Esta es la cuarta novela de la serie Episodios de una guerra interminable. Después de Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, Almudena Grandes nos vuelve a contar episodios de la Guerra Civil española a través de personajes ficticios que pudieron ser reales y que convivieron con otros que aparecen en los anales de nuestra Historia.
La novela que nos ocupa es” la historia de tres impostores” y ficticios los tres: Guillermo, Manolo y Adrián. Tres hombres que perdieron una guerra y también su identidad, pues para poder sobrevivir necesitan cambiar de nombre y de ocupación. Guillermo y Manolo pertenecían al bando republicano y Adrián luchó en el rebelde y los tres perdieron. Porque para perder una guerra no es necesariamente obligado formar parte del bando vencido. La derrota puede afectar de muchas maneras y las batallas no solo se libran con un fusil.
Esta es la historia de hombres y mujeres que, cada uno a su modo, libraron una guerra personal al mismo tiempo que se daba otra entre ejércitos. Algunos eligieron el bando en el que luchar de manera voluntaria, otros se dejaron llevar por las circunstancias y se amoldaron como buenamente pudieron, aceptando lo que el destino les deparó.
Y todos sufrieron las consecuencias de una lucha fraticida. Cuando el enemigo es tu vecino, cuando en el bando opuesto se encuentra un antiguo compañero del colegio o un familiar, cuando el enfrentamiento se da entre hermanos nadie sale vencedor de esa lucha; todos, de una manera u otra, acaban perdiendo.
Esta es la historia de tres hombres que afrontan su derrota y el precio que han de pagar para poder sobrevivir. Ese precio consiste en renegar de uno mismo hasta tener que cambiar de nombre e identidad, hasta cambiar de forma de pensar y actuar de manera contraria a los propios ideales. Vivir en la impostura es la única salida para poder vivir.
Es la historia de tres hombres que viven a pesar de todo y eso les hace sentir culpables, pero ¿se puede culpar a alguien por querer vivir?
Es la historia de tres hombres que viven a pesar de todo y eso les hace sentir culpables, pero ¿se puede culpar a alguien por querer vivir?
Esta es la historia de hombres y mujeres que hacen cosas que están mal, o a lo mejor no ya que “nunca se duda de estar obrando bien porque se siguen los principios inculcados desde pequeño y por eso se mata sin sentirse un asesino”. Es la historia de hombres y mujeres que se preguntan “¿Qué estás haciendo?”o “¿Qué has hecho?” y se contestan “No lo sé”.
Pero cuando “algunos prefieren morir como inocentes que vivir como asesinos” quienes anteponen la supervivencia a cualquier dilema moral se sienten más cobardes, se sienten más culpables. Sin embargo, el instinto de supervivencia acude en su ayuda y es cuando vienen las mentiras, es cuando los supervivientes se mienten a sí mismos y buscan responsables en otro lugar. Es entonces cuando la víctima se convierte en culpable y el verdugo se salva a sí mismo.
Pero esta novela es mucho más que la historia de tres impostores, de tres supervivientes. Para mí es la novela más ambiciosa, desde un punto de vista histórico, de la serie Episodios de una guerra interminable. También la más internacional.
En esta ocasión Almudena Grandes amplía los horizontes del conflicto bélico traspasando las fronteras mucho más allá de los Pirineos. Denuncia sin paliativos la indiferencia de las potencias occidentales europeas ante el asentamiento de la dictadura de Franco.
Entre los muchos personajes reales (demasiados para mi gusto) que jalonan la novela destaca especialmente Clara Stauffer, una falangista española de origen alemán que se implicó en el auxilio de nazis tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Ante la vista de todos y sin apenas disimulo esta mujer ayudó a escapar a muchos militares del extinguido y derrotado ejército alemán (la mayoría implicados en crímenes de guerra), procurándoles nuevas identidades y un exilio dorado en varios países sudamericanos e incluso en España.
Hasta EEUU es cómplice y se involucra aceptando la colaboración de alguno de estos militares porque ahora, tras el final del conflicto bélico mundial, el enemigo a abatir es Stalin y el comunismo. El final de la Segunda Guerra Mundial implica un giro de 180 grados de tal manera que los antaño enemigos nazis ahora son aliados y se unen para combatir a Stalin, olvidando que el numeroso ejército soviético fue una pieza clave en la derrota del nazismo. Se da más importancia al desembarco de Normandía y se relega a un segundo plano la campaña del Este, aquella donde el ejército nazi sufrió más bajas y donde empezó el principio del fin. Paradojas e hipocresías de la política a gran escala.
En este escenario Franco se ve beneficiado. Es un fascista, es un dictador, coqueteó con Mussolini y Hitler, pero tiene una virtud que le hace merecer el beneplácito de las potencias occidentales: es anticomunista.
“Ahora el amigo de vuestros enemigos es vuestro amigo y los enemigos de Franco son los vuestros”
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| El presidente norteamericano Eisenhower abrazando a Franco |
Y en la otra cara de la moneda el pueblo español que hubo de lidiar con una dictadura más de cuarenta años, ante la indiferencia de Europa y abandonado por todos. Algunos se dedicaron a vivir sin intervenir en política ni asumir ideologías, otros decidieron encauzar su odio afiliándose clandestinamente a partidos prohibidos y militando se sintieron combatientes, útiles. Vana ilusión pues la dictadura acabó cuando el dictador murió de viejo y en su cama.
Esta novela es la más ambiciosa y también la más completa en cuanto a datos históricos. Se tocan muchos temas, desde la primeras transfusiones de sangre por parte de un médico canadiense que creó el primer banco de sangre en España hasta la dictadura de Videla y sus desaparecidos en Argentina.
Abarca muchos años, desde los inicios de la guerra civil hasta los estertores de la dictadura de Franco; se cuentan las alianzas, los pactos entre gobiernos de distinto signo pero con intereses comunes, unos intereses que nada tienen que ver con los de la población que gobiernan.
La profusión de detalles y personajes históricos confieso que me llegó a abrumar. Almudena Grandes hace alarde de una gran documentación histórica al registrar detalles reales que sitúan previamente a los personajes ficticios para así comprender el marco en el que se desarrolla el argumento. Sin embargo, creo que yo habría agradecido algo menos de minuciosidad, tanta historia colateral y complementaria me aturdió.
Además, el libro es muy extenso, casi ochocientas páginas. Pero ni la profusión de detalles y personajes históricos ni la abundancia de páginas fueron un impedimento para disfrutar de la lectura de esta novela. Y es que ante todo y sobre todo está la narración pluscuamperfecta de Almudena Grandes. Escribe tan, pero tan bien, que no importa nada más.
En ningún momento me llegué a aburrir. Al ser tan extensa esta obra y tener tantos personajes empleé casi un mes en su lectura (normalmente ningún libro me dura tanto) y esto, que en otros casos podría ser un defecto, con Almudena fue una virtud. Tanto tiempo compartido con los protagonistas me hizo ser partícipe de sus desdichas, de sus alegrías, de sus vidas. Establecí vínculos con ellos de manera que al terminar la novela tuve esa agridulce sensación que solo los buenos libros dejan: pesar por acabar y tener que despedirme de sus personajes.
Es que Almudena Grandes escribe tan bien…











