Empiezo el año en el blog
anunciando una noticia largamente esperada, al menos por mí.
Hace más de seis años me embarqué
en una aventura con final incierto: escribir una novela. De entrada, me pareció
una osadía por mi parte pretender hacer algo así, pero como soy de natural
atolondrada y me vengo arriba fácilmente, pues me tiré de cabeza a la piscina.
La historia la tenía en mente
desde hacía mucho tiempo, pero plasmarla en negro sobre blanco ya era otro
cantar.
Hasta ese momento había escrito (y
sigo haciéndolo) muchos relatos, pero eran/son historias breves donde el
desarrollo de los personajes es muy simple pues sus historias tienen poco
recorrido.
Contar una historia de más de
doscientas páginas ya eran palabras mayores. En el proceso de ordenar los
diferentes personajes, sus vivencias y sus perfiles, y encajarlos en un solo
bloque dando coherencia a la historia total casi pierdo las pocas neuronas que
tengo. Para mí fue un trabajo titánico.
Además, me di cuenta de que soy
(según dicen los expertos) una escritora brújula, es decir, sé dónde quiero
llegar, aunque no tenga muy claro qué camino tomar para alcanzar ese destino
final. O lo que es lo mismo, sé qué historia quiero contar, pero a grandes
rasgos, sin entrar en detalles; esos vinieron según avanzaba la escritura. Mientras
escribía añadí personajes que no tenía en mente al principio, o le di menos
protagonismo a otros que, a priori, me parecieron importantes. Incluso conté
cosas que, al inicio, ni se me habían ocurrido. Me pasó algo que otros
escritores (algunos de alcurnia) comentan en las entrevistas: la historia se
fue desarrollando según avanzaba la escritura; ella, la historia, me fue
pidiendo qué contar y cómo llegar a esa meta final. Curiosísimo.
Aunque la novela no es histórica
se desarrolla en una época muy concreta y quise documentarme adecuadamente para
no meter la pata con algún que otro personaje o situación «real». Eso me llevó
bastante trabajo, aunque el acceso digital a los libros de historia facilita
mucho esto.
También tuve que esforzarme,
aunque un poquito menos, para documentarme en otro campo que conozco algo
mejor: las plantas medicinales. Aunque la novela no es un tratado de
farmacología, soy farmacéutica y la cabra tira al monte por lo que la
protagonista es una curandera que recurre a los medios naturales para sanar y
quise asegurarme de que mi memoria no me jugaba malas pasadas. En este caso no
recurrí a internet, utilicé un libro que en mi casa se considera la biblia del
farmacéutico: «El Dioscórides renovado» de Pío Font Quer.
Con todo esto que cuento no quiero hacerme pasar por una escritora esforzada y sesuda, solo me gustaría mostrar el curro que me dio la puñetera novela.
Aun así, me divertí mucho escribiéndola
y el esfuerzo lo sufrí con estoicismo, o lo que es lo mismo: sarna con gusto no
pica. No me arrepentí, a pesar del trabajo, de mi decisión.
Lo que sí hizo que dudara de esa
idea de escribir la novela fue lo que vino después: publicarla. Ahí más de una
vez me pregunté (y me maldije a mí misma) en qué narices estaba yo pensando
cuando me lancé a esta aventura. Porque escribir me dio trabajo, pero conseguir
publicarla fue una auténtica tortura.
Primero me presenté a un concurso,
por si sonaba la flauta y porque si ganaba la editorial premiaba al ganador con
la publicación. No me comí una rosca.
Para quienes empezamos en esto de
escribir y si no somos famosos, es decir, no salimos en la tele presentando un
programa con nuestro consorte o tenemos un canal de YouTube con mogollón de
seguidores, la opción más factible para publicar es acudir a una editorial de
autopublicación que te pide una pasta por adelantado. A mí esto me parece un
abuso. No pretendo ganarme el pan escribiendo, pero tampoco quiero que me
cueste dinero.
Otra opción, para los autores
desconocidos, es autopublicarse en plataformas «gratuitas» como Amazon, pero
ahí te lo tienes que currar todo, es decir, maquetar el texto e ilustrar la
portada. Soy una negada con las herramientas que hay que emplear para hacer
esto, por lo que esa opción tampoco era viable para mí.
Con un panorama tan poco alentador
me dispuse a buscar editorial que quisiera publicarme sin cobrarme un euro.
Tras varios correos con resultados deprimentes por fin, gracias a la
recomendación de mi amiga escritora Luisa Ferro, di con «Meiga Ediciones» (el
nombre ya me dio muy buenas vibraciones pues ya sabéis de mi querencia por todas
las brujas en general y por las gallegas en particular). La editora y capitana
de la empresa, Lizzie Quintas, me dio su confianza y apostó por mi proyecto.
Dado que la editorial es muy modesta el proceso fue lento, pero seguro.
Fueron muchos meses pero, al
final, la espera valió la pena porque la edición quedó preciosa, empezando por
el diseño de la portada, obra de Itziar Cabañas, que es una maravilla; pero no
solo el exterior es bonito, dentro se nota un trabajo artesanal, cuidado al
detalle, con encabezamientos de capítulo muy bonitos y elaborados, con separaciones
de secciones trabajadas y con detalles en la tipografía que solo alguien que
ama los libros es capaz de pensar y hacer. Todo eso se lo debo a Lizzie, un
amor de mujer.
Después de tanto trabajo y esfuerzo, con momentos de desánimo en los que pensé tirar la toalla, aquí está ya el resultado y estoy muy satisfecha. Ahora solo queda que esta hija tardía se dé a conocer y que quienes la lean disfruten y les guste.
No obstante, aún no se ha
terminado el trabajo porque ahora me hallo inmersa en conseguir un lugar para
hacer la presentación de la novela, pero esa es otra historia que ya contaré
más adelante porque el tema tiene también mucha miga.
Os pongo la sinopsis del libro así
como el enlace donde se puede adquirir a través de la cuenta de la editorial en
Instagram (la web se encuentra en proceso de renovación y de momento no está operativa).
Quienes queráis adquirir un
ejemplar podéis enviar un mensaje privado a la cuenta y la propia Lizzie os
hará el envío con algún detallito tan característico de ella y que hará de la
entrega algo especial (estas son las bondades del trabajo cien por cien
artesanal).
Como una niña con zapatos nuevos
me siento, contenta y feliz por ver mi criatura ya en papel y disponible. Quien
la persigue, la consigue.
Aloia y Gael emprenden una
travesía peligrosa porque el territorio es el campo de batalla donde se
disputan el dominio de la península ibérica dos gigantes: Cartago y Roma.
Cuando llegue a su destino,
Aloia se enfrentará a un mundo nuevo cuya forma de vida es muy distinta a la de
su niñez, también descubrirá el amor y el rechazo que su conocimiento de los
poderes terapéuticos de las plantas, heredado de su abuela la curandera,
provoca en algunos sectores del nuevo hogar.»
Enlace Meiga Ediciones: Cuenta Instagram






Te doy mi enhorabuena, publicar una novela es ya de por sí, un éxito. Tener la idea, escribirla, encontrar la forma de que llegue al lector, publicitarla... Es toda una odisea que solo conocemos quienes hemos pasado por ello. Disfruta mucho, el primer libro es el que más ilusión hace. ¡Mucho éxito!
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