16 de noviembre de 2017

Trotula de Salerno


Nueva entrega de Demencia, la madre de la Ciencia.

Todos los personajes que por esta sección pasan tienen en común la locura. La demencia que provoca la ciencia es un rasgo muy común entre los científicos, pero creo que de todos ellos las mujeres son las que más acusan esta característica. Porque además de bregar con lo que implica investigar tienen un inconveniente añadido: su condición femenina en un mundo que se rige por normas establecidas por hombres.

Hay que estar loco para dedicarse a la ciencia y encima ser mujer.

A lo largo de la Historia ha habido muchas mujeres científicas, pero en la memoria común permanecen muy pocas, incluso en la memoria de los que a la Ciencia se dedican, es decir los científicos –algo que es imperdonable–. Marie Curie y unas poquitas más son conocidas por casi todo el mundo, pero hay otras mujeres que contribuyeron sustancialmente a la Ciencia y hoy son unas completas desconocidas.

Entre este grupo de mujeres se encuentra Trotula de Salerno. Esta mujer apenas aparece en los libros de Historia, hasta tal punto que algunos autores contemporáneos dudan de su existencia. Y es que el acoso y derribo de este personaje fue tal que en los tratados que escribió se cambió su nombre por el equivalente masculino (Trottus) para finalmente borrarlo y dejarse de contemplaciones. 

Reconozco que yo nunca había oído hablar de Trotula hasta que leí una obra de Margaret Alic, 'El legado de Hipatia'. De hecho casi todo lo que voy a contar sobre esta mujer está tomado de ese libro pues apenas hay referencias sobre este personaje en ningún otro lugar.


Trotula de Salerno perteneció a un conjunto de mujeres que practicaban la medicina, e incluso la cirugía, en el siglo XI y a las que se llamaba “Las damas de Salerno”.

Salerno es una localidad del sur de Italia y fue un referente en medicina en la Edad Media gracias a su escuela. Además, la Escuela de Salerno fue el primer centro médico que nada tenía que ver con la Iglesia. Se la considera la primera universidad europea.

En este centro de erudición y estudio se traducían textos sobre medicina de los antiguos griegos que habían sido previamente analizados por los árabes,  debido a lo cual dicha traducción se hacía del árabe al latín.

Esta escuela, o universidad, no tenía inconveniente en aceptar mujeres entre sus alumnos e incluso entre sus profesores por lo que la presencia femenina en las aulas era frecuente. Esta buena costumbre se perdió tan solo cien años después cuando se excluyó a las mujeres de la educación superior y se empezó a desdeñar los trabajos previos de estas hasta ningunearlas y hacerlas desaparecer como autoras de sus propios escritos.

No se sabe con exactitud cuándo nació Trotula, lo hizo en Salerno y se cree que en los inicios del siglo XI porque parece que sí hay constancia de su muerte en el año 1097 y que falleció muy anciana.

Trotula perteneció a una familia noble, los Di Ruggiero. Estudió en la Escuela de Salerno y también impartió clases. Se casó con un médico, Johannes Platearius, y tuvo dos hijos que también ejercieron la medicina. 

Parece ser que toda la familia, los padres y los dos hijos, trabajaron durante años escribiendo una enciclopedia de medicina, la 'Practica brevis'. Pero su obra más importante fue 'Passionibus mulierum curandorum' (Curación de las dolencias de las mujeres).

Antes de seguir me gustaría pedir perdón por los latinajos, pero en aquella época el lenguaje empleado para los textos científicos era el latín (ahora es el inglés).

En el Passionibus se trata minuciosamente todas aquellas enfermedades propias de la mujer, es decir, es un tratado de ginecología en su mayor parte.

En este tratado se dan una serie de indicaciones que hoy pueden parecer obvias pero que en el siglo XI eran mucho más extrañas. Por ejemplo, se insiste en la importancia de la higiene para prevenir enfermedades, advierte de los peligros que conlleva la angustia y el cansancio mental y físico derivado de un estado de nerviosismo permanente (estrés) y se aconseja una dieta equilibrada combinada con ejercicio –esto último es actualmente la coletilla de todo médico de atención primaria–.

Este tratado también se caracteriza por una peculiaridad que a mí se me antojó muy curiosa: ‘aconseja remedios sencillos y baratos para los pobres’. Esta intención de que la salud llegue a las clases más humildes me parece llamativa y digna de encomio. 

Pero Trotula no solo habló de enfermedades, fue más allá. También escribió sobre el control de la natalidad y de cómo combatir la infertilidad. Toda una progresista. O quizás no. Antes de entrar en la oscuridad absoluta del siglo XII con sus trovadores cortesanos que loaban a la mujer como un objeto por el que guerrear pero también decorativo, las mujeres eran consideradas en muchos ámbitos y sus opiniones se tenían en cuenta.

Trotula también fue la primera persona en indicar cómo coser un perineo rasgado tras un parto: “Algunas mujeres son dañadas durante el parto por errores de los que las atienden. Hay algunas para quienes vulva y ano se convierten en un solo paso”. Además sugirió técnicas para colocar al inminente bebé en la posición más adecuada para que no se dé el desgarro. Aquí vuelvo a pedir perdón, en este caso por las escenas que describo, pero si ya todos sabemos que vivir no es fácil, nacer lo es aún menos.

En honor a la verdad no todo lo que escribió Trotula era sensato. No olvidemos que vivió en la Edad Media y por muchos estudios que se tuvieran, la investigación científica estaba muy verde. Por ejemplo, para las personas obesas tenía un tratamiento algo peculiar –por decirlo de una manera suave–, los obesos debían untarse con boñiga de vaca y vino para después colocarse sobre arena caliente. 

No voy a entrar en más detalles de este escrito, tan solo plasmar la opinión de una colega suya pero del siglo XX, Kate Campbell Hurd-Mead (obstetra): "Se adelanta mucho al siglo XI en cuanto a cirugía así como en el cuidado de la madre y del niño en el postparto".

El Passionibus fue un auténtico best-seller en el siglo XI y en los que le siguieron. Fue copiado con frecuencia y como aún no existía la imprenta fue en este proceso de copiado donde empezaron los problemas para Trotula.

En las sucesivas copias que se dan a lo largo de los años el nombre de su autora se va cambiando e incluso se las atribuyen a su marido. El golpe definitivo para llevar a Trotula al olvido viene cuando uno de estos copistas cambia su nombre por la forma masculina, Trottus. 

Para más inri, y ya con la existencia de la imprenta, a algunos editores no les hacía ninguna gracia que una mujer escribiera sobre ciencia en general y menos aún sobre aparatos sexuales y reproducción en particular.

A pesar de esos copistas y editores malintencionados, aún había cierto recuerdo de esta mujer. Pero ya se encargaron otros de terminar la faena. Charles Singer, un historiador de medicina del siglo XX, alegó que el tratado era "una obra de erotismo disfrazada de ginecología" y que el verdadero autor se hizo pasar por una mujer "para ocultar su naturaleza pornográfica". Menuda pieza el tal Singer.

Pero hubo más mentes '¿eruditas?' (y masculinas) que contribuyeron a denostar a Trotula. Karl Sudhoff, un médico alemán del siglo XIX especializado en Historia de la medicina, estableció que las damas de Salerno eran todas comadronas y enfermeras pero no médicas y por tanto ninguna hubiera podido escribir un tratado de obstetricia ya que para ello se necesitan conocimientos demasiado complicados para una mujer.

Otro inciso: si alguno tiene problemas para representarse cómo sería una conversación entre dos hombres del Paleolítico que se imaginen a Singer y a Sudhoff hablando juntos. Es más, yo estoy en la idea de que Darwin habría tenído sus dudas sobre la evolución si hubiera conocido a estos dos impresentables.

Puede que a estas alturas y con historiadores de la catadura de Singer y Sudhoff uno pueda dudar de la existencia de Trotula pero lo que nadie cuestiona es que en la Italia medieval sí pudo existir alguien así y si no fue Trotula quien escribió el Passionibus fue otra mujer. Porque solo una mujer en aquella época se puede preocupar tanto por evitar los daños de un parto, solo una mujer en aquella época puede pensar en la contracepción, solo una mujer en aquella época puede interesarse tanto en el cuidado del recién nacido para evitar la alta mortandad infantil.

Terminaré con una frase de Dra. Hurd-Mead sobre este tratado:

Se nota la mano suave de la mujer doctora en cada página. Está lleno de sentido común y es muy práctico.



12 de noviembre de 2017

"Los pacientes del doctor García"-Almudena Grandes

Esta es la cuarta novela de la serie Episodios de una guerra interminable. Después de Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, Almudena Grandes nos vuelve a contar episodios de la Guerra Civil española a través de personajes ficticios que pudieron ser reales y que convivieron con otros que aparecen en los anales de nuestra Historia.

La novela que nos ocupa es” la historia de tres impostores” y ficticios los tres: Guillermo, Manolo y Adrián. Tres hombres que perdieron una guerra y también su identidad, pues para poder sobrevivir necesitan cambiar de nombre y de ocupación. Guillermo y Manolo pertenecían al bando republicano y Adrián luchó en el rebelde y los tres perdieron. Porque para perder una guerra no es necesariamente obligado formar parte del bando vencido. La derrota puede afectar de muchas maneras y las batallas no solo se libran con un fusil.

Esta es la historia de hombres y mujeres que, cada uno a su modo, libraron una guerra personal al mismo tiempo que se daba otra entre ejércitos. Algunos eligieron el bando en el que luchar de manera voluntaria, otros se dejaron llevar por las circunstancias y se amoldaron como buenamente pudieron, aceptando lo que el destino les deparó. 

Y todos sufrieron las consecuencias de una lucha fraticida. Cuando el enemigo es tu vecino, cuando en el bando opuesto se encuentra un antiguo compañero del colegio o un familiar, cuando el enfrentamiento se da entre hermanos nadie sale vencedor de esa lucha; todos, de una manera u otra, acaban perdiendo.

Esta es la historia de tres hombres que afrontan su derrota y el precio que han de pagar para poder sobrevivir. Ese precio consiste en renegar de uno mismo hasta tener que cambiar de nombre e identidad, hasta cambiar de forma de pensar y actuar de manera contraria a los propios ideales. Vivir en la impostura es la única salida para poder vivir.

Es la historia de tres hombres que viven a pesar de todo y eso les hace sentir culpables, pero ¿se puede culpar a alguien por querer vivir?

Esta es la historia de hombres y mujeres que hacen cosas que están mal, o a lo mejor no ya que “nunca se duda de estar obrando bien porque se siguen los principios inculcados desde pequeño y por eso se mata sin sentirse un asesino”. Es la historia de hombres y mujeres que se preguntan “¿Qué estás haciendo?”o “¿Qué has hecho?” y se contestan “No lo sé”. 

Pero cuando “algunos prefieren morir como inocentes que vivir como asesinos” quienes anteponen la supervivencia a cualquier dilema moral se sienten más cobardes, se sienten más culpables. Sin embargo, el instinto de supervivencia acude en su ayuda y es cuando vienen las mentiras, es cuando los supervivientes se mienten a sí mismos y buscan responsables en otro lugar. Es entonces cuando la víctima se convierte en culpable y el verdugo se salva a sí mismo.

Pero esta novela es mucho más que la historia de tres impostores, de tres supervivientes. Para mí es la novela más ambiciosa, desde un punto de vista histórico, de la serie Episodios de una guerra interminable. También la más internacional.

En esta ocasión Almudena Grandes amplía los horizontes del conflicto bélico traspasando las fronteras mucho más allá de los Pirineos. Denuncia sin paliativos la indiferencia de las potencias occidentales europeas ante el asentamiento de la dictadura de Franco. 

Entre los muchos personajes reales (demasiados para mi gusto) que jalonan la novela destaca especialmente Clara Stauffer, una falangista española de origen alemán que se implicó en el auxilio de nazis tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Ante la vista de todos y sin apenas disimulo esta mujer ayudó a escapar a muchos militares del extinguido y derrotado ejército alemán (la mayoría implicados en crímenes de guerra), procurándoles nuevas identidades y un exilio dorado en varios países sudamericanos e incluso en España.

Hasta EEUU es cómplice y se involucra aceptando la colaboración de alguno de estos militares porque ahora, tras el final del conflicto bélico mundial, el enemigo a abatir es Stalin y el comunismo. El final de la Segunda Guerra Mundial implica un giro de 180 grados de tal manera que los antaño enemigos nazis ahora son aliados y se unen para combatir a Stalin, olvidando que el numeroso ejército soviético fue una pieza clave en la derrota del nazismo. Se da más importancia al desembarco de Normandía y se relega a un segundo plano la campaña del Este, aquella donde el ejército nazi sufrió más bajas y donde empezó el principio del fin. Paradojas e hipocresías de la política a gran escala.

En este escenario Franco se ve beneficiado. Es un fascista, es un dictador, coqueteó con Mussolini y Hitler, pero tiene una virtud que le hace merecer el beneplácito de las potencias occidentales: es anticomunista. 

Ahora el amigo de vuestros enemigos es vuestro amigo y los enemigos de Franco son los vuestros

El presidente norteamericano Eisenhower abrazando a Franco


Y en la otra cara de la moneda el pueblo español que hubo de lidiar con una dictadura más de cuarenta años, ante la indiferencia de Europa y abandonado por todos. Algunos se dedicaron a vivir sin intervenir en política ni asumir ideologías, otros decidieron encauzar su odio afiliándose clandestinamente a partidos prohibidos y militando se sintieron combatientes, útiles. Vana ilusión pues la dictadura acabó cuando el dictador murió de viejo y en su cama. 

Esta novela es la más ambiciosa y también la más completa en cuanto a datos históricos. Se tocan muchos temas, desde la primeras transfusiones de sangre por parte de un médico canadiense que creó el primer banco de sangre en España hasta la dictadura de Videla y sus desaparecidos en Argentina.

Abarca muchos años, desde los inicios de la guerra civil hasta los estertores de la dictadura de Franco; se cuentan las alianzas, los pactos entre gobiernos de distinto signo pero con intereses comunes, unos intereses que nada tienen que ver con los de la población que gobiernan.

La profusión de detalles y personajes históricos confieso que me llegó a abrumar. Almudena Grandes hace alarde de una gran documentación histórica al registrar detalles reales que sitúan previamente a los personajes ficticios para así comprender el marco en el que se desarrolla el argumento. Sin embargo, creo que yo habría agradecido algo menos de minuciosidad, tanta historia colateral y complementaria me aturdió.

Además, el libro es muy extenso, casi ochocientas páginas. Pero ni la profusión de detalles y personajes históricos ni la abundancia de páginas fueron un impedimento para disfrutar de la lectura de esta novela. Y es que ante todo y sobre todo está la narración pluscuamperfecta de Almudena Grandes. Escribe tan, pero tan bien, que no importa nada más. 

En ningún momento me llegué a aburrir. Al ser tan extensa esta obra y tener tantos personajes empleé casi un mes en su lectura (normalmente ningún libro me dura tanto) y esto, que en otros casos podría ser un defecto, con Almudena fue una virtud. Tanto tiempo compartido con los protagonistas me hizo ser partícipe de sus desdichas, de sus alegrías, de sus vidas. Establecí vínculos con ellos de manera que al terminar la novela tuve esa agridulce sensación que solo los buenos libros dejan: pesar por acabar y tener que despedirme de sus personajes. 

Es que Almudena Grandes escribe tan bien…



Hada verde:Cursores
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