16 de octubre de 2016

Hable con ellas (y III)

   De todas las máquinas con las que suelo charlar la que más se presta a un “diálogo” es el GPS, y yo creo que es porque los mensajes los transmite oralmente; transcribe lo que quiere expresar a través de una voz, una voz computerizada pero voz al fin y al cabo.

   Mantengo una relación de amor-odio con esta máquina. Reconozco que me ha sacado de apuros en muchas ocasiones –tengo un sentido de la orientación nefasto y una memoria para recordar itinerarios aún peor–, pero en otras ha sido la causante de que acabara en lugares remotos y muy alejados de mi destino deseado.

   Son múltiples las situaciones en las que me he visto comprometida por tan controvertido aparato. 

   La mayoría de nuestros malentendidos se basa en la manía que tiene en decirme que gire en lugares donde no se puede girar –bien porque está prohibido o porque sencillamente no hay calle o salida por la que hacerlo–. Como no le hago caso, porque no quiero estrellarme o que me multen, es entonces cuando me dice su expresión preferida:

–Recalculando.

   ¡Odio esa palabra! 

   La odio porque mi GPS la dice con retintín. Yo, detrás de esa odiosa expresión, oigo mucho más, en realidad me está diciendo:

–Payasa, ya te has vuelto a equivocar, mira que me haces trabajar. Tonta, que eres tonta.

   Pero yo no me quedo corta, que le contesto con retintín también, y con muy mala leche:

–No giro por ahí porque no se puede. ¿Es que no lo ves?    


   Otra cosa que mi GPS no comprende es que una vez que llegas al lugar deseado hay que aparcar el coche. Aunque ya hayas llegado, la probabilidad de aparcar en la misma puerta es muy remota, por lo que hay que alejarse un poco. Es entonces cuando me dice:
  –Ha llegado a su destino.

   Pero yo sigo adelante pues, como es de esperar, ahí no hay sitio para dejar el coche. A partir de este momento la conversación más o menos es la siguiente:

GPS: Ha llegado a su destino.
YO: Ya lo sé. Voy a aparcar.
GPS: Ha llegado a su destino.
YO: Que sí, que vaaaale. Que ya lo sé.
GPS: Ha llegado a su destino.
YO: ¡Que tengo que aparcar! ¿O ves tú algún sitio donde dejar el coche? Porque si lo ves me lo dices. Vamos, dime dónde hay sitio, ¡dímelo!
GPS: Recalculando.


   Otra manía de mi GPS es liarme de mala manera en las rotondas. Resulta que no cuenta las salidas que están cortadas o que son de incorporación y no de salida, y cuando me dice:

–En la próxima rotonda gire la tercera a la derecha.


   Yo cuento tres vías, sean de incorporación o de salida, cuento tres. Si resulta que entre ellas alguna es de incorporación o está cortada ya la tenemos liada.

En una ocasión, y por culpa de esta manera de orientar tuve una bronca monumental con mi GPS.


   Resulta que quería llevar a mi padre y a mi hija a visitar un parque en la localidad de Torrejón de Ardoz. Sabía cómo llegar hasta esa población pero no hasta el parque en concreto. Me decidí a utilizar el navegador. Puse la dirección del parque en cuestión y llegué sin más problemas. Qué bien.


   Lo malo fue al regresar. Lo que se suponía más fácil resultó ser lo más complicado. Mi GPS puede almacenar algunas direcciones en ‘favoritos’, entre estas está nuestro domicilio. En su día, mi marido incluyó la dirección de nuestra casa en este apartado, con el calificativo de “Casa” –no es muy original pero es práctico–. Le di a “Casa” y me dispuse a seguir las indicaciones del navegador.

   Atravesamos varias plazas y al final llegamos a una rotonda. En esta había varias salidas entre las que se encontraban las incorporaciones a la autovía A-2. Esta autovía conecta Madrid con Zaragoza. Yo vivo en Madrid y Torrejón se encuentra entre las dos ciudades –para los que no estén bien de geografía aclararé que mucho más cerca de Madrid que de Zaragoza–. El caso es que al llegar a la rotonda el GPS me dijo:

–En la rotonda gire tercera a la derecha. Gire tercera a la derecha.

   Resulta que una de las salidas era una calle cortada y esa el navegador no la tuvo en cuenta. Pero yo sí.

   Total, que  giré en la tercera salida y en realidad donde tenía que haber girado era en la cuarta. Cuando ya me estoy saliendo de la rotonda compruebo con estupor que hay un cartel donde pone “A-2 Zaragoza”. Es cuando dije yo:

–NOOOOO. ¡¡¡¡Zaragoza, no!!!! ¡¡Que yo quiero ir para Madrid!!

   A lo que mi GPS contestó:

–Recalculando.

   Lo que después salió por mi boca no lo voy a reproducir aquí. Tengo que reconocer que al instante me arrepentí, no por delicadeza hacia mi navegador, sino porque en el coche iban también mi padre –un señor mayor educadísimo– y mi hija, que por aquel entonces tenía once años, y a la que di muy mal ejemplo. Pero la desgracia solo acababa de comenzar.

   Intentar rectificar en una autovía es complicado. La mayoría de las veces acabas saliendo a un sitio aún más difícil para orientarte que la propia autovía. Si encima llevas un GPS la tragedia está servida.

    Mi primera idea fue irme a la siguiente localidad conocida por mí, Alcalá de Henares, pero para llegar hasta allí todavía quedaban más de 10 km y quise evitármelos. Tomé la primera salida y cuando llegué a la rotonda que me esperaba nada más abandonar la vía principal hice caso de mi navegador –que andaba recalculando muy cabreado–. Después de varios kilómetros por carreteras comarcales y pueblos que supongo eran de la Comunidad de Madrid pero que yo no había oído mencionar, llegué a un cruce.

   Yo buscaba ansiosamente la palabra “Madrid” escrita en algún cartel indicador, pero no tuve suerte. A la derecha ponía el nombre de un pueblo y a la izquierda el de otro. Dado que el paraje por donde estaba era llano, hacia la derecha y a lo lejos –muy a lo lejos– se veía el perfil de cuatro torres emblemáticas de mi ciudad, por lo que supuse que tendría que girar hacia ese lado. Pero el navegador me dijo que tirara para el otro. 

GPS: Gire a la izquierda. Gire a la izquierda.
YO: Oye, Madrid se ve a la derecha. ¿No crees que debería ir hacia allí?
GPS: Gire a la izquierda.
YO: Mi casa está en Madrid, las torres de Plaza de Castilla también, esas torres están a la derecha. Ergo, debería ir ¡hacia la derecha!
GPS: Gire a la izquierda.

   Fue en este punto cuando mi hija, toda solícita me preguntó:

–Mamá, ¿qué dirección le has dado al GPS?
–La que ha puesto tu padre como “Casa”.
–A ver si ha puesto otra casa.
–Pues no sé, habrá puesto la dirección de la casa de “la otra”. (Esto último lo pensé y no lo dije en voz alta, que mi padre y mi hija me estaban escuchando).

   ¡Lo que me faltaba! No solo me había perdido, ahora también el puñetero navegador me estaba haciendo sospechar de la fidelidad de mi marido. El colmo.

   Al final se impuso la sensatez de la experiencia. Me refiero a la sensatez –y a la experiencia– de mi padre, que me dijo: 

-Apaga ese cacharro y tira para Madrid, que se ve allá al fondo a la derecha.

    Así lo hice y así llegamos a casa. Una hora más tarde de lo necesario, pero llegamos sin lamentar desgracias personales ni materiales (el navegador a punto estuvo de ser pateado por una servidora, pero me contuve).

   Después de esta experiencia tuve un largo distanciamiento con mi GPS. Pero, al final, retomamos nuestra relación. Con él me pierdo, pero sin él también. Ni contigo ni sin ti. 

   A veces pienso si no tendré una especie de síndrome de Estocolmo con este artilugio, pero el caso es que nos aguantamos mutuamente y como un matrimonio mal avenido seguimos conviviendo juntos: yo asumiendo que si me pongo en sus manos puedo llegar a un sitio completamente distinto al deseado y él recalculando constantemente.






26 comentarios:

  1. Si es que me parto de risa contigo. Aún conociendo la anécdota me he vuelto a reír por la manera que tienes de contarlo, Kirke.
    Y qué mona tu niña diciendo "A ver si ha puesto otra casa"...¡es buenísimo!

    Yo nunca usé el GPS pero creo que pasaría tres cuartos de lo mismo, sobre todo en las rotondas.
    Bueno, no sé si te queden más aparatos con los que hablas pero te diré que es muy gratificante leer y reir a la vez, compi.
    ¡Un besazo y feliz tarde de domingo!

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    1. De momento mis conversaciones con las máquinas no van a dar lugar a más publicaciones. Quería dejar para el final al GPS porque es con el que más hablo y con el que más discuto.
      Si tú no usas GPS eso que te ahorras.
      Gracias por tu comentario, compañera. Me alegra saber que te ha hecho reír esta entrada. Hay que tomarse la vida con humor.
      Un besote.

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  2. Ja, ja, Paloma, cómo te entiendo. Yo también tengo alguna que otra anécdota con el GPS, que no suelo utilizar mucho dadas las peleas que propicia que nazcan entren mi mujer y yo a propósito de lo que esa Voz dice. Basta que el GPS diga 'tuerza a la derecha' para que mis dudas se vean reforzadas por la opinión de mi acompañante, '¿a la derecha? No hagas caso, sigue de frente. ¡Qué sabrá este cacharro!'. 'Bueno, ¿qué hago?', pregunto y me pregunto yo desorientado ya del todo...
    Por eso no uso el GPS y eso que me sería muy útil pues me recordaría que hay radares y que no hay que ser tonto y respetar los límites de velocidad. ¡Ay, madre, si lo hubiese tenido en mi coche este viernes pasado! Mi duda ahra es de cuanto será la multa por mi exceso (¡no mucho!, creo) de velocidad.
    Un beso

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    1. Si tu GPS te hace discutir con tu mujer, el mío me hace desconfiar de mi marido así que no sé qué será peor, jajaja.
      No sé qué información de radares tiene tu navegador pero el mío me da cada susto a cuenta de la velocidad. Por ejemplo, se pone a pitar como un loco porque no se puede ir a más de 100 km/h en una zona, yo con el corazón en un puño miro el cuentakilómetros para ver a qué velocidad voy y resulta que no sobrepaso el límite. 'Pa' matarlo.
      Espero que la multa (si te han cazado) no sea escandalosa.
      Un beso.

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  3. Ay, lo que me he divertido, Kirke. Hubiera estado bien que tu marido hubiera metido la dirección de "la otra" y te enteraras de su infidelidad por el odiado GPS. Entonces sí que hubiera sido para tirarlo por un barranco.
    Yo también discuto mucho con el mío, pero he de reconocer que sin él me hubiera perdido por esos mundos mucho más que sin él.. Tienes toda la razón, se parece mucho a "ni contigo ni sin ti", pero yo me quedo con el "ni sin ti". Realmente ahora ya no sabría viajar sin él.
    Un beso.

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    1. La utilidad del GPS es indiscutible pero cuando le da por enredar los desaguisados son memorables.
      Reconozco que a mí me ayuda mucho, pero cuando me ha perdido (como la anécdota que he contado) ha sido a conciencia. En aquella ocasión invertí más de una hora en llegar a casa, cuando en condiciones normales debería haber tardado unos veinte minutos.
      Supongo que todo tiene una cara y una cruz.
      Un besote.

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  4. Muy bueno Kirke, me he reído imaginando ese "será la casa de la otra" jajaja y tu cabreo con el aparato, con el marido, con el mundo en ese momento.

    Es cierto que es fácil insultar al navegador, yo también pienso que cuando lo programan le ponen algo para hacerte sentir un poco tonta jajaja pero es un gusto decirle que el tonto es él o ella.
    Pero son un gran avance, aún recuerdo la pesadilla de los mapas, yo no sabía ni cuando los miraba al revés, ahora al menos llego a los sitios, a veces tarde y después de hacer una rotonda unas cuantas veces intentando acertar qué salida es la que toca, hay veces que yo sola en el coche me he reído a carcajadas sin acabar de acertar con la salida y el navegador recalculando pero tan lento que ya he hecho otra vuelta a la rotonda. Una a veces se siente como si participara en un programa de cámara oculta.

    Vamos que me han encantado las risas que me ha provocado tu entrada.
    Un beso guapa

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    1. Lo de dar vueltas a las rotondas, en mi familia lo llamamos 'hacer rotonding' y si le hemos puesto nombre es porque es una práctica habitual, especialmente cuando estamos de vacaciones en otras ciudades. De hecho, entre nosotros nos hacemos apuestas para acertar cuál será la rotonda que seremos capaces de atravesar sin necesidad de dar más de una vuelta.
      Encantada de haberte hecho reír.
      Un besote, guapa.

