Ramiro acusaba el cansancio de tantas noches de trabajo; solo eso podía explicar las voces que creía oír en la solitaria sala del museo.
Su especialidad en arqueometría y análisis de la policromía antigua le
había capacitado para trabajar en uno de los museos más prestigiosos del mundo:
el Museo Arqueológico Nacional. Sus novedosos conocimientos de la más avanzada
tecnología colorimétrica le permitían descifrar los secretos químicos ocultos
en restos arqueológicos de gran valor sin dañarlos y obtener así información
importantísima.
La famosa institución estaba preparando una exposición internacional
sobre estudios actualizados de las grandes piezas ibéricas del museo: «Los
colores del pasado: del Mediterráneo al Atlántico». Para dicha exposición
habían requerido los servicios de Ramiro; debía analizar dos de las piezas más
valiosas y famosas de la colección: la Dama de Elche y la Dama de Baza.
Debido a los estrictos protocolos de seguridad las esculturas no podían
trasladarse a los laboratorios subterráneos por lo que el joven arqueólogo
tenía que trabajar «in situ», en las horas que el museo permanecía cerrado al
público y en una penumbra acogedora (y algo intimidante) para no alterar la
humedad y la temperatura ambientales.
«Mediante el uso de luces multiespectrales podemos hacer hablar a las
piedras» solía comentar a sus colegas, aunque lo de «hablar» lo decía en plan
metafórico, por eso las voces que creía escuchar a altas horas de la madrugada
las achacaba al cansancio.
—Buenas noches, Ramiro —le saludó el guardia de seguridad cuando fue a
comprobar que todo estaba en orden.
—Buenas noches, Mateo. Por favor, revisa si la conexión wifi conecta con
algún dispositivo y se transmite cierto tipo de sonido por megafonía —le
comunicó el joven ante la posibilidad de alguna interferencia.
—No hay nada enchufao —contestó el segurata—. Además, yo no oigo ná.
—No te preocupes. Seguro que son imaginaciones mías.
—Si no me necesita me voy a seguir la ronda.
—Adelante, Mateo. Yo recojo esto y me voy, ya está bien por hoy.
Necesito descansar.
***
—Que son imaginaciones suyas, dice. Este chico será un portento en lo
suyo y guapo a rabiar, pero es un pelín pazguato —se oyó una voz en la sala 13
donde unos momentos antes se encontraba Ramiro trabajando.
—Con esos dos luceros que tiene por ojos y con ese tronío que se gasta
el gachó puede ser todo lo pazguato que quiera. Nadie es perfecto —contestó
otra voz femenina con acento andaluz.
—Mira, chica, no te hagas ilusiones porque no tienes nada que hacer.
Ramiro es mío y él también denota su predilección por mí. Las mujeres de Elche
no podemos evitar esa fascinación en los hombres —suspiró la primera voz con
tono engolado.
—Eso sí que son imaginaciones, estirá.
—¿No has percibido con qué mimo me toca y el arrobo con que me mira?
—¡A pijo sacao! Pues claro que te mira alobao, porque
tienes más años que la tos. Además, esas cosas que llevas en la cabeza, que parecen
las orejeras de un sillón, llaman la atención hasta a un ciego —espetó la
andaluza—. Conmigo sí que se queda cuajao. Babeando le vi el otro día
cuando se acercó a mí. En Baza yo ya levantaba suspiros cuando estaba viva y
alguna cosa más llegué a levantar que no te voy a contar por no escandalizarte que eres muy remilgada,
aunque darte un poco de sonrojo lo mismo no te venía mal porque estás blanca
como el papel. Quilla, ¿tú no tomabas el sol en Elche?
—El andar al aire libre es cosa de la plebe. Yo soy una dama y siempre
me moví entre palacios y mansiones. Incluso mi efigie ha sido la inquilina de
las más ilustres estancias. ¡Yo estuve en el Louvre! Viví en París, pero una
provinciana como tú no puede entender lo que significa eso.
—Así te has quedao, paliducha y con cara de amargada. Ramiro
nunca se enamoraría de una estirá. Él es viril y fuerte, admira el valor
y pa eso ya estoy yo aquí: una guerrera sagrada, mi ajuar así lo
muestra. ¡Soy la hostia!
—Una ordinaria es lo que eres. No se puede ser más basta, por favor —replicó
la de Elche con tono desabrido y burla—. Yo soy un símbolo de identidad
cultural. He inspirado a múltiples poetas gracias a mis facciones perfectas y
helenistas. Mi belleza no tiene parangón.
—Ni tu engreimiento. Serás una belleza, pero… no estás entera. Ya me
dirás cómo Ramiro te va a dedicar ciertas atenciones si te falta casi todo del
cuerpo, porque solo eres un busto. En cambio, mírame a mí: enterita, de arriba
abajo y con un color que para ti quisieras.
—El verdadero amor es el del intelecto. Ramiro se enamorará de mi ser,
no de mi cuerpo. Somos almas gemelas que comparten el amor por la cultura. Al
principio le está atrayendo mi físico, pero eso solo es la puerta que le dará
acceso a estancias más recónditas y placenteras que van más allá de lo
puramente sensual.
—Cucha, esaboría, donde estén unas buenas caderas como las de la
menda… déjate de intelectos y estancias recondidas.
De pronto, un fuerte carraspeo interrumpió el diálogo entre las dos
esculturas. Seguidamente se oyó otra voz con acento de Albacete y procedente de
una escultura con cuerpo de toro y cabeza humana.
—Perdonad que interrumpa. No he podido evitar oír vuestra conversación,
entre otras cosas porque aquí no hay otra cosa que hacer y porque no he tenido
más remedio ya que el pedestal al que me han dejado anclado me impide largarme e
irme a mi Balazote natal. Solo quería haceros notar un pequeño detalle a tener
en cuenta en vuestra pelea por el amor del bello Ramiro: ¿sois conscientes de
que estáis hechas de piedra?
—¡¿Quién te ha dado a ti vela en este entierro?! —contestaron a la vez
las dos damas.
El toro con cabeza humana se calló y no volvió a intervenir, pero un
escalofrío recorrió su cuerpo de piedra caliza mientras pensaba: «Estas dos
acaban mal».
—Es mejor que dejemos esta discusión porque no nos conduce a nada —concedió
la de Elche—. No le doy la razón a un ser tan desagradable de ver como es la
bicha —añadió refiriéndose al toro—, pero no puedo rebajarme a discutir con una
palurda como tú —volvió a añadir esta vez refiriéndose a la de Baza.
—Pero ¿tú qué te has creído, tía esparramá? Eres una estirá
que se cree la reina del Mambo porque ha viajado a París. Los rodetes que
tienes en la cabeza te comprimen los sesos y te han dejado p’allá.
Insulsa insufrible.
—Qué despliegue tan fascinante de vulgaridad. Se nota que pasaste siglos
enterrada bajo el barro. Por mucho colorido que poseas, la finura no se compra
con pintura barata. Tu falta de distinción no se puede decorar.
—Cucha, petarda, te voy a dar yo un par de lecciones sobre
distinción con las falcatas que tengo yo aquí para defenderme de imbéciles como
tú.
—¿Me vas a agredir? Pero qué simple puedes ser. La bicha de Balazote ya
te lo había avisado: somos de piedra. ¿Qué vas a hacer para llegar hasta mi
pedestal? Ordinaria y tonta; lo tienes todo, hija mía.
—No me provoques señoritinga que me pierdo…
***
ÚLTIMA HORA:
Vandalizan la Dama de Elche.
MADRID. — El Museo Arqueológico Nacional (MAN) ha sido escenario en
las últimas horas de un preocupante acto de vandalismo. Según fuentes de la
investigación, un grupo de desconocidos logró burlar todos los controles y
protocolos de seguridad del edificio durante la pasada noche, logrando acceder
de forma directa a la Sala 13, el espacio noble destinado a la colección de
Protohistoria.
Una vez en el interior de la sala, los intrusos se ensañaron de
manera exclusiva con una de las piezas más valiosas y emblemáticas del
patrimonio histórico español: la Dama de Elche. La dirección del centro ha
confirmado que los vándalos, utilizando un objeto punzante, esculpieron de
forma permanente las palabras "Paliducha estirá" en la frente de la
milenaria escultura de piedra caliza. Ninguna otra pieza arqueológica del
entorno, como la Dama de Baza o la Bicha de Balazote, sufrió daños materiales.
La Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional ya
investiga el suceso y analiza las grabaciones de las cámaras de seguridad para
esclarecer cómo se vulneró el perímetro. Por su parte, el equipo de
conservación y restauración del museo se enfrenta a una situación crítica; al
tratarse de un grabado por incisión sobre un material poroso y antiguo, el daño
en la superficie de la obra es directo, lo que requerirá una intervención
microscópica de extrema complejidad para intentar mitigar el impacto estético
en la pieza.
Fuentes cercanas al museo nos han desvelado que, para la
restauración, requerirán los servicios de un joven y reputado arqueólogo que ya
trabaja para ellos: Ramiro de la Torre
Caverna. El elegido ha declarado: «No es mi especialidad, pero haré todo lo que
esté en mi mano por restaurar una pieza tan bella y delicada. Me dedicaré a
esta importante misión en cuerpo y alma».


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