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12 de noviembre de 2017

"Los pacientes del doctor García"-Almudena Grandes

Esta es la cuarta novela de la serie Episodios de una guerra interminable. Después de Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, Almudena Grandes nos vuelve a contar episodios de la Guerra Civil española a través de personajes ficticios que pudieron ser reales y que convivieron con otros que aparecen en los anales de nuestra Historia.

La novela que nos ocupa es” la historia de tres impostores” y ficticios los tres: Guillermo, Manolo y Adrián. Tres hombres que perdieron una guerra y también su identidad, pues para poder sobrevivir necesitan cambiar de nombre y de ocupación. Guillermo y Manolo pertenecían al bando republicano y Adrián luchó en el rebelde y los tres perdieron. Porque para perder una guerra no es necesariamente obligado formar parte del bando vencido. La derrota puede afectar de muchas maneras y las batallas no solo se libran con un fusil.

Esta es la historia de hombres y mujeres que, cada uno a su modo, libraron una guerra personal al mismo tiempo que se daba otra entre ejércitos. Algunos eligieron el bando en el que luchar de manera voluntaria, otros se dejaron llevar por las circunstancias y se amoldaron como buenamente pudieron, aceptando lo que el destino les deparó. 

Y todos sufrieron las consecuencias de una lucha fraticida. Cuando el enemigo es tu vecino, cuando en el bando opuesto se encuentra un antiguo compañero del colegio o un familiar, cuando el enfrentamiento se da entre hermanos nadie sale vencedor de esa lucha; todos, de una manera u otra, acaban perdiendo.

Esta es la historia de tres hombres que afrontan su derrota y el precio que han de pagar para poder sobrevivir. Ese precio consiste en renegar de uno mismo hasta tener que cambiar de nombre e identidad, hasta cambiar de forma de pensar y actuar de manera contraria a los propios ideales. Vivir en la impostura es la única salida para poder vivir.

Es la historia de tres hombres que viven a pesar de todo y eso les hace sentir culpables, pero ¿se puede culpar a alguien por querer vivir?

Esta es la historia de hombres y mujeres que hacen cosas que están mal, o a lo mejor no ya que “nunca se duda de estar obrando bien porque se siguen los principios inculcados desde pequeño y por eso se mata sin sentirse un asesino”. Es la historia de hombres y mujeres que se preguntan “¿Qué estás haciendo?”o “¿Qué has hecho?” y se contestan “No lo sé”. 

Pero cuando “algunos prefieren morir como inocentes que vivir como asesinos” quienes anteponen la supervivencia a cualquier dilema moral se sienten más cobardes, se sienten más culpables. Sin embargo, el instinto de supervivencia acude en su ayuda y es cuando vienen las mentiras, es cuando los supervivientes se mienten a sí mismos y buscan responsables en otro lugar. Es entonces cuando la víctima se convierte en culpable y el verdugo se salva a sí mismo.

Pero esta novela es mucho más que la historia de tres impostores, de tres supervivientes. Para mí es la novela más ambiciosa, desde un punto de vista histórico, de la serie Episodios de una guerra interminable. También la más internacional.

En esta ocasión Almudena Grandes amplía los horizontes del conflicto bélico traspasando las fronteras mucho más allá de los Pirineos. Denuncia sin paliativos la indiferencia de las potencias occidentales europeas ante el asentamiento de la dictadura de Franco. 

Entre los muchos personajes reales (demasiados para mi gusto) que jalonan la novela destaca especialmente Clara Stauffer, una falangista española de origen alemán que se implicó en el auxilio de nazis tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Ante la vista de todos y sin apenas disimulo esta mujer ayudó a escapar a muchos militares del extinguido y derrotado ejército alemán (la mayoría implicados en crímenes de guerra), procurándoles nuevas identidades y un exilio dorado en varios países sudamericanos e incluso en España.

Hasta EEUU es cómplice y se involucra aceptando la colaboración de alguno de estos militares porque ahora, tras el final del conflicto bélico mundial, el enemigo a abatir es Stalin y el comunismo. El final de la Segunda Guerra Mundial implica un giro de 180 grados de tal manera que los antaño enemigos nazis ahora son aliados y se unen para combatir a Stalin, olvidando que el numeroso ejército soviético fue una pieza clave en la derrota del nazismo. Se da más importancia al desembarco de Normandía y se relega a un segundo plano la campaña del Este, aquella donde el ejército nazi sufrió más bajas y donde empezó el principio del fin. Paradojas e hipocresías de la política a gran escala.

En este escenario Franco se ve beneficiado. Es un fascista, es un dictador, coqueteó con Mussolini y Hitler, pero tiene una virtud que le hace merecer el beneplácito de las potencias occidentales: es anticomunista. 

“Ahora el amigo de vuestros enemigos es vuestro amigo y los enemigos de Franco son los vuestros”

El presidente norteamericano Eisenhower abrazando a Franco


Y en la otra cara de la moneda el pueblo español que hubo de lidiar con una dictadura más de cuarenta años, ante la indiferencia de Europa y abandonado por todos. Algunos se dedicaron a vivir sin intervenir en política ni asumir ideologías, otros decidieron encauzar su odio afiliándose clandestinamente a partidos prohibidos y militando se sintieron combatientes, útiles. Vana ilusión pues la dictadura acabó cuando el dictador murió de viejo y en su cama. 

Esta novela es la más ambiciosa y también la más completa en cuanto a datos históricos. Se tocan muchos temas, desde la primeras transfusiones de sangre por parte de un médico canadiense que creó el primer banco de sangre en España hasta la dictadura de Videla y sus desaparecidos en Argentina.

Abarca muchos años, desde los inicios de la guerra civil hasta los estertores de la dictadura de Franco; se cuentan las alianzas, los pactos entre gobiernos de distinto signo pero con intereses comunes, unos intereses que nada tienen que ver con los de la población que gobiernan.

La profusión de detalles y personajes históricos confieso que me llegó a abrumar. Almudena Grandes hace alarde de una gran documentación histórica al registrar detalles reales que sitúan previamente a los personajes ficticios para así comprender el marco en el que se desarrolla el argumento. Sin embargo, creo que yo habría agradecido algo menos de minuciosidad, tanta historia colateral y complementaria me aturdió.

Además, el libro es muy extenso, casi ochocientas páginas. Pero ni la profusión de detalles y personajes históricos ni la abundancia de páginas fueron un impedimento para disfrutar de la lectura de esta novela. Y es que ante todo y sobre todo está la narración pluscuamperfecta de Almudena Grandes. Escribe tan, pero tan bien, que no importa nada más. 

En ningún momento me llegué a aburrir. Al ser tan extensa esta obra y tener tantos personajes empleé casi un mes en su lectura (normalmente ningún libro me dura tanto) y esto, que en otros casos podría ser un defecto, con Almudena fue una virtud. Tanto tiempo compartido con los protagonistas me hizo ser partícipe de sus desdichas, de sus alegrías, de sus vidas. Establecí vínculos con ellos de manera que al terminar la novela tuve esa agridulce sensación que solo los buenos libros dejan: pesar por acabar y tener que despedirme de sus personajes. 

Es que Almudena Grandes escribe tan bien…



6 de mayo de 2017

La buena letra

   Hace tiempo que tengo ganas de leer algo de Chirbes. Una compañera bloguera, Rosa Berros, que es una fan incondicional de este escritor, lleva tiempo recomendándome leerlo.

    Por fin le hice caso y no me arrepiento.
    
Una madre le cuenta a su hijo pequeñas anécdotas familiares y a través de ellas vamos conociendo las vicisitudes de una familia como otra cualquiera que tuvo que pasar por una guerra fraticida, la Guerra Civil española, y la época posterior al conflicto bélico.

A través de los recuerdos de la madre no solo sabemos del devenir de esa familia, también sabemos de la huella que la experiencia vivida y el tiempo ha dejado en esa mujer.

Ana, la narradora, recuerda los años de la guerra y lo que vino después cuando esta terminó. Al rememorar para su hijo la memoria que le viene es "una memoria enferma y sin esperanza".

Porque desesperanza y hastío es lo que se respira en este relato (no es una novela, no llega a las doscientas páginas). En toda la lectura se percibe una constante nostalgia de un tiempo pasado que siempre fue mejor que el presente. Un tiempo pasado antes de que la guerra y la derrota llegara a la vida de Ana y de su familia.

En la memoria de Ana permanecen los recuerdos amargos de años de frío y oscuridad de una guerra que nunca terminó para los vencidos. El derrotado tuvo que soportar la venganza del vencedor. Ella y su familia hubieron de adaptarse para poder sobrevivir y aunque ahora, cuando Ana invoca ese pasado, el recuerdo se torna más amable y duele menos, se percibe un poso de tristeza.

La guerra, y lo que vino después, enseñó a Ana y su familia, a soportarse, a quererse entre sí, a valorar lo realmente valioso. Aunque algunos se volvieron huraños, se tornaron egoístas, perdieron los ideales por los que lucharon y la decepción se anidó tan profundamente en sus almas que se convirtieron en seres egocéntricos y amargados.

 Un relato hecho de recuerdos que persiguen pero que también identifican. Un relato de derrota y tristeza; la tristeza que se siente cuando uno se da cuenta de que ha luchado y ha perdido.

"He resistido, me he cansado en la lucha y he llegado a saber que tanto esfuerzo no ha servido para nada."





11 de noviembre de 2016

Falcó


    Lorenzo Falcó es el protagonista de la última novela de Arturo Pérez-Reverte. Este nuevo personaje es un espía de la inteligencia naval que trabaja para el recién alzado ejército de Franco en los inicios de la Guerra Civil.

  Aunque su jefe tiene una ideología política que le hace tomar partido por los militares sublevados, Falcó es un peón más del tablero, que juega en función de cómo le vienen dadas. Durante la República su jefe trabajaba para el gobierno y por tanto él también, ahora su jefe trabaja para los rebeldes y él hace lo mismo. 

   Para Falcó palabras como patria, amor o futuro no tienen ningún sentido. Y es que Falcó solo se guía por una ideología: la supervivencia. Su guerra es otra, y en ella los bandos están perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás.

   Falcó es “un buen chico al que le fueron mal las cosas en el colegio” y tras un periplo por diferentes países embarcado en negocios turbios, acaba trabajando como espía. Su  pericia en el combate cuerpo a cuerpo y su gran capacidad para salir de apuros más o menos complicados le convierten en un elemento indispensable para cualquier servicio de espionaje.

  Falcó es un tipo muy guapo, posee un atractivo que le hace irresistible a las mujeres y él lo aprovecha en beneficio propio, lo que se traduce en que se acuesta con toda fémina que se le pone por delante. Aspecto este que me ha parecido algo machista y un poco prepotente. Muy a lo Humphrey Bogart -aunque a mí, Bogart, nunca me pareció ni remotamente guapo-.

   Con esta presentación bien podríamos decir que Falcó es la versión española de James Bond, y en lugar de trabajar para su graciosa majestad la reina Isabel, lo hace para el Generalísimo Franco. 

   Si solo nos quedamos con esto a mí la novela me ha decepcionado un poco. El perfil del protagonista está muy bien definido: cínico, valiente, egoísta y con un punto de chulería. Pero es un perfil ya de sobra utilizado por el escritor. De hecho, en algunos momentos pensé que si cambiaba la vestimenta del protagonista por otra del siglo XVII y le añadía unos cuantos años más de edad, bien podría pasar por el capitán Alatriste.

     Vuelve, una vez más, el héroe que lleva su última noche consigo a todas partes, sabedor de que la muerte le ronda. El héroe que se encarga del trabajo sucio y que acaba siendo traicionado por quienes dirigen y se aprovechan de su labor sin arriesgar nada.

    Otra cosa que no me gustó fue el argumento, me pareció poco trabajado, algo flojo. Aunque como la novela no es muy extensa quizás no había tiempo para complicar la trama.

   Pero en esta novela hay otro elemento que se repite: el impecable estilo narrativo de Pérez-Reverte. Su forma de contar las cosas me atrapó desde el inicio y el protagonista, con sus acciones más que previsibles, no me impidió disfrutar de la lectura.

   Además, en esta ocasión don Arturo nos da una visión ecuánime pero también demoledora de los dos bandos que dividieron España en una guerra fratricida y cruel. Con el verbo mordaz e incisivo que le caracteriza, Reverte nos pinta el cuadro de las dos Españas, dos barbaries paralelas:

   En un lado “una planificada represión bajo mando único, un exterminio sistemático de cuanto oliese a democracia, libertad y ateísmo, con la idea de una nación unida, religiosa y fuerte por encima de todos. Una guerra total hecha por militares profesionales que usaban el terror y la sangre como arma definitiva”.

   En el otro bando, “un disparate de improvisación, oportunismo y demagogia, con las cárceles abiertas el 18 de julio arrojando chusma a las calles, convertida en milicianos que se gastaban en juergas y mujeres lo que robaban asesinando a mansalva, y el pueblo armado soberano en el caos ajustando cuentas, un odio homicida no solo hacia el ejército de Franco, sino también hacia los miembros del propio bando. Partidos y facciones enfrentadas entre sí, indecisos entre ganar la guerra o hacer la revolución, incapaces de coordinar un esfuerzo común.”

   Una vez bien definidos los bandos enfrentados, la sentencia final: la guerra la van a ganar los que carecen de escrúpulos democráticos, porque son los más criminalmente disciplinados y los más fuertes.

   Y lo peor: cuando todo acabe van a faltar tumbas.

   Otra constante en la obra de Reverte, y que en esta novela también aparece, es el ensalzamiento del valor; una cualidad que hermana a la gente, por encima de ideologías.

    Independientemente del bando elegido, Pérez-Reverte alaba y admira a quien lo da todo por sus creencias, a quien su integridad le hace llegar hasta el final, asumiendo las consecuencias que pueda acarrear y que, en una guerra, suele ser la muerte. Admiración que va dirigida a todos aquellos que se muestran fieles a sus ideas y, lo más importante, a sí mismos.







5 de agosto de 2016

El rojo en el azul

    Javier Goyena es un comunista que en 1938, durante la Guerra Civil española, trabaja como intendente en un hospital de Murcia. Su actitud derrotista ante el desarrollo de la guerra le obliga a alistarse para participar activamente en el frente. Interviene en la Batalla del Ebro y allí, una vez consumada la derrota del bando republicano, se viste con el uniforme de un requeté haciendo creer que pertenece al bando ganador.

    Esta pantomima dura tres años. La farsa es creíble hasta para él, pues sufre una amnesia debido a un obús que, oportunamente, estalla cuando llegan a rescatarlo.

   Sin embargo su falsa identidad es descubierta por los servicios secretos falangistas y le obligan a trabajar como agente doble. Para ello se incorpora a la División Azul y se va a luchar a los gélidos parajes rusos. Allí tendrá que infiltrarse en las filas soviéticas y recuperar un objeto muy querido por Franco y que le fue sustraído. Para no destripar el argumento no diré de qué objeto se trata, pero añadiré que esa pieza también es codiciada por Hitler, un coleccionista compulsivo de reliquias.  

   Es así como se desarrolla un thriller trepidante, lleno de espías que persiguen a otros espías, que trabajan para diferentes facciones falangistas y donde todos vigilan y controlan al agente doble infiltrado a la fuerza. Un agente que no está preparado para acometer la empresa asignada pero que es vigilado por gente adiestrada en esos menesteres y que, a mi entender, serían los más idóneos para llevar a buen puerto la misión encomendada.

    Quizás, todo esto ha sido una percepción mía particular, porque a medida que se desarrollaba la novela iba alucinando más. El argumento podía haber sido muy entretenido si el objetivo (objeto) de la misión no hubiera sido tan delirante, absurdo y poco creíble. De hecho, la probabilidad de culminar con éxito una misión tan descabellada es muy baja y el autor solventa esta situación con lo que el protagonista da en llamar "golpes de suerte". Lo que la estadística establece como imposible, se hace realidad gracias a la fortuna, que pone a nuestro agente rojo-azul la solución al alcance de la mano. El desenlace es tan increíble como el planteamiento inicial, en esto el autor es fiel a sus pautas.

    Desde luego yo no tuve la misma potra que el protagonista a la hora de decidir leer esta novela.

    De telón de fondo se hace una dura crítica a la guerra en general y a la guerra civil en particular. Se incide mucho en la sinrazón de una guerra fratricida, donde todos cometieron desmanes, aunque me ha parecido ver cierta insistencia en los cometidos por uno de los bandos, mientras que los del otro -insinuados de forma muy tenue- son la lógica reacción a los abusos de los primeros.

   En cualquier caso, cualquier exceso proveniente de los republicanos o de los rebeldes/nacionales es atemperado cuando se compara con las atrocidades de los soviéticos y de los nazis. Será cosa del clima.

   Moraleja: los españoles podemos ser crueles, pero por ahí fuera son peores.  Como en casa, en ningún sitio.






  

13 de abril de 2015

La puerta pintada

    En 1949 y en una ciudad de Navarra se suceden varios asesinatos. Se sabe que el asesino es el mismo en todos los casos porque los cadáveres presentan grabados a cuchillo una serie de números que hacen pensar en una relación entre los muertos. La explicación a estas muertes se encuentra en los sucesos acaecidos en la misma ciudad en 1936, cuando tras el alzamiento de parte del ejército se desencadenan los hechos que provocarían uno de los episodios más vergonzosos de nuestra historia: la Guerra Civil.

    Es una novela de intriga y de crónica histórica. La parte digamos 'detectivesca' va de menos a más, llegando al punto culmen cuando se comienza a relacionar las historias pasadas de las víctimas. La parte concerniente a la descripción de cómo se inició la guerra fraticida del 36 es simplemente fascinante; con una gran pulcritud y de manera implacable se narran los inicios de una persecución entre vecinos que se convierten en enemigos irreconciliables.

    Una historia desgarradora y entrañable donde los personajes aparecen muy bien definidos, con sus luces y sus sombras. Cada uno asumiendo lo que su forma de pensar y el destino les depara.

    Siempre que leo novelas ambientadas en la Guerra Civil me invaden las mismas sensaciones: desasosiego, indignación, bochorno y sobre todo una infinita tristeza. Es incomprensible cómo el fanatismo y la ignorancia pueden llevar a cometer atrocidades sobre semejantes con los que se ha compartido lugares y vivencias comunes. Atrocidades que se dieron en los dos bandos pero por mi parte -y al igual que le ocurre al autor- me es imposible mantener una postura imparcial porque "una de las facciones contendientes contaba con la legitimidad de estar defendiendo la legalidad democrática basada en la Constitución de 1931, mientras que la otra se alzó contra ella por la fuerza de las armas". Y también, siempre que leo novelas ambientadas en esta época tengo la sensación de que a pesar del tiempo transcurrido en realidad no hemos aprendido nada porque algunos comportamientos siguen siendo los mismos.

     Cualquier guerra es atroz pero la que se libra entre hermanos es la peor.

Kirke  


    

27 de mayo de 2014

Las tres bodas de Manolita

    Tercera entrega de la serie Episodios de una Guerra Interminable, en esta ocasión el escenario es Madrid.

   Las vidas de Antonio el Guapo, Roberto el Orejas, Silverio el Manitas, Paco el Palmera, Manolita, Rita, Julián, y muchos más. Personajes que antes, durante y después de la Guerra Civil se implicaron de una manera u otra en alguna actividad política arrostrando todas sus consecuencias: unos sufriendo cárcel y/o la muerte, otros traicionando a sus antiguos amigos y los más soportando humillaciones y penurias.

   El eje central de todos estos personajes es Manolita, una adolescente anodina a la que nadie tiene mucho en cuenta, claro exponente de alguien a quien la política no le interesa pero acaba involucrándose al verse afectada por lo que ocurre a su alrededor; sus padres son encarcelados y tiene que hacerse cargo de sus hermanos. Todo le llevará a sacar lo mejor de sí misma y descubrirse como alguien muy diferente a la persona que creía ser.

  Al igual que en Inés y la alegría y El lector de Julio Verne Almudena Grandes nos relata una historia de supervivientes de una guerra que no sólo dejó muertos en el campo de batalla.

Kirke  

30 de marzo de 2014

El error azul

   "Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez"  Esta es la frase que define el argumento de la novela. La mujer es Amelia y los dos hombres que se enamoran de ella, Alberto y Martín, lo hacen en los meses previos a la Guerra Civil, cada uno de ellos toma un bando en la contienda siendo el amor por Amelia lo único que los une además del odio recíproco que se tienen.

   Con saltos en el tiempo, hacia adelante y hacia atrás, se nos desvela la historia de estos personajes y el sino tan triste que se cierne sobre ellos, cada uno con sus miserias, sus miedos y sus sueños. Con un estilo narrativo muy bueno, Javier Lorenzo nos habla del amor de dos hombres por la misma mujer y lo que les lleva a hacer a ambos, desde lo más vil a lo más sublime.

  Pero también nos habla de la postguerra, sobretodo la de los vencidos, de una manera sencilla pero implacable. Durante toda la novela se respira la desesperanza, el abatimiento que llega al constatar que uno se encuentra en el bando perdedor. En algunos momentos esa tristeza se diluye un poco cuando hace gala de un fino sarcasmo, "el humor y la ironía suelen hacer más daño que una bala de cañón y es la última trinchera de los indefensos".

    No me suelen gustar demasiado las historias de amor pero esta tiene tantos ingredientes añadidos que me ha conmovido especialmente.

Kirke  


30 de abril de 2013

El lector de Julio Verne

   
  En los años de postguerra y en un pueblo de Jaén un niño, hijo de un guardia civil, se aficiona a la lectura. Conoce a un enigmático personaje, Pepe el portugués, que le hará ver el mundo desde una perspectiva muy diferente a la que tiene en su entorno familiar.
    Se describe muy bien lo que fue la vida de los maquis, cuando después de terminar la guerra ellos siguieron aferrándose a la  -inútil- esperanza de cambiar la situación. Esa otra guerra que siguió librándose después de que todo estaba ya perdido.
  Me es muy difícil hablar sobre libros que además de gustarme mucho me han conmovido, éste es uno de ellos. 
  No sé qué hace Almudena Grandes para que todos sus personajes, todos, sean tan entrañables, de manera que cuando acabo sus historias me apena terminar la novela porque eso supone despedirme de ellos. 
   Eso es lo que me ha pasado con este libro, que he tenido que decir  adiós  a personajes que he sentido muy cercanos.       
  Seguramente volveré a leerlo y así no será un adiós sino un hasta luego.


Kirke  



Hada verde:Cursores
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