11 de junio de 2017

Por qué creemos en cosas raras

    Ahora que todo está volviendo a la normalidad retomo una actividad de este blog (la primigenia): hacer reseñas. Aunque esta reseña que ahora traigo no es una reseña en su sentido más estricto pues tiene mucho de reflexión.

   Durante la escritura de la tesis y dado que estaba plenamente poseída por la ciencia me leí este libro. No es una novela, es un ensayo donde se analizan diferentes aspectos relacionados con la investigación científica pero también donde se reflexiona sobre determinadas actitudes irracionales por parte de algunas personas que se empeñan en sustentar estas posturas dándoles un barniz científico y confundiendo, a propósito o no, a muchos otros en su afán de explicar lo inexplicable.

   El autor, Michael Shermer, es un historiador californiano y editor de una revista dedicada a investigar fenómenos sobrenaturales, Skeptic. También es famoso por su participación en debates televisivos donde se habla de religión y sucesos paranormales. Pero Shermer es ante todo un defensor a ultranza del escepticismo, algo que yo comparto con él plenamente.

   El escepticismo está definido en muchos libros pero creo que se podría resumir con esta frase: 
Si no me lo demuestras, no me lo creo”

   A partir de esta premisa Shermer cuenta cómo la ciencia es una herramienta muy útil para practicar el escepticismo. Todas las alusiones a la ciencia son muy buenas y dan muestra de lo bien que entiende este hombre lo que es la investigación y el método científico.

   El autor hace un repaso a distintas teorías o movimientos que intentan explicar fenómenos extraños con explicaciones más extrañas aún. La telepatía, las abducciones, las apariciones espectrales, y muchos temas más son analizados y cuestionados por Shermer. Ojo, él no niega la existencia de extraterrestres, de fantasmas, de poderes mentales o de dioses, él solo argumenta que por el momento nadie ha demostrado que existan. 

   Y es que el autor tiene muy claro que ciencia y creencia (entiéndase como creencia un concepto mucho más amplio que el de religión) no pueden estar juntas, han de ir separadas. De hecho son totalmente opuestas, mientras la ciencia evoluciona y cambia constantemente pues es provisional y está sujeta a nuevos conocimientos, la creencia no corrige, se perpetúa permaneciendo en esencia inmutable y se basa en la fe.

   Cada uno puede creer en lo que quiera pero lo que no es admisible es intentar dar validez a una creencia adornándola con explicaciones falsamente científicas. 

    Echa por tierra muchos axiomas falsos, como el que dice que todo es verdad hasta que se demuestra lo contrario. No es cierto. Toda verdad ha de demostrarse, de no ser así no es tal.

     Yo me declaro una escéptica de tomo y lomo. 

   Pero escéptico no es lo mismo que cínico, cuidado. Normalmente, los escépticos explican (explicamos) con razonamientos naturales los fenómenos aparentemente sobrenaturales; y cuando no hay razonamiento que valga ante un fenómeno extraño lo dejamos ahí, en el apartado de “por explicar”, ni más ni menos. Por eso el método escéptico es circunstancial, solo se mantiene hasta que aparece una explicación razonada.

   En este libro se hace también un estupendo análisis de cómo determinados sectores se aprovechan de la “necesidad de creer en algo” que tiene nuestra sociedad, cómo la realidad nos presiona y nos hace más crédulos convirtiéndonos en víctimas para algunos gurús oportunistas. Esto es una evidencia que no se puede soslayar, pero también propone un remedio: el conocimiento que es poder y un buen antídoto para el veneno de los embaucadores.

   En cualquier caso lo que también defiende Michael Shermer es pensar por uno mismo. Podemos creer, podemos explicar, pero siempre con criterio propio y para eso es necesario conocer, saber, indagar e incluso errar. Aunque esta postura es agotadora, pero ser humano consiste en pensar.

“Hay que estar eternamente en guardia, es el precio por nuestra libertad. Ser críticos con todo credo que esté basado en la supresión del pensamiento”




31 comentarios:

  1. ¡Hola! Qué interesante y a la vez qué complejo.
    Yo no creo en ningún dios, aunque en algunos momentos lo eché de menos porque sé que las creencias pueden ayudar a sobrellevar determinadas situaciones.
    Una amiga de mi madre tampoco era creyente y en un momento muy complicado de su vida aparecieron unas personas que la convencieron para que creyera en su religión, y lo sorprendente es que se creyó todo lo que le decían. Supongo que estar sola, en el hospital y con una situación familiar delicada hizo que se agarrara a ellos.
    Me ha parecido una obra muy interesante, en verano leo cosas más ligeras pero de cara al invierno me ha tentado.
    Besos y feliz semana.

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    1. Yo tampoco creo en ningún dios, dado que soy escéptica y si no me lo demuestran no me lo creo, soy agnóstica, puede que exista pero yo no lo veo (ni lo siento) y por tanto no creo.
      Esas situaciones a las que aludes son más llevaderas si se tienen creencias, de hecho yo envidio a las personas con verdadera fe, suelen tener mucha más entereza para afrontar la adversidad. Por eso mismo, la vulnerabilidad puede ser un motivo para sentirnos más receptivos a ciertos credos.
      Este libro no es de lectura ligera, así que mejor lo dejas para el invierno, que la playa no me parece compatible con este tema.
      Un besote, Gemma.

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  2. Este tipo de divulgación sí que aporta una base para la reflexión sobre lo que es, aparentemente inexplicable. La gente, ante un hecho insólito, tiende (supongo que porque es mucho más fácil) a darle un significado sobrenatural. Los trucos de magia, que tanto nos siguen sorprendiendo, habrían llevado al supuesto mago a la hoguera. Aunque desconozcamos el truco, por muy bien oculto que esté, sabemos que no es obra de magia, en el sentido estricto de la palabra. Del mismo modo, detrás de un hecho inexplicable hay una explicación que permanecerá oculta mucho tiempo, hasta que los medios humanos, ayudados por la tecnología, puedan revelar qué hay detrás de lo inexplicable.
    Por lo menos, en nuestros días, la ciencia está representada por sujetos abiertos de mente, pues en el pasado también habían dogmas intocables y el científico que osaba desmontarlos lo pagaba caro (Galileo, Servet y tantos otros). Y es que ciencia y religión no pueden ir de la mano.
    Una estupenda reseña de un estupendo libro.
    Un abrazo.

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    1. Me encanta tu reflexión, Josep Mª, sobre la ciencia de ahora respecto a la de antaño, cuando iba de la mano con la religión.
      El autor hace alusión a lo complicado que es para un individuo muy bien preparado cambiar de opinión, pues la confianza en su forma de pensar le hace más difícil aceptar teorías diferentes. En siglos pasados era imposible romper moldes, pero ahora, en algunos sectores científicos, también es arduo innovar.
      El comportamiento humano es impredecible y está condicionado por muchos factores.
      Un abrazo.

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  3. A pesar de haber sido toda mi vida una chica de letras (humanidades), siempre, siempre he tenido por máxima ese dicho de "si no lo veo, no lo creo". Pienso que el escepticismo y el espíritu crítico son fundamentales para desenvolvernos en esta y en todas las sociedades; sin eso estamos perdidos.
    Me parece un libro interesantísimo y un tipo de lectura que merece una oportunidad.
    Un abrazo.

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    1. No tiene nada que ver el campo donde desarrollemos nuestros conocimientos para defender el escepticismo. El propio autor es historiador, no es científico, al menos en el sentido estricto del término.
      A mí lo que más me ha calado de este libro es cuánto insiste en que pensemos por nosotros mismos, ahí radica todo.
      Un abrazo, Sofía.

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  4. Me interesa, quizá por mis estudios de Filosofía, en los que se provilegia y defiende el sentido crítico por encima de cualquier otra cosa, la defensa del escepticismo. De hecho, tengo un artículo en mi blog (de cuando escribía artículos) que gira sobre lo que nombras. Se llama El señor escéptico. El año pasado me leí también un artículo con el mismo título que tu libro y lo compartí en Facebook y se generó un debate interesante. Todo lo que se diga en la defensa del sentido crítico me parece poco. Por eso me hubiera parecido maravilloso que hubieras profundizado más y nombrado esos temas que se tratan en el libro y cómo los responde el autor. Seguro que sacarías a más de uno de alguna creencia disparatada; eso redunda en beneficio de todos.
    Un abrazo, Kirke.

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    1. Por cierto, nunca había oído que "todo es verdad hasta que se demuestre lo contrario". Si lo dice el autor es un sinsentido. Sí, en el terreno moral y judicial, que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. He vuelto a leer tu texto por si lo no lo juzgué en su justa medida. Claro, por mis intereses filosóficos eché de menos un análisis más exhaustivo, pero claro, entiendo que quizá este no es lugar más adecuado y que no todo el mundo tiene esas motivaciones por la filosofía. Era una reseña tu propósito no un artículo pelma y largote como quizá yo hubiera escrito.
      Bien conseguido, pues. Muy interesante.

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    2. Lo de que "todo es verdad hasta que se demuestre lo contrario" no lo defiende el autor, al revés, lo critica y lo anula. Se basa en que ciertas creencias dan validez a sus principios porque no se ha demostrado que no sean ciertos.
      En cuanto a la extensión de un artículo todo depende de gustos, sabes que yo suelo ser muy breve, pero que otros prefieran extenderse no quiere decir que sean unos pelmas.
      No se me da bien enrollarme, pero sí que podría haber comentado algunas cosas que me parecieron curiosas (el libro está lleno de ellas pues el autor participó en sesiones de falsos mentalistas y cosas parecidas).
      El libro está lleno de mensajes y está dividido en axiomas y teorías para desenmascarar fraudes, por ejemplo, "herejía no es sinónimo de verdad", "sin explicación no es lo mismo que inexplicable" o "tendemos a recordar los aciertos e ignorar los fallos", esta última en clara alusión a los profetas pretéritos y presentes.
      En fin, que el libro es muy interesante aunque es para leer despacio pues algunos capítulos son bastante espesos.
      Me encanta que te haya gustado el tema.
      Un besote grande, Ángeles.

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  5. Es un tema interesantísimo el que trata este ensayo, y yo diría que también necesario en una época en que hasta lo que se da por cierto y demostrado va por modas. No es difícil encontrar anuncios que dan explicaciones que suenan a científicas sobre auténticos disparates, pero está claro que si lo dice alguien con bata, cuela para la mayoría. Completamente de acuerdo en que el conocimiento, el sentido crítico, la curiosidad y el escepticismo protegen de caer en el borreguismo de muchas creencias e ideas. La cuestión si la mayoría poseemos tales herramientas.

    Una reseña genial, Paloma. Creo que nos has puesto a todos a pensar jajajaja.

    ¡Un beso grande de lunes!

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    1. La pseudociencia es un tema recurrente en este libro. Es alarmante la abundancia de gurús (el autor los llama así) que se venden dando un barniz falsamente científico a sus teorías.
      Muchos de estos gurús se plantan una bata blanca, para dar credibilidad, se inventan (tal cual) un título universitario de un lugar remoto y difícil de localizar y ya tienen un prestigio que sirve para abrir muchas puertas y para engañar a muchos más.
      Ponerse a pensar es una actividad muy recomendable y que reporta muchos beneficios.
      Un besote grande también para ti, Julia.

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  6. Un título muy oportuno. Es curioso, pero a pesar de la facilidad para acceder al conocimiento que permite Internet, parece que vivimos en la edad de oro de la pseudociencia y demás teorías disparatadas. Ya no solo en cuanto a la creencia en OVNIS y demás; hablo de gente que sostiene que nos fumigan para hacernos sumisos, que la tierra es plana, que no hay que vacunar a los niños, reniegan de lo "químico" y un largo etcétera y cada vez con más adeptos. Como siempre, leer con sentido crítico y contrastar es el único antídoto.
    Un abrazo.

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    1. Respecto a lo que comentas de esa nueva tendencia de cuestionar lo que ya se daba por bueno, como por ejemplo lo de las vacunas, me viene a la memoria uno de los apartados del libro que se titula "Herejía no es sinónimo de verdad". En él se analizan comportamientos como los que tú describes, algunos creen en la teoría de la conspiración y que rebelarse contra lo establecido es adecuado.
      No seré yo quien se niegue a rebelarse, pero con sentido común y con motivos reales.
      En fin, que el tema da para mucho. En este libro en concreto para más de quinientas páginas.
      Un abrazo.

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  7. Bueno, este libro me atrae sin duda. Me recuerda por el planteamiento a otro que me fascina: EL MUNDO Y SUS DEMONIOS, de Carl Sagan. Venga me pongo en plan reflexivo. Pienso que el cerebro humano tiene algo que lo diferencia del resto: la transcendencia. La capacidad de imaginar, de situarnos en otro tiempo o lugar, entender que la realidad es algo más que una sucesión de causa y efecto. De esa capacidad nace la imaginación y la curiosidad. Y estas dos cualidades son de las que nació tanto la ciencia como el sentimiento religioso o las simples creencias en cuanto a todos esos fenómenos de Cuarto Milenio. Este fin de semana leí un artículo curioso, venía a decir que el cerebro humano tiene una predisposición innata a la religiosidad. No sé. Pero es cierto que con todos los avances, con toda la evolución científica permanece la creencia en videntes, fantasmas y demás pseudociencias y dudo que lleguen a desaparecer, al contrario. Internet da voz a mucho farsante que vive de ese cuento y que, encima, trata de argumentarlo torticeramente.
    Una de las historias más fascinantes y que pienso definen al ser humano aparece en la Biblia. El famoso mito de la manzana. Si lo leemos con atención es escalofriante. Fíjate, Dios le dijo a Adán y Eva que podían comer lo que quisieran del árbol de la vida, de esa forma permanecerían felices y contentos en el Paraíso; la prohibición de comer la manzana se refería al fruto del ÁRBOL DE LA CIENCIA, si comían de él serían expulsados y ganarían el pan con el sudor de su frente, etc... En una interpretación personal, puedes elegir entre la feliz ignorancia o entre el conocimiento. Este último es mucho más duro y trabajoso, pero la verdad es que me alegra que Eva comiera la manzana de ese árbol.
    Un abrazo, doctora!

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    1. Caray, David, ¡vaya comentario! Se podría hacer una publicación enterita con él de tantas, y tan interesantes, cosas que comentas.
      Entre mis colegas decimos que la curiosidad no mató al gato, lo hizo científico. Efectivamente, el afán por saber junto con la imaginación y la creatividad creó la ciencia y todos los avances (no siempre positivos) que conllevó. Pero en el ser humano no todo es raciocinio (sería tremendamente aburrido), también hay fabulación, y como tú comentas tan acertadamente: afán de transcendencia. Y para mí de ahí nació el arte, la literatura, y todo lo relacionado con la creatividad en su sentido más puro.
      Yo no estoy en contra de las creencias, sean del tipo que sean, pero siempre que se queden en su apartado correspondiente. Cuando de creer se trata se ha de tener claro que interviene la fe (y una necesidad imperiosa de saberse protegido y eterno), y ese concepto no se puede racionalizar por mucho que se empeñen algunos.
      Pero cuando interviene la manipulación interesada de sinvergüenzas que se aprovechan de la candidez de otros, el tema ya me enfada mucho, máxime cuando encima los engañados se muestran sumisos y reacios a abrir los ojos.
      Como le comento a Gerardo, el tema da para mucho. De lo del árbol de la Ciencia y de lo que implica comer de él, hablamos otro día porque ahí hay mucho que rascar.
      Me encanta cuando te pones reflexivo.
      Un abrazo, David.

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  8. Esta vez creo que no me vas a convencer, ya voy servida de filosofía con mis últimas lecturas y necesito algo menos... más novelado
    Besos

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    1. El libro es muy interesante pero es bastante espeso, desde luego no es tan entretenido como una buena novela. Cada lectura tiene su momento y su lugar.
      Un beso.

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  9. Con esta reseña sin duda invitas a su lectura Kirke, :)
    Me quedo con la frase de la necesidad de creer en algo, y es que del todo certera. Necesitamos creer por miedo, esperanza, magnitud, soledad y por esa sensación de desamparo constante.
    El problema es el quién, si se aprovecha de esa necesidad es cuando realmente existe un problema.

    Es un tema muy amplio, da para mucho.
    Besos.

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    1. La necesidad de creer en algo es inherente al ser humano, el autor de este libro habla de ello (para mi gusto debería haber profundizado más).
      Queremos perpetuarnos y en ese afán de eternidad la religión es muy útil. Para mí, que no creo en otra vida, la perpetuación se da en mi hija y sus descendientes, y en las obras que deje mientras estoy aquí, y en el recuerdo de quienes me conocen, etc, etc.
      Cada uno cree a su manera.
      Un beso grande, Irene.

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  10. Muy interesante Paloma, en un momento en que todo se debería ponen en cuestionamiento porque se manipula con demasiada frecuencia la información y a muchos les interesa que los ciudadanos sean cada vez más crédulos y piensen menos.

    No hace mucho leía un artículo que alertaba de la manipulación informativa (no la de la tele y periódicos que esa es habitual) sino aquella a la que estamos sometidos sin darnos cuenta desde las redes sociales y desde la misma red, que acaban haciéndonos pensar que todos piensan igual que nosotros cuando lo que están haciendo es limitar las fuentes de información que nos llegan y seleccionar en función de algoritmos que estudian nuestras preferencias, nuestros me gusta, las páginas que miramos... lo que nos hacen llegar a las pantallas y todo eso para condicionarnos la opinión, así que tu propuesta me parece muy interesante para no aborregarnos más.
    Un beso

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    1. El libro se escribió a finales de los noventa por lo que el tema de las redes sociales no aparece, pero ahí hay un campo interesante sobre el que reflexionar. La necesidad de compartir puede ser buena, y socializar es también inherente al ser humano, pero, como todo, si se convierte en una obsesión el efecto positivo se revierte en algo malo.
      Es inquietante todo lo que comentas, hasta qué punto estamos vigilados y controlados y por tanto, somos más vulnerables a la manipulación.
      Puede que sea hora de dejar el ordenador un poco aparcado y salir a la calle a charlar con los amigos y a disfrutar de un buen parque.
      Un beso grande, Conxita.

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  11. Interesante reflexión. Yo también me declaro escéptica y agnóstica, respecto a las meigas, nunca he visto ninguna, pero sé que haberlas haylas, y cómo no sé explicarlas las dejó, como tú dices en el cajón de lo, por ahora, inexplicable. Con meigas quiero decir cosas inexplicables desde el punto de vista científico, pero que yo tampoco me atrevo a negar.
    Lo que me alucina es la necesidad que tiene la gente de dejarse engañar por embaucadores de pacotilla. Entiendo que el modo de vida actual hay muchos huecos, cada vez más, que no es capaz de llenar, pero de ahí a dejar que nos los llenen con patrañas hay un gran trecho.
    Un beso.

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    1. El autor alude al "peso de la realidad" como el motivo principal para necesitar creer.
      En algunos casos esa realidad es tan sórdida y agobiante que la única vía para escapar es creer en algo. A mí no me parece mal esa vía de escape, siempre que uno entienda lo que está haciendo.
      Como tú bien comentas, el problema viene cuando nos manipulan, cuando creemos en lo que otros quieren que creamos. Eso sí es preocupante.
      Yo también creo en meigas (en el sentido literal), pero porque conocí a una, era capaz de saber en qué estabas pensando. Cómo lo hacía, no tengo ni idea, pero lo hacía, y esa mujer tenía "algo" que la hacía especial: era mi madre.
      Un beso grande, amiga.

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  12. A mí me gustan este tipo de libros, y considero que lo agobiante es que te intenten convencer de algo, incluso con fundamentos. Las creencias muchas veces no los tienen e igual existen.

    Estoy de acuerdo con lo de que no todo es verdad mientras no se demuestre lo contrario porque hasta el más fundamentado razonamiento de que algo es verdad, se tumba si es más fuerte la creencia (incluso sin fundamento) que nos dice que no.

    Bueno, es mi opinión, Kirke, y esto es lo que me ha sugerido tu interesante reseña sobre el libro que has leído (nada al uso, por otra parte, en esta ocasión).

    ¡Muchos besos!

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    1. Al hilo de lo que comentas recuerdo un pasaje del libro en el que el autor asistió a una sesión de un mentalista que adivinaba cosas de la vida de los presentes al espectáculo. Cuando el autor demostró que el mentalista en cuestión era un charlatán y un estafador, una de las seguidoras le dijo que nunca podría entender cuán maravilloso era ese mentalista porque le faltaba la fe.
      Como bien comentas, hasta el más fundamentado razonamiento se tumba si la creencia es más fuerte.
      Un beso grande, guapa.

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  13. Creer es tener fe en algo, y la fe es creer fehacientemente en algo incomprobable. Creo que esta es la base de la religión, creer sin pruebas de nada. Maldito el hombre que cree en el hombre, me dice un evangelista, y yo católico le respondo: la Biblia esta escrita por el hombre, a lo que me responde: es la palabra de Dios. Y yo arremeto: ¿y vos viste que eso haya pasado? ¿Quién es testigo? Lo creés porque solo lo dice la Biblia, un libro escrito por el hombre, y maldito el hombre que cree en el hombre.
    En fin, la idea es esa. Yo soy de los que creen en lo que ven, pero tengo fe, y amo lo paranormal.
    Saludos.

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    1. Al menos tú tienes muy claro dónde empieza la religión y cuál es su ámbito. No mezclas ni estás confundido como hacen otros, empezando por ese evangelista al que haces alusión.
      Yo también amo lo paranormal, me encanta saber de hechos que no tienen explicación (de momento) y fabular con conjeturas. Eso no quiere decir que me crea las patrañas que algunos emplean para forzar situaciones donde lo paranormal no es más que la visión distorsionada de hechos perfectamente normales.
      Un saludo, Raúl.

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  14. A veces nos agarramos a un clavo ardiendo y queremos tener fe. Creer en lo que no hemos visto no sabemos si hay que creer. Lo que está fundamentado en la religión y en la Biblia nos lo cuentan y muchos lo creemos. Creer en lo paranormal tampoco creo, pero para eso está la ciencia y tampoco es la ciencia cierta todo. Leer este libro quizás es bueno para la reflexión. Parece interesante. Un abrazo

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    1. Este libro incita a reflexionar y veo que tú, si haberlo leído, reflexionas también porque el tema lo merece.
      Salvo la religión, los demás temas no es cuestión de creer sino de pensar en las posibles causas y buscar una explicación razonada.
      Gracias por el comentario, Mamen, un abrazo.

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  15. Tú reseña me ha recordar algo que sucedió en mi casa con mi madre. Mi madre llevaba dos meses y medio y desesperada en la cama y había ido al médico pero le habian dicho que posbilemnte fuera lumbago. Pues después de esos dos meses y pico, llego una señora que llevaba trabajando en casa de mi madre muchos años y le recomendó un curando muy bueno que a ella le había venido muy bien, total que mi madre ya desesperada accedió a ir, con la negativa de todos nosotros, pero por otro lado acabamos pensando que a lo mejor a ella le hacía bien, y así fue. La acompaño mi padre, y según él y luego es cierto que mi madre mejoro, entro doblada y salió de la casa de este señor mucho mejor de lo que había entrado y cierto es que mejoro como te digo. Efecto placebo? ganas de curarse? creer ciegamente en algo ? no lo se pero el caso es que mi madre mejor después de la primera y en las sucesivas visitas a ese curandero, de modo que si, posiblemente sea un timo pero el caso y verdad es que mi madre mejoro.
    Yo también soy de las que pienso que mientras que no se demuestre algo no lo creo.
    Me ha gustado tú reseña y tú reflexión y es bastante posible que me lea este libro. un besazo. TERE.

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    1. Lo que cuentas, Tere, pasa con relativa frecuencia. Esos curanderos no tienen ningún poder especial, al menos más allá del de saber infundir confianza en sus "pacientes". El efecto de la mente es poderoso, sobre todo si se trata de dolores que no se sabe muy bien qué están somatizando.
      En el tema del dolor de origen "desconocido" sé de muchas terapias alternativas que surten efecto. Cuando yo hice mis prácticas en una oficina de farmacia estaban de moda unas pulseras de metal rígido con dos bolas en los extremos que decían curaban los dolores del reuma. Se vendían como churros y yo siempre supe que era un timo, pero el caso es que los clientes de la farmacia me aseguraban que les quitaba el dolor, así que si algo funciona hay que utilizarlo.
      De todas formas no sé de ningún curandero que haya sanado a nadie de un cáncer (los casos que dicen por ahí resultaron no ser cáncer realmente) ni siquiera una infección bacteriana (y en estos casos el tema del sistema inmune también se presta a cierta participación subjetiva del paciente).
      Me encanta todos los temas que se están tratando en los comentarios a esta entrada, este debate demuestra que quienes por aquí pasáis pensáis mucho y eso siempre es motivo de alegría.
      Un beso grande, Tere.

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Hada verde:Cursores
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