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  5. Ay, que pechá de reír me he pegado con la relación amor-odio entre tu gps y tú. Nosotros le llamamos la Tontona (por la marca mas que nada, somos así de originales) y la mitad de las voces no le hacemos ni caso porque la pobre no está actualizada y no reconoce las nuevas carreteras. Besos, guapa

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    1. Lo de actualizar los mapas tiene también lo suyo. En la época que estuvo la M30 en obras, como casi todos los días cambiaban las salidas a efectos de adaptar el tráfico al mismo tiempo que los obreros pudieran trabajar, el GPS era un trasto inútil pues no daba abasto con las actualizaciones. Creo que a consecuencia de aquello tiene estrés post-traumático.
      Un besote, Marina.

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  6. Jajaj lo que me he reído, recuerdo como mi padre por culpa del GPS dio no se cuantas veces a Toulose buscando la salida que nos debía de llevar a la ermita donde se casaba mi primo jeje, y no te puedes imaginar parecíamos un torero dando la vuelta al ruedo pero muchas veces hasta que mi padre consiguió que el GPS le sacara de Toulose y al final llegamos a ver a mi primo casar pero tarde y con mi tía que era la madrina nerviosa porque no llegábamos y mi madre sufriendo porque no veía casar a su ahijado, ay no veas que mal se pasa.
    O mi chico en un viaje a Salamanca que supone que según el GPs, había una carretera mas corta para salir a la carretera que nos llevaba a un pueblo y jeje era un auténtico camino de cabras aunque si ciertamente era mas corta que la carretera general como decía el Gps pero jeje llena de baches jeje,no me reí ni nada jeje. Como veras no eres la única a la cual a tenido algún contratiempo con el Gps, Un beso y gracias por hacerme reír algo que siempre siempre es de agradecer. Feliz semana. TERE.

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    1. Madre mía, no quiero ni imaginar el agobio de estar perdido y no llegar a tiempo a una boda, encima con la madrina en el coche.
      A mí, en Mallorca, el GPS del vehículo que alquilamos me la jugó. Quería ir por autovía desde el sur de la isla al norte. No sé qué entendió por autovía porque me metió por un pueblo con las calles muy estrechas, encima el vehículo era una furgoneta de nueve plazas (íbamos un grupo de amigos juntos) y no veas qué mal lo pasé para girar en un cruce.
      Un beso, Tere.

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  7. Vueltas con lo de Toulose son vueltas no veces ains.

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    1. Tranquila, como todos tenemos estas peleas a cuenta de los teclados, hemos desarrollado un sexto sentido para entender entre líneas (o entre letras) lo que realmente se quiere decir.

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  8. jajajajajajajaja! Cierto el GPS da para mucha conversación, o más bien para burlarte de él o ella, jajajajaja! Me ha encantado la entrada!

    Un saludo!

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    1. Me alegro de que te haya gustado y que te hayas echado unas risas. Esa era la intención.
      Un saludo.

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  9. Qué bien te entiendo, Kirke, y cuánto me he reído con tu entrada jajajaja. El mío dice "recalculando ruta" cuando metes la pata y tiras para donde no es, pero del retintín no me había dado cuenta. ¡Me tengo que fijar la próxima vez!.

    Y cuando al fin llegas a destino y te pasas para poder aparcar, como tú dices, va y te suelta "gire cuando sea posible". Eso sí he notado que lo dice con guasa jajajjaa.

    Son prácticos los chismes esos, pero también te pueden perder en lo más sencillo, así que una no sabe si amarlos u odiarlos. Por de pronto les hablaremos y nos reiremos, no?

    Otro post genial, gracias por el buen rato.

    ¡Besos y feliz comienzo de semana, guapa!

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    1. Yo estoy convencida del retintín de mi GPS porque la "r" de "recalculando" la pronuncia mucho, como si insistiera en esa sílaba. Quizás yo soy muy susceptible pero estoy segura de tener razón.
      En fin, nadie es perfecto y mucho menos los GPS.
      Un beso, Julia, y que tengas un buen lunes (o lo que queda de él).

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  10. Que risas me haces pasar Kirke, si yo te contara las vueltas que damos sin tener ese aparato. Pues cuando lo tengamos que va a pasar. Te cuento una anécdota que costó, casi dos horas de retraso de una excursión que íbamos a hacer a Los Arribes del Duero. sobres las dos de la mañana me tenía que recoger el autobús en Eibar por que era la primera que quedaba en dirección a recoger a las demás en Ermua. Pues cuando el bus salió de la rotonda de la autopista el Gps. en vez de enviarle por la carretera a la izquierda lo envió por la variante. Allí le indicó salida hacia mi calle por la cual tenia que pasar un túnel, estaba prohibido pasar autobuses y camiones, por allí pasó lo peor fue al llegar a una bajada que hay haciendo curva solo pueden pasar coches. Se incrustó entre una vaya y unas escaleras. Allí vino el chófer caminando a buscarme y decirme que no podia salir de allí. Llamamos a la policía municipal que con unas maderas consiguieron sacarle del atasco. no sin estropear un lateral de bus , los bajos y retrasarnos casi dos horas de la excursión y todo por culpa del GPS que lo envío por allá. Anécdotas del las confusiones. No sabemos que le pasaría después al chófer con la empresa. era un poco cortito en manejo de gps. por que más adelante en la excursión se perdía de todas todas. Un abrazo

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    1. Sin conocer al chófer de aquel autobús, diré en su defensa que la programación de los GPS deja bastante que desear. No estoy al tanto de las especificaciones que tienen los navegadores de los autocares, pero se supone que deberían tener la información de que esa vía (la de la bajada por donde solo pasan coches) no era adecuada para un vehículo así y por tanto ninguna ruta debe pasar por ella.
      Un abrazo.

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  11. Es una relación como la de los matrimonios de amor y de odio y de contigo pero sin ti ¡En fin! que te voy a contar que ya no sepas.
    Como anécdotas tengo unas cuantas y ayer la más reciente cuando le indiqué una localidad de Guadalajara a hora y tres cuartos de Madrid. Como ya me conozco los equívocos que provoca este aparatejo y siguiendo mi propia intuición, decidí no hacerle caso en algunas de las indicaciones de salidas que me daba. terminé perdiéndome varias veces llegando al pueblo en tres horas, todo un récord gracias a mi desconfianza más que al navegador, que en este caso lo llamo Mónica por la voz que me habla.
    Pero he de reconocer que me saca de más de un atolladero.
    Magnífica entrada Kirke, y bien divertida...Recalculando.

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    1. Yo no sé cómo se llama la voz de mi GPS, también es de mujer y sin ponerme feminista creo que eso tiene muy mala intención, porque "el" GPS es masculino, así que no sé por qué le ponen una voz femenina.
      En cualquier caso da igual, sea la voz de un hombre o de una mujer, a mí me saca de mis casillas cuando las indicaciones que da no están claras.
      Quizás tú ayer empleaste más tiempo por no hacer caso al navegador, pero ¿quién te dice a ti que si hubieras seguido sus indicaciones no habrías acabado en otro sitio diferente?
      Vuelve mañana al mismo sitio pero siguiendo las instrucciones del GPS, a ver qué pasa, jajaja.
      Un beso, padrino.

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  12. Jajaja. Me he sentido tan identificado que parecía que lo estaba contando yo, pero cambiando el nombre de las localidades, claro.
    Yo también (y por lo que parece casi todo el mundo) me he encontrado con situaciones rocambolescas, como indicarme que girara a la derecha y no haber nada. En un a ocasión incluso me metí por una calle que era contra dirección.
    La cuestión es que al final acabas llegando a tu destino pero cuánto tiempo necesitas para ello ya es otra cuestión.
    Una vez escribí un relato corto en el que el conductor, abstraído pensando en otra cosas y siguiendo las instrucciones orales del GPS sin recapacitar, se despeña por un acantilado. Quién sabe si podría llegar a pasar!
    Un abrazo (espero que te llegue sin necesidad de navegador)

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    1. Hace unos años salió en las noticias el caso de un conductor "despistado" que acabó en el interior de un pantano. Como falleció no se pudo saber realmente qué pasó pero la Guardia Civil barajó la posibilidad de que siguiera las instrucciones de su GPS que le llevaron por una carretera cortada que acababa abruptamente en el agua, dado que el accidente fue de noche y no había iluminación se supone que el conductor no pudo darse cuenta del error.
      Creo que, una vez más, la realidad supera la ficción.
      Un abrazo, Josep.

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  13. Por suerte no tuve el placer de charlar con dicho aparato. No sé manejar y dudo que alguna vez lo haga.
    Saludos.

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  14. Bueno, Raúl, pues si ni siquiera conduces, mejor que mejor. Yo me considero una persona bastante tranquila, pero cuando me pongo al volante me transformo. El tráfico y la mala educación de algunos conductores me hacen perder los papeles y me convierto en Mr. Hyde (si encima tengo que aguantar al GPS, ya ni te cuento).
    Un saludo.

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Hada verde:Cursores
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