10 de octubre de 2016

Hable con ellas (I)



    Un monje budista dice que cuando hay un diálogo verdadero ambos lados están dispuestos a cambiar. Por eso yo creo en el diálogo, creo que hablar con otro siempre es bueno, hay un intercambio que ayuda y enriquece a las dos partes.

   Lo malo es que, en algunas ocasiones, solo uno de los “dialogantes” habla, y la otra parte hace oídos sordos a esa conversación. Sin embargo, nos empeñamos en seguir hablando, a pesar de saber que no nos escuchan. A mí me pasa continuamente, concretamente cuando me pongo a hablar con las máquinas.

   Sí, yo le hablo a muchos de los aparatos que me rodean en mi quehacer diario. Sé que no me oyen pero les hablo y además espero que me contesten. Aquí van unos ejemplos.

   El ordenador. 

Mi "querido" ordenador

   Le hablo todos los días, generalmente son frases cortas, del tipo:

– Bueno, a ver qué tal se nos da hoy.

– ¿Ya te has actualizado o me vas a dar la coña?

   En cambio, otras veces la conversación sube de tono, especialmente cuando él no responde a mis mandatos, es decir, le doy a “intro” y no hace nada. En estos casos, antes de ponerme a dialogar, suelo insistir presionando varias veces la tecla en cuestión, no sea que ese día mi portátil esté poco receptivo y no haya notado la pulsación. Cuando la insistencia tiene el mismo resultado, es decir, que nada, es cuando ya empieza mi charla.

– Venga, ¿pero qué pasa? Vaaamos, ejecuta ya. ¡Que es para hoy!

   En algunas ocasiones, mi ordenador tiene a bien contestarme con la imagen de un despectivo redondel azul dando vueltas, otras veces ni siquiera se digna a eso, simplemente no hace nada. Pasa de mí, olímpicamente.

   Claro, que peor es cuando sí que hace algo, pero algo diferente a lo que yo quiero. Por ejemplo, le mando que me grabe un documento y él decide borrarlo. No voy a poner aquí las palabras que le dedico en esas ocasiones porque sería de muy mal gusto.

El espectrofotómetro.

Mi "querido" espectrofotómetro

   Otra máquina con la que suelo charlar –más bien discutir– es con el espectrofotómetro del laboratorio. Para los legos en la materia, aclararé que un espectrofotómetro es una máquina que mide concentraciones de sustancias químicas basándose en el paso de un haz de luz a través de la muestra y la cantidad de luz que absorbe la misma. Podría ponerme más técnica pero creo que no procede.

   En ese aparato suelo introducir, tras laboriosos procesos químicos, muestras para analizar. El aparato está conectado a un ordenador, que sirve de “comunicación” para mandar diferentes mensajes, además de dar los resultados pertinentes. En principio, el método es sencillo: se enciende el aparato, hace un chequeo de las lámparas con las que trabaja, y se abre una bandeja donde yo introduzco las muestras. Hasta aquí todo bien. 

   El caso es que, a veces, a mi espectrofotómetro le da por cerrar la mencionada bandeja antes de que yo haya terminado de colocar las muestras, y entonces le suelo decir:

– Ehhhh, ¡espera, que aún no he acabado!

   Esta frase suele ir acompañada de algún que otro exabrupto, que por educación no escribo aquí. 

 He comentado que este aparato tiene un ordenador a través del cual manda mensajes para comunicarse con el usuario. Puede parecer una buena idea, la máquina no habla pero sí puede escribir. Vale. Lo malo es cuando los mensajes son equívocos y dan lugar a confusión.

  Un día, ya con las muestras colocadas dentro de la bandeja y listo para hacer la lectura, el espectrofotómetro me manda un mensaje diciendo “Error, fallo de lámpara”. Previamente, en el chequeo inicial, me había mandado un mensaje que decía “Estado de lámparas: OK”. Así que lo primero que le dije fue:

– ¿En qué quedamos? ¿Las lámparas están bien o no?

   Viendo que no me contestaba y que las muestras tenían un corto período de viabilidad me empecé a poner nerviosa –el trabajo de toda una mañana se podía ir al garete– e hice lo que suelo hacer en casos parecidos: acordarme de toda la parentela del ingeniero que diseñó la máquina. 

   Quité las muestras, chequeé otra vez el aparato, con los mismos resultados. “Error, fallo de lámpara”. Dado que en el nuevo chequeo me había vuelto a decir “Estado de lámparas: OK”, juro que llegué a mirar las lámparas que alumbran el laboratorio por si se trataba de una conspiración tecnológica o algo así.

   Después de momentos de angustia y cabreo a partes iguales, entrando ya en pánico –las muestras estaban a punto de desnaturalizarse irreversiblemente–, descubrí que uno de los dos cables que unen el espectrofotómetro con el ordenador estaba desenchufado. Así que el fallo era de “cable” no de “lámpara”. Esto acabó con unos cuantos reniegos por mi parte dedicados a mi querido espectrofotómetro.

  Las máquinas no se suelen comunicar, pero cuando lo hacen, lo hacen mal. Así que casi es preferible que no digan nada.

   Hay más aparatos con los que dialogo sordamente pero eso ya lo contaré otro día. Ahora me voy publicar esta entrada en el blog y seguramente, ya de paso, mantendré una animada charla –y sorda–con mi fibra óptica de internet.



31 comentarios:

  1. Madre mía, que paciencia tienes con ellos. Yo le hubiera metido fuego, mas de una vez, al pc pero luego recuerdo que tengo una dependencia desmedida hacia él para todo lo relacionado con el blog....y le perdono la vida después de ponerle siete velas negras. Besos

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    1. Tienes razón, Marina, al final les perdonamos porque dependemos de ellos más de lo que nos gustaría reconocer.
      No es mala idea esa de lanzarles una maldición, jajaja.
      Un beso.

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  2. Todos hemos tenido esta especie de monólogos con nuestros aparatitos tecnológicos. Todos hemos perdido la paciencia con ellos y los hemos mandado a la M. Pero después no ha habido más remedio que perdonarles la vida como dice Marina, por la dependencia a la que estamos sometidos.
    Lo del espectrofotómetro y el ordenador es una conjura, ya te lo digo yo. o eso o una discusión de pareja, pues cada uno dice una cosa diferente por culpa de que a uno de ellos se le han cruzado los cables.
    Interesante entrada de risa, cuando no le ocurre a uno.
    Besos

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    1. El tema de la dependencia de esas máquinas daría para otra reflexión, pero de las serias, porque a veces nos creamos necesidades 'innecesarias'.
      Yo también creo que las máquinas se comunican entre sí y se ponen de acuerdo para hacernos la puñeta todas a la vez.
      Un beso.

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  3. Ya quisiera yo poder enfadarme con mi fibra óptica, pero ¡¡no tengo!!. Es lo malo de vivir en un pueblo. Aún no ha llegado. Claro que el instituto está en Santander capital y llevamos todo el curso pasado esperando que se llegue a acuerdos entre la Consejería de Educación y telefónica.
    En resumen, quetanto en casa como en el insti mi cabreo enorme es con la conexión y su frecuente lentitud.
    Muy buena tu entrada que veo que la fibra óptica te permitió publicar sin mayores problemas. Me he divertido mucho.
    Un beso.

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    1. Mi fibra óptica, generalmente, se porta bastante bien, pero es que yo tampoco la hago trabajar mucho, así que no se puede quejar. No obstante, hay veces que anda remolona y se hace de rogar. En esas ocasiones mis diálogos son para ella y para el proveedor de telefonía por lo cara que me resulta.
      Un beso.

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  4. Muy simpáticos estos diálogos que nos compartes, en los que me encuentro bastante identificada, Kirke. Yo suelo maldecir a mi aspiradora cada vez que se da vuelta y se apaga sin mi permiso, y a mi lavarropas, cuando me amenaza con no abrir sus compuertas al terminar un lavado y me hace esperar un rato.

    Un beso grande y buena semana!

    Fer

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    1. Yo también le hablo a la aspiradora por los mismos motivos que tú, decide apagarse sin mi consentimiento. La lavadora, el lavavajillas y hasta el microondas también son objeto de mis charlas.
      Empiezo a pensar que soy una charlatana :(
      Un beso, Fer.

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  5. Hola! Muy buena entrada! Yo al ordenador también le digo de todo... el pobre debe estar harto pero se comporta bastante bien. El que peor parte se lleva es el del trabajo que es de la era de los dinosaurios, jajajajaja!

    Un saludo!

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    1. Quizás el ordenador de tu trabajo lo que está pidiendo es ya la jubilación, pobre, también estará ya harto de tanto currar.
      Un saludo, Beatriz.

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  6. Pues tienes razón, ahora que lo dices (lo escribes, más bien) yo también hablo con los aparatos, a veces me enfado y en otras me los comería a besos, cuando son obedientes y rápidos. Muy buena esta entrada animista. Un beso, Kirke.

