitio por lo fino que habían puesto al principio de la calle Alcalá– hasta los merenderos de Cuatro Caminos el lector pasea por las zonas más populares de la capital. El autor, como si fuera un chulapo más, cuenta cosas como ésta a raíz de un frenazo que da el conductor de un tranvía: 

Los viajeros, proclives al trazo grueso, empezaron a hacer juegos florales con la madre del conductor. El pueblo llano, insolente y agresivo a la hora de poner como chupa de dómine al prójimo, se echaba por la boca a toda la parentela del conductor sin pasar por alto a sus muertos más frescos. Y es que cuando se trata del insulto y la ofensa no hay idioma en el mundo con más chispa.”

Inmueble desde el que se lanzó la bomba
   El desfile de pintorescos personajes es muy divertido. Entre las páginas del libro conocemos a la Chelo –una pizpireta y castiza camarera–, su novio el ‘Ulogio’, el teniente Beltrán –un policía violento y corrupto encargado de atrapar al autor del atentado–, Isidro Ibarra –un conductor de tranvías y anarquista–, Pepe Cuesta –el dueño de la fonda desde donde se lanzó la bomba– o Juan Montseny  –columnista agitador de masas y conciencias–.


   Además se hace un picante repaso a la mayoría de los componentes de la Familia Real, haciendo especial hincapié en las tías del rey, a las que tilda de casquivanas y muy activas en cuanto al sexo se refiere, mencionando ya de paso que tenían a quien parecerse, es decir, a su madre, la reina Isabel II –célebre por su promiscuidad–. El origen bastardo del rey Alfonso XII también se comenta y se barajan dos posibles paternidades. Como si estuviéramos en un patio de vecinos vamos enterándonos de todos los chismes que corren sobre la parentela de Alfonso XIII.

   Los políticos de aquella época tienen su momento de gloria en la novela. Y, al igual que ocurre con la familia del monarca, no se salva ni uno. Sólo un par de ejemplos: a Primo de Rivera se le cuestiona cómo ganó en Melilla la Cruz Laureada de San Fernando y al conde de Romanones –ministro de Gobernación en aquel momento– se le tacha de poco ético pues su catadura moral era igual a la de los churros; se dejaba dorar en todos los aceites

Mateo Morral
   Por supuesto, entre todos estos personajes impera Mateo Morral, el anarquista que lanzó la bomba. Su deambular antes y después del atentado se relata minuciosamente. Incluso se relata su participación en otro atentado anterior contra Alfonso XIII, aquella vez en París y, al igual que el de Madrid, fallido.

   Porque de telón de fondo está la situación política donde el anarquismo cobra fuerza y pone contra las cuerdas a los inestables y efímeros gobiernos que se dan en las últimas décadas del siglo XIX. Los anarquistas cuentan entre sus logros el asesinato de Cánovas del Castillo y el atentado en Barcelona durante la procesión del Corpus que provocó 12 muertos. En 1912 se apuntarían otro tanto al asesinar a Canalejas. A este respecto se hace una interesante reflexión cuando Mateo conversa con uno de sus mentores y se menciona la utilización de bombas como forma de lucha: “No se puede estar en contra de la explotación del ser humano en el trabajo y luego estar por poner bombas que explotan a la gente”.

   De la obra de este escritor se dice que tiene influencias del esperpento de Valle-Inclán y del realismo sucio de Bukowsky. Desde luego esperpénticas y sucias son muchas de las escenas que describe, sobre todo cuando el teniente Beltrán se adentra en los círculos más sórdidos del Madrid proletario y donde, con total impunidad, el policía muestra su faceta más salvaje para arrancar a golpe de culata la información que busca. En algunos momentos la narración se vuelve bronca y árida, como si las bombas que se lanzan no solo estuvieran compuestas de pólvora sino también de resquemor, enfado e impotencia.

   El propio autor en los agradecimientos cita a Arturo Pérez-Reverte que “le ayudó con la pólvora, la nitroglicerina y la mala leche necesaria para que esta novela estuviese documentada al dedillo”. Fue galardonada con el Premio Azorín de Novela en el 2008.

   Un documento completo de un atentado que de haber tenido éxito habría cambiado el rumbo de nuestra Historia de manera radical. O quizás no. Quién sabe.

 “Pólvora negra” más que una novela es "una zarzuela sangrienta que sirve para engordar la morcilla rancia de la Historia de España".

Kirke  



21 de febrero de 2016

Cumpleaños, bautizos y celebraciones


   Mi abuela nunca supo qué día nació exactamente. Fue en el mes de diciembre y había nevado mucho. Tanto que mi bisabuelo no pudo desplazarse hasta el ayuntamiento para registrarla  y por tanto el registro se realizó bastantes días después. La bautizaron un 14 de diciembre y ese es el día que consta como de su nacimiento también.

   ¿Por qué os hablo de esto? pues porque yo tampoco sé con seguridad cuándo nació mi blog. La primera entrada fue el 26 de abril de 2013, pero empecé a escribir en el blog como un ejercicio de entrenamiento en el mundo de la blogosfera y aquello más que un comienzo fue un débil experimento. De hecho, las primeras entradas eran muy escuetas pues en realidad eran la copia de los comentarios que vertía en una web –aNobii- donde sucintamente los usuarios colgábamos la opinión que nos merecía un libro nada más terminarlo.

   Por eso, y porque no sabía que un blog celebra su cumpleaños, nunca he conmemorado el nacimiento del mío. 

   Lo que sí sé es cuándo fue bautizado: el día que Francisco Moroz me concedió el primer premio, el 21 de febrero de 2015. Un mes antes ya empezó a visitar el blog y fue dejando algún que otro comentario, pero ese 21 de febrero me premió con el Black Wolf Blogger Award.

Premio condedido por Francisco Moroz el 21 de febrero de 2015

   Aquel día fue el verdadero inicio de esta aventura bloguera. Ese día se abrieron, en este blog, las puertas de par en par de la mano de quien desde entonces he dado en llamar mi padrino bloguero. Gracias, Francisco, sabes que mi deuda contigo es impagable.

   Con aquél primer premio comenzó todo. Amigos de Francisco llegaron a mi blog, dejaron comentarios y yo, a mi vez, conocí a otros blogueros. De esta manera se inició un ciclo de intercambio que supuso una auténtica conmoción para mí.

