Leer, el remedio del alma

Leer, el remedio del alma
Imagen creada por Ilea Serafín

23 de diciembre de 2019

El precio de una sonrisa


―Son cinco euros
―No, no me lo voy a llevar. Solo estaba mirando.
―Perdone, pero ha sacado el género de su lugar y lo tiene que comprar.
―¡¿Qué?! Lo único que he hecho ha sido cogerlo del mostrador y mirarlo.
―Ya, pero el envoltorio se ha abierto y ya no lo puedo vender así.
Blanca no era amiga de discutir y ya tenía bastante cabreo como para también enfadarse con el dependiente de aquel puesto navideño. Decidió pagar los cinco euros que le demandaba aquel caradura y llevarse esa ridícula diadema con unos mini cuernos de reno que encima tenían unas lucecitas de lo más hortera. ¿En qué estaría pensando para coger esa mamarrachada?
Tras pagar de malos modos al dependiente decidió salir del mercadillo para no tener más encuentros desafortunados.
Nunca le había gustado la Navidad. Las reuniones familiares la agotaban y sacaban de quicio a partes iguales. Tener que reunirse con sus hermanas y sus maridos se le hacía muy cuesta arriba por la sencilla razón de que no los soportaba.
―¡Qué suerte tienes, Blanca! Sin hijos, sin pareja, sin obligaciones. Libre y a tu aire. Sin pensar en nadie más que en ti. ¡Qué envidia me das!
En aquellas palabras de su hermana mayor iba implícita una crítica a su soltería, a su rotunda negativa para formar una familia, como habían hecho todos los demás.
La Navidad era más soportable unos años atrás, cuando sus padres aún vivían y sus sobrinos eran unos niños pequeños. El entusiasmo que ponía su madre en preparar el cordero asado ilusionada por ver reunida a toda la familia en su casa, el afán de su padre por montar el nacimiento añadiendo nuevas figuritas cada año y las caritas de alegría de sus sobrinos cuando los llevaba a la cabalgata, eran suficiente premio para soportar las largas colas en las tiendas y el agobio de tanta gente por las calles.
Pero ahora ya no era lo mismo. Sus padres habían fallecido y sus sobrinos eran unos adolescentes enfadados con el mundo a los que no aguantaba. Tan solo se acordaban de ella cuando se acercaba la fecha de sus cumpleaños para que la tita Blanca fuera generosa con ellos.
―Tita, ¿has visto el nuevo modelo de Play Station?
―Pues no. Yo no juego con esas cosas.
―¡Es flipante, tita! Mola mogollón, tiene un montón de comandos nuevos. Pero cuesta una pasta y mis padres no me la quieren comprar… Por cierto, lo que sí sabrás es que mi cumple es el mes que viene ¿no?
Blanca sabía que era injusta con sus sobrinos.  No solo se acordaban de ella cuando se aproximaban sus cumpleaños. También lo hacían en Navidad, cuando se acercaban los Reyes Magos.
Estaba muy harta. El egoísmo que veía por todas partes se hacía más patente en estas fechas. Cuando alguien daba cualquier cosa es porque esperaba recibir algo a cambio.
Esa misma mañana había tenido un buen ejemplo. Su jefe se había acercado a su mesa para comunicarle que le iba a añadir dos días más de asueto a sus vacaciones para seguidamente decirle que el proyecto que debían entregar en febrero se había adelantado un mes y que el día siete de enero a lo más tardar tendría que estar listo. Eso llevaba implícito que sus vacaciones no serían tales pues iba a tener que trabajar en casa.
Con un humor de perros había salido de la oficina, se había puesto a deambular y había acabado en un mercadillo navideño. Desde uno de los puestos un joven alegre y muy agradable la invitó a que se acercara y mirara lo que quisiera. Sumida en sus negros pensamientos y sin apenas darse cuenta toqueteó una de las diademas de fiesta que en el mostrador estaban. Luego, el simpático joven se convirtió en un sinvergüenza que la había obligado a comprar.  
El jeta aquel le recordaba a una vecina de su inmueble que se mostraba especialmente amable cuando necesitaba que Blanca le hiciera alguna gestión.
―Blanca, tú que eres tan maja, ¿puedes acercarte a la frutería y subirme el pedido? Con este frío me da miedo salir por si me vuelvo a acatarrar y mis hijos están con sus cosas… Anda bonita, ya que sales a la calle, ¿qué te cuesta?
 Aquella mujer era todo dulzura cuando le pedía esas cosas, sin embargo, cuando no la necesitaba ni siquiera la saludaba si se la encontraba en el portal o en el ascensor.
La amabilidad de la gente tenía un precio, más o menos oculto, pero siempre costaba algo, pensaba Blanca. Nada era gratis.
«¡Hipócritas egoístas!» se dijo mientras se disponía a meter las manos en los bolsillos de su abrigo porque había empezado a correr un viento gélido. «Encima me he dejado los guantes en la oficia, ¡pues qué bien!» Sin embargo, la diadema que acaba de comprar le suponía un estorbo para resguardar sus manos del frío y en el bolso no le cabía aquel espanto así que decidió ponérsela.
«Menudas pintas debo de llevar» pensó. Con la diadema en la cabeza se introdujo en el metro. Cuando iba camino del andén, por el pasillo oyó una voz que empezó a cantar:
―Creo que esa chica es un elfo. Sí lo es, sí lo es. Es un elfo.
Blanca se giró y vio a un operario de mantenimiento del suburbano detrás de ella que, sonriendo de oreja a oreja, la miraba y señalando su diadema, repitió:
―Creo que esa chica es un elfo. Sí lo es, sí lo es. Es un elfo.
El hombre siguió tarareando la cancioncilla y cuando estaba a la altura de Blanca le dedicó una gran sonrisa para decirle:
―¡Feliz Navidad!
Luego se marchó pasillo adelante para, unos pasos después, girarse y volver a sonreír a Blanca. Ella se quedó parada, atónita ante la generosidad de aquel desconocido. El hombre no era ningún jefe interesado, ni ningún dependiente, ni un vecino necesitado; simplemente le había dedicado una canción y una sonrisa sin pedir nada a cambio. Nada más… y nada menos.
Antes de que el operario desapareciera por el pasillo, Blanca gritó:
―¡Gracias! ¡Feliz Navidad!





NOTA
Con este sucedáneo de cuento de Navidad os quiero felicitar las pascuas y de paso anunciar que me voy de vacaciones, o sería más exacto decir que me tomo una excedencia porque estaré ausente una buena temporada.
Nuevas obligaciones laborales y otras tareas relacionadas con la escritura, pero alejadas del blog, hacen que tenga que tomar esta drástica medida. Espero que el cierre no sea por mucho tiempo.
De todas formas, aunque con una presencia muy reducida, seguiré moviéndome por estos mundos blogueros porque el blog ‘Demencia, la madre de la Ciencia’ seguirá activo e interactuaré con quienes por allí pasáis.
Por supuesto, esto no es un adiós, sino un hasta luego.
Mucha suerte a todos y ¡FELIZ NAVIDAD!



30 comentarios:

  1. Que cuento mas bonito de Navidad nos has traído, me ha gustado mucho.
    Te deseo que pases unas felices fiestas y que el año 2020 te traiga, por supuesto salud y que todos tus proyectos e ilusiones se vean cumplidos.
    Un besazo y aquí estaremos para cuando vuelvas.

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    1. Gracias por tus bonitos deseos, Tere. Yo también espero que el año 2020 te sea propicio en todos los sentidos.
      Un besote.

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  2. La verdad es que las navidades ee han puesto ya demasiado materialistas. A mí tampoco me hacen mucha gracia, pero siempre es posible encontrar gente desinteresada en el mundo. Están donde menos lo esperas, y no solo en este época. Feliz Navidad, Kirke. Un beso muy grande.

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    1. Es cierto que hay mucho materialismo, Rita, pero nos centraremos en esas personas desinteresadas que aún quedan. Este cuento es medio ficción y medio realidad, el personaje de Blanca es ficticio pero el operario del metro no, lo que cuento de él me ocurrió hace unos días.
      Espero que el 2020 te traiga buenos momentos.
      Un besote grande.

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  3. Me parece un cuento precioso, no es ningún pseudocuento.
    Me da penita que te vayas este tiempo pero seguro que todo te sale genial.
    Muy muy felices fiestas y que 2020 te traiga lo mejor.

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    1. No sé cuánto tiempo estaré alejada de estos lares, pero no puedo abarcar tanto y he tenido que elegir. No obstante, algún día volveré.
      Yo también te deseo que el 2020 te traiga cosas buenas, Gemma.
      Un besote.

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  4. Pues descansa y cuando tu quieras andaremos por aquí leyendo tu relatos. El trabajo en la universidad te quita mucho tiempo , pero hija conserva ese trabajo porque a ti si que te ha tocado la lotería. Un
    abrazo.

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    1. El trabajo en la uni sí que me quita tiempo y el poco que me deja libre lo debo racionar, además me he embarcado en una tarea literaria que me tiene abducida y que no me permite dispersarme.
      Nos veremos por las redes sociales de todas formas, Mamen.
      Un beso y feliz 2020.

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  5. ¡Feliz Navidad, Paloma! Y vuelve en cuanto tus obligaciones te lo permitan.
    Hasta pronto.

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    1. Gracias, Paul. Ahora mismo ando algo agobiada y no me da la vida para tanto como quiero hacer, así que hay que gestionar el tiempo libre y este blog ha sido uno de los damnificados.
      Seguiremos en contacto por FB o por el otro blog, que sé que también lees de vez en cuando.
      Un besote grande.

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  6. ¡Hola, Paloma! Reitero una vez más tu enorme talento para narrar. Tienes ese instinto, que es algo que no se aprende, de saber contar una historia. En este cuento nos sitúas con el personaje, nos ofreces esa "pistola de Chejov" que es la diadema y que como no puede ser de otra forma resulta decisiva para el desenlace. Todo ello con esa fina ironía con la que los lectores nos hemos identificado en más de una ocasión. ¡Me encantó este cuento de Navidad con todas las letras!
    Y no sabes cómo te entiendo con ese comentario final. Llevar dos blogs, y hacerlo con seriedad y contenidos que merezca la pena, solo es posible si disponemos de tiempo. Cuando las horas del día deben repartirse con el trabajo, el resto de obligaciones de la vida... y si el poco tiempo que resta intentamos además un proyecto como el que parece que estás embarcada, ni te cuento. Por similar razón cerré mi anterior blog.
    Pero te seguimos teniendo con esa Demencia, que me apasiona.
    Aprovecho para desearte unas maravillosas navidades y un 2020 fructífero en ese proyecto de letras. Un fuerte abrazo!!

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    1. Gracias, David, por tu entusiasmo y por el apoyo que siempre me has dado tanto en este blog como en el de Demencia.
      También te agradezco tu buena valoración hacia mi manera de narrar, creo que todo es fruto de lo mucho que he leído y que estoy leyendo, pero también tiene algo que ver, bastante en realidad, lo que he aprendido con otros blogueros entre los que tú te encuentras.
      Ya me gustaría gestionar mi tiempo tan bien como lo haces tú y además repartes generosidad con otros escritores. Me da penita pagar mi mala gestión del ocio con este blog, pero es que no doy abasto. De todas formas, volveré y sé que te veré por aquí.
      El proyecto de escritura en el que estoy embarcada me absorbe mucho más de lo que yo había pensado al principio, pero no me importa porque estoy disfrutando mucho y aprendiendo también.
      Seguiremos leyéndonos en Demencia, tratar temas de ciencia me apasiona y me sirve para desconectar en cierta manera del día a día pero al mismo tiempo sigo en esto de los científicos que me encanta. Por cierto, no te comenté en tu blog que sí quiero el logo que pusiste para el blog en el número de la revista, pero ya te contactaré por email.
      Un beso grande y que el 2020 sea fructífero en letras y creaciones.