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    1. Reconozco que yo hablo con las máquinas solo cuando se portan mal, quizás debería ser más justa y también decir palabras de elogio cuando funcionan adecuadamente. Me falta mano izquierda. Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones.
      Un besote.

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  7. Se me ha dibujado una sonrisa pues parece que hasta te esté oyendo, Kirke. Si es que no me extraña que más de una vez te entren ganas de mandarlos...a la porra, sobre todo, al aparatejo ese con el que mides concentraciones de sustancias químicas.
    A mí, el que más rabia me da de todos es el cajero, cuando le pido dinerito y emplea su monólogo "fuera de servicio" ;-)

    ¡Un beso, y feliz dia pre-festivo!

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    1. Yo a los cajeros no les suelo hablar porque tengo miedo de que me escuche alguien que pase cerca y me mande al manicomio.
      Buen día también para ti, hoy festivo y lluvioso.
      Besos grandes.

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  8. Lo que me he reído kirke jeje, es muy bueno. Yo al ordenador también le he soltado algún que otro improperio dado que nos hemos cambiado de compañía telefónica y ahora va mas lento que antes, y hay veces que le digo de todo, ahora con quien mantengo yo conversaciones son con mis plantas, les digo d etodo, jeje, eso si con los cajeros que te juegan malas pasadas mejor no que me pueden mirar con cara como diciendo esta señora esta un poco majara jejej,. un beso y buen día festivo. TERE.

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    1. Hablar a las plantas es lógico y coherente, son seres vivos que captan los estímulos del exterior. Dicen que pueden apreciar el tono y la vibración de las voces. No sé si será cierto, pero en cualquier caso estoy segura de que es más razonable que hablarle a las máquinas.
      Un beso, Tere.

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  9. Ja, ja, ja, muy divertida esta entrada. Yo también hablo con muchos «aparatos», pero estos son de carne y huesos.
    Saludos.

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    1. Aparatos de carne y hueso? Te refieres a esas personas que tampoco escuchan? Yo, a ese tipo de gente los llamo "muebles", jajaja.
      Un saludo, Raúl.

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  10. También me he divertido mucho, imaginándote en esos diálogos con tus "amigas" máquinas, que conspiran en ocasiones sin que tú te des cuenta para darte la mañana, como esa que nos relatas con el espectrofotómetro para poder medir las concentraciones de sustancias químicas de esas muestras que casi estuvieron a punto de darte un buen disgusto... ¡Qué estrés dios mío! Afortunadamente todo quedó en un susto, pero ¡vaya con el cable!
    Yo también tengo alguna que otra charla con mi PC cuando está realizando las dichosas actualizaciones y no hay forma humana de que termine, porque voy siempre con el tiempo justo y me parece una eternidad la espera.
    Tampoco empatizo demasiado con las máquinas, lo reconozco, ya que soy mucho más experta en estropearlas que en conservarlas en buen uso.

    Un placer pasarme a dejarte mi huella y gracias por tus visitas.

    Un beso.

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    1. A mí la última actualización de mi ordenador casi me cuesta un infarto y una separación definitiva con la máquina; después de tirarse toda una noche actualizando, cuando se reinició se quedó bloqueado y no arrancaba. Los sapos y culebras que salieron por mi boca son indescriptibles. Menos mal que tenía un médico en casa (mi marido es informático) y lo reanimó.
      Estos cacharros nos ayudan mucho, pero a veces nos complican la existencia.
      Un placer verte por aquí. Gracias a ti por pasarte.
      Un beso grande, Estrella.

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  11. Yo no me atrevo a poner por escrito todo lo que sale por mi boca cuando me falla el ordenador, la única máquina con la que tengo una relación duradera. Una entrada muy divertida, además he aprendido lo que es un espectrofotómetro, siempre me llevo algo de cada visita, jeje.
    Saludos.

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    1. Creo que las relaciones que todos tenemos con nuestros ordenadores son muy parecidas a las de pareja (salvo algunos aspectos evidentes, claro) porque generalmente estamos a gusto con ellos, pero eso no quita que de vez en cuando haya roces y la cosa acabe en bronca.
      Un saludo.

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  12. Yo creo que los aparatos están programados para comportarse de un modo u ortos según el carácter del usuario. Normalmente (y este es mi caso) se muestran revoltosos, peleones e incluso intransigentes con personas especialmente "sensibles", es decir escrupulosas y nerviosas, de esas que pierden fácilmente la paciencia cuando algo no funciona como debe.
    Y también me peleo con mis "máquinas" (sobre todo con el móvil).
    Un abrazo.

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    1. P.D.- Y con el ordenador, cuando el teclado no responde a mis deseos y no marca algunas letras: "ortos" en lugar de "otro", y "Y" en lugar de "Yo". Pero en esto creo que son mis dedos los culpables, jeje

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    2. Vas a tener razón con lo de que las máquinas se comportan diferente según con quién. Mi marido es informático, y más de una vez que le he llevado el portátil porque me daba problemas, cuando él se ha puesto todo funcionaba correctamente. Me pongo de una mala uva...
      De mis problemas con el móvil acabo de escribir en la segunda parte sobre mis complicadas relaciones con las máquinas. Si la lees, te darás cuenta de que yo no me llevo muy bien con el teléfono.
      No te preocupes por esas faltas, sé que tú no eres el culpable, es el dispositivo, que lo hace aposta para fastidiar. Seguro.
      Besos.

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  13. Muy bueno Kirke, me he reído y me he sentido identificada por esas conversaciones con mi portátil cuando se dedica a actualizar, odio esa ruedecita que parece atraparme, ¿no sera hipnótica? y me has hecho pensar que "hablo" con frecuencia con los aparatos y en distintos tonos dependiendo de mi nivel de estrés, aunque viendo que no soy la única dejo de preocuparme.

    Estoy con Chelo casi te podía ver hablando con tus aparatejos.
    Besos

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    1. Compruebo, con cierta tranquilidad, que no soy la única que habla a las máquinas, lo que quiere decir que no soy tan rara. Es un consuelo.
      No es por llevaros la contraria a Chelo y a ti, pero no creo que me oigáis realmente cuando estoy en lo más álgido de la discusión con mis aparatos. Al menos no me gustaría, porque saco a la superficie la barriobajera que llevo dentro.
      Un beso grande, amiga.

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  14. Espero que este post tenga muchas y largas secuelas; para ti será muy frustrante "hablar con ellas" y que te salgan por peteneras, pero a mí me ha resultado de lo más divertido. Además tu estrada es terapia pura (de grupo, para más señas) porque no creo que ninguno podamos decir que no sabemos de lo que estás hablando. Mal de muchos... :P

    Yo me considero también dialogante, pero en lo tocante a las máquinas, cuando la cosa se tuerce, siempre pienso en la consigna familiar para estos casos: como me harte la tiro por el "ojo patio", y en eso que en mi edificio no hay jajajaja.

    Genial, Kirke, y gracias por compartirnos un poquito de tu excelente sentido del humor :))

    ¡Un súper beso de jueves!

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    1. No había visto esta entrada como una terapia de grupo, pero tienes razón. He comprobado que lo que me pasa a mí con las máquinas le suele ocurrir a los demás. Eso quiere decir que no soy tan rara, y es reconfortante.
      Gracias, Julia, por tu paso y por tus palabras.
      Que tengas un buen fin de semana.
      Un beso grande, grande, grande.

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  15. Me he reído mucho con tu relato, no te conozco , buen si por foto. Te oigo , quizás es por que me identifico contigo. Yo confieso que me cabreo mucho con las máquinas. Me teníais que oír, ¡ufff!. Hace poco en el ordenado tuve un virus que me relentizaba todo el sistema. No veas las barbaridades que le decía a mi pequeño ordenador. Pasaba el antivirus y en balde cada poco aparecían los virus por todos los sitios sobre todo en el blog, y en Google, solo en internet. Me aparecía un nuevo antivirus que lo tenia que pagar para quitarlos. Yo si lo pinchaba eran mas virus. Hasta que pudo venir mi hijo y limpiarme el ordenador tenia 1276 virus. Le llamaba a mi hijo y estuvo como dos horas y tuvo que ponerme otro antivirus. Menos mal que vino él a despedirse que se iba de vacaciones sin no esto no funcionaba. Ahora va como un tiro. Otro es el móvil madre mía creo que ya no quiero otro. Me peleo con las máquinas continuamente. Un abrazo

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    1. Lo de los virus en el ordenador es algo me solo de pensar la que se puede liar como te entre uno ya me pongo a temblar. Yo cuento con ventaja, porque mi marido es informático y me lo tiene siempre al día con el calendario de vacunación. No obstante, el riesgo de que enferme siempre estará ahí.
      Un beso.

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Hada verde:Cursores
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