1 de julio de 2016

Sor Marcela de San Félix

Retrato de David Serrano (Casa-Museo de Lope de Vega)
     Para la sección Poemas y Cantares del mes de julio vuelvo a traer una mujer. En este caso se trata de Marcela del Carpio, más conocida por Sor Marcela de San Félix

   Marcela nació el 8 de mayo de 1605 en Toledo. Fue el fruto de los amores ilícitos y extraconyugales entre una actriz de teatro, Micaela Luján, y un famoso escritor, Lope de Vega. Al estar los progenitores casados –pero no entre sí– decidieron registrar a la niña como hija de padres desconocidos. Lope, mujeriego y prolífico en hijos casi tanto como en obras, tuvo otro vástago más con la cómica, Lopillo, al que sí reconoció desde el principio, posiblemente por ser varón. Micaela y su hermano se criaron con una sirvienta hasta que falleció la segunda esposa de Lope de Vega; es entonces cuando se trasladan a vivir a Madrid con su padre.

Jardín-huerto de la casa de Lope de Vega

   En la casa de su padre aprende a leer y escribir –dicen de Lope que no fue un buen marido pero sí un buen padre, en cuanto a educación se refiere– y recibe una formación que en aquella época le estaba vedada a las mujeres. Sin embargo, la convivencia en ese domicilio no era ni buena, ni edificante. Los continuos devaneos amorosos de su progenitor y el constante desfile de amantes no eran del agrado de la futura monja.

   Marcela decide, con tan solo 16 años, profesar en el convento de las Trinitarias Descalzas.

Me escapé a suelo sagrado como hacen los delincuentes, para huir del poco cariño que me mostraba mi padre y las molestias que le causaba

   En realidad tan solo se desplazó unos metros del lugar donde había crecido, porque el convento se encontraba en la calle paralela a la del domicilio paterno.

   Dicen que el ingresar en ese convento fue para poder allí desarrollar libremente sus inquietudes intelectuales. No en vano, el convento de las Trinitarias era considerado como uno de los más prestigiosos por la biblioteca que poseía y por el amor que dedicaban sus moradoras no sólo a Dios sino también al estudio. Por cierto, en dicho convento estaba (está) enterrado Miguel de Cervantes.
Convento de las Trinitarias Descalzas
   En cualquier caso, parece que Marcela encontró allí la paz que no tuvo en la casa paterna. Tras los muros del cenobio desarrolló su afición por la escritura, declarándose digna hija de su padre pues la calidad de sus escritos fue muy buena. Además fue la única de todos los hijos que Lope tuvo –dicen que 17– que se dedicó a la literatura. Fue una de las principales escritoras de teatro conventual de la época. Escribía obras de teatro para entretenimiento de sus compañeras de clausura; incluso llegó a participar como actriz en alguna de ellas.

    En la actualidad se conserva muy poco de su creación pues, para desgracia de la posteridad, un confesor le aconsejó que quemara gran parte de lo que había escrito por considerarlo inadecuado e inapropiado en una mujer. De lo que se salvó de la quema, gran parte fue censurado al tener pasajes humorísticos demasiado picantes.

   Marcela vivió hasta los 81 años, falleció el 9 de enero de 1687.

   Aunque se dedicó principalmente a escribir obras de teatro, también practicó la poesía. Dado que la orden en la que profesó es de clausura, la soledad fue una constante en su vida. El recogimiento que proporciona puede ser útil para la introspección y el examen de conciencia. Sea como fuera, escribió una Loa a la soledad de las celdas. Es bastante larga por lo que he trasladado aquí una parte de esos versos.

Si yo espíritu tuviera
y elocuencia soberana,
de la amable soledad
dijera las alabanzas,

pero soy muy ignorante
y en el espíritu zafia,
y pudiendo decir tanto,
u diré muy poco u nada.
Alaben la soledad
las almas exprimentadas:
las que en dichosa quietud
a su tierno esposo abrazan.

La estrecha conversación
que tienen con Dios las almas
en la soledad alegre,
las hace humildes y sabias,

porque el Espíritu Santo,
cuando ama mucho a las almas,
las lleva a la soledad
y a los corazones habla.

Y las palabras que dice,
tan substanciales y claras,
son de heroica perfección
y santidad consumada.

En la soledad parecen
estas apariencias, falsas,
que el mundo vende por buenas,
con infinidad de faltas.

En la soledad se quitan
las nubes grandes y opacas,
y el alma, llena de luz,
toda la verdad abraza.

En la soledad se vencen
las pasiones mal domadas,
los sentidos se componen,
los apetitos se matan.
En la soledad se gozan
favores y glorias tantas
que, si no tuviera fe,
por eternas las juzgara.

En fin, todas las virtudes,
todos los dones y gracias,
en la soledad feliz
se comunican al alma.

Entrad, pues, madres gozosas,
fervorosas y animadas,
que el Señor que dio las celdas
también dará lo que falta.
Que si faltase el espíritu
y la oración en el alma,
más que santa religiosa,
será mujer encerrada.

A todas sus reverencias
comunique Dios su gracia
para que, viviendo solas,
estén bien acompañadas.

Sor Marcela de San Félix (1605-1687)

   Independientemente de las creencias religiosas –o de su ausencia– creo que saber disfrutar de la soledad reporta buenos resultados. Si conseguimos sacar provecho de esos momentos en los que estamos a solas con nosotros mismos, podemos estar en la mejor de las compañías: la nuestra.






28 comentarios:

  1. Hola! No la conocía, pero la poesía nunca ha sido mi fuerte, jeje! Muchas gracias por la información, y por las fotos que son estupendas.

    Un saludo!

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  2. Hola Kirke:
    Salgo unos días de vacaciones y te diré que estos fragmentos de sor Marcela de San Félix me ha llegado al alma. Quienes amamos la lectura, apreciamos en lo que vale esta soledad que alaba la hija del "Monstruo de la Naturaleza" Lope de Vega.
    Es una pena el trato despectivo que un padre tan excelso en las letras dio a la hija que tuvo con Micaela Luján. No tiene justificación alguna pero en el XVII la mujer era poco menos que nada y si era algo había de serlo para dar gusto al hombre. Lope fue uno de estos que como diría Machado siglos más tarde 'amó todo cuanto ellas puedan tener de hospitalario'.
    Un abrazo, un beso y felices vacaciones

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    1. Encantada que estos versos sobre la soledad y sus beneficios te puedan ser de complemento a esas vacaciones.
      Espero que descanses y que disfrutes de ratos a solas y también de esparcimiento con tus amigos y familia. Que de todo hay que tener.
      Un beso, Juan Carlos.

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  3. Tu texto me trae remembranzas de un paseo por la calle Huertas, donde una placa pétrea nos recuerda y retrotrae a la inquilina que habitó tras los muros de las trinitarias. Ni más ni menos que una de las hijas del Fenix de las letras y amante compulsivo, al igual que inconstante y baladí en sus relaciones amorosas.
    Pena da que la iglesia tan obtusa ella, hiciera perder por mano de uno de sus guardianes con sotana, mucho de la obra de esta autora, religiosa ella, pero sensible como lo fue Santa Teresa, otra gran mujer que sorprendió con su maestría y dejó confundidas y avergonzadas con su brillantez, a tantas almas presumiblemente puras y pacatas.
    Y es que las mujeres siempre tienen mucho que decir y por ello se las calla.
    Gracias por traernos el recuerdo y las letras de esta fémina enclaustrada.
    Besos

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    1. Mientras que escribía esta publicación tuve en mente nuestro paseo por la calle Huertas, y cómo nos paramos ante la placa que recuerda la estancia, en el edificio que allí se encuentra, de esta monja tan singular.
      Las mujeres siempre han tenido mucho que decir, supongo que tanto como los hombres, el problema es que la mayoría de las veces no se las dejaba expresarse.
      Besos.

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  4. Aplaudo la calidad de esta crónica biográfica que me ha dado a conocer a un personaje totalmente desconocido para mí.
    Supongo que, tratándose de un convento de clausura, Lope no llegó a conocer las obras de su hija natural. Una pena.
    Por otra parte, resulta cuanto menos llamativo que a una monja de clausura se le permitiera escribir y representar obras de teatro, y más extraño todavía que escribiera textos subidos de tono. Claro que habría que saber qué se consideraba en esa época y por parte de un sacerdote un texto picante.
    De no haberse recluido en un convento, seguramente hubiera sido una famosa dramaturga y poetisa.
    Un abrazo.

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    1. Las obras que escribió sólo estaban destinadas a sus compañeras de clausura. Era una manera de distraerlas, y en las representaciones ella misma se ofreció como actriz (de casta le viene al galgo, que su madre se dedicó a esa actividad). Pero esas intervenciones como cómica sólo se producían dentro de las paredes del convento.
      No tengo yo tan claro que de no profesar hubiera sido una dramaturga famosa. Creo que su futuro hubiera estado encaminado a casarse y tener descendencia. Ella supo ver que en un convento tenía más posibilidades de acceder a la cultura y más tiempo para dedicarse a escribir, sin los frenos que un marido le pudiera poner (aunque para eso ya tenía a su confesor).
      Lo que se consideraba picante para aquella época, pues vete tú a saber. Seguro que no era nada escandaloso, pero bastaba que lo dijera una mujer para que aquello se magnificara.
      Un abrazo.

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  5. Muy interesante, Kirke porque es una historia de la que conocía poco y eso poco por lo que tú nos contaste a la puerta del convento. Me ha parecido muy hermoso el poema. Yo no emplearía la soledad para alabar a dios, pero me pondría morada de leer y escribir. A veces he mirado con envidia la vida del cenobio por esa oportunidad que me daría... si no fuera por lo que hay que madrugar.
    Muy buena la entrada poética de este mes de Julio.
    Un beso.

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    1. Esa vida de recogimiento y tranquilidad creo que fue lo que animó a la joven Marcela a tomar los hábitos. Sabía que el convento le ofrecía una posibilidad para acceder a sabiduría que fuera de la vida monacal, y por su condición femenina, le estaría vedada.
      Poder leer y escribir cómodamente bien vale un buen madrugón. Además, en el convento se acuestan pronto....
      Besos.

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  6. Qué buen post Kirke. Siempre me ha llamado la atención esta mujer porque me parece muy muy avanzada para su tiempo.
    Opino igual, aunque me falten creencias religiosas la soledad nos ayuda a estar felices con nuestra propia compañía. Hace mucho en un jueves reflexivo hablé de la soledad, yo por ejemplo, la necesito, no mucha, solo pequeñas dosis, pero me hace falta no puedo estar siempre acompañada, necesito mis momentos para pensar.
    Un besito y me ha gustado que Lope fuese un buen padre en cuanto a educación.

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    1. Hay personas a las que les asusta la soledad, no sé por qué, quizás porque no saben reflexionar o les asusta a dónde les puede llevar sus reflexiones.
      En cualquier caso, la soledad debe darse en pequeña dosis. A mí también me gusta tener mis momentos a solas conmigo, pero también necesito conversar, compartir con los demás, o simplemente sentir la presencia de los seres que quiero y que me importan.
      Por lo que tengo entendido, Lope le dio la misma educación a sus hijos, tanto si eran mujeres o varones, pero por aquello de que el apellido y la heredad se la quedan los hombres, siempre cuidó y se preocupó más por los hijos que por las hijas.
      Otra nota curiosa, ningún hijo varón de Lope de Vega le sobrevivió. Todas sus posesiones pasaron a una de las hijas legítimas. Mira tú por dónde.
      Un besote.

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  7. Hola,
    he encontrado tu blog en otro y me he pasado. No he leído mucha poesía la verdad, alguna sí, pero soy más de narrativa.
    Ya te sigo, si te interesa pasate por el mio: http://crecererasencillo.blogspot.com.es/
    Un saludo!

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    1. Hola, si no te gusta la poesía puedes encontrar aquí otro tipo de publicaciones que versan sobre narrativa. Lo que ocurre es que todos los inicios de mes los dedico a un poeta/una poetisa.
      Me paso por tu blog. Bienvenido.
      Un saludo.

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  8. Tan intenso como interesante, Kirke. Resulta notable que de esos dos padres haya salido una monja. Creo que es un caso como el de Sor Juana, una mujer que busca los hábitos para poder dar rienda suelta a su verdadera vocación artística. Interesantísima entrada!!!

    Un fuerte abrazo!

    Fer

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    1. Como ya he comentado, creo que Marcela eligió los hábitos monjiles para acceder a una cultura que de otra manera no hubiera podido disfrutar.
      Dicen que en la antigua Grecia, sólo las sacerdotisas de algunos templos eran las únicas mujeres que podían acceder a los libros de las bibliotecas.
      Un abrazo.

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  9. Ojalá se hubiera preservado parte de su obra. Una pena, es indignante. No sabía nada de esta mujer, el único de los vástagos de Lope, según dices, que heredó su talento y del que tan poco se ha ocupado la historia literaria oficial. Me quedo al menos con esa alabanza a la soledad, que volveré a leer con más pausa, muy util en estos tiempos.
    Un abrazo.

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    1. Esa alabanza a la soledad está dedicada, como no podía ser de otra manera, al recogimiento que se busca para encontrar a Dios. Pero yo creo que también es válido para los que no buscan ninguna deidad o ente superior, simplemente para los que buscan reflexión interior.
      Un abrazo.

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  10. Hoy en día hay monjas que cantan en realitys y otras que cultivan marihuana, que haya una que escribe poemas y obras de teatro suena normal, más siendo hija de Lope de Vega. Y para colmo va a parar dode duerme Cervantes, si esas no son señales...

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    1. Jajaja, comparándola con las monjas actuales sí que era muy normalita nuestra Sor Marcela.
      Entre la genética de su padre y la influencia "espiritual" de Cervantes tenía todas las cartas a su favor para escribir bien.

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  11. Muy interesante esta reseña histórica sobre un personaje que de no haber estado enclaustrada tal vez hubiera sido una de las grandes del panorama literario español del siglo de Oro. Tiene el Barrio de las Letras madrileño un encanto especial, con sus calles empedradas y peatonales y su ambiente tranquilo. Curiosamente la casa de Lope de Vega se encuentra en la calle Cervantes, con el que no tenía muy buena relación, y a unos trescientos metros tan sólo puede verse también el lugar donde estuvo la vivienda del autor del Quijote, tristemente derruída si no estoy equivocado a principios del siglo anterior. El convento de las trinitarias se encuentra como dices en una de las calles contiguas. Cuentan que a la muerte de Lope de Vega el cortejo fúnebre hizo una parada ante sus puertas para que su hija pudiera despedirlo. En definitiva una entrada muy interesante y bien estructurada. Un saludo.

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    1. Soy una enamorada del Barrio de las Letras, como tú bien comentas, pasear por sus calles es una delicia; cada rincón destila Historia. La casa de Lope, ahora museo, la visité hace poco y fue una visita muy instructiva.
      Cervantes y Lope vivieron en la misma calle, y el convento de las trinitarias se encuentra en la calle paralela (ahora llamada Lope de Vega), pero es que en una de las callejuelas que comunican las dos calles vivieron Quevedo y Góngora, otros que se llevaban muy mal entre sí.
      Por aquel entonces, Madrid era un pañuelo.
      Me alegro que te haya gustado la entrada. Bienvenido a este blog.
      Un saludo.

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  12. En la soledad se vencen las pasiones mal domadas...Qué preciosidad de poesía ¿y se autodenominaba ignorante en los propios versos, Sor Marcela?
    Me has traído muy buenos recuerdos, Kirke, por todo lo que contaste cuando nos vimos por aquella calle por la que anduvimos.
    Genial, genial. Lo cuentas todo tan bien y despertando tanta curiosidad por el personaje...
    Un beso enorme y feliz tarde

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    1. Esta publicación para mí tiene algo especial pues está ligada a ese paseo al que haces referencia. Suelo pasar a menudo delante de la placa que recuerda que allí vivió esta mujer, y que tú fotografiaste, pero a la memoria me viene siempre la vez que estuve allí contigo y con esos maravillosos compañeros de la blogosfera.
      Un besote.

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  13. NO sabìa que Lope de Vega era tan puerco, pero què perlita vaya vaya ... bueno, de las nostalgias provienen los sentimientos màs humanos creo yo.

    NO la conocìa a ella, a su padre sì y me gustaba, hasta hoy jajaja de ella invstigarè màs. A mì me gusta mucho el trabajo de Sor Juana Inès de la Cruz porque creo que ese elemento espiritualque se aporta en sus poemas, trae mucha paz y aporta algo que va en picada: valores positivos.

    Me parece ilògico, sin embargo, que mujeres tan inteligentes y que resulten tan sensibles, hayan tenido una infancia junto a padres tan frìos.

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    1. Al menos Lope de Vega se preocupó de que aprendiera a leer y a escribir, además de otras disciplinas. Quizás no le reportó mucho amor, pero sí educación.
      Quizás la soledad y tranquilidad del convento ayudaron a que pudiera desarrollar todo su potencial creativo, al igual que a Sor Juana Inés de la Cruz.
      Un abrazo, Leslie.

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  14. Desconocía esta vida de López de Vega y que tendría una hija monja. Me gustó que les diera buena educación a sus hijos ilegítimos. Me ha gustado mucho la poesía y que pena que no saldría a la luz todo sus obras. Seria una de las mujeres grandes de la literatura. Un abrazo

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    1. Estoy segura de que si hubiera sido un hombre su obra sería mucho más conocida y renombrada. Pero tuvo la 'mala suerte' de nacer mujer, en una época donde las mujeres solo servían para ser esposas y madres (o monjas).
      Un abrazo.

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