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21 de marzo de 2019

"El móvil" - Javier Cercas


Reseña perteneciente a la sección Alalimón en colaboración con El blog de Chelo.

"El móvil", novela escrita por Javier Cercas.
"El autor", película dirigida por Manuel Martín Cuenca (Reseña de Chelo, aquí)



Esta novela corta es la primera escrita por Javier Cercas. Al principio formó parte de una recopilación de cinco relatos donde esta historia era el texto más extenso y la que daba título a todo el libro. Dieciséis años después se eliminaron los otros cuatro relatos que la acompañaban por no cumplir las expectativas del autor. Parece ser que, al echar la vista atrás y tras una estupenda trayectoria como escritor, Javier Cercas decidió que la calidad de aquellos primeros escritos no era la adecuada.

Sin embargo, ‘El móvil’ permaneció y con toda la razón porque ya quisieran algunos autores consagrados escribir algo tan bueno no ya en sus inicios, sino en toda su carrera. Por cierto el término ‘móvil’ del título no se refiere a un teléfono sino a lo que la RAE define como “Aquello que mueve material o moralmente algo.”

Esta novela corta, o relato largo según se mire, narra la historia de Álvaro, un escritor en ciernes que comienza a escribir su primera novela. Ante la falta de inspiración se centra en lo que le rodea, empezando por su propia comunidad de vecinos donde habita un escritor en ciernes que quiere escribir una novela…

Esta novela dentro de la novela tiene otros protagonistas que son los demás vecinos —un matrimonio joven con problemas económicos, un anciano solitario y huraño—, y los porteros, un matrimonio peculiar donde la esposa busca salir de la monotonía de una vida anodina que no le satisface.

De manera sencilla Javier Cercas desarrolla una historia dentro de otra historia donde los personajes reales asumen papeles de ficción en esa pretendida novela del protagonista. El perfil de los sujetos es excelente y la trama está muy bien urdida con un final sorprendente y realmente bueno.

Argumento central aparte, lo que más me ha gustado de este relato es la continua reflexión que el autor, el de verdad, Javier Cercas, hace sobre lo que supone escribir ficción. Siendo esta su primera novela creo que tiene un valor añadido conocer qué piensa del proceso creativo de la escritura y de todo lo que subyace en él.

Aunque sea una petulancia por mi parte, me he sentido identificada como escritora en ciernes y comparto muchas de sus aseveraciones cuando se refiere a la aventura de escribir, sobre todo al desafío que supone lanzarse al principio, cuando uno pasa de una postura pasiva (leer) a la acción (escribir).

A través del protagonista Álvaro, el autor real Javier Cercas muestra todas las inseguridades que siente cuando acomete una obra de más envergadura. La falta de inspiración es la mayor de ellas, pero el no saber cómo desarrollar una historia, por dónde empezar o como estructurar la trama son otros de los escollos a los que se enfrenta y que siembran dudas en Álvaro (y en Javier Cercas).

Como he comentado, y de nuevo pido disculpas por mi petulancia, me he visto reflejada en muchas de esas situaciones y he compartido sentimientos con Álvaro (con Javier Cercas).

“Lo que no salió en el primer intento es cada vez más difícil que salga.”

“La inspiración es como los fantasmas: todo el mundo habla de ella, pero nadie la ha visto.”

“La literatura es un amante excluyente.”

Con esta última aseveración no solo estoy de acuerdo, yo añadiría que además de excluyente es un amante egoísta y absorbente que te hace perder la noción del tiempo y te desliga de todo lo demás.

“Todo escritor debía ser, antes que cualquier otra cosa, un gran lector.”

“Sospechaba que leer es un acto de índole informativa, lo verdaderamente literario es releer.”

La importancia que le da a la lectura para ser un buen escritor me resultó magnífica y, de nuevo, comparto su idea al cien por cien. Siempre he pensado que todo buen lector lleva el germen de un escritor en su interior: el deseo íntimo de emular a los escritores que admira.

También hace una buena reflexión sobre el papel de la documentación: ha de ser ingente, pero no debe aparecer en el texto —ponerla en la redacción es un signo de pedantería y además aburre al lector—. Según Álvaro (Javier Cercas) la utilidad de una buena documentación radica en conseguir “el sutil equilibrio entre coherencia e incoherencia sobre el que se funda la verosimilitud de un personaje”.

La interacción entre escritor y lector, ese vínculo que se establece entre los dos cuando se lee un libro es algo que también me parece fundamental y que Álvaro (Javier Cercas) define muy bien.

“Un texto es el diálogo del autor con el mundo y, si uno de los dos interlocutores desaparece, el proceso queda irremediablemente mutilado: el texto pierde su eficacia.”

“Cualquier tema es bueno para la literatura, lo que cuenta es el modo de expresarlo.”

Son tantas las cosas con las que he estado de acuerdo con el autor que la empatía ha sido absoluta y más que una novela me pareció leer un manual para escritores noveles, esos que decidimos un día dar el salto de leer a escribir.



25 de septiembre de 2018

"Todos los buenos soldados" - David Torres


Finales de 1957, Sidi Ifni es una pequeña ciudad sitiada en la costa atlántica marroquí. Allí, en África, al borde del Sáhara, de espaldas al Atlántico, en el resto de un imperio que se derrumbó hace ya centurias, se disputa la última guerra colonial española. En algún lugar de un pedregal interminable se encuentra el frente y varios destacamentos de soldados y legionarios han de defender ese minúsculo territorio aún español.

Pero es Navidad y desde la península llegan en un avión del ejército artistas para amenizar las fiestas. Entre estos artistas se encuentran Carmen Sevilla y el cómico Miguel Gila. Desde la península también les mandan turrón y mazapán, pero lo que realmente necesitan son ametralladoras y botas.

Después de una de las funciones realizadas para animar a la tropa aparece muerto el sargento Armendáriz y Gila es el principal sospechoso. Le retienen hasta que se aclare su relación con el muerto y posible implicación en el asesinato. Desde la fiscalía militar de Tánger llega el teniente Esnaola con la misión de investigar el homicidio, su trabajo se verá complicado cuando aparecen más legionarios asesinados.

Esnaola admira más la estrategia en la guerra que los cojones. Prefiere una confrontación ganada con astucia y pocas bajas a las grandes gestas heroicas con campos de batalla sembrados de muertos. Con esta forma de pensar no podía haber ido a parar a peor sitio. En Marruecos todo está plagado de “grandes hecatombes, medallas póstumas y banderas ensangrentadas”. Odia África.


Además, Esnaola no es bien recibido en Sidi Ifni, a él le gusta airear trapos sucios y en la Legión lo único que se airea es la bandera. Pero el teniente encontrará una valiosa ayuda en el cómico retenido como sospechoso. Gila, con su manera socarrona de ver la vida pondrá el contrapunto a una investigación castrense. Como a Gila no le toman en serio y creen que siempre está contando chistes, incluso cuando no está en un escenario,  consigue compadrear con la tropa y obtener información.

Entreverados con el suspense se encuentran fragmentos de los monólogos del genial cómico. Al humor de Gila se le califica de blanco porque no utiliza nunca palabras malsonantes ni entra en cuestiones políticas ya que sus chistes serían igual de oportunos en cualquier bando, en cualquier frente; pero en realidad es un humor negro. En sus monólogos se refleja toda la insensatez de una guerra donde los cañones no tienen agujeros o los submarinos no se sumergen y se quedan en simples barcos. El humor de Gila es absurdo, como lo es la propia guerra.


De esta manera se desarrolla una novela de género policíaco –hay asesinatos, asesinos e investigaciones- pero que en verdad es mucho más, y ese plus añadido se encuentra en las intervenciones de Gila. El humor puede ser una manera de denunciar; Gila es el bufón que dice la verdad cuando nadie más puede, es el que le cuenta al tirano lo que no quiere oír, lo que sospecha, lo que teme. Esta es sobre todo una novela de denuncia contra la guerra a través, o mediante, el propio Gila y su humor.

David Torres demuestra en “Todos los buenos soldados” un gran conocimiento de nuestro pasado bélico y también su admiración por Miguel Gila. El homenaje que le rinde entre sus páginas es todo un tributo a un genio de la risa, a un grande del Humor con mayúscula. El autor inserta hechos reales –Carmen Sevilla y Gila actuaron en Sidi Ifni en 1957– con otros ficticios como los asesinatos. Además se cuentan sucesos verídicos que bien podrían pasar por inventados por lo extraordinarios que son, como el fusilamiento fallido que sufrió Gila en la guerra civil y del que salió ileso porque, como él mismo contestaba cuando le preguntaban, le fusilaron mal.

Las descripciones de la vida cuartelaria en la guerra son muy buenas y los diálogos entre los legionarios son dignos de cualquier película de marines pero con un tinte especial que los caracteriza: la socarronería típica española utilizada como un escudo para protegerse de tanta sinrazón.

David Torres en la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid

David Torres también rinde tributo a los combatientes que murieron en una guerra mal conocida por muchos españoles que creyeron que aquello era un simple incidente fronterizo con unas bandas de nómadas algo revoltosos. Una guerra que apenas se menciona en los libros de Historia pero que supuso la muerte de muchos soldados.

Un relato a caballo entre la novela policíaca y la crónica negra del desvarío imperial de unos gobernantes que llevaron a la muerte a buenos soldados.







4 de junio de 2018

"La niebla y la doncella"-Lorenzo Silva


El sargento de la Guardia Civil, Bevilacqua y su compañera Chamorro han de investigar quién se encuentra tras el asesinato de Iván López von Amsberg, un joven problemático que apareció muerto en La Gomera. El asunto se presenta difícil porque el homicidio ocurrió dos años atrás, se acusó a un político, pero fue juzgado y absuelto. El caso quedó pendiente, y ahora les toca a los guardias mencionados encargarse de retomar las investigaciones, con la dificultad añadida que supone el tiempo transcurrido para encontrar nuevas pruebas.

“Los muertos, al principio, huelen como los vivos, luego huelen a rayos, y al final no huelen a nada.”

Este es el segundo libro que leo de la serie que tiene como protagonistas a los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. El primero fue “El lejano país de los estanques” y, si soy sincera, apenas me acuerdo de nada, lo que quiere decir que pasó sin pena ni gloria. En cambio sí recuerdo perfectamente la impresión que me causó “El nombre de los nuestros”, una novela sobre el desastre de Annual. De hecho, con esa novela me enamoré de Lorenzo Silva, de su forma de escribir y contar las cosas.

Con estas experiencias previas con el autor me puse a leer esta novela de guardias civiles y asesinatos. Y el resultado ha sido desconcertante, porque ha habido cosas que me han gustado mucho y otras no tanto (no me han gustado nada de nada). En deferencia a Silva y como gratitud por lo mucho que disfruté leyendo “El nombre de los nuestros”, empezaré por lo malo y acabaré con lo bueno, para dejar un buen sabor de boca.

Parque Nacional Garajonay

Quizás sea una deformación por el curso de escritura que estoy recibiendo, pero me pareció un fallo que se tarde bastante en informar al lector de dónde transcurre la historia. En la sinopsis aparece el nombre de la isla de La Gomera, pero en la novela no se sabe hasta bien avanzada la trama. Además, cuando ubica las escenas lo hace con una indefinición rayana con la dejadez. Por ejemplo: cuando habla del parque nacional Garajonay, tan solo dice ‘el parque’ –quien no conozca bien la isla podría pensar que se habla de un parque corriente y moliente–, cuando habla de San Sebastián de La Gomera, escribe ‘la capital’, o cuando se dan otro tipo de ubicaciones no especifica cuáles son, las referencias son ‘al sur de la isla’ o ‘al norte de la isla’. Esa falta de topónimos me molestó, pues soy una enamorada de las Islas Canarias en general y de esa isla en particular –junto con La Palma–. En fin, que se lo podía haber currado un poquito más, simplemente con un mapa. Tampoco estoy pidiendo una descripción exhaustiva de la zona.

San Sebastían de La Gomera

El libro se lee bien, pero tiene mucha paja a mi modo de ver. Se tocan algunos temas que no aportan mucho a la historia y que yo vi como de relleno; a saber: cómo son las turbinas de un avión, ciertas características de los tratados forenses, o algunas teorías físicas que me resultaron tediosas. Hay una historia entre el sargento y otra guardia, muy guapa ella y muy seductora, que me pareció empalagosa y bastante ñoña. De hecho, por culpa de esa relación, Belilacqua –que se presenta muy atractivo en muchos aspectos– para mí perdió unos cuantos puntos. 

Además esta guardia tan seductora es una antigua conocida de Chamorro, entre ellas hay cierta tirantez cuyas causas se desvelan al final y que a mí se me antojaron simplonas, aspecto este que también restó puntos a la propia Chamorro. 

Pero lo que empañó mucho la lectura, y me convenció de la poca seriedad a la hora de documentarse, fue un desliz, a mi modo de ver, importante. En un momento dado se habla de la isla de La Palma, y uno de los personajes dice que Madonna se refiere a ella en su canción “La isla bonita”. ¡Craso error! Es cierto que a La Palma se la conoce en Canarias como la isla bonita, pero cuando Madonna cantaba aquella canción no se refería a esta isla sino a otra, San Pedro (Belice).

Todas estas cosas me decepcionaron bastante, no me esperaba algo así de Lorenzo Silva. Sin embargo, y como anuncié al inicio de la reseña, hubo otras cosas que me gustaron mucho. Aquí van.

Se hacen algunas reflexiones sobre el comportamiento humano que hacen pensar. “La vida tiene una deplorable facilidad para convertirse en algo feo e insatisfactorio” y esta insatisfacción hace que algunos se frustren de tal manera que optan por medidas agresivas: o se pegan un tiro, o acaban pegándoselo a otro.

También se medita sobre el fracaso de algunas revoluciones. El autor, a través del sargento Bevilacqua, nos da una explicación curiosa. Muchas de esas revoluciones las encabezan ‘hijos de papá’ que actúan así por diversión y por llevar la contraria a sus padres. Al ser gente más instruida que el pueblo al que se supone le va a beneficiar esa revolución toman el timón, pero estos tipos suelen volver al redil (con papá y mamá), dejando en la estacada a ese pueblo, y entonces la revolución se va al garete.  Esta digresión me gustó, pero reconozco que fue también un relleno innecesario.
La Gomera

Antes me he quejado de la falta de precisión cuando se ubican algunas escenas. Podría pensarse que el autor no conoce las islas. No sé si ha estado en Canarias alguna vez, pero el ambiente brumoso propio de La Gomera (y de La Palma o del Hierro) debido a la exuberante vegetación está muy bien descrito. Aunque lo que sí ha sabido plasmar muy bien es otra característica de ese archipiélago: la pachorra de los camareros. Se hace bastante hincapié en los de Tenerife –puede que demasiado- pero yo creo que el primer premio se lo llevan los de La Palma. A cuenta de esa manera tan suya de atender a la clientela –que a mí no me molesta en absoluto– yo tengo unas cuantas anécdotas al respecto pues visito esa isla con frecuencia.

En resumen, una novela entretenida, con asesinatos, investigadores y asesinos. Ni más ni menos. Yo esperaba algo más porque tenía el recuerdo de otro tipo de novela de este autor, pero eso solo es culpa mía. Quizás tenga mucho que ver que no soy una entusiasta del género policíaco, o puede que el autor no siempre tenga un buen día a la hora de escribir.

“La gente es capaz de dar sensaciones muy diferentes, según las circunstancias”



13 de diciembre de 2017

"La cajita de rapé"-Javier Alonso García-Pozuelo

   Madrid, año 1861. En la casa de la adinerada familia Ribalter aparece muerta una de las criadas, Lorenza. Todo parece indicar que ha habido un asalto en la vivienda y tras el robo algo se torció dando como resultado la muerte de la asistenta.

   El asesinato se da en la Carrera de San Francisco y la investigación corre a cargo del inspector de vigilancia y seguridad del distrito sur de La Latina: José María Benítez Galcedo.

   Benítez y su equipo –Fonseca, Domínguez y Carmona más un nuevo miembro llegado de Málaga, Ortega– se dedicarán a desentrañar la historia de un robo que esconde más de lo que aparenta.

Actual Carrera de San Francisco, al fondo la Basílica de San Francisco El Grande
   Benítez lleva muchos años en el cuerpo, es perro viejo y sabe investigar. Lo que no sabe es capear los mandatos de los altos mandos políticos, más interesados en sus puestos dependientes del gobierno de turno, que de averiguar quién mató a una desgraciada criada.
   
   Es en este punto cuando el veterano inspector duda entre actuar como un buen policía o como un esbirro del poder. Además, el puesto de inspector jefe de Madrid está vacante y él podría ser un buen candidato, siempre y cuando contente a los que tienen en sus manos la elección: los políticos. Para llegar a determinados puestos no es suficiente con ser un buen profesional, hay que estar dispuesto a renunciar a la honestidad y a la integridad, y no todos valen para hacer eso. Desde luego, Benítez, no.


   De esta manera nos adentramos en una historia de corte policial. Los que por aquí pasáis sabéis que no me gusta mucho el género negro. Sin embargo, con las novelas policíacas me pasa como con las judías verdes; a palo seco no me gustan, pero si van aderezadas, rebaño el plato.

   Esto me ha pasado con “La cajita de rapé”, que no solo es una novela policíaca, es mucho más y por eso me ha gustado tanto. Rebañé el plato con fruición –o sea, me leí el libro casi de tirón– porque me gustó mucho.

   El maravilloso aderezo que la novela contiene consiste en una estupenda descripción de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX en España, cómo los diferentes gobiernos que se alternaban con un ritmo frenético llevan al país a una inestabilidad social. En 1861 quien gobierna es O’Donnell y su grupo parlamentario cada día cuenta con un miembro menos pues muchos se marchan a la oposición al no cumplir la mayoría de sus promesas electorales y al mostrarse más reaccionario de lo que su programa proclamaba. 

   En esta situación inestable hay descontento popular, el régimen constitucional de la reina Isabel II no ha traído igualdad; los poderosos se benefician de las leyes y también de evitar ir a la guerra –la que se libra en Marruecos–  mediante el bochornoso sistema de redención (si pagas no te reclutan o mandas a otro en tu lugar).

   Otro aderezo que tiene esta novela son los personajes y los diálogos. Desde el más encumbrado aristócrata o burgués a la más humilde portera, la caracterización es estupenda. Unos personajes hablan con el acento propio de su lugar de origen, pues Madrid es el punto de encuentro de gentes procedentes de toda España, pero otros lo hacen con el acento chulesco tan característico de las zonas populares madrileñas y eso me sacó más de una sonrisa. Y es que la acción discurre mayormente en uno de los barrios más castizos de la capital: La Latina. 


   Y este fue el principal condimento de la novela: el escenario. La descripción del Madrid de aquella época es fabulosa. El autor hace gala de un gran conocimiento del callejero haciéndonos transitar, de la mano del inspector Benítez, por las calles y callejones de un barrio que aún hoy conserva algo de su chispa decimonónica. Para bien, o para mal, se ha salvado de la invasión turística (salvo los domingos con El Rastro) que tienen otras zonas céntricas de Madrid, como el Barrio de Las Letras, y eso le confiere un plus de autenticidad (y, quizás también, de pobreza).

   
   A este barrio de La Latina suelo acudir en ocasiones para tomar unas cervezas o unos vinos por lo que las calles donde se desarrolla la acción las conocía casi todas y me sentí espectadora de primera fila junto a José María Benítez persiguiendo pistas e indicios sobre el caso. Tanto es así que no pude evitar recorrer físicamente, esta vez a propósito, algunos de los sitios que en la novela se mencionan (las fotos así lo demuestran).

   Pero no solo la acción se ubica en este barrio. La Puerta del Sol, el Ministerio de la Gobernación, el Café Suizo, y otros lugares emblemáticos de la ciudad en el siglo XIX también aparecen por sus páginas. 

Plaza Puerta de Moros (donde se puede ver una plaza, pero ninguna puerta, como es habitual en muchos lugares de Madrid)

   Para los que sí gusten de la novela policíaca comentaré que la trama está muy bien llevada, que todas las piezas acaban encajando y que la resolución del caso es satisfactoria.

   Una novela muy entretenida, bien documentada, con unas localizaciones muy buenas y con una narrativa más que correcta. En fin, una novela muy buena.

   En Nota del autor, el escritor comenta que este es el primer caso del inspector Benítez, así que espero que haya más entregas de este sagaz policía porque si tiene que resolver más casos yo quiero averiguar en qué consisten, aunque no me guste la novela policíaca.

   Cuando las judías verdes van bien aderezadas, rebaño el plato y repito otra vez. 



4 de diciembre de 2017

"El ladrón de vírgenes"-David de Juan Marcos

“Cómo iba a saber que aquel hombre traía la muerte consigo. Debí darme cuenta por su olor a cebolla rancia. Debí darme cuenta cuando la leche cuajaba a su paso en los cubos de metal. Cuando las palomas morían desplumadas por la tiña, o porque allá por donde pasaba doblaba los racimos y dejaba una pestilencia a plomo de preludios de tormenta de verano.”

Así comienza una novela inquietante y desconcertante por su forma de narrar. El estilo que se entrevé en estas pocas líneas ya me sugirió que me encontraba ante una obra especial. 

No creo en los flechazos amorosos y tampoco creo que en las primeras páginas de un libro se sepa si me va a gustar o no. Creo que la lectura, igual que el verdadero amor, se va fraguando con el tiempo, con el transcurrir de las palabras y las frases. Más de una novela empieza siendo un tostón para ir evolucionando, a medida que el lector se sumerge en la historia, y acabar siendo una lectura agradable. Me gusta, por este motivo, dar oportunidad a una novela a pesar de su inicio, aunque siempre dentro de unos límites, claro.

“El ladrón de vírgenes” fue la excepción a esta regla mía tan particular. El párrafo que inicia esta reseña me impactó y avisó de que comenzaba una lectura muy interesante. No me equivoqué.

Pero vayamos por partes.

Después de quince años de ausencia Andrés Pajuelo aparece por su pueblo. Sus tres hijos y su esposa le reciben de distinta manera pues antes de su marcha no dejó buen recuerdo. Andrés es huraño, malhumorado y con un genio muy violento; es uno de esos hombres “que arremeten contra el mundo tras la cobardía de los susurros”. 

Andrés viene acompañado de un enigmático personaje. Involucra a dos de sus hijos y al prometido de su hija en sus actividades que no son otras que el robo y expolio de obras de arte sacro por ermitas e iglesias de pequeños pueblos que no saben del valor real de las imágenes que albergan. Pero mientras programan uno de sus robos se comenten varios asesinatos y Andrés es acusado y ejecutado en la horca por la turba en su propio pueblo.

No me gusta destripar el argumento de las novelas, es algo que me molesta cuando leo otras reseñas por la red. En este caso podría creerse que he hecho spoiler, pero no es verdad pues la novela comienza narrando un suceso que se da al final de la misma. Y es en este aspecto donde me sentí impactada pues me recordó a otra novela, del gran maestro don Gabriel García Márquez, en la que se utiliza la misma técnica y que, al igual que en esta, no restó ni un ápice de interés a la lectura: saber el final no evita querer averiguar qué pasó para llegar hasta ese desenlace.

Pero las similitudes con aquella otra novela (Crónica de una muerte anunciada) no paran ahí. Ciertas situaciones sobrepasan la realidad para sumergirse en un mundo mágico y onírico: el agua empieza a hervir en el caldero antes de ponerlo en la lumbre o una mujer tiene una coleta de dos metros de longitud que se recoge alrededor del cuello como si fuera una serpiente.

Podría pensarse que esta novela es una imitación del realismo mágico hispanoamericano. Yo no lo vi así. Esa imaginación desbordante que se da en los escritores americanos que utilizan este estilo aquí no es tan manifiesta, está atenuada. Yo lo calificaría de realismo mágico a la española.

Estilo literario aparte, que a mí me encantó, hay un análisis estupendo sobre la religión y el papel de ésta en la vida de los seres humanos, la necesidad que el hombre ha tenido de creer en algo y cómo ha sido muchas veces el motor de su evolución. Podría poner un montón de frases que me parecieron fantásticas al respecto pero me limitaré a unos pocos párrafos:

“En la Naturaleza todo aquello que no es útil se desecha, todo lo necesario persiste. Si en miles de años la idea religiosa no ha sido eliminada de nuestro instinto es por lo ineludible del concepto”.

Se reflexiona sobre la religión como la búsqueda de protección, de seguridad. La religión como un diálogo con Dios que muchas veces es un diálogo con uno mismo. 

Pero si en ocasiones la religión sirvió de motor para avanzar también sirvió para frenar esa evolución: la dualidad de todo aquello que puede ser bueno o malo según se utilice.

“Lo malo de la religión es cuando alguien se atreve a interpretar la de otros; cuando alguien te dice lo que debes creer y cómo debes creerlo.”

Porque el hombre creyente ahuyenta el miedo al sentirse protegido por su Dios, confía en Él y en sus representantes y ahí radica otro peligro:

“La Iglesia le pone una mordaza al miedo y así poder seguir en ese simulacro de felicidad que es la ignorancia, delegando el destino en otros” y es así como uno se vuelve frágil y maleable.

Reflexiones aparte la novela está llena de suspense –a pesar de saber cómo acaba uno de los protagonistas– y el giro final que se da en las últimas páginas, aunque para mí fue algo rocambolesco, añadió la sorpresa que remata una historia muy peculiar, por lo que cuenta y ante todo por cómo lo cuenta.

“El ladrón de vírgenes” ha sido todo un descubrimiento y el autor también. David de Juan Marcos tiene otras dos novelas que pienso añadir a mi estantería en cuanto tenga ocasión. Es uno de esos autores que escriben muy bien, con un estilo poco habitual y además trata temas interesantes. ¡Qué más se puede pedir! 






19 de octubre de 2017

"Los instrumentos del mal"-Imogen Robertson

Sussex, 1780. Cuando un cadáver sin identificar aparece en las lindes de su propiedad, la curiosa Harriet Westerman no puede evitar implicarse en la resolución de este misterio. Para ello busca la ayuda de su huraño vecino, un anatomista de inteligencia notable pero escasas aptitudes sociales. Las pistas apuntan a la familia del conde de Sussex, a su joven segunda esposa y a su hijo alcohólico, excombatiente en la guerra de Independencia americana. Mientras tanto, en Londres, Alexander Adams es asesinado delante de sus dos hijos pequeños. Las deudas y la complicada historia de los pequeños los llevarán también a Sussex, donde se convierten en un elemento clave de la resolución del misterio. La presión sobre Harriet y Gabriel es grande, y el peso de los secretos del conde amenaza con sepultarlos a todos.

Esta es la sinopsis del libro que se puede leer en la carátula.

Dos asesinatos en principio sin conexión resultan que sí están ligados y los misterios a los que se hace alusión en la sinopsis se ven venir mediado el libro. "Los secretos del conde" tampoco son demasiado originales a mi modo de ver por lo que eso de que pueda "sepultar a todos" me pareció bastante exagerado. 

Un thriller sin demasiadas pretensiones pero bastante entretenido, las cosas como son. Hay asesinatos, hay investigadores voluntarios y desde su "amateurismo" (ni Harriet ni Gabriel son detectives profesionales) intentan averiguar quién se esconde tras esos hechos tan luctuosos. Todos los ingredientes del género policíaco -si es adecuado emplear el término policíaco cuando la trama transcurre en el siglo XVIII- se dan en esta novela; hay asesinados y asesinos, hay investigaciones, hay un pasado oscuro en alguno de los personajes que aflora y como un fantasma acosa a toda una familia. Y de telón de fondo unos hechos históricos que le dan más colorido, por un lado la guerra de la independencia de EEUU y por otro los llamados disturbios de Gordon (unas algaradas que se dieron en Londres a raíz de un edicto donde se permitía a los católicos tener propiedades y heredar tierras).

Quizás en lugar de una reseña debería hacer aquí un análisis sobre las sinopsis de los libros. ¿Quién las hace? Siempre he pensado que son personas a sueldo de la editorial, pero siempre creí que además se habían leído el libro. Dado que últimamente lo que cuenta la solapa del libro difiere bastante de lo que uno se encuentra entre las páginas del mismo... empiezo a tener mis dudas sobre esto último.

En cualquier caso quienes escriben las sinopsis saben mucho de psicología o son optimistas redomados y saben extraer conclusiones que muchos lectores -entre los que yo me suelo encontrar- son incapaces de sacar. Algunos además, y me estoy refiriendo a esta sinopsis en particular, cuentan demasiado, porque alguna de las cosas que se reseñan en la misma ocurren al final de la novela, y eso ya me parece fatal.

Como ya empieza a ser habitual en mí, cuando un libro me decepciona me pongo a marear la perdiz y me paro en detalles que no tienen demasiada importancia pero que me llaman la atención. Por ejemplo, en un momento dado uno de los personajes escribe una dirección en un "cuaderno", arranca la hoja y se la da a su interlocutor. Llamadme tiquismiquis, pero ¿en el siglo XVIII había cuadernos? Tenía la impresión de que escribir en aquella época era una tarea bastante ardua, por lo del tintero, la pluma, secar la tinta y todas esas cosas. Pero si había cuadernos a lo mejor no era tan complicado.

Otra cosa que yo creía bastante peliaguda en ese siglo era lo de enviar cartas. Estaba en la idea de que la correspondencia se daba de tarde en tarde y había que esperar bastante para enviar y recibir una carta. Sin embargo, uno de los personajes tiene una importante noticia que contar a una amiga suya y le pone en antecedentes pero sin entrar en detalles, porque eso tan importante se lo va a contar en otra carta que enviará ese mismo día pero por la tarde (!). Evidentemente, a ese personaje le pasa algo y la carta donde se aclararía "un gran misterio" no se escribe y el misterio se hace de rogar -y el libro se puede prolongar unas cien páginas más-.

Y ya por último, otro personaje es testigo de una escena muy importante, pero se le olvida, así sin más, sin recibir un golpe en la cabeza ni nada por el estilo. Treinta años después la recuerda -la memoria de este personaje parece que viene y va sin motivo aparente-, y desencadena una reacción en otro personaje que derivará en hechos trágicos. Siento no ser más explícita pero no quiero destripar el argumento -para eso ya está la sinopsis-.

En fin, un libro para pasar un rato entretenido y no darle tantas vueltas como he hecho yo. Porque la lectura de evasión es entretenimiento en forma de libro y los libros, libros son.


15 de septiembre de 2017

"Caen estrellas fugaces"-J. Gil Romero y G. Irisarri

En 1859 una tormenta solar –conocida posteriormente como evento Carrington– es la causante de que se observe una aurora boreal en Madrid durante el mes de septiembre. Este extraño fenómeno atmosférico asusta a la población, mucho más cuando se dan una serie de inquietantes acontecimientos esa misma noche. 

En el patio de la cárcel del Saladero cae del cielo un ángel con las alas amputadas. El alcaide y los guardias del penal no salen de su asombro pero los fenómenos extraordinarios no han hecho más que empezar.

Con este punto de partida se inicia la primera parte de una trilogía que promete ser interesante. Desde luego este primer libro lo es y mucho.

Si los acontecimientos que se relatan son insólitos no lo son menos los personajes que por esta historia desfilan: Elisa Polifeme, una joven ciega con visiones premonitorias; Leónidas Luzón, un antiguo abogado del diablo que vive apartado de la sociedad por culpa de una enfermedad degenerativa que le dificulta moverse; Gabino Echarri, un jesuita con conocimientos y habilidades que trascienden lo humano; el conde del Fierro, un perverso aristócrata con oscuros objetivos; los hermanos Balan, pertenecientes a una etnia del centro de Europa con peculiares características morfológicas, etc.

Los dos personajes centrales, Elisa y Leónidas, son contrapuestos y al mismo tiempo complementarios, pues si ella convive diariamente con lo paranormal y lo extrasensorial, él es un hombre cínico que a fuerza de demostrar la falsedad de los milagros ya no cree en nada. Elisa y Leónidas viven en el siglo de la creencias: las espirituales –las sesiones de espiritismo son el divertimento más habitual de la alta sociedad– y las científicas –a finales del XIX hay un notable repunte de la ciencia experimental–. En esta época todo es posible, las historias de la Biblia conviven y se complementan con la razón y la lógica. 

Un Madrid decimonónico es el escenario de este thriller con tintes neogóticos y mucha crónica social. Hospicios abandonados, cafés que sirven de punto de encuentro para tertulianos de renombre o penitenciarías donde se abandona a la hez de la sociedad son algunos de los sitios que se describen al mismo tiempo que se adorna toda la historia con anécdotas de lugares emblématicos de Madrid. De manera muy amena los autores nos hacen un repaso del callejero y la Historia de esta ciudad de forma que ella también es un personaje más de la trama. 

En un momento determinado los autores hacen referencia a la pieza ‘Música nocturna de las calles de Madrid’ de Bocherini, y desde entonces leí con esa preciosa melodía en la cabeza, algo que me resultó estupendo; fue un añadido inesperado y sumamente agradable a la lectura  (si alguno no conoce esta pieza suena como música de fondo en el vídeo que está al final de la reseña).

He disfrutado mucho con esta lectura. La ambientación de algunos escenarios es tan buena que se percibe el halo de misterio y la presencia de lo sobrenatural: fascinante. 

Además se vislumbra una visión de cierto pasaje del Génesis que a mí me ha atrapado y que, supongo, se desarrollará más ampliamente en los otros libros. El maniqueísmo que, a mi juicio, se manifesta abiertamente en la Biblia aquí no solo se tumba sino que es sustituido con una nueva versión mucho más razonable (dentro de todo lo razonable que puede ser una historia como la que aparece en el Génesis, claro). 

Ángeles insumisos se mezclan con videntes ciegas y cínicos tullidos. Toda una amalgama muy entretenida y muy bien llevada en una historia llena de aventura y con mucho misterio. Misterio que queda en suspenso pues todavía faltan dos libros más para que se complete el argumento.

Habrá que esperar.


                               






12 de julio de 2017

'Más allá del invierno' Isabel Allende

    La acción de esta novela se desarrolla en Estados Unidos. Lucía, una chilena en la sesentena, Evelyn una guatemalteca adolescente y Richard un judío norteamericano entrecruzan sus destinos cuando tras un incidente fortuito han de deshacerse de un cadáver.

   Este es el punto de partida y la excusa para contar las historias de estos tres personajes tan distintos entre sí y con unos pasados también completamente diferentes.

   A través de la historia personal de Lucía conoceremos la historia más reciente de Chile. O quizás no tan reciente porque se remonta al golpe de estado militar y las represalias posteriores con su abultada cuenta de desaparecidos.

   A través de la historia personal de Evelyn conoceremos la situación social de Guatemala, con sus pandillas que extorsionan y amenazan a la población. También conoceremos el problema de la inmigración ilegal a EEUU cuando multitud de hispanoamericanos huyen de situaciones de pobreza y explotación en sus propios países para caer en la redes mafiosas que los introducen en el país más rico del continente para seguir siendo pobres y explotados.

   A través de la historia personal de Richard conoceremos parte de la historia de Brasil y del peso que supone provenir de una familia con un historial de compromiso y lucha social.

   Cada personaje arrastra debido a su pasado sus propios miedos, sus vivencias traumáticas que los marcan y que los impulsan a una forma determinada de ver la vida. Estos tres personajes, cada uno a su manera, están desencantados con su existencia, están en el invierno de sus vidas -incluso Evelyn que es la más joven-. Sin embargo, juntos encuentran el apoyo que todo ser humano necesita para enfrentarse a su propia existencia y así conseguir la fuerza que les haga ilusionarse por lo, mucho o poco, que quede por vivir. Están en el invierno de sus vidas pero juntos descubren que más allá del invierno viene la primavera y el verano.

   Esta novela me tiene el corazón partido. Por un lado me ha gustado mucho y por otro no tanto. 

   Soy seguidora de Isabel Allende desde hace más de treinta años. En los años 80 me enganché a su lectura con "La casa de los espíritus" y desde entonces he leído todo lo que ha escrito de manera que para mí se convirtió en una escritora fetiche, como una amiga de la que sabía a través de sus letras. Sin embargo, desde hace más de diez años esa amistad se enfrió. La calidad de sus obras empezó a languidecer, aun así seguí leyéndola con la esperanza de reencontrarme a la Isabel que me enamoró con sus primeras creaciones.

   El argumento -o los argumentos pues son varias las historias que se cuentan- para quien, como yo, ha leído todo de la autora, es poco original. Otra vez se cuenta el golpe de estado chileno y la represión con los desaparecidos (La casa de los espíritus, Mi pequeño país inventado, etc). Otra vez se cuenta el trauma de un hombre que arrastra un pasado familiar desgraciado y que le impide mantener una relación medianamente normal con sus semejantes (El plan infinito). Otra vez se cuenta la pobreza de los países menos desarrollados de América (Eva Luna, De amor y de sombra, etc).

   Además, otra vez, la autora recurre a su propia biografía para dar vida a alguno de sus personajes -Lucía huye de Chile tras el golpe y se refugia en primera instancia en Venezuela para luego recalar en EEUU, al igual que hizo Isabel Allende-. El empleo de temáticas habituales y complementarias al argumento principal, aquí también se repite: las alusiones al mundo mágico de los chamanes con esa mezcla de religión ancestral de las culturas indígenas más la oficial.

   Sin embargo, todo esto, aunque algo repetitivo, lo cuenta con la forma tan personal de narrar que tiene ella, la Isabel Allende de los inicios. El empleo del lenguaje, florido, mágico y con cierto tono de humor es excepcional y me ha hecho disfrutar mucho de la lectura (aunque los diálogos siguen sin convencerme del todo). En el primer capítulo ya supe que me estaba reencontrando con la Isabel que yo amo; la forma de describir una tormenta de nieve en Nueva York me enganchó de manera que devoré el libro.

  Con esta novela me he reencontrado con esa vieja amiga que he estado añorando desde hace mucho tiempo. Con esta novela me he reunido con una amiga a la que no veía desde hacía años y que vuelve a contar las mismas vivencias que ya conozco pero con la pericia de siempre, con el arte tan peculiar que la caracteriza, para disfrutar de su conversación como antaño, para disfrutar de su compañía y su manera de hablar. 

   Después del invierno que nos separó por su mala climatología ha llegado el verano para reunirnos.

"En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible"
Albert Camus.





6 de julio de 2017

"El pensionado de Neuwelke" - José C. Vales

Al pensionado de Neuwelke, situado en la región de Livonia (actualmente se encuentra entre Letonia y Estonia) a mediados del siglo XIX llega la señorita Émilie Sagée, una institutriz francesa contratada para impartir clases en dicho pensionado donde las hijas de la aristrocracia y de la alta burguesía alemana, rusa y polaca están internadas para recibir una educación apropiada a su sexo y condición.

Esta institutriz huye de un pasado trágico y desgraciado que la ha hecho recorrer media Europa. En este apartado lugar del continente parece encontrar la paz anhelada, pero esta joven mujer se ve afectada por una maldición que a los ojos de los demás provoca repulsión, miedo y conmiseración también.

Con estas premisas arranca una novela que sigue todos los patrones de una historia decimonónica, con su dosis de romanticismo, de costumbrismo, de misterio y de espiritismo. La ambientación es estupenda, y la galería de personajes que adornan toda la historia es variada y sumamente cuidada. Creo que el autor no se ha dejado ni un solo elemento propio de las novelas del género gótico.

He disfrutado de esta historia mucho, por lo bien escrita y por lo bien escenificada. En algún momento parece que la narración se estanca, que no avanza, pero esa escenificación es tan buena que a mí no me molestó demasiado. 

Mención aparte se merece la manera que tiene el autor, en un momento dado, de describir el estado mental de uno de los personajes que le lleva a una decisión extrema (pido disculpas por no ser más explícita pero no quiero reventar el argumento). La forma de concatenar los pensamientos de una mente perturbada desembocando en un desenlace totalmente inesperado –al menos para mí– me pareció espectacular.

El estigma que soporta la institutriz es la base y el fundamento de todo el relato, sin ánimo de destripar nada comentaré que yo esperaba saber el porqué de ese estigma, y me quedé con las ganas. Pero no me importó porque según se desarrollaba la novela comprendí que saber qué provoca “eso” que hace tan rara a la protagonista es lo de menos. 

Émilie Sagée arrastra una maldición, pero ella no es la única. Todos los personajes que por la novela desfilan tienen sus propios monstruos, agazapados en el interior, esperando cualquier oportunidad para salir y asustar al propio interesado que nunca hubiera creído ser capaz de comportarse de una manera cruel. 

Con cierto tono de humor, que no resta ni un ápice de seriedad a la novela, el autor nos hace reflexionar sobre el comportamiento humano ante lo sobrenatural, ante lo que no entendemos. Cómo somos los demás quienes estigmatizamos a terceros por no seguir las pautas que se esperan de ellos. Cómo hacemos malignos comportamientos que se salen de la norma, de manera que el mal no reside en quien se comporta extrañamente, sino en quien lo observa y se asusta de ello.

Porque todos arrastramos una condena, la que nos imponen nuestros miedos, nuestros defectos, nuestras pasiones.




  

31 de marzo de 2017

El asesinato de Sócrates

Marcos Chicot tuvo un gran éxito con “El asesinato de Pitágoras” y estuvo entre los finalistas al premio Planeta en el año 2013. Ahora vuelve con otro asesinato de un filósofo, el de Sócrates y también ha quedado finalista. Chicot, una vez más recurre a una herramienta que le funciona muy bien, mezclar historia con asesinatos y yo, una vez más vuelvo a caer en el tremendo error de leerme premios o finalistas del Planeta.

Aunque para ser exactos esta novela (¿novela?) no me la he leído, al menos completa, porque he tenido que abandonar. Imposible para mi estado mental actual asimilar la cantidad de datos y conceptos que en esta novela (¿novela?) se dan.  

Si en “El asesinato de Pitágoras” se intercalaban asesinatos con la exposición de conceptos filosóficos y matemáticos (estos últimos muy bien explicados, por cierto), en esta novela (¿novela?) el aporte de información es muchísimo mayor y la cantidad de asesinatos muchísimo menor, porque al menos hasta donde yo he llegado (un tercio de un libro con 768 páginas) asesinar, lo que se dice asesinar, no se asesina a nadie (muere bastante gente de manera violenta pero en guerras, asaltos y cosas así). 

Me imaginé que la similitud con el título de la novela de Pitágoras me haría encontrar una similitud en la trama, es decir, thriller con historia. Pero no, historia hay mucha pero de la que va con mayúsculas, es decir, Historia griega, Historia espartana, Historia del Arte, Historia de la Filosofía, etc, etc. Pero de la otra historia, de la que va en minúscula, o lo que yo llamo argumento, más bien hay poca. 

La novela (¿novela?) se inicia con un personaje que visita el oráculo de Delfos y que pregunta a la pitonisa cómo morirá su joven amigo Sócrates. La pitonisa responde que morirá violentamente –antes de llegar a tan ansiada respuesta tuve que leerme cerca de 20 páginas donde se describe Delfos, el oráculo, el funcionamiento del tinglado que allí tenían montado y algunas predicciones varias pretéritas y famosas-. Y es que  toda la novela (¿novela?) o hasta donde yo leí (casi 300 páginas) es un compendio de datos –supongo que reales y bien documentados porque no me paré a confirmarlo, de ser así aún estaría con el primer capítulo- donde los personajes ficticios son una excusa para volcar información documental.

El caso es que saber que Sócrates moriría violentamente y a manos de otro me intrigó. Al principio soporté espartanamente tanta información añadida; la soporté así porque soy muy disciplinada y porque una buena parte de la novela (¿novela?) se desarrolla en Esparta y, quizás, puede que me solidarizara con los pobladores de aquella región, no por empatía, sino porque es tal la brasa que se da acerca de las costumbres de allí que una no puede menos que sentirse identificada en cuanto a sufrimiento y resistencia al dolor.

Pero mi sufrimiento y mi resistencia tienen un límite y es que cuando empecé la novela no recordaba de mis clases de Historia (la que lleva mayúscula) cómo murió Sócrates, pero sí recordaba que murió anciano. Dado que la novela (¿novela?) empieza con un Sócrates de treinta y tantos años, mi moral empezó a flaquear pensando lo que me quedaba hasta averiguar quién asesina al filósofo, así que decidí dejarlo y mirar en alguna enciclopedia. 

El poner entre signos de interrogación la palabra novela es debido a que a mí no me ha parecido que sea tal. Para mí una novela por muy histórica que sea debe tener una historia (con minúscula) complementada con hechos históricos bien documentados. En este caso es al revés, en esta obra hay un montón de sucesos reales que se cuentan como si de una clase docente se tratara y para disimular se ponen personajes que sirven de escenificación o pretexto para demostrar cuánto y qué bien se ha documentado el autor. Así que para mí no es una novela, es un docudrama. 

Por cierto, y sin ánimo de destripar nada, cuando leí en la enciclopedia cómo murió Sócrates resulta que más que asesinado muere “ejecutado” y de una forma un tanto peculiar atendiendo al término “ejecución”. Así que ahora tengo la intriga de saber qué entiende el autor de esta novela (docudrama) por “asesinar”. Si alguien se lee el libro entero, por favor, que me lo comunique por privado. Gracias.



Hada verde:Cursores
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