En esto de escribir y publicar una novela estoy teniendo vivencias de lo más variopintas y extraordinarias.
Una vez salvado el que parecía un escollo insalvable que fue publicar la
novela vino el siguiente paso: darla a conocer.
Como ya comenté anteriormente para publicar hube de recurrir a una
editorial muy modesta, Meiga Ediciones, que si bien no me cobró ni un euro
(algo con lo que yo estaba especialmente obsesionada) tiene sus inconvenientes.
Uno de ellos es que la promoción es limitada y corre a cargo primordialmente
del escritor. No me quejo, lo asumo conscientemente. Lo malo es que yo
promocionando tengo muchas carencias.
Para empezar, el número de seguidores en mis redes sociales es muy bajo.
Básicamente me siguen familiares, amigos y compañeros de trabajo junto a algún
alumno. Dado que soy hija única y que me relaciono lo justo con mis semejantes,
la cosa se traduce en que mi radio de interacción social es muy reducido.
Como prueba de que no miento aquí van mis datos de seguidores: en
Instagram, 119; en Facebook, 80; en el blog, 156. Si a eso le añadimos que de
esos seguidores una cuarta parte es la que realmente interactúa conmigo, se
puede deducir que voy de cráneo a la hora de dar a conocer la novela.
Tengo pocos amigos (en el hipotético caso de que seguidores en redes
sociales sea equiparable a amigos), pero son muy buenos. De hecho, gracias a
dos de ellos la semana pasada presenté «El legado de Circe» en Cádiz.
De la presentación en sí misma y qué pinta una escritora madrileña como
yo en Cádiz, hablaré en la siguiente publicación. Hoy me quiero centrar en los
acontecimientos previos y que tuvieron que ver con dicha presentación.
Antes del evento en sí, estos amigos se encargaron de darle publicidad. Esa
difusión se basó en dos hechos habituales para algunos, pero completamente
insólitos para mí, a saber: una entrevista en la radio y la publicación de una
noticia en el periódico.
El día antes de irme a Cádiz recibí una llamada de Canal Sur Radio. Se presentó
un periodista citándome el día siguiente a las 10:05h de la mañana para realizar
la entrevista telefónicamente. Tan nerviosa me puse, por lo bizarro de la
propuesta, que no se me ocurrió preguntar si era en directo o en diferido. Como
la hora era tan exacta, diez y cinco de la mañana, yo deduje, sin tener ninguna
base, que sería en directo y deduje también (con la misma base que la anterior
deducción) que sería cortita, algo de lo que me congratulé porque cuanto menos
tiempo tuviera para hablar menor probabilidad tenía de hacer el ridículo.
A la situación tan insólita de que me entrevisten se añadía otro
elemento que ya me daba mala espina. A la hora en que me entrevistarían yo
estaba en el tren. La RENFE últimamente no se caracteriza por un buen
funcionamiento y me temí que la calidad de la señal telefónica no iba a ser muy
buena y cabría la posibilidad de que esa entrevista tuviera alguna dificultad. ¿Alguna
dificultad? Me quedé corta porque la conversación estuvo llena de
inconvenientes.
Ya he comentado en varias ocasiones que la ley de Murphy conmigo no se
cumple, se ensaña. Aquel día Murphy se despachó a gusto.
Cuando faltaban unos minutos para esa cita de las 10:05h me levanté de
mi sitio y me dirigí a la plataforma entre vagones (donde están las puertas) ya
que en los asientos aledaños al mío la gente estaba hablando y se notaba mucho
ruido. En dicha plataforma había silencio y tranquilidad y allí me dispuse a
recibir la llamada acompañada de mi sufrido marido que estaba oyendo por los
auriculares el programa de radio en directo. Gracias a ello me enteré de que la
entrevista sería en diferido pues, tras el informativo de las diez de la mañana,
anunciaron que después de las doce saldría una servidora a hablar de «El legado
de Circe». Con esa información me llegó otra indirectamente: la entrevista no
iba a ser cortita.
Saber que me habían citado en la radio ya me puso de los nervios, pero
tuve poco tiempo para alterarme porque, con puntualidad de reloj suizo, la llamada
desde la emisora sonó. Respiré hondo y descolgué. El periodista del día
anterior volvió a hablarme y con una simpatía encantadora me explicó que si
había alguna interferencia o si se cortaba la comunicación no pasaba nada, que
me volvía a llamar y que ya editaban al final.
Como estaba sola en la plataforma no había nada de ruido (también se
encontraba allí mi marido, pero estaba callado) y empecé a contestar las
preguntas del periodista con tranquilidad. Me dije: «¡Qué bien estoy aquí
solita y en silencio!»
Ilusa de mí.
Nada más pensar eso veo por la puerta de un vagón que se acerca un grupo
de más de diez personas con su equipaje, cuando miro por la puerta del otro vagón,
otro grupo más numeroso también se dirige a donde estoy yo. Por un segundo
pensé que eran fans que venían a verme dar la entrevista, como le pasó a
Rosalía cuando fue a La Revuelta, que se formó un buen pitote en las puertas
del lugar donde se grababa el programa.
Evidentemente, aquellas personas no eran seguidores de una servidora ni
de «El legado de Circe». Simplemente eran viajeros que se apeaban en Sevilla
dado que el tren en ese momento estaba entrando en la estación de Santa Justa.
Viendo que la plataforma entre vagones había perdido la tranquilidad que
yo buscaba me dispuse a volver a mi asiento, al mismo tiempo que el periodista seguía
preguntándome y yo contestando mientras esquivaba a los pasajeros para no ser
atropellada por ningún troley.
Cuando se restableció el sosiego tras abandonar la estación de Sevilla,
un túnel vino a complicar todavía más la situación. Cuando digo complicar me
refiero a que la llamada se interrumpió. Mientras yo renegaba en todos los
idiomas que conozco, el periodista me volvió a llamar y me tranquilizó. Me dijo
que pasadas las once de la mañana retomábamos la entrevista, que no me
preocupara.
El entrevistador me dijo eso porque no sabía la manía que me tiene Murphy
y no podía imaginar que aún me iba a fastidiar un poco más.
Poco después de las once, y cumpliendo su palabra, mi interlocutor me
llamó. Volví a repetir el mismo proceso, salí a la plataforma en busca de
silencio y calma y nada más retomar la conversación, y como si de un déjà-vu
se tratara, oootra vez veo venir pasajeros. «¿Qué coñ- pasa esta vez?» me
pregunté.
¿Qué pasaba? Que estábamos llegando a Jerez de la Frontera y allí
también se bajaba más gente. De nuevo retomé el regreso a mi sitio y, entre la
megafonía anunciando la parada y los ruiditos de la pasajera de enfrente que le
dio por estrujar una bolsa de papel, seguí haciendo mi entrevista.
Cuando terminé tuve una sensación de alivio e inquietud al mismo tiempo.
Alivio porque la tortura había terminado; inquietud porque no tenía muy claro
qué había dicho ya que la mayor parte del tiempo que estuve hablando también
estaba pendiente de mi alrededor.
Llegué a pensar que lo mismo no la emitían porque había sido un fracaso.
El caso es que sí la emitieron y, según mis amigos de Cádiz que la escucharon
en el momento de la emisión, salió bien.
Como no las tenía todas conmigo (mis amigos son buena gente y cabía la
posibilidad de que suavizaran el resultado para no disgustarme) quise escuchar
yo misma esa entrevista. Contacté por WhatsApp con el periodista y me pasó el
enlace del programa. La verdad, para el escenario en que se desarrolló la
conversación, no quedó mal. De todas maneras, podéis juzgar vosotros mismos porque
el audio está al final de esta publicación.
Nada más llegar a Cádiz, y aún mosqueada con mi «amigo» Murphy, decidí
tomarme una cervecita al lado de la catedral. Allí me esperaba otra sorpresa,
en el Diario de Cádiz aparecía una noticia sobre mi persona y la novela.
Alucinando y sin creérmelo del todo empecé a flotar en una nube. Una sensación muy agradable que solo fue el preámbulo de lo que iba a pasar por la tarde cuando presenté «El legado de Circe» en el Café de Levante. Pero esa es otra historia que contaré más adelante.
Ahora voy a buscar un tutorial que me explique cómo hacer una entrevista
en un tren y no morir en el intento. No creo que me vuelva a surgir nada parecido,
pero si ocurriera pediré un asiento especial al lado del conductor que ahí
seguro que se está más tranquilo.
NOTA: Quiero agradecer a Canal Sur Radio Cádiz por dar espacio y voz a
escritores que no tenemos proyección mediática, a Luis Álvarez por su paciencia
y simpatía y al Diario de Cádiz por dejar un huequito para promocionar la
primera novela de una completa desconocida.



Madre mía, cuántos sobresaltos. Eso me pasa a mí y me da un ataque de nervios, una crisis de ansiedad.
ResponderEliminarPero, aun así, saliste airosa, pues no solo fue muy bien la entrevista (de hecho me encantó) sino que además no se notó (por lo menos yo no lo noté) ni tu nerviosismo al hablar ni el ruido de fondo.
Muchas veces, y hablo por experiencia, uno cree que el nerviosismo que está sufriendo al hablar en público, lo está transmitiendo a ese público y no siempre es así. En más de una ocasión me han dicho, al terminar una exposición o presentación oral: qué tranquilo se te veía, y en cambio la procesión iba por dentro. Incluso para que no se me notara el tembleque, apoyaba el brazo que sostenía el puntero luminoso en el atril para que no se viera cómo la luz láser temblava de arriba a abajo, je, je.
Así pues, lo hiciste muy bien y palante (pero no hacia donde se refiere ese tipo al que se le conoce como MAR).
También se muy bien lo complicado que es promocionar un libro uno mismo, y yo también, en su día, hice un montón de cálculos basados en el número de seguidores (tanto de mi blog como en las redes sociales) y amigos. Solo que en mi caso me pasé de optimista y las ventas fueron muy exíguas. Espero que en tu caso sean excelentes, pues tanto tú como tu novela os lo merecéis.
Un beso.
Hola, Josep Mª.
EliminarEn principio no me encontraba muy nerviosa cuando se inició la entrevista, pero según avanzaba y se iba complicando por todo lo que ya he expuesto ya sí me puse de los nervios porque, como dijo Felipe II, yo no estaba allí para luchar contra los elementos.
Tengo más que experiencia hablando en público porque soy docente y he tenido que defender trabajos míos ante audiencias súper exigentes (léase la tesis doctoral y algún que otro congreso científico), aun así siempre hay algo de escalofrío cuando sabes que te está escuchando bastante gente. Como tú comentas, puede que no se deje notar ese nervio y el público no lo perciba pero, sí, la procesión va por dentro. Además, creo que en eso se basa la experiencia, en saber dominar los nervios y que no se noten (lo que no quiere decir que no se tengan).
Promocionar me está resultando un parte más compleja de lo que esperaba. Por un lado, no tengo un radio de acción social amplio, pero es que, además, se me da mal darme publicidad. A cambio, quienes me rodean se encargan de ello. Mi propio marido, a la mínima ocasión hablando con alguien mete la frase "¿sabes que Paloma ha escrito una novela?" a pesar de que yo me pongo roja como un tomate.
Las ventas no van mal, bastante mejor de lo que esperaba, pero es que yo esperaba muy poco, ja, ja, ja.
Gracias por tu apoyo.
Un beso.
A mi entender hablaste con mucha seguridad y soltura y de momento estas haciendo una promoción de tu libro que mas de uno quisiera. Yo mismo no sería capaz de ponerme delante de personas desconocidas a hablar de algo que pienso que a lo mejor les importa un pimiento. Sin embargo tengo un amigo que ha escrito mas de catorce y no me pierdo ni una de las presentaciones por lo bien que lo hace. Además se rodea de personas que le amenizan el evento y lo convierten en todo un espectáculo.
ResponderEliminarMi enhorabuena más sincera por esos pasos que vas dando , que te irán convirtiendo en toda una celebridad de la cuál poder decir: "A esta autora la conozco bien, es mi ahijada" ;)
Besos
Tengo experiencia en hablar en público porque soy profesora y en la universidad hay muchas ocasiones, además de la docencia en concreto, en las que hay que salir a la palestra. Por desgracia, también tengo experiencia en hablar ante un público al que le importa un pimiento lo que digo porque algunos alumnos se apuntan a clase por obligación, ja, ja, ja.
EliminarSi estoy promocionando es gracias a los amigos que se mueven en círculos literarios, si no sería imposible.
Gracias, padrino, por tus palabras.
Un beso.
Desde luego, vaya promoción de la novela, con Murphy haciendo aparición, las risas que me he echado con las circunstancias que han rodeado a la entrevista, madre mía, y como persona que entrevistan por primera vez en la radio, encima ir en un tren y con todos esos inconvenientes, pues me puedo imaginar, pero saliste airosa y lo celebro un montón.
ResponderEliminarY encima la emoción de ser tú primera vez en un lugar, que como bien mencionas, enamora, Cádiz es precioso, bueno soy medio andaluza y que quieres que te diga, Andalucia en general, es preciosa. Mi madre era de Melilla, o sea que para que te voy a contar, y mis abuelos maternos vivieron dieciséis años en Málaga, de la cual me enamoré.
Espero y deseo que te vaya muy bien con esta trayectoria y promoción de tu libro, porque finalmente imagino que lo harás en la capital también y con ese proyecto que tienes en mente.
Un beso enorme y ya sabes que me alegro un montón Paloma.
Hola, Tere.
EliminarCádiz es una maravilla e ir allí para presentar mi novela un placer añadido.
Presentar El legado de Circe en Madrid está complicado pero no imposible. Ahora tengo dos propuestas que he de valorar despacio.
La trayectoria de la novela va muy bien, pero lo que más me ilusiona y me importa es que hay gente que se está molestando en adquirir el libro y que emplea su tiempo en leerlo, eso es lo que yo más valoro.
Un beso.
He escuchado la entrevista y no desemerece en nada de las que se hace a "ilustres" novelistas. Estuviste más que bien. Espero con ganas la entrada en la que nos contarás a quienes allí no estuvimos la presentación de "El legado de Circe" en el Café de Levante.
ResponderEliminarY sí Murphy es gran amigo tuyo, hay que decir que sabes torearlo con arte y gracia, Paloma.
Un beso
Hola, Juan Carlos.
EliminarLa publicación sobre mi experiencia presentando la novela está al caer (ahora que ya estoy terminando todos los trámites burocráticos del fin de curso espero tener más tiempo libre).
Conocer en persona a Ana (a Nacho lo conocí junto a ti unas semanas antes) fue maravilloso, ya solo por eso mereció la pena ir a Cádiz, pero tenerlos a los dos como acompañantes fue una pasada.
Afortunadamente en el Café de Levante Murphy no apareció.
Un beso.
Ay, Paloma, ésta se me había escapado. Menos mal que en cada nueva entrada, tras comentar, voy a la anterior a ver la respuesta. Si no no me habría enterado. He estado de obras en casa y eso ha sido devastador para las entradas de los blogs amigos. No sabes cuántas se me han escapado y he ido recuperando. Eso y que empiezo a sospechar que el gadget de blogs favoritos está haciendo más bobadas que de costumbre.
ResponderEliminarTe diré que para haber sido tan accidentada la entrevista, quedó genial. Deben de tener un muy buen editor porque no se notaron para nada todas esas incidencias. Ya me extrañaba a mí que en la plataforma hubiera tranquilidad. Tú piensa que es también donde están los baños (he viajado muuuuuchooo en tren porque mi padre era maquinista de RENFE y, claro, el viaje era gratis). Y ya no te cuento cuando la gente salía a la plataforma a fumar... Muy bien la entrevista, ya te había dicho. Hblas tan bien como escribes, con la misma gracia y la misma facilidad.
Un beso.
Esperaba tranquilidad en la plataforma porque había "hecho pruebas" y había bastante silencio cuando anduve por allí sondeando el terreno. Fue la mala suerte, o mi amigo Murphy, la que hizo que esa plataforma fuera un hervidero de gente cuando coincidió la entrevista con la llegada a Sevilla.
EliminarDesde luego el editor de sonido fue un maestro porque te aseguro que había mucho más ruido de fondo del que se oye en la entrevista.
Un beso.