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  7. Hola, Paloma.
    Pobre Blanca rodeada de personas interesadas que de alguna manera la exprimen egoístamente solo por el hecho de haber tomado una decisión en su vida, estar sola, porque de eso se trata de las elecciones de cada uno. Un bonito cuento con un precioso mensaje final y es que cuando menos te los esperas te regalan una sonrisa de esas que te arreglan el día entero.
    Me da pena que este blog quede momentáneamente pausado, pero me alegra saber que por lo menos podremos disfrutarte en Demencia, la madre de la Ciencia.
    Un beso enorme, y Felices Fiestas, :)

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    1. Hay mucho materialismo en todo lo que nos rodea, y mucho interesado, pero cuando una se encuentra con gente generosa se valora más, y aún quedan unos cuantos que dan sonrisas sin esperar nada a cambio. Me alegra que hayas valorado tan bien esa postura de Blanca y esa injusticia que se da con quienes deciden vivir de manera distinta a la de la mayoría. Se supone que yo cumplo con los cánones establecidos (estoy casada, tengo hijos...) pero me repatea que se cuestione a quien decide otra manera de vivir.
      Tomar la decisión de aparcar el blog me da pena pero como sé que volveré, tampoco me voy a agobiar que ya bastante agobio tengo con otras tareas, ja, ja, ja.
      Nos seguiremos viendo por Demencia y yo te leeré después de estas fiestas que me he tomado como un descanso profundo porque el cuatrimestre final del año ha sido muy estresante para mí en muchos aspectos, no solo el bloguero. Un besote grande, grande, Irene, y espero que el 2020 te traiga mucha felicidad.

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  8. Que tu nueva etapa sea próspera en todos os sentidos!
    Y como la personaje de tu cuento de Navidad: "Un beso enorme, y Felices Fiestas!

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    1. Gracias, Norte.
      Felices Pascuas también para ti y espero que el 2020 esté lleno de buenos momentos para todos.
      Un abrazo.

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  9. La Navidad ha dado para muchos cuentos y daría para muchos máss, incluyendo los de tono ácido y de humor, como este. Estas fiestas tan comerciales tienen su lado bueno y su lado negro. Al bullicio y consumismo hay que añadir esas comilonas que se alargan con una sobremesa que muchas veces parece no tener fin. Luego vegetamos como lagartos al sol, pero dentro de casa.
    A pesar de los pesares, yo prefiero tomármelo a bien y disfrutar del encuentro familiar, siempre que no hayan disputas de tipo político, ja,ja,ja. Haciendo gala de lo que se espera de nosotros estos días y manteniendo la tradición de ser buenos, aparcamos cualquier tema que pueda crear polémica, incluyendo el trabajo de los que trabajan y, por supuesto, la política, aunque en casa todos pensamos de forma muy parecida, je,je.
    Tu relato tiene un indudable sabor a Navidad, con un final reconfortante. Estoy por invitar a Blanca a comer en casa estos días, pues me ha caído muy bien la chica, ja,ja,ja.
    Que pases unas felices fiestas y que el próximo año no tengas nada de qué quejarte en cuanto al trabajo, que te traten bien y no te exploten demasiado.
    Un beso.

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    1. Gracias, Josep Mª.
      Nuestras cenas de Navidad no suelen ser broncas. Aunque en mi familia políticamente tenemos ideas muy diferentes nos llevamos bien y como buenos demócratas aceptamos la opinión del otro, aunque es cierto que dentro de esas diferencias nadie tiene posturas extremistas, ni de un lado ni del otro, y puede que se deba a eso el que no haya disputas.
      Puede que a Blanca, y visto lo mal que le cae su familia, le guste la idea de cenar con vosotros, ja, ja, ja.
      Espero que estas fiestas sean placenteras para ti y los tuyos y que los Reyes Magos te traigan mucha felicidad.
      Un besote.

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  10. Hola Paloma , un cuento muy bonito me a gustado mucho
    yo también quiero desearte unas felices Navidades para ti y todos los tuyos
    Espero que tu ausencia no sea para mucho tiempo , ya que siempre me pasa lo
    mismo cuando estoy a gusto en un blog , no se como me las apaño que acaban leyendose o cerrando
    sus blogs , te deseo muy buena suerte y ya nos leeremos a tu vuelta , besos de flor.

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    1. Gracias, Flor, por tus buenos deseos.
      Mi ausencia del blog tiene fecha de caducidad, así que nos volveremos a leer. Intentaré, a pesar de mi retirada del blog, acercarme a los de los compañeros, entre los que te incluyo a ti, pero por desgracia mis visitas serán más espaciadas.
      Me ha gustado tenerte entre mis asiduos, pero como ya he comentado, nos veremos más pronto que tarde. Hasta entonces, espero que tengas un buen año 2020.
      Un beso grande.

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  11. Precioso relato, Paloma, sencillo, pero con mucha miga. es cierto que la amabilidad por la amabilidad, sin costes añadidos es muy escasa, hasta el punto de que cuando nos la encontramos estamos a punto de no reconocerla como le pasa a Blanca con ese empleado del metro. Seguro que a partir de ese momento Blanca encaró el mundo con más optimismo.
    Seguiré pendiente de "Demencia..." y espero que no tardes demasiado en volver por aquí, aunque si a cambio nos vas a ofrecer escritos más sustanciosos, habrá valido la pena.
    Un beso y felices fiestas.

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    1. Gracias, Rosa, por tu valoración del relato. A veces, uno se encuentra con gente desinteresada y nos cuesta creerlo, tendemos a pensar que hay algún interés detrás, pero no, hay personas así de generosas, y eso ayuda a reconciliarse con el mundo.
      No sé cuánto estaré lejos de este blog, supongo que no demasiado porque echaré de menos compartir por aquí mis escritos 'cortos', pero es cierto que ahora mismo me atrae más y me ilusiona el escribir algo más complejo y extenso. Si sale algo potable serás de las primeras personas en enterarte, dalo por hecho.
      Nos seguimos leyendo en Demencia y en tu blog, pero eso ya después de Reyes.
      Un besote.

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  12. Hola, Paloma:
    Qué bonito cuento navideño. Me ha encantado. Como te dice David Rubio tienes un gran talento como narradora. No dejes de escribir porque lo haces muy bien.
    Leo que nos dices que vas a dejar un poco el blog porque las obligaciones laborales y bla, bla, bla... Lo entiendo perfectamente, pero me entristece un poco no ver tu acostumbrada alegría iluminar este mundo bloguero. Sea como fuere, aunque esos asuntos ya no me mueven tanto, te seguiré siquiera desde lejos entrando de vez en cuando en "Demencia".
    Paloma, no te olvides de nosotros. Yo estaré atento a tu regreso.
    Muchísimos besos, amiga y
    ¡¡¡Felices Fiestas!!!

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    1. Intentaré pasarme por vuestros blogs aunque no publique en este, aunque mi frecuencia disminuirá.
      Suelo leer más que comentar, así que estate seguro de que estoy al tanto de todo lo que publicas porque aprovecho para ponerme al día cuando utilizo el transporte público o cuando tengo esos 'pequeños tiempos' muertos que yo intento aprovechar leyendo cosas interesantes a través del móvil, y ahí entráis los compañeros de los blogs. Pero es cierto que si el móvil no me supone un impedimento para leer, sí lo es para escribir y comentar (el teclado táctil y yo nos llevamos fatal), por eso a veces no dejo constancia de mis visitas.
      Gracias por tu apreciación, Juan Carlos, hacia mi manera de narrar. Intento dar rienda suelta a mi narrativa y por eso me aparto precisamente del blog, porque me quiero implicar de lleno en escribir algo más sustancioso que pequeños relatos. A ver qué sale.
      Un beso grande y buen año 2020.

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  13. Me ha gustado mucho este cuento de navidad, muy actual y por desgracia reflejando ese materialismo e interés que molesta de estas fiestas y que entiendes que a muchas personas no les gusten nada, especialmente cuando faltan personas queridas pero yo de momento me quedo con el cariño de los míos y la alegría con la que se prepara todo para estos días especiales,eso sí es impagable.

    Me he quedado sonriendo con ese final de Esa chica es un Elfo más que nada porque siempre hay gente buena que parece que es navidad y eso es una realidad aunque le damos más visibilidad a las negativas, a las malhumoradas, a las egoístas y avariciosas pero lo cierto es que hay montones de personas como ese empleado que regalan sonrisas sin esperar nada a cambio y qué quieres que te diga me parece una manera mucho más bonita de encarar la vida. Encima esa es una canción de lo más pegadiza que me está costando quitarme de encima cada vez que la escucho y después de leerte, no he podido dejar de cantarla.
    Entiendo esa falta de tiempo y con dos blogs pues no sé cómo lo haces pero si veo que hay momentos en que no llegas y se tiene que relajar el ritmo bloguero para poder compatibilizar el resto de proyectos.Yo seguiré viniendo aquí y al de Demencia en el momento que pueda y muchos ánimos y fuerzas para todos esos proyectos nuevos que seguro serán un éxito porque te ilusionan.
    Besotes guapísima

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    1. Tienes razón en que lo negativo siempre parece pesar más que lo positivo. Los egoístas, los mal educados y los malhumorados nos afectan más, pero, como comentas, hay gente desinteresada que regala sonrisas y palabras amables, y son esas personas las que nos tienen que dejar huella, en las que debemos fijarnos. Además, has dicho algo muy cierto: esa gente encara la vida mucho mejor; estoy segura de que son más felices.
      El nuevo proyecto que afronto de lleno, ahora mismo me ilusiona mucho, pero también me demanda más tiempo del que esperaba, y gestionar dos blogs era ya demasiado. Puede que haya mordido más de lo que soy capaz de tragar y ahora tengo que poner remedio. No sé en qué acabará esta nueva andadura, ni sé si dará algún fruto. Lo que sé, de momento, es que estoy disfrutando mucho y aprendiendo a la vez, así que me quedo con eso, luego ya se verá.
      Gracias, Conxita, por tu constante y siempre fiel apoyo.
      Un beso muy grande y feliz año 2020.

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  14. Ante todo ¿Feliz año! que sea feliz porque encuentres muchas sonrisas gratuitas y luminosas a tu paso. mi suegro decía que hay muchas más personas buenas que malas, el problema es que estas últimas hacen mucho más ruido que las primeras.
    También me doy cuenta conforme pasan los años, que si nosotros somos los primeros en ir vestidos desde por la mañana con una sonrisa y buen talante, todo nos parece más leve y más amable.
    Me alegra saber que andas embarcada en un proyecto literario, vamos dando pasos hacia adelante y eso siempre es muy agradable en lo que a nuestra autoestima se refiere.
    Espero que la magia de estas fiestas te acompañe a ti y a los tuyos, esa magia que nos hace parecer elfos que son capaces de ver sólo las cosas positivas que nos regala la vida.
    Un montón de besos y sonrisas gratuitas.
    Y espero que hasta pronto.

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  15. Yo también creo que hay más personas buenas que malas pero que estas últimas se hacen notar más. A veces, cuesta vestirse como dices tú con una sonrisa porque el entorno se muestra hostil, pero si lo consigues es verdad que todo es mucho más llevadero.
    No sé en qué acabará este nuevo proyecto pero me hace mucha ilusión y me he centrado en él de lleno. Ya os contaré qué sale de ahí.
    Yo también te deseo, Javier, un feliz año y que el 2020 esté lleno de sonrisas y de producción literaria.
    Un besote.

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