   Por eso tomo esa fecha como el día de cumple-blog o de bautizo-blog.


   Al principio, y quizás imbuida por otros foros, quería tener un gran número de seguidores y también muchas visitas. Todos los días acudía a mis datos de “Estadísticas” a ver qué tal se estaba dando. Los resultados eran poco alentadores, pero yo seguía vertiendo mis opiniones sobre libros con la convicción de que eran tres amigos los que me estaban leyendo, amigos que me daban su opinión delante de unas copas cuando nos veíamos cara a cara.

   En aquellos tímidos inicios comenzaron a dejar sus impresiones otros blogueros que también estaban empezando y en una perfecta simbiosis nos ayudábamos mutuamente –ayuda que hoy aún se da-. En este grupo, y sin desmerecer a nadie, hay una reseñista con la que me unen vínculos especiales por estos motivos y por tener muchas cosas en común. Tanto nos parecemos en algunos aspectos que hasta nos confunden el nombre; para los que aún no se aclaren recalcaré que yo no me llamo Rosa. 

      Con el tiempo el círculo se ha ido agrandando hasta llegar a conocer a más gente maravillosa, y de diferentes partes del planeta, con la que comparto algo más que impresiones de literatura.


   Tanta es la riqueza que he adquirido gracias a esta experiencia que yo misma he ido ampliando el radio de acción del blog. No sólo comento libros, de vez en cuando escribo sobre experiencias vividas en el trabajo, en el quehacer diario o en los pocos viajes que realizo (Las cosas de Kirke).

   El empuje recibido es tal que hasta con la poesía me atrevo (Poemas y Cantares) o con científicos locos (Demencia, la madre de la Ciencia).

   Además he tenido tanta suerte que colaboro con otra maravillosa bloguera, Chelo, reseñando libros en los que se basaron películas (Alalimón) y esta experiencia de conjugar esfuerzos además de reportarme diversión me ha regalado una excelente amiga virtual.

   En este cúmulo de nuevas experiencias hice una tímida incursión en escribir relatos de ficción, aunque esta faceta anda un poco aletargada por timidez y cobardía.

   Desde mi “bautismo” el número de seguidores ha aumentado e igualmente las visitas aunque siguen estando muy lejos de otros blogs famosos. Pero en esta andadura he aprendido también a separar el grano de la paja; tengo pocos seguidores pero sé que son buenos y selectos. Quizás el número de comentarios en las entradas no es muy elevado pero todos y cada uno de estos comentarios sé que están hechos con cuidado y detenimiento, fundamentados y sentidos. La calidad sustituye a la cantidad. 

Imagen creada por Francisco Moroz
    Y aquí estoy, celebrando con todos vosotros la enorme alegría que ha supuesto conoceros, compartir tan buenas experiencias e incluso algunas malas cuando nuestros comentarios no han sido del agrado de algunos visitantes. 

   Quiero celebrar con vosotros la alegría que supone saber que te leen y que esa lectura merece emplear un tiempo, siempre precioso, para dejar un comentario. Quiero celebrar lo mucho que aprendo de esos comentarios y lo agradecida que me siento por vuestra dedicación.


   Me gustaría nombraros a todos y cada uno de los que, con paciencia infinita y admirable fidelidad, me seguís asiduamente. Mi despiste congénito me impide hacerlo por no dejar a nadie en el tintero y crear malentendidos. Sé que os dais por aludidos todos los que gustáis de pasar por aquí y a vosotros están dedicadas estas palabras de agradecimiento.


   También quiero aprovechar para pedir disculpas si no os dedico la atención que merecéis en vuestros blogs porque sois tan prolíficos y creativos que, a veces, me es muy difícil seguir vuestro ritmo. En cualquier caso sabed que os leo siempre y que araño tiempo de donde haga falta para poder estar al día con vuestros escritos aunque en ocasiones no deje constancia de ello. Prometo enmendarme y poner remedio a esto; estoy pensando en reducir drásticamente mis horas de sueño.

  He estado pensando cómo plasmar mi gratitud y he querido dejar un regalo: la foto de la estilográfica con la que he escrito a mano algunas de las cosas que luego vierto en este blog.

   En "Memorias de África" Denys Finch Hatton (Robert Redford) le regala a Karen Blixen (Meryl Streep) una pluma para que escriba los cuentos que se inventa y relata a sus amigos. Bien, yo os regalo a todos esta pluma para que sigáis escribiendo: relatos, poesías, reseñas, comentarios y todo lo que se os antoje porque disfruto mucho con vuestras ideas y necesito de vuestra creatividad para alimentar mi mente.


Esta pluma fue un regalo de mi esposo "para que escriba todas esas cosas que se me ocurren"


   Que esta pluma represente el vehículo para comunicarnos y que el año que viene podamos reunirnos otra vez para celebrar la inmensa alegría de haberos conocido.

Kirke  



19 de febrero de 2016

El general maldito

    Corre el año 70 dC y Tito, el hijo del emperador Vespasiano, está en Judea asediando Jerusalén. Tras la caída de la ciudad uno de sus generales, Marco Grato, asustado por la maldición que uno de los rebeldes le lanza antes de morir ajusticiado, se va a Jericó. En el camino el general sufre una emboscada donde todos sus hombres mueren, a él también se le supone muerto aunque su cadáver no se encuentra entre todos los demás.

   A los pocos meses aparece en Jerusalén pero sin recordar nada de su pasado. Regresa a Roma para que se recupere. Sin embargo, algo ha cambiado en él, su comportamiento -cruel y despiadado- no es igual y determinadas actitudes y aptitudes -es amable con los esclavos y ahora es zurdo- levantan el recelo entre los que le conocen, incluida su propia esposa.

   Con este prometedor inicio la novela se presenta intrigante y llena de suspense. Poco a poco nos enteramos de la vida pasada del general amnésico. Poco a poco los hechos pasados y los presentes explican el porqué de algunas situaciones, pero siempre rodeados de cierto halo misterioso que hace pensar en espíritus y venganzas pendientes.

   Con un ritmo irregular -el inicio y el final son trepidantes mientras que entre medias la historia se desarrolla algo lenta- el autor nos mantiene intrigados continuamente, dando pequeñas pistas que nos pueden hacer deducir qué le pasa al maldito general, aunque el final es sorprendente y, para mí, algo rocambolesco pero imprevisto al fin y al cabo.

