26 de octubre de 2016

La soledad


    Llegaste a mí con el ímpetu de un vendaval removiendo todo mi ser. Llegaste para instalarte en mi corazón, como un bálsamo, como una bendición. Llegaste para enseñarme qué es la felicidad.

   Recuerdo el primer día que te vi. Bajaste del autobús que te traía desde la capital, con tu camisa blanca impoluta que resaltaba el moreno de tu piel. Tu llegada fue un acontecimiento, nadie se quiso perder ver arribar al nuevo maestro.

    Toda la chiquillería acudió a recibirte. Tras la muerte de don Ambrosio, la escuela se quedó huérfana y los niños pudieron gozar de unos pocos días de libertad. Una libertad rota por tu llegada, todo el pueblo te esperaba con recelo pero tú nos sorprendiste a todos, especialmente a mí. Nunca hubiera podido sospechar hasta qué punto.

   Recuerdo que decidiste dar la primera clase fuera de la escuela, al aire libre, porque decías que el conocimiento no debe darse entre cuatro paredes que lo constriñen, que el saber no tiene límites. Esas fueron tus palabras. Porque tus palabras también me sorprendieron; tus palabras y tu voz. 

   Aún no sé por qué te fijaste en mí, por qué decidiste un día ofrecerme una margarita y una sonrisa cuando nos encontramos en la vereda que discurre junto al río, por qué te pusiste a hablar conmigo y por qué me sentí la mujer más dichosa sobre la Tierra.

   Nuestros encuentros fueron cada vez más frecuentes, nuestros paseos más largos, y tu voz, tu maravillosa voz, me hablaba de cosas y lugares de cuya existencia yo era una completa ignorante. Me hablabas de igualdad, de justicia, de leyes que protegen al más débil, de revolución. Pero también me hablabas de poesía; de toreros muertos a las cinco de la tarde, y de un poeta que se fue a vivir a Nueva York.

   Además me hablabas de amor. Sin saber cómo, te instalaste en mi corazón y en mi mente y fui feliz. Aquellos meses contigo serán siempre el símbolo de la felicidad. 

   Pero el mismo viento que te trajo a mí, trajo aires de revuelta. En una ciudad lejana unos militares se habían sublevado, cuestionaban el poder elegido en las urnas y tú decidiste intervenir. No querías permanecer al margen. 

   Ni mis ruegos ni mis lágrimas fueron capaces de retenerte. Tu sentido del deber y de la responsabilidad fue más poderoso que mi amor, y te fuiste a defender una causa que yo no lograba comprender. 

    Tus cartas desde el frente supusieron un consuelo, ese “Querida Manuela” con el que empezabas tus epístolas ya me hacía sonreír. Sabiendo de tus vicisitudes te sentía un poco más cerca,  oía tu voz a  través de tus letras y la separación se me hacía más llevadera. La llegada del cartero era el único motivo que me daba fuerzas para levantarme todos los días. 

   Pero un día llegó un militar, dijo ser capitán del Ejército Republicano. En sus manos llevaba tu última carta y en el gesto de su rostro el anuncio de mi desdicha.

   Un bombardero alemán acabó contigo y con tus compañeros, en el bolsillo de tu guerrera encontraron tu última misiva. Ahora sé que te marchaste con mi nombre en los labios, ahora sé que yo fui la protagonista de tu último pensamiento. Ahora sé que ya nunca más te volveré a ver. Nunca más volveré a oír tu voz, tu maravillosa voz. Nunca más volveré a oírte hablar de toreros que murieron a las cinco de la tarde o de un poeta que vivió en Nueva York.

   Dicen que la guerra la están ganando los rebeldes, que la causa por la que diste la vida está perdida. A mí eso me da igual, si tú no estás qué me importa la justicia, qué me importa la igualdad, qué me importa la revolución. Solo tú me importas y ya no estás.

   Llegaste a mí con el ímpetu de un vendaval, pero te fuiste para no volver. Tu marcha me deja una tristeza infinita que me rompe el alma, que me hiere y me duele. Te fuiste para enseñarme qué es la soledad.


NOTA: Este relato es la continuación de la historia iniciada con Carta desde el frente


30 comentarios:

  1. Hola!!!!! Recuerdo muy bien el anterior, me había gustado mucho y con este no te quedas corta, es precioso.
    Me ha dejado muy triste pero está tan tan bien escrito.
    Enhorabuena.
    Besos.

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    1. Las historias ambientadas en época de guerra suelen ser tristes.
      Gracias por tus palabras, Gema.
      Un beso.

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  2. Joé, pues no que me he emocionado y todo. Gracias por esta continuación. Besos

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    1. Siento haberte entristecido pero si te emocionó me echas un piropo muy grande.
      Gracias!
      Un beso.

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  3. Qué preciosidad de carta, Paloma, y cuántos sentimientos suscita. Es digna continuación de la anterior, que si recuerdo bien leí en Facebook. Después de leerte llego a la conclusión de que hay dos cosas que se te dan muy bien: el género epistolar y hablar de amor del de verdad :) ¡Enhorabuena!

    Un beso y gracias por este regalo que no esperaba encontrar hoy.

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    1. No sé si el género epistolar se me da muy bien (eres muy generosa en tu apreciación) pero lo que sí puedo asegurarte es que ese género lo practiqué mucho en mi adolescencia-juventud.
      Cuando no existía internet, y dado que mis primas, con las que mantengo una estrecha relación, vivían fuera de Madrid recurría a larguísimas cartas para ponernos al día de nuestras respectivas vicisitudes. Ahora está el whatsapp y similares. Si te soy sincera, echo de menos escribir esas cartas.
      Quizás mi subconsciente me está dando un aviso con estos escritos que cuelgo.
      Para mí el regalo es verte por aquí.
      Un besote.

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  4. Recuerdo tu primera parte de esta carta donde ya me sobrecogí al leer tu conmovedora historia narrada en primera persona donde quedaba claro el valor de esos soldados republicanos que aguantaron desde sus trincheras ese asalto a Madrid con la muerte en los talones (como en la famosa película de Hitchcock).

    Efectivamente los maestros republicanos sufrieron terribles palizas y muertes, no me extraña que además siendo soldado lo tuviera muy complicado para salir con vida.
    Me ha encantado como llegas a tocar la fibra sensible a través de este gran drama perfectamente narrado a través de esas inolvidables y profundas vivencias de la protagonista, quien después de haber vivido toda una gran historia de amor, desgraciadamente tiene que separarse de su querido maestro, compañero del alma (como diría Miguel Hernández en su famosa elegía a Ramón Sijé) para finalmente perderle por culpa de esa guerra fratricida.

    También, amiga Paloma, quiero expresarte mi agradecimiento por tus atentos y cariñosos comentarios en mi blog, que leo con mucha atención pero que por falta de tiempo, decidí que no respondería a nadie allí en el blog.

    Un beso enorme.

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    1. Quizás con estas dos cartas se pueda ver las dos caras de una misma moneda: el combatiente concienciado que lucha por una causa y la enamorada que, quizás más pragmática, se vuelca en su amor. Al final, las consecuencias son terribles para los dos; uno pierde la vida y la otra pierde la ilusión quedándose sola.
      No te preocupes por no contestar a mis comentarios en tu blog. Comento encantada pero lo que realmente me gusta es leerte, así que no te lamentes si el tiempo no da para todo, tú sigue escribiendo que es lo que a mí más me gusta.
      Un besazo.

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  5. Preciosa, Paloma. Digna continuación de la otra.Con el mismo lenguaje sencillo y llena de sentimientos. Y tan triste como real. Y me recuerda algo.
    Un beso.

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    1. Por desgracia la realidad a veces no da finales felices, y cuando de una guerra se trata es complicado que la historia acabe bien.
      ¿Qué te recuerda, Rosa? ¿Quizás el esbozo de un proyecto conjunto con otros dos blogueros? ;)
      Un besote.

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  6. Qué triste tener que aprender así lo que es la soledad. Me quedo plof, al igual que está el tiempo hoy aquí (gris como los tonos de tu bella imagen del post). Esto en cuanto a lo que me ha provocado la lectura.

    Respecto a la escritura, chapeau! se nota que brota desde lo más profundo del corazón de Manuela, mejor dicho, desde tu corazón. Está impecable.

    Kisses, Kirke!

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    1. Manuela aprendió del maestro Adrián, poesía, literatura, política y también sentimientos: amor, felicidad y soledad. En el aprendizaje no siempre todas las materias son de nuestro agrado.
      Siento haberte dejado 'plof', de verdad, pero me temo que en la vida real ni los sapos se convierten en príncipes ni en las guerras vuelven todos los combatientes.
      Gracias por tu amable apreciación, un besote grande, amiga.

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  7. Una buena continuación de la carta anterior. Muy emotiva y sensible. ¡Felicidades! Un beso. Kirke.

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado.
      Un beso grande.

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  8. Preciosa carta Kirke, muy bien escrita con mucho amor y sentimientos, tristeza y soledad es lo que transmite. Un abrazo

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    1. Muchas gracias por tan bonitas palabras. Me alegra mucho que te haya gustado. Un beso y buen fin de semana.

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  9. ¡Madre mía! ¡Que pedazo de carta, de continuación, de relato!
    ¡Maravilloso!
    No te digo más que te animo a seguir y te creces y te superas y nos sobrepasas.
    ¡Plas, plas, plas! (Eso son aplausos para ti querida Kirke)
    Y los besos también.

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    1. Cuando escribí aquella carta desde el frente me imaginé qué sentiría Manuela al recibirla y decidí contarlo.
      Me alegra saber que te ha gustado por la parte de responsabilidad que tú tienes en esto de decidirme a escribir ficción.
      Muchas gracias por los besos y los aplausos.
      Un beso grande para ti.

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  10. Qué genial que se te haya ocurrido continuar esa carta. No me lo esperaba. Es tan dura y emotiva como la anterior. Hay amoy y dolor por partes iguales.
    Muy buena.
    Saludos.

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    1. Se me ocurrió escribir esta continuación como complemento y broche a la historia del soldado. En tiempos de guerra el dolor es inherente y no se puede obviar.
      Gracias, Raúl, por tus palabras.
      Un saludo desde este lado del Atlántico.

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  11. Un precioso relato romántico escrito con un estilo impecable. Cómo la felicidad puede ser efímera, cómo de ser inmensamente feliz uno puede pasar a ser infinitamente desgraciado por culpa del maldito destino.
    Una buenísima continuación a tu relato anterior.
    Ha sido un gustazo leerte.
    Un abrazo.

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    1. En cualquier momento la vida nos puede dar un buen revolcón y poner todo patas arriba. Lo que ayer era felicidad, hoy se convierte en tristeza y dolor. Por desgracia, así es la realidad.
      Gracias, Josep por tu comentario.
      Un abrazo.

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  12. Un precioso relato epistolar de guerra y de amor, que además de estar muy bien ambientado y dotado de emociones, está muy bien narrado. ¡Enhorabuena por esta nueva incursión, Kirke ;)!

    Un beso grande y muy buen finde!

    Fer

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    1. Muchas gracias, Fer, con comentarios como el tuyo mis incursiones serán cada vez más habituales ¡qué menos!
      Un beso y buen fin de semana o puente (aquí el martes es fiesta y algunos suertudos se toman el lunes como día libre, aunque yo no)

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  13. Triste y melancólica historia, aderezada con tintes de nuestra guerra civil, en la que se mezclan el amor y la tristeza por la pérdida de aquello que se ha ido para siempre. Consigues hacer llegar al lector esa melancolía. Saludos.

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    1. Que alguien que escribe entre las brumas de Gallaecia me diga que le llega la melancolía es todo un piropo.
      Gracias Jorge.
      Un saludo.

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  14. Muy bonita Kirke, esta emotiva carta de Manuela que nos deja escuchar la otra voz, la silenciada, la de de ella, en la distancia esperando y sufriendo por la persona a la que quiere.
    Me ha gustado cómo has recreado ese amor y la imagen que del protagonista de carta desde el frente dibuja ella.

    Un beso

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    1. He intentado que se "oyera" a la destinataria de aquella primera carta y así dar a conocer la otra versión de la misma historia de amor.
      Te confieso que no me siento cómoda con las historias románticas, me da miedo caer en la ñoñería, pero tenía que intentarlo.
      Muchas gracias, Conxita, por tu opinión tan generosa.
      Un beso y feliz lunes.

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  15. Me has emocionado con tú carta, llena de tantos sentimientos, amor y tristeza a la par, muy bien descritos estos y muy bien relatado. Enhorabuena, da gusto leerte, te ánimo a que sigas escribiendo lo haces muy bien. un beso. TERE.

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    1. La felicidad y la tristeza pueden ir de la mano y se alternan muchas veces sin solución de continuidad.
      Muchas gracias, Tere, por tus palabras y por tus ánimos.
      Un beso.

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