Leer, el remedio del alma

Leer, el remedio del alma
Imagen creada por Ilea Serafín

16 de junio de 2018

La última batalla



Hoy en la sala me siento solo, como suele ser habitual. A pesar de la gente que me rodea. La sala siempre está llena, cualquier día, laborable o festivo, a cualquier hora, por la mañana, por la noche o de madrugada. Siempre llena. Desde que la visito estos dos últimos años nunca la he visto vacía y nunca me he sentido acompañado. Hoy no ha sido la excepción.

¿Qué tiene esta sala que me hace sentir soledad? Con todo su peso. Con toda su crudeza. Y con antipatía. La soledad es mala compañera cuando no se la llama, cuando no se la busca, cuando se la encuentra en lugares llenos de gente. Estoy rodeado de personas y estoy solo.

Apenas soy consciente del murmullo incesante que se oye de fondo. Solo me doy cuenta de ese cuchicheo molesto al debilitarse levemente, cuando la voz metálica se oye por megafonía. Con un goteo cadencioso, lento, muy lento, exasperante, la voz llama a los familiares de los pacientes. Todos esperan, todos esperamos, que nos llamen. Familiares de… Eso soy yo aquí, el familiar de. No tenemos nombre, no tengo nombre; el nombre se reserva para los pacientes. Los que esperamos en esta sala solitaria atestada de gente somos los anónimos familiares.

Un anonimato que me hace sentir más solo. Un presente adicional, una mueca de burla, un girón de escarnio: estoy solo y no tengo nombre.

Al otro lado de las puertas abatibles está el territorio inexplorado. Terra ignota. Allí está el dolor, las esperanzas sin fundamento, la lucha, la muerte. Al otro lado se libran batallas, y en este, en la sala solitaria llena de gente, esperamos el resultado de la confrontación, esperamos saber quién ha ganado, quién ha sido más fuerte, quién ha salido vencedor.

En un rincón, un hombre se pelea con la máquina del café. No es un habitual, de lo contrario sabría que esa máquina está estropeada desde hace un mes.

Aquí también peleamos, derrotados de antemano nos revolvemos contra la realidad, contra la impotencia, contra nuestro propio dolor. Un dolor que no se combate con analgésicos, un dolor que no se ubica en el cuerpo. No asumimos la derrota, ilusos hasta el final. Somos los daños colaterales, la población civil víctima del bombardeo.

Enfrente de mí un anciano se queda adormilado en su silla, una mujer más joven le coloca la cabeza sobre su propio hombro. La espera se hace larga y el tedio se enseñorea.

Peleamos y esperamos. Esperamos al heraldo que nos traiga la misiva maldita para comunicarnos quién cayó en la vanguardia. La voz metálica del mensajero, con un goteo cadencioso, lento, muy lento, exasperante, va llamando para notificar las novedades en el frente. Quién está herido leve, quién lo está muy grave, quién sucumbió al fuego enemigo. Ese enemigo imbatible al final, porque siempre acaba ganando en la última batalla.

Envuelto en una capa de falso aislamiento, regurgitando las lágrimas que me dicen al oído que este será el último combate, el que siempre gana el enemigo, oigo el nombre del que soy familiar. Envuelto en una coraza endeble, fabricada con esperanzas infundadas, me dirijo a recoger la misiva del mensajero que trae noticias del frente, de mi frente, de mi batalla. Me dirijo a recoger el último parte de guerra.


NOTA
Este relato corresponde a un ejercicio donde se practica la prosa poética y había que escribir una historia "infectada de lirismo". 
Soy una negada para el lirismo, me cuesta trabajo leer y entender la poesía, así que tener que escribirla, aunque sea en prosa, me supuso un esfuerzo agotador. Para mi sorpresa el texto fue muy bien valorado por mi profesora. Vosotros diréis si estáis de acuerdo con ella.


53 comentarios:

  1. Una situación cotidiana narrada con cierto carácter épico. La enfermedad puede ser un enemigo implacable pero vencible, pero cuando vas acompañada de su hermana muerte, entonces, no hay más que dejarse abatir y marchar con la dignidad del vencido.
    Lo haces bien mi niña.
    Un beso.

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    1. Hola, Javier.
      A veces sí que se puede vencer a ese enemigo, la enfermedad, pero como bien comentas, cuando la acompaña la muerte, entonces se hace imbatible y el que se enfrenta a ellas no puede vencer nunca.
      Hay que saber ganar, pero también hay que ser conscientes de que, tarde o temprano, todos perderemos.
      Muchas gracias, padrino, por tus palabras.
      Un beso.

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  2. Comparar la enfermedad con una guerra, de la que solo se pueden ganar batallas y escaramuzas ha sido un magnífico recurso,... la resistencia a un final que no se puede cambiar le da un tono épico que favorece ese tono lírico que le quisiste dar al texto. Enhorabuena!

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    1. Hola, Norte.
      Muchísimas gracias por esos elogios que valoro mucho porque no me sentí muy segura cuando escribí este relato, la verdad. El lirismo no es lo mío, y emplear metáforas tampoco, creo que soy una persona demasiado pragmática para estas cosas.
      Un abrazo.

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  3. Ufffff he sufrido pero creo que está muy bien y no me sorprende que te lo valorasen bien. Sé que te ha costado esfuerzo pero como me dice siempre alguien muy querido; todo sacrificio obtiene beneficio.
    Besos.

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    1. Hola, Gemma.
      Tiene toda la razón esa persona querida, las cosas que cuestan trabajo se valoran más cuando son reconocidas.
      Un besote grande, y gracias por tu comentario, guapa.

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  4. Sí estoy de acuerdo en que el texto es muy lírico. Me ha gustado mucho, aunque no llego a entender del todo la situación. Lleva años a lo que se ve en esa sala de espera. ¿Qué le pasa a su familiar para que lleve dos años en situación de noticia? Yo esa situación la relaciono más bien con los primeros momentos en que alguien ingresa en urgencias, o cuando sale de una operación, pero, tras dos años, no acabo de comprender por donde van las noticias.
    No obstante, ya te digo que me ha gustado mucho. Ya sabes que no necesito saber los finales y que me gusta poder poner mi parte en un relato, pero es que en este algo se me escapa (y sé que es culpa mía).
    No me extraña que tu profe lo haya valorado bien. La poesía tampoco es lo mío.
    Un beso.

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    1. Hola Rosa, he leído tu comentario y no he podido evitar pensar en que sí se puede dar el caso. Hubo un tiempo en el que por desgracia, parecía que tenía pase vip a los hospitales, nunca por familiares cercanos, pero sí cercanos de personas que me importaban. El caso del texto de Paloma puede ser como lo que le ocurrió al padre de una amiga mía, que le detectaron cáncer y lo operaron, al poco le detectaron otro y al poco el primero se le volvió a reproducir. Estuvo 6 años así, con quimioterapia e ingresado cada dos por tres, y entre medio hubo alguna operación. Esperar una noticia también puede ser cómo está actuando la nueva quimio que le han puesto porque las anteriores no tienen efecto, o como en el caso del padre mi amiga, se sospecha de metástasis y hacen más pruebas. O que le de una crisis grave mientras está ingresado y el médico llame a casa. Creo que este tema es tan delicado que de todo puede pasar, por desgracia :(

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    2. Hola, Rosa.
      María se me ha adelantado con esa magnífica explicación.
      Yo también he vivido dos casos muy cercanos, y te puedo asegurar que visitar asiduamente los servicios de urgencias es algo más común de lo que pueda parecer.
      Mi suegro padeció un cáncer que durante más de un año le tuvo en la cuerda floja y eso conllevaba ir a urgencias con frecuencia. Mi madre tuvo un ictus que la dejó secuelas y que le fueron minando la salud, también requería visitar con urgencia por complicaciones varias, y también durante muchos meses.
      Hay enfermedades graves que se alargan en el tiempo y que, por unos motivos u otros, van dando golpes de gravedad que requieren ir a urgencias, hasta que llega el final. Como digo, este puede ser un proceso largo (y muy penoso, para el enfermo y para su entorno).
      Un besote.

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  5. Fantástico tu texto Me has maravillado con tu escrito

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  6. Hubo una época, hasta que alguien querido perdió su última batalla, en la que pasé muchas horas en salas de espera de hospital. La sensación es tal como la describes: impotencia, allí no somos nadie y tampoco nos importa. Con un poco de suerte, no estamos solos, pero los ratos en que lo estamos (aunque allá decenas de personas a nuestro alrededor) el peso de esa soledad es mayor que el del paso de los años.

    Buen texto.

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    1. Hola, David.
      Creo que todos los que hemos sido visitantes asiduos de esas malditas salas de espera de urgencias, sentimos más o menos lo mismo. Podría esperarse que eso nos hiciera sentir parte de un grupo, una especie de sociedad, pero no, te sientes más solo, cada uno con su propio dolor.
      También te digo que yo, en esas salas de urgencias, he tomado contacto, muy breve, muy fugaz, con personas que con un simple gesto (una sonrisa de complicidad, o un leve apretón en el brazo) me demostraron que hay gente con mucha humanidad y muy solidaria. Algún día escribiré algo dedicado a estos "buenos samaritanos".
      Un beso.

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  7. Una visión muy original de esas batallas, quizás las más duras de nuestras vidas que se viven en esas salas de espera que son verdaderos infiernos por la incertidumbre que a veces se producen en ellas. El lenguaje utilizado es un lujo Paloma, un ejemplo sería ese dolor y ese párrafo de Terra ignota. Aunque lógicamente el relato trae recuerdos dolorosos, eso no menoscaba la excelencia en su redacción. Un gran abrazo y bonito fin de semana.

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    1. Hola, Miguel.
      Es cierto que ponerme a escribir esto me trajo recuerdos muy dolorosos, pero también me sirvió de catarsis, una manera de conjurar viejos fantasmas. Asumir la realidad, ser conscientes de que hay batallas que se pierden, nos puede ayudar a ser más fuertes.
      Muchas gracias por tus elogios, dado que me resultó complicado plasmar esos sentimientos, tus palabras tienen un valor añadido.
      Un beso grande.

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  8. Me ha gustado mucho tú relato.
    Esa espera es la mas dura y dolorosa de todas, porque esa incertidumbre de saber si estamos bien, si no, si saldremos de allí o nos ingresaran para intentar remediar la batalla contra la enfermedad, siempre pensando si libraras esa batalla o a quien tengas allí la conseguirá liberar, que no depende de nosotros, que no tiene control, esa soledad y esa espera es de la mas duras de todas, y tú con este relato lo has descrito muy bien.
    Enhorabuena Paloma, y siento que haya sido dura al escribirlo pero a merecido la pena, y mas cuando tú profesora la ha valorado de forma positiva.
    Besos y buen domingo.

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    1. Hola, Tere.
      Qué lento pasa el tiempo cuando estás en esa sala, la incertidumbre, el no saber qué está pasando al otro lado de esas puertas es desesperante.
      La verdad, no estaba yo muy convencida con este relato, pero que mi profesora lo catalogara de "muy potente" me dejó encantada y también sorprendida.
      Muchas gracias, Tere, por tus palabras.
      Buen domingo también para ti.
      Un besote.

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  9. Si la soledad no buscada ya es de por sí muy ingrata, si esta va acompañada de la angustia, la combinación resulta terrible. Esa espera insoportable deseando lo mejor, el milagro, pero imaginando lo peor, la derrota final, no tiene parangón con ninguna otra situación expectante. Y ciertamente, en muchos casos, tras esas puertas que nos separan del ser querido, se está librando una dura batalla: la vida contra la muerte.
    Un relato lírico y estremecedor, por lo real que resulta. Prueba superada.
    Un beso.
    P.D.- Veo que ayer no te tomaste un descanso bloguero. Aunque como puedes comprobar, hoy yo me he saltado, por unos momentos, mi día de fiesta, jeje.

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    1. Hola, Josep Mª.
      Me gustan mucho las alegorías, esos simbolismos que leo en otros escritos me encantan. Pero siempre me he considerado una negada para escribirlos yo. No sé, puede que el día que me puse delante del ordenador a hacer el ejercicio (completamente desmoralizada porque me sentía muy perdida) viniera alguna musa compasiva que se apiadó de mí y me hizo ponerme lírica. Te aseguro que me sorprendió la valoración de la profesora y eso que mi marido (uno de mis críticos más feroces) ya me había dicho que el texto le gustaba mucho, mucho (exactamente dijo "¡es brutal!")
      Esta entrada estaba escrita y preparada desde el jueves, la publiqué ayer por la mañana temprano antes de salir de casa al encuentro de una cita importante. Este fin de semana ha sido abundante en emociones.
      Disfruta tu fiesta, Josep Mª. Espero que pases un día genial.
      Un besote.

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  10. Pues yo coincido con tu profe y creo que el texto es muy bueno. Has hecho una buena comparativa entre la guerra y la espera en el hospital. Como he dicho en el comentario de Rosa, viví una etapa en la que visitaba muchísimo los hospitales: la madre de mi ex pareja, después la mujer de su hermano, mi tía, el padre de una de mis amigas, y sé que tener que esperar se hace eterno. Creo que la comparativa es acertada porque tanto en la guerra como cuando esperas la noticia del hospital, la probabilidad de éxito o fracaso es tan alta y tan incierta que no sabes ni qué esperar, y eso lo hace más duro todavía.
    Después de todo, una enfermedad es una batalla, así que felicidades por este texto al que su dureza lo hace más genial todavía!
    Un besito guapa!! :*

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    1. Hola, María.
      Creo que al ser humano una de las cosas que más miedo le da es la incertidumbre, lo desconocido, el no saber qué va a pasar. En esas salas de urgencias se espera todo y nada, además el tiempo pasa muy lento y la cabeza no hace más que dar vueltas a las diferentes posibilidades.
      En el curso que realizo todos los alumnos somos gente ya tadullita, menos una alumna que es muy joven (19 añitos). Cuando leí el relato en voz alta (luego los demás manifiestan su opinión y por último, la profesora da su veredicto y sus correcciones), esta chica comentó que le había llamado mucho la atención (y que le había encantado) resaltar que la lucha también se daba en la sala de espera, el punto de vista de quien espera y no del enfermo, porque ella siempre que había ido a urgencias había sido como paciente, no sabía qué se siente "al otro lado".
      Los que nos sentimos identificados, o comprendemos al protagonista del relato somos quienes hemos vivido situaciones parecidas y estas llegan según vamos cumpliendo años.
      Un beso muy grande, pasa un buen domingo.

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  11. Fantástico el relato Kirke, tu profesor tiene toda la razón para felicitarte, lo hiciste muy bien, reflejaste a la perfección esos momentos de incertidumbre de los familiares de....y el remate con ese parte de guerra me parece genial.
    Te mereces un diez y muchos aplausos.
    Un abrazo
    Puri

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    1. Hola, Puri.
      Muchas gracias por puntuarme con ese diez. Estoy sorprendida porque no me siento cómoda con el lirismo, pero me pone muy contenta que el gran esfuerzo que me supuso escribir esto haya sido recompensado con vuestra buena acogida.
      Un beso grande.

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  12. Muy acertada la metáfora, Paloma. Un relato que duele.

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    1. Hola, Marta.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo.

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  13. Es un magnífico ejercicio, Paloma. A mi la prosa poética me gusta lo justo y menos. Imagino porque soy más racional que emocional y necesito que el texto me cuente una historia, no solo sensaciones o emociones. Y, afortunadamente, creo que más que prosa poética has utilizado una enorme comparación de la lucha por la vida con una batalla a campo abierto. Un símil con todo el sentido del mundo.
    Pero lo que me ha fascinado de verdad, es el ritmo. La riqueza de la combinación de frases largas, cortas, palabras..., da una fluidez a la lectura y una gran verosimilitud al discurso. Transmite y eso es lo más importante de una historia: que el lector se crea al personaje.
    El anterior relato respondía a un ejercicio con unos requisitos muy definidos, este de prosa poética... desde luego te lo están poniendo difícil de verdad.
    ¡Ah! Me encanta cómo te queda ese tintero de bronce. Un fuerte abrazo!!

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    1. Hola, David.
      Lo que me cuentas del ritmo también coincide con la valoración de mi profesora. Vuestra valoración tan positiva me resulta en este caso doblemente satisfactoria porque, al igual que a ti, la prosa poética no me va demasiado, y creo que por las mismas razones que tú expones, soy demasiado racional para entender y practicar la poesía.
      En el curso nos están poniendo a prueba a base de bien, pero eso me gusta, aunque sufra con algunos ejercicios, porque así me esfuerzo y me obligo a cambiar de registro, salgo de mi zona de confort.
      Muchas gracias por tu opinión siempre sincera y argumentada.
      Un besazo.
      P.D. El tintero de bronce es todo un honor y un adorno de lujo en el blog.

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  14. Buena metáfora de esa lucha sin cuartel en la que algunos salen perdiendo, has transmitido de forma muy poética ese dolor, esa soledad e incertidumbre en la que se miran los familiares de, has creado desazón y angustia como la que se siente ante el miedo a la enfermedad, a lo desconocido. Felicidades por el ejercicio y por ese tintero de bronce.
    Besitos y muy feliz semana

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    1. Hola, Conxita.
      Todos los que hemos pasado por ser "familiares de" sabemos la impotencia que se siente a ese lado de la lucha. Dicen que quien espera, desespera, y en esas salas de urgencias ese axioma se muestra con toda su crudeza.
      Gracias por tus felicitaciones.
      Un beso muy grande, guapa.

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  15. Hola Paloma,
    Tu escrito transmite impotencia, soledad, duda y sensación de que estar allí no es suficiente. En estos casos no se puede hacer nada por la otra persona y uno siente que ni siquiera puede cederle un poco de consuelo. Es muy duro y difícil, se pasa mucho miedo.
    La espera es muy dolorosa, no haya respuesta, ni consuelo.
    Estoy de acuerdo con tu profesora, cien por cien.
    Un beso.

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    1. Hola, Irene.
      El no poder estar al lado de quien está luchando al otro lado de esa puerta que separa los dos territorios es otro componente que añade más dolor, más impotencia y desesperación. Preguntarse cómo estará la persona amada y no saberlo es angustioso.
      Muchas gracias por tus palabras y tu visita.
      Un besote, guapetona.

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  16. Paloma te ha salido muy bien esa prosa poética. Además has tocado un tema que de por sí es triste. Esa guerra que se interioriza en esa soledad en espera solitaria o interior, para saber si nuestro ser querido sale de lo que es una lucha entre la vida o la muerte. Felicidades. Un abrazo.

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    1. Hola, Mamen.
      Con el ejercicio hice lo que pude, a lo que parece me salió mejor de lo que esperaba.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un beso.

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  17. Estoy más que de acuerdo con tu profesora: es un texto magnífico. A mi me fascina el lirismo, la prosa poética y la poesía, y tu relato está conseguidísimo.
    Me gusta todo lo que expresa tu protagonista, sensaciones que, por desgracia, he vivido. Y son así, se viven con esa impotencia y en la más absoluta soledad. Me parecen geniales las comparaciones que has hecho, como esa en que hablas de la espera del dictamen médico con el momento de recoger un parte de guerra... En fin, que ni queriendo (que no quiero) le podría encontrar pegas.
    ¡Felicidades! No se te ocurra decir que se te da mal el lirismo, ¿eh?

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    1. Hola, Chari.
      Me temo que todos los que hemos pasado por la triste situación de esperar en una sala de urgencias a que nos den el parte médico de un ser querido hemos tenido sensaciones muy similares.
      Me alegro de haber sabido plasmarlas en el papel.
      Tienes razón, creo que después de esta no podré decir que se me da mal el lirismo, aunque sigo insistiendo que me cuesta mucho más trabajo que otro tipo de género.
      Un besote, guapa.

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  18. Hola Kirke.
    A mi me parece que es un texto intimista contado, como bien dices, desde la soledad y el anonimato del que espera. Haces que nos sintamos reflejado en esa sala de espera donde todos alguna vez hemos desesperado o esperanzado.
    Has abordado el escrito de una manera original Kirke, no solo desde el lado del sentimiento (que es lo que impera), una batalla desplegando estrategias, y lo has hecho desde el lado de la sufriente espera.
    Enhorabuena compañera, muy bien escrito.

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    1. Hola, Tara.
      Para mí la vida es una constante lucha, se lucha para cualquier cosa que queremos conseguir. Cuando se enferma esa lucha es mucho más visible y más terrible porque el enemigo es la muerte.
      Gracias por valorar tan bien este texto.
      Un beso muy grande.

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  19. Has sabido contar y transmitir muy bien la soledad y la angustia del anónimo "familiar de". La incertidumbre por conocer el vencedor de un combate que sabemos que tarde o temprano perderemos. La amarga espera por oír "la voz metálica del mensajero, con un goteo cadencioso,lento,muy lento, exasperante, que repites remarcando la desesperación del impaciente familiar del paciente vencido o vencedor.
    No sé si es prosa poética pero si que es un magnífico trabajo de escritura. Un saludo.

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    1. Hola, Jose.
      Gracias por tus palabras, saber que esa angustia y desesperación que se siente en una sala de urgencias ha sido captada por el lector es el mejor reconocimiento.
      Un abrazo.

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  20. Muy buena comparación... me he maravillado al leerlo..y siempre la espera..la eterna espera de todo...hasta de lo peor.Excelente como todo lo tuyo! suerte! Abrazo

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    1. Hola, Graciela.
      Gracias por tu comentario. Esa sala de espera es realmente desesperante. Un mal trago por el que todos hemos pasado o pasaremos.
      Un abrazo.

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  21. Pues sí Paloma, creo que tu profesora no se equivoca, para mí es de lo que te he leído uno de los más potentes en cuanto a la fuerza que destilan las palabras. Además muy bien planteada esa dualidad entre la guerra y la batalla interna que vive el protagonista contra unos hechos que no puede cambiar. El final abierto, un acierto sin duda.
    Te desearía suerte en el Tintero pero tú como yo estás castigada en esta edición, así que gracias por compartirlo. Un abrazo!

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    1. Hola, Jorge.
      Es llamativo que este texto fuera tan bien valorado por la profesora cuando yo, al terminarlo, no me quedé muy satisfecha, supongo que fue porque este tipo de relato no es el que más practico, aunque viendo el resultado debería replantearme "mis" temáticas.
      Me ha encantado participar como invitada en esta edición del Tintero, y para mí no es un castigo porque competir me pone nerviosa, al tener que batirme con tan buenos escritores.
      Muchas gracias por tu valoración.
      Un besote.

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  22. Pues Paloma, que quieres que te diga, es un relato que me ha tocado, llámame lírica si quieres, pero trasmite una humanidad, sensibilidad. Has narrado una historia en una sala de espera, algo que podría ser simple, monótono y aburrido, pero todo lo que ocurren en la cabeza, en el cuerpo es un mundo de sensaciones. La espera puede ser eterna, puedes pasar la noche en vela en el silencio, como mi última noche acompañada de mi pareja y dos paraguas, como invitándome a salir porque va a llover a cántaros, por que puede llover tragedia... Las historias las comentamos tal como nos llegan, porque nos "tocan" de alguna manera. A mi esta me ha gustado mucho, he descubierto esa faceta tuya de contar las más diversas historias, qué callado lo tenías compañera, un gusto siempre. Un abrazo

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    1. Hola, Eme.
      La primera sorprendida con este tipo de textos he sido yo, no pensaba que iba a escribir algo así, sabía qué tema tocar pero la forma... eso me vino después y cuando estuve delante del teclado.
      A la vista de vuestras opiniones tan positivas tendré que indagar más en este estilo.
      ¡Gracias, guapa!
      Un beso y feliz verano.

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  23. Hola Paloma, un relato que me resulta muy fuerte. Esa situación es tremenda. Casi no puedo con una historia así..Pero asimismo te digo que está muy bien escrita. Te felicito por tu prosa. Muy lograda la sensación de angustia y soledad. Un abrazo.

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    1. Hola, Miry.
      A veces las historias no son felices ni alegres, de todo tiene que haber.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  24. Hola, amiga Paloma.
    Quisiera en primer lugar darte las gracias por compartir con nosotros esta maravilla de texto; ¡ha resultado una verdadera delicia su lectura!
    En segundo lugar, confesarte que estoy muy de acuerdo con todos los compañeros que te han indicado que están muy de acuerdo con tu profesora en que este relato desborda lirismo y elegancia.
    Y, en tercer lugar, te comentaré que yo no sé si estas letras se merecen o no un 10. Yo, así a bote pronto, les daría un 9,5; pero, dándole vueltas al asunto, añadiría 10,5 sonoros y entusiastas aplausos por si sirvieran para compensar ese 0,5 que nos faltaba...
    ¡Ah!, del tema poco comentaré, salvo que está tratado con tanto respeto y elegancia que consigue que sintamos empatía por todos esos personajes que están en la Sala de Espera... de lo peor y, si hay algo de suerte, de lo menos malo.
    Bueno, que sepas que me ha gustado mucho este relato, aunque creo que se me ha notado un poco.
    Espero poder seguir leyendo textos tuyos tan lindos como éste.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Patxi.
      Gracias por esa puntuación tan elevada, es todo un honor.
      Los sentimientos que se tienen en situaciones como estar en una sala de espera pueden ser muy variados, pero creo que todos se resumen en incertidumbre, esperanza y desasosiego.
      Un abrazo fuerte.

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  25. En la vida cotidiana se producen más muertes y héroes que en las batallas de las que nos hablan los libros de historia o los telediarios, con millones de ciudadanos sufriendo los daños colaterales de esta guerra pérfida de antemano.
    DuroDy buen relsto, Kirke. Un abrazo enorme.

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    1. Hola, Bruno.
      Esos soldados y sus familiares luchan con fuerza, algunos logran vencer, al menos de momento, y eso ayuda a tomar fuerzas para las batallas por venir.
      Gracias por tus palabras.
      Un abrazo.

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  26. En parte, me sentí identificado con el ambiente de sala de espera, que dependiendo del tiempo es más o menos desesperante. Singular resulta el paralelismo que estableces entre el hospital y el campo de batalla. Afortunadamente, también se ganan muchas batallas. Un abrazo, Paloma.

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    1. Hola, Paco.
      En esas batallas muchos salen vencedores, aunque la última de todas se pierde siempre.
      Muchas gracias por tu visita.
      Un abrazo.

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Hada verde:Cursores
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