   Como suele ser habitual en 'novelas de romanos' se utilizan con demasiada profusión términos latinos para designar elementos que tienen traducción en nuestro idioma. Esto es algo que siempre me llama la atención y que me molesta sobremanera. En esta novela incluso en un momento concreto de la trama se plasma un diálogo completo en latín, algo que además de romper el ritmo de lectura no tiene sentido pues en latín se supone que hablan prácticamente todos los personajes -exceptuando los judíos cuando en Judea aparecen- y no sé a qué viene poner ese diálogo en concreto en el idioma originario. Si lo que se pretende es demostrar que el autor domina esa lengua muerta que lo ponga en el currículum al final del libro y que no maree al lector (al menos a los que somos de ciencias y el latín lo tenemos completamente olvidado).

   Al final de tanto misterio y con todos y cada uno de los enigmas resueltos se respira cierto tono dogmático. Al menos a mí me ha parecido ver una moraleja o mensaje final donde se puede concluir que siempre hay una posibilidad de redención, de reparar el daño hecho y que en el último momento un ser, por muy depravado que haya sido toda su vida, puede rectificar y arrepentirse. Puede ser esta una conclusión muy particular mía pero aquí pongo una frase que aparece en boca de uno de los personajes y que a mí me resultó prueba evidente de lo que comento:

"Arrepiéntete de todo el amor que no hayas dado" 

   Con todo y con esto la novela está muy bien escrita, los diálogos son ágiles y creíbles y, aunque al final creo que baja un poco el nivel, la lectura es muy agradable. El suspense se mantiene hasta las últimas páginas y eso hace que el lector esté ávido de saber qué le ocurrió realmente, en la lejana Judea, al general maldito.

Kirke 



16 de febrero de 2016

Lost in Atenas (Segunda Parte)

Lost in Atenas (Segunda parte)
Do you speak English?


   El hotel estaba muy cerca del barrio de la Plaka. De camino a ese sitio -el único que parecía con actividad por la zona- mi marido, que puede ser muy insistente cuando un tema le obsesiona, les preguntó a los asturianos si sabían hablar griego, o inglés en su defecto, a lo que éstos contestaron que sólo sabían español y un poco de bable pero que éste último sólo lo hablaban en la intimidad. 

   Nada más llegar a la Plaka nos salió al paso un señor hablando en lo que me pareció inglés, al ver que nosotros no reaccionábamos se nos quedó mirando más fijamente y de pronto exclamó: “¡Españoles! ¡Viva España! ¡Hola!” a la vez que nos hacía ademán de invitarnos a entrar en el restaurante cuya puerta estaba detrás de él. Todos nos quedamos atónitos, especialmente mi marido, y aún aturdidos por el recibimiento seguimos andando por la calle. Como diez pasos más adelante se nos presentó una mujer con actitudes y palabras muy parecidas a las del primer personaje. La estupefacción fue en aumento. Cuando en un tramo de cien metros ya nos había pasado lo mismo con otras tres personas más -todas invitándonos a entrar en sus respectivos locales- ya ni nos parábamos a escuchar. 

   Al final terminamos en un local muy acogedor con manteles a cuadros rojos y blancos donde nuestros nuevos amigos cenaron unos bistecs y nosotros nos tomamos un café. El pedir estos alimentos se hizo por el simple método de señalar, los filetes en la foto que había en el cartel del menú y los cafés apuntando con el dedo índice la cafetera que había detrás de la barra (el que nos los pusieran solos, que es como los queríamos, supongo que fue o pura casualidad o porque no hicimos ningún gesto más). 

   Después de departir un rato y relajarnos -mi marido no demasiado- pagamos. Este último procedimiento lo conseguimos haciendo el gesto universal de menear la mano como si estuviéramos escribiendo y luego mirar la cantidad que ponía en la factura (el alfabeto griego no es igual al nuestro pero los números sí). 

   Con este relato minucioso de nuestra primera consumición en Grecia quiero constatar que en todo el proceso no necesitamos apenas hablar o al menos hacerlo en griego.

   Al día siguiente y paseando por las bulliciosas calles de esa zona decidimos sentarnos en una de las múltiples terrazas que tienen las “tabepna” y cuando quisimos pedir cerveza lo hicimos en inglés, “beer”, pero el camarero lo repitió en griego, 'býra'. Esa fue la primera palabra que aprendimos del griego y que mi marido mejor registró. Más adelante, y esta vez con el guía del Peloponeso, aprendimos a decir ‘kaliméra’ (buenos días), ‘kalinijta’ (buenas noches), ‘efjaristó’ (gracias), 'paracaló' (por favor); no sé si todavía recuerda mi esposo estas expresiones pero cómo se dice ‘cerveza’ no se le ha olvidado aún. Cuando uno le pone interés….

   Después de tan satisfactoria experiencia decidimos acudir a ese maravilloso barrio para comer y beber pues además allí muchos de los dependientes de los establecimientos hablaban correctamente el español. 

   Recuerdo que vi en una joyería un colgante precioso de una lechuza -el símbolo de Palas Atenea- y entramos para preguntar su precio -previamente mi chico había intentado, en vano, disuadirme pues le parecía muy complicado hacerse entender en un establecimiento de esas características- y mientras yo pensaba en qué idioma dirigirme -si en mi inglés chapucero o en un francés pasable- la dependienta nos salió al paso diciendo en un perfecto español: “Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?” por lo que la compra se realizó sin ningún problema. Al final, e intrigada por la perfecta dicción de la empleada que nos atendió, le pregunté de dónde era a lo que me contestó que de Atenas. Yo creo que me engañó; esa señora era de Burgos o Valladolid, conozco a muchos españoles que hablan peor nuestro idioma que esa mujer.

   Pero en Atenas no todo es comer y beber. Yo también quería conocer la Acrópolis y para nuestra desgracia no se encontraba ubicada en la Plaka así que había que hacer acopio de valor y aventurarnos. Llegar no fue complicado porque como está en una colina se ve desde todos los sitios y una vez allí al comprar la entrada puedes elegir guía en español. Sólo hay que tener cuidado porque suele haber mucha gente y si se es tremendamente despistado -como es mi caso- puedes equivocarte de grupo y ponerte con los austriacos, con lo que no te enteras de nada. Menos mal que para eso ya está mi marido que me cuida y sorprendido de que estuviera atendiendo a las explicaciones de un señor que hablaba en alemán me preguntó que por qué no iba con el guía que hablaba español; me hice la interesante y cosmopolita pero en realidad me estaba preguntando dónde habría aprendido español el guía ése porque no se le entendía nada.


   No quiero extenderme más, sólo añadiré que nos perdimos varias veces por la ciudad y al final acabábamos llegando a nuestro destino. Mi marido, que empezó temeroso, a partir del tercer día era el que capitaneaba las excursiones plano en mano y, además, también desarrolló un especial sentido de la orientación para ubicar las “tabepna” donde ponían las “býra” más fresquitas. Cuando uno le pone interés…


τέλος
(Fin)

Kirke  


14 de febrero de 2016

Lost in Atenas (Primera Parte)

Lost in Atenas (Primera Parte)
Do you speak English?


   Ayer anuncié que iba a contar mis desventuras debidas a mi poco conocimiento de los idiomas. No sabía qué regla seguir para elegir el orden de mis (pocos) viajes, si empezar por el viaje más antiguo o por el más reciente. 

    He decidido empezar por el viaje más peligroso: cuando fui a Grecia. 

   En aquel viaje mi vida en ningún momento corrió peligro, el que estuvo en grave riesgo fue mi matrimonio.

   Desde adolescente siempre tuve en mente conocer Italia y Grecia, por lo del arte clásico. No sé muy bien de dónde me viene esta atracción porque soy de ciencias pero lo clásico siempre me ha gustado. A Italia viajé con unas amigas estando soltera pero Grecia quedó pendiente, al final la panda se disgregó y el viaje nunca se realizó. Recién casada y ya sabiendo que con las antiguas amigas ese viaje no se haría decidí proponérselo a mi flamante y recién estrenado marido.

   Ya sólo el plantear el viaje supuso un enfrentamiento conyugal. Recuerdo que estábamos cenando en un restaurante y el diálogo más o menos fue así:

YO: ¿Qué te parece si este verano nos vamos a Grecia?
ÉL: (Con los ojos como platos) ¿A dóndeee?
YO: (Interpretando erróneamente su cara de extrañeza y creyendo que el bullicio de los otros comensales le había impedido oírme bien le contesto alzando la voz y vocalizando mucho más) ¡A Gre-cia!
ÉL: (Con los ojos como platos) ¡¿A Greeciaaa?!
YO: (Viendo que la cara de estupefacción no le abandonaba y descartada ya la teoría de la mala acústica pienso que ‘Grecia’ es también el nombre de algún planeta de una galaxia muy, muy lejana por lo que me apresuro a puntualizar) Sí, a Grecia, el país donde nacieron Aristóteles, Sócrates y Demis Roussos(*).
ÉL: (Descartando pararse a explicarme que me había entendido perfectamente desde el principio y yendo al grano con lo que le preocupa) ¿Pero tú sabes hablar griego?

   Ahí me pilló. Ya he dicho que soy de ciencias y sólo estudié en un curso un poco de latín pero el griego ni lo toqué. Aunque tampoco es que me hubiera servido de mucho el estudiarlo porque lo que te enseñan en el bachillerato es griego clásico y no es igual que el que se habla en la actualidad. El caso es que no sé ni griego clásico ni moderno. Pero yo no me amilano fácilmente y aún tenía muchas balas en la recámara.

YO: Hombre, no sé hablar griego pero me imagino que al 90% de los turistas que visitan Grecia les pasa lo mismo y eso no les impide disfrutar de sus ciudades y monumentos.

Después de un tira y afloja donde yo me empecé a poner muy cazurra la conversación acabó así:

ÉL: Está bien, vámonos a Grecia pero tú te encargas de todo.

   Esa frase la dijo con muy mala intención porque en esas pocas palabras iba agazapado un mensaje subliminar que yo interpreté perfectamente y que viene a ser “tú-te-encargas-de-todo-pero-como-algo-salga-mal-te-vas-a-acordar-del-viaje-toda-tu-puñetera-vida”.

   El caso es que busqué un viaje organizado, algo que no me gusta porque prefiero viajar a mi aire sin estar sujeta a horarios ni itinerarios establecidos por otros, pero como no sé hablar griego…
   El viaje consistía en 10 días conociendo el Peloponeso con un guía que nos acompañaría “full time” y 5 días en Atenas “libres” es decir, solos; sin guía ni nadie que nos acompañara. Y ahí radicó el error-problema, esos cinco días en Atenas pusieron a prueba la solidez de mi matrimonio y la paciencia de una servidora.



   El avión aterrizó en Atenas una tórrida noche de julio con tres horas de retraso. Nada más llegar al hotel lo primero que quería era llamar a casa de mis padres para avisar que habíamos llegado bien –a principios de los 90 no existían los teléfonos móviles- y esto ya fue el primer escollo a salvar. 

   En la recepción esa noche estaba de guardia el único empleado del hotel que no sabía hablar francés –lo pude comprobar más tarde- ni por supuesto español. Dado que mi inglés por aquella época era demasiado malo para que me pudiera entender tuve que pedir una llamada internacional con gestos haciendo el ademán de coger un teléfono llevando la mano a la oreja con  el dedo pulgar y el meñique extendido. No sé si en Grecia los teléfonos se usan de otra forma o el recepcionista era algo retrasado, el caso es que se me quedó mirando con cara de gremlin y se encogió de hombros. Menos mal que en Grecia los teléfonos suenan parecido a los de España porque cuando dije “riiiingg, riiingg” sí que me entendió y me pasó a la cabina que había en recepción dándome línea para comunicar con mi país. Durante todo el procedimiento de hacerme entender por el susodicho recepcionista tuve a mi querido esposo pegado a mi nuca diciendo por lo bajini: madre mía, madre mía.

   En el traslado al hotel coincidimos con un matrimonio de Gijón, ellos, al contrario que nosotros no tenían cena incluida y querían comer algo por los alrededores y nos invitaron a acompañarlos. Era ya muy tarde, como las once y media de la noche, y mientras mi marido negaba con la cabeza y ponía cara de espanto ante la insólita invitación, yo aceptaba verbalmente. Como a mi marido no le vieron el gesto y en cambio a mí sí me oyeron nos fuimos los cuatro a conocer Atenas ‘la nuit’.

To be continued....
θα συνεχίσει....
(*) Demis Roussos no nació en Grecia, era hijo de griegos pero nació en Egipto. De esto me enteré mucho después. En el momento de aquella conversación yo estaba convencida de que era griego ese señor.
Kirke  


13 de febrero de 2016

Do you speak English? (


   Me encanta viajar. A cualquier lugar, cerca o lejos. Me gusta conocer gente y paisajes diferentes y embeberme de los usos y costumbres del lugar en cuestión. Pero para hacer esto –viajar y embeberme- se necesitan dos cosas de las que carezco: dinero y hablar idiomas. Por eso practico poco esta afición.

   Lo del idioma se puede paliar si uno viaja por su propio país –y esto es relativo porque en algunas aldeas recónditas los moradores tienen su propio dialecto y no hablan nada más- pero si una se quiere embeber de los usos más allá de nuestras fronteras la cosa ya está más difícil.

   Yo me defiendo medianamente bien hablando francés y medianamente fatal hablando inglés. Con otros idiomas ni me defiendo ni ataco, simplemente no me entero de nada (para los que piensen que el italiano y el portugués es parecido al español y por eso se puede uno entender más o menos, conmigo eso no es verdad; he estado en Portugal y en Italia y la incomprensión fue absoluta).

   Con todo y con eso no me asusta viajar a otros países, sobre todo si son europeos. De momento Europa me parece segura –de momento- y no me da miedo ir a la aventura. Digamos que me siento una ciudadana del mundo (europeo). Sin embargo reconozco que mi estulticia a la hora de hablar otros idiomas diferentes al mío me ha traído algunos problemas. Con el tiempo esos problemas los recuerdo como divertidas anécdotas pero en su momento fueron escollos que pudieron amargarme el viaje. 

   La cosa se complica si además viajas con alguien –léase mi marido- que es un auténtico agonías en cuanto a viajar se refiere; él siempre quiere tener todo previsto desde antes de salir de casa y yo, en cambio, soy más de improvisar. Yo digo que soy una aventurera, él me dice que soy una inconsciente. Puede que tenga razón, pero gracias a esa falta de sensatez por mi parte os relataré en sucesivas entradas algunas anécdotas que me ocurrieron en los pocos viajes que hice fuera de España.

   En esta ocasión, y como introducción a la miniserie de mis desventuras idiomáticas allende las fronteras españolas, también me gustaría añadir que en lo de saber idiomas es importante la genética. Y no me refiero a que haya personas que tienen más facilidad para hablar otras lenguas –que las hay- sino a determinados rasgos físicos que facilitan el ser políglota, al menos para poder practicar más sin proponérselo expresamente. 

   Un ejemplo claro de lo que cuento es mi propia hija. Es una chica muy alta, tiene la piel muy blanca, el pelo liso castaño claro y ojos azules; aquí en España tiene la pinta de una guiri de manual. 

   Ya de pequeña, cuando íbamos de veraneo, en los hoteles los animadores la hablaban en inglés porque creían que era extranjera. Eran unas vacaciones muy completas: playa, sol, chiringuito y clases de inglés para la niña. Me ahorré una pasta en campamentos de inglés. Ahora, ya mayor, en el centro de Madrid más de un extranjero se dirige a ella en inglés o incluso en francés para pedirle información pues piensan que es una compatriota afincada aquí. 

   Osea, tiene una predisposición a practicar otros idiomas sin apenas molestarse. Eso tiene su contrapunto: cuando viaja al extranjero no se creen que es española.

   Aunque parte de esos rasgos tan poco ibéricos de mi hija los ha heredado de mí yo sí parezco española y a mí no me hablan en otro idioma cuando estoy en casa, por lo que no practico y así me va.

   En próximas entregas contaré en qué líos se mete una si no domina bien un idioma. Ya veréis, ya.

Continuará…. 
Ay, perdón: To be continued...

Kirke  

NOTA: Esta entrada se la dedico a una compañera bloguera con la que mantengo charlas virtuales y que, en una de ellas, me inspiró este tema. Por si la citada bloguera no se da por aludida le doy una pista, su nombre empieza por ‘Che’ y termina por ‘lo’ ;)


10 de febrero de 2016

El hombre que amaba los perros

   Esta extensa novela en realidad es la unión de tres novelas. Tres historias que se cuentan de forma intercalada y cuyos protagonistas de una manera u otra se relacionan entre sí.

   La primera historia o novela cuenta los últimos años de León Trotsky, cuando ha dejado de ser un prócer de la Revolución Rusa para convertirse en un paria desterrado y objetivo a abatir desde el gobierno/dictadura de Stalin.

Liev Davídovich Trotsky
 Liev Davídovich Trotsky organizó junto a Lenin la Revolución de Octubre. Mientras Lenin estuvo en el poder tuvo un papel relevante en la política rusa: creó el Ejército Rojo y fue Comisario de Guerra. Tras el fallecimiento de Lenin pudo haber sido su sucesor pero la partida se la ganó Stalin. Cuando Trotsky llamó a éste “Sepulturero de la Revolución” despertó el odio de Stalin; un odio que se convirtió en razón de estado y puso en marcha la más potente maquinaria de marginación jamás dirigida contra un individuo. Desde entonces fue perseguido, deportado y expulsado de la URSS. Es en este punto donde comienza la historia de la primera novela.

   Así vamos conociendo minuciosamente cada paso dado por Trotsky en su deambular de exilio en exilio: Turquía, Francia, Noruega y finalmente México. En todos y cada uno de los países que le acogieron –algunos sin demasiado entusiasmo- su labor consistió en defenderse de las acusaciones que desde Moscú pergeñaban contra él y también en contraatacar escribiendo libros sobre la situación política y el devenir de una Revolución que “se trocó en terror y éste se convirtió no ya en temerosa obediencia sino en la desidia del mismo pueblo que protagonizó la más espectacular transformación social de la Historia humana”.

   En este itinerario Trotsky asiste impotente y desconcertado a las purgas estalinistas que van diezmando los mandos primigenios de la Revolución. Los que detentaron poder van cayendo uno tras otro, de manera que quien fue victimario en un momento dado se convierte en víctima. 

“Quien no es víctima, será cómplice y más aún, será verdugo”

   El mismo Trotsky es un buen ejemplo de esto pues él también protagonizó momentos de represalias extremas como la rebelión de Kronstadt donde se encargó personalmente de aplastar el levantamiento de marinos, que exigían el fin de la dictadura bolchevique, de manera taxativa y causando un gran número de muertes.

   El autor muestra una labor de documentación extraordinaria pues todos los pasos dados por el exiliado y sus contactos se relatan minuciosamente. Personalmente hubiera agradecido algo menos de detalle pues el libro es demasiado extenso y en algunos momentos me agobió tanta profusión de datos haciendo la lectura algo densa y muy, muy lenta. Menos mal que la forma de escribir es exquisita y eso atenuó la lentitud de la narración.

Ramón Mercader
   La segunda historia o novela tiene como protagonista a Ramón Mercader. Sin querer reventar la novela pero teniendo en cuenta que es un hecho histórico más o menos conocido puedo adelantar que este hombre fue el asesino de León Trotsky.

   Ramón nace en una familia burguesa de Cataluña. Su madre una aristócrata acomodada se fanatiza frecuentando ambientes anarquistas y transmite su exaltación a su hijo. Tras intervenir en la Guerra Civil Española se convierte en espía soviético. 

   Al mismo tiempo que asistimos a la transformación de este joven en principio idealista que se irá radicalizando vemos también la evolución de la guerra española y cómo el desarrollo de la misma en el bando republicano influye decisivamente en la forma de actuar de Ramón.

   Mientras en el bando golpista la disciplina les reporta victoria tras victoria en el republicano la amalgama de facciones impide una cohesión necesaria para ganar una guerra. Sindicalistas, cenetistas, tropas regulares, milicias y policías, comunistas, socialistas y trotskistas, se enfrentan entre sí provocando un caos que les llevará a la derrota y al joven Ramón a convertirse en espía soviético.

   También se hace referencia al abandono de potencias europeas como Francia y Gran Bretaña primero y la deserción de la URSS después provocando que el fascismo se instalara y perdurara en una España dejada de la mano de todos.

   Los pasos que da el joven Ramón hasta convertirse en la mano ejecutora del deseo de Stalin para deshacerse de su eterno enemigo también se cuentan minuciosamente.

   La tercera historia o novela tiene como protagonista a Iván y comienza en la Cuba de finales de los años 70. Allí conoce paseando por la playa a un enigmático español que va acompañado por dos galgos rusos. Entabla conversación con él y a través de varios encuentros a lo largo de unos meses el español le cuenta una historia acaecida casi cuarenta años atrás.

Galgos rusos (borzois)

   En esta tercera novela Iván cuenta en primera persona la Cuba de Fidel Castro y describe, en un paralelismo más que evidente, la situación política y social muy semejante a la de la URSS de Stalin: represión de ideas que no concuerdan con el ideal establecido por el gobierno, no sólo las ideas totalmente opuestas políticamente sino otras de índole más personal como, por ejemplo, la homosexualidad.

   Con Iván, y al ser su historia la más reciente en el tiempo, también asistimos a las consecuencias de la glasnot y la perestroika, cuando la verdad –o parte de ella- sale a la luz revelando hasta qué punto la manipulación acalló las purgas y la tiranía de quienes se hicieron con el poder para combatir el absolutismo de un régimen antidemocrático.

   En toda la novela (novelas) se respira el desencanto. Creo que el autor cubre de mezquindad a todos y cada uno de sus personajes, exceptuando al principal protagonista, Trotsky, y eso me hace sospechar una falta de ecuanimidad. Por lo que yo sé de Historia, Trotsky también tuvo su ración de fanatismo y aunque se citan algunas de sus reprobables actuaciones cuando detentaba poder creo que se hace de manera sutil y con mucha indulgencia. 

   A pesar de la descripción –¿interesada?- hecha por el autor la visión que yo he entresacado de este controvertido personaje es algo distinta. Donde el escritor ve al revolucionario devoto y sacrificado yo veo a un ser ególatra al que no le importa sacrificar a su propia familia –pierde varios hijos como consecuencia de la inquina de Stalin- y al que lo único que le preocupa es la imagen que tendrá de él la posteridad. Y que conste que esta es una opinión mía totalmente personal pues no soy una experta de la política soviética (ni de la de ningún otro país).

   En realidad la novela (novelas) es una crónica del envilecimiento de un sueño. Cuando los ideales se corrompen en pos de intereses espurios y personales de quienes detentan el poder llega, para el militante de base, el gran desencanto.

Kirke  



6 de febrero de 2016

Juntos pero no revueltos



     Estoy de enhorabuena porque últimamente mis maravillosos compañeros de la blogosfera no hacen más que homenajearme y regalarme premios. Reconozco que me he sentido abrumada porque quiero agradecer como se merecen a todos y cada uno de los que tan bien me quieren el detalle de tenerme en cuenta.

  Aquí va mi agradecimiento y aunque voy a mencionar varios premios a la vez intentaré especificar lo más claramente posible cada premio y cada bloguero que me lo ha otorgado. Primero pondré todas las especificaciones de cada premio en particular y luego me detendré en los blogueros. Os adelanto que esta entrada ha puesto mi capacidad de síntesis a prueba.

Premio Parabatais

"Los parabatai son guerreros Nephilim que luchan juntos de por vida, unidos por el vínculo de la cercanía y el compañerismo. Por tanto este premio reconoce el compañerismo y la hermandad entre blogueros".

Me lo concedieron: Francisco Moroz, Rosa Berros y Chari.

Normas: ponerlo en tu blog y nominar a las personas de tu consideración sin número obligado.

Premio Ahínco

"Muchos son los blogueros que se dedican al bello arte del “Copia/pega”, teniendo de ese modo grandes, extensas, y numerosas publicaciones. Sin embargo, con esta distinción, agradecemos a los escritores que, partiendo del vacío absoluto de una hoja en blanco, dan forma a un universo propio para que lo saboreen y disfruten sus lectores".

    Siempre he pensado que quien se aventura en esto de escribir un blog es porque quiere plasmar lo que piensa, lo que siente, lo que sea, pero plasmar algo suyo, por eso no podía ni imaginar que haya blogueros que se dediquen a copiar el trabajo de otros y se lo agencien haciéndolo pasar por suyo. Desgraciadamente he tenido que sufrir en mis propias carnes el que me copien por eso este premio me parece estupendo.

Me lo concedió Chelo.

Normas:
1) Agradecer públicamente a la persona que te nomina.
2) Nominar a cinco blogueros que reúnan las características especificadas en la descripción
3) Notificar a tus nominados 
4) Situar el logo en tu blog.
5) Explicar por qué se siente la necesidad de compartir los escritos: Escribir es una manera de comunicar, de verter sentimientos y si estos no llegan a otros es como hablar a solas. 

Premio Very Interisting Blogger Award

"Éste es un premio otorgado por los bloggers a otros compañeros de blogosfera que les inspiran con su trabajo, y cuyo empeño y constancia enriquecen este “mundo virtual”. Este reconocimiento nos pide que honremos y aprendamos más sobre la persona que hay detrás del blog".

Me lo concedieron: Chari, Rosa Berros y Julia C.

Normas: 
Dar las gracias y vincular a la persona que te nominó
Enumerar las normas y mostrar el premio
Comparte siete cosas sobre ti: 

     1. Soy una forofa/adicta al chocolate.
     2. Me encanta hacer fotos. Llegué a hacer un curso avanzado de fotografía donde aprendí a revelar y a hacer montajes. Ahora con el photoshop es mucho más cómodo pero le quita todo el encanto que tiene la artesanía.
     3. Me gusta caminar por la montaña y disfrutar de las imágenes, los sonidos y los olores que la Naturaleza nos regala. 
     4. Quizás porque mi madre era gallega me gusta la música celta. El sonido de una gaita me parece nostálgico y también alegre, todo depende del ritmo (como cualquier otro instrumento musical).
     5. No soporto la gente maleducada y a veces me meto en algún que otro lío por recriminar a alguien una mala conducta. Esto es algo que debo hacérmelo mirar porque cualquier día acabo siendo agredida.
      6. Cuando algo me hace reír lo hago con todas las consecuencias, es decir, me río a carcajada limpia y hasta se me saltan las lágrimas. Esto es un incordio para los que están conmigo, por ejemplo, viendo una película cómica pues mis risotadas les impiden oír lo que está pasando.
       7. Soy bastante desconfiada pero cuando me fío de alguien lo hago sin fisuras por eso no puedo perdonar la traición.

Informa a los nominados
Exhibir con orgullo el logotipo del premio en tu blog
Seguir o suscribirse al blogger que te nominó
Nominar otros 15 blogs que sorprenden

Premio Litarcihis

   El creador de premio es Francisco Moroz, alguien a quien le debo mucho y que yo, cariñosamente, le llamo mi padrino. 
"El significado de este premio es el reconocimiento entre bloggers por el trabajo realizado, el esfuerzo, la dedicación, la constancia, la calidad, la estética, la fidelidad, la amistad pero sobretodo porque creen en la calidad de su pasión, trabajo o hobby".
Este premio, Litarcihis, está dirigido a un abanico muy amplio de blogs, aspecto este que me gusta pues la variedad de temas me parece algo muy enriquecedor. Aquí pongo las características de dicho premio:

 Literarios: libros, poesía, relatos y todo tipo de escrituras fantásticas, terror, ciencia ficción...
 Sobre Arte: Pintura, escultura, música, arquitectura, decoración, cocina, cine, teatro...
 Ciencia: Biología, naturaleza, arqueología, ecología, física, matemáticas, astrología, botánica...
 Historia: todos aquellos que nos hablen de nuestro pasado y recuerden con fotos y escritos todo aquello que la memoria olvida.

"Un premio que es concebido no solo al blog, sino también al creador que se lo curra y lo maquea dándole presencia, estética y realce para que quede bonito a simple vista además de llenarlo con contenido adictivo."

Me lo concedió Chari

Normas
1- Agradecer al que te lo concede.
2- Ponerlo en lugar visible en tu blog.
3- Nominar al número de blogs que tú creas conveniente pero sólo de 1 a 10  y no más, para no hacerlo engorroso.
4- Que el blog al que se lo concedes sea de tu agrado y te aporte algo a nivel personal. Indiferente el número que tenga de seguidores.
5-  Avisar a los blogs elegidos.

Premio Versatile Blogger Award

Me lo concedió Rosa Berros.

Normas:
Poner el logo en el blog
Nominar 15 blogs
Poner algunas cosas sobre ti:

-En el colegio me llamaban buhito porque decían mis profesores que me asombraba con cualquier cosa y abría mucho los ojos cuando lo hacía. Eso fue en mi infancia, ahora con unos cuantos años más a mis espaldas ya no abro tanto los ojos. Me sigo asombrando igual pero intento que no se me note y disimulo.
-En mi juventud fui muy reivindicativa y siempre estaba metida en movidas de estudiantes. Fui a más de una manifestación universitaria y más de una vez tuve que correr porque la policía estaba repartiendo leña y no se andaban con tantas contemplaciones como ahora (primero daban y luego preguntaban)
-Mido 1,67 m y aunque no se puede considerar esa estatura como baja me hubiera gustado ser más alta. Este deseo se hace especialmente intenso cuando me tengo que agarrar a las barras del metro (quién ha diseñado los vagones del metro de Madrid, ¿un jugador de baloncesto?)

   Ahora voy a referirme a mis mentores, empiezo por el único varón (bendito seas tú entre todas las mujeres) por lo de saltarme la norma de ceder primero el paso a las féminas, y luego sigo con mis otras compañeras. Que conste que estas alusiones son como una multiplicación: el orden no altera el producto. 

Francisco Moroz desde su blog Abrazo de libro nos demuestra continuamente que es un escritor prolífico y muy diverso. Sus relatos siempre son estupendos y con finales sorprendentes, su poesías son conmovedoras y sus reseñas esclarecedoras. Tiene una capacidad creadora envidiable; yo, de mayor, quiero ser como él. Un bloguero al que me siento ligada pues fue un factor determinante en la andadura de mi blog. Gracias, Francisco.

Con Rosa Berros tengo una conexión especial, casi desde sus inicios -y prácticamente también los míos- estuvimos en contacto. Sus reseñas literarias en Cuéntame una historia me llamaron la atención por la calidad y minuciosidad. Luego sus comentarios también me enriquecieron. Sus ideas e impresiones, que sólo una persona con la sensibilidad y sensatez de Rosa puede tener, siempre son un referente y un estímulo para mí. Con una capacidad de trabajo excepcional me muestra autores y novelas que si no fuera por ella no sabría ni que existían. Gracias, Rosa.

Chelo es otra compañera con la que mantengo un vínculo singular. Sus entradas en El blog de Chelo siempre son entrañables y refrescantes. Pone entusiasmo en cada cosa que hace y la vitalidad que derrocha a espuertas es contagiosa. Leerla es un chute de energía. Además tengo la inmensa suerte de colaborar con ella en una sección, Alalimón, donde me ha regalado momentos muy divertidos. Siempre está ahí para lo bueno y para lo malo. Gracias, Chelo. 

Julia es una bloguera que escribe como los ángeles -suponiendo que los ángeles tengan la imaginación que tiene Julia-, sus relatos son perfectos y cuando nos entrega sus historias en pequeñas dosis enganchan de tal manera que nos vuelve adictos. Soy una yonki de sus Palabras y Latidos, de forma que cuando se retrasa en colgar sus escritos tengo síndrome de abstinencia. Menos mal que es una proveedora fiel y siempre acaba administrando sus balsámicas publicaciones. Gracias, Julia

A Chari la conozco desde hace poco pero como es una curranta nata, ¡publica todos los días!, la he leído mucho y es como si la conociera desde hace años. Tiene un gran sentido del humor -con alguna de sus entradas me he reído a carcajadas- pero también mucha sensibilidad. En La voz de las olas toca un montón de teclas: poesía, relatos de misterio, anécdotas de su infancia. Escribe sobre lo que se tercie y siempre lo hace bien. Además me regala premios. Gracias, Chari.

   Y ahora viene lo más difícil, las nominaciones. Nominaría a todos los blogs que sigo y en los que participo pero me encuentro con algunos problemas. Me gustaría dar estos galardones a quienes me los concedieron y además todos ya tenéis estos premios, o eso creo, por lo que volver a nominar es como entrar en un bucle sin fin -esto ya lo expresé en otros premios- y volver a repetir otra vez las normas es como tener un "déjà vu" perpetuo -esto también lo comenté anteriormente-. De todas formas no quiero dejar de reseñar algunos blogs así que voy a conceder un premio al menos a un blog determinado.

Arethusa y su blog Arethusa Rococó
Marisa y su blog Nuevo Viaje a Ítaca
Juan Carlos y su blog El blog de Juan Carlos
Conxita y su blog Enredando con las letras





Enhorabuena a todos y sólo una cosa más que me gustaría añadir a todas esas normas:

No hay normas para recibirlos, haz con tu premio lo que quieras, yo te lo doy como una muestra de lo mucho que disfruto con tu blog.








3 de febrero de 2016

Las cenizas de Ángela

Reseña perteneciente a la sección Alalimón




Las cenizas de Ángela escrita por Frank McCourt
Las cenizas de Ángela dirigida por Alan Parker (Reseña de Chelo)

   Leí esta novela por primera vez en el año 1998. Por aquel entonces ya era un fenómeno editorial y el libro se encontraba en todas las listas de los más vendidos. No soy muy amiga de leer best-sellers pero con este caso hice una excepción.

   En aquella ocasión reconozco que el libro me gustó mucho y recuerdo que lo recomendé efusivamente a mis amistades. Por eso, cuando Chelo y yo, pensamos en este título para nuestro Al alimón me pareció buena idea reencontrarme con los personajes que tanto me hicieron disfrutar hace casi veinte años.

      La novela es un relato biográfico del propio autor. Frank McCourt nació en EEUU en 1933 pero con cuatro años vuelve a la Irlanda natal de sus padres. La época vivida allí hasta que cumple 19 años es la que comprende esta primera novela. Le sigue una segunda "Lo es" donde ya relata su vida en el país que le vio nacer.

   Todo el relato se narra en primera persona por Frank. Como en el inicio es un niño de cuatro años la forma de contarlo imita la que, se supone, utilizaría un niño de esa edad. Y es esto lo que me hizo algo 'incómoda' la lectura. Hay algunas cosas que un niño de cuatro años, si se le quiere dar cierta credibilidad, no puede ni decir ni comprender a no ser que sea un niño muy precoz por lo que ese guiño de relatar la historia desde el punto de vista de un crío pequeño me pareció poco creíble y un impedimento para darle agilidad a la narración.

    Además la historia se me hizo muy larga. No sé si porque ya conocía en esencia lo que iba a ocurrir o porque son demasiadas páginas para lo que realmente quiere contar, que básicamente se puede resumir en una serie interminable de desgracias. 

   Para una familia pobre en los años 30 y 40 del siglo pasado la vida resultaba muy dura; en la Irlanda de esos años el trabajo escasea y la comida también, si a esto le añadimos que en esa familia el padre es un borracho y la madre una mujer depresiva la malaventura está asegurada. Las condiciones de los barrios más pobres son tan insalubres que la esperanza de vida es muy baja y la mortalidad infantil muy alta. En este ambiente crece el niño/adolescente Frankie, por eso su máxima ambición es huir de allí y volver a EEUU donde labrarse un porvenir y olvidar tantas penurias y calamidades.

A veces suelo releer un libro que me gustó porque siempre capto matices que se me escaparon en la primera lectura. Esta vez creo que el efecto ha sido inverso; en esta segunda lectura no he debido captar los matices que en la primera me hicieron disfrutar la historia porque la sensación final que tengo es que no me ha gustado demasiado o al menos no tanto como aquella primera vez. 

  Este sabor agridulce que me ha quedado al volver a leer un libro que me gustó mucho en el pasado me ha hecho recapacitar y preguntarme por qué. Soy de la opinión de que cada libro tiene un momento para ser leído y que si ese momento no es el adecuado puede no gustar. Quizás es esto lo que me ocurrió. O puede que hace veinte años yo era muy distinta a la persona que ahora soy.

   Soy partidaria de la evolución, creo que alguien que permanece inmutable durante toda su vida demuestra poca riqueza intelectual, y aunque siempre hay que basarse en unos principios estables que rijan nuestra vida, la madurez requiere cambiar -se supone que para bien- y puede que eso se traduzca en una distinta percepción de determinados hechos según la edad.

   Perdonad la psicología de andar por casa de la que hago alarde pero estoy empezando a plantearme volver a leer libros que me gustaron mucho hace muchos años y comprobar si esta teoría se cumple o no. Por otro lado la madurez también lleva implícita -al menos en mi caso- un mayor aprecio del tiempo, por lo que procuro evitar malgastarlo en experimentos con poco futuro. Qué dilema.

   De momento me voy a leer la reseña de Chelo y quizás lo que deba hacer es ver la película y dejarme de divagaciones. 

Kirke



Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores