1 de octubre de 2018

La promesa



Murieron juntos y cumplieron la promesa que se hicieron veinte años atrás.

Mientras llevaba a cuestas el cuerpo malherido de Manuel, Javier recordaba un pasaje de su infancia. En aquella escena Manuel y él hicieron un pacto de sangre, solo eran unos críos que soñaban con emular las aventuras de los libros que tanto les divertían a los dos.

A Manuel le gustaban mucho las historias de Emilio Salgari. Su favorita, ‘Los bandidos del Sahara’. Soñaba con enfrentarse a los temidos tuaregs en un mar de arena y demostrar su arrojo soportando el inclemente sol del desierto.

Por el contrario, a Javier le gustaba más Jack London. Las aventuras que se desarrollaban en el territorio inexplorado de Alaska le parecían fascinantes. Esos pioneros que se dirigían a lo desconocido afrontando los rigores de un clima hostil le encantaban. Soñaba con montarse en un trineo con varios huskies y cruzar el hielo en busca de aventuras.

—¡Tuaregs a la vista! Pongámonos al resguardo de aquella duna, si nos quedamos quietos puede que no nos vean con el reflejo del sol —decía Manuel mientras se escondía detrás de un banco del parque.

—¡Hay que hacer un refugio escarbando en la nieve! Con esta ventisca no podremos continuar la travesía —decía Javier a la vez que construía un remedo de tienda de campaña con su abrigo y la chaqueta de Manuel.

Entre risas, los dos amigos jugaban a vivir aventuras, en el desierto o en la nieve, pero siempre juntos y siempre divertidos.

A pesar del sol inclemente que en esos momentos castigaba a Javier, sonrió al recordar esa parte de su niñez. Miró de soslayo a Manuel que seguía inconsciente cargado en su hombro. Intentando no pensar en la fatiga que le estaba consumiendo y que le hacía trastabillar constantemente, Javier volvió a sus recuerdos, a aquel pacto de sangre.

La culpa fue de la señorita Adela.  En clase de Historia les había contado cómo Scott había fallecido en el intento de llegar el primero al polo sur y cómo, tras ver sucumbir a todos los miembros de su expedición, él había muerto también en la más absoluta soledad. Aquella historia les había impresionado mucho y los dos amigos lo comentaron tras salir del colegio, camino de sus casas.

—¿Te imaginas lo que debe de ser morir congelado? Dicen que el frío te hace dormir, que te vas quedando sin fuerzas hasta que el corazón se para porque la sangre se congela —dijo Javier.

—¿Cómo se va a congelar la sangre? Si va dentro del cuerpo.

—No sé. Lo que ha contado la señorita Adela de ese explorador inglés… Debe de ser muy triste morir solo en medio de tanta nieve ¿no?

—¿Solo? ¿No tendría ningún perro del trineo? —contestó Manuel con los ojos muy abiertos. La imagen de un hombre muerto rodeado de nieve le daba escalofríos.

—No lo sé. ¿Qué pensaría cuando se murió? La seño dijo que escribió un diario pero lo último del todo no lo contó.

—Si se le congeló la sangre no podría escribir al final —respondió Manuel aún estremecido.

—Yo no quiero morirme solo. Quiero estar con alguien, ¿y tú?

—¡Jo, macho! yo no pienso esas cosas, pero supongo que también.

Fue entonces cuando decidieron hacer un pacto de sangre y cuando se prometieron que morirían juntos. Tonterías de críos, se decía Javier siempre que rememoraba aquello. Aunque, esta vez, ya no le pareció tan descabellada aquella promesa y una sonrisa cínica se le dibujó en la cara porque la emboscada en Sarakhs había resultado una carnicería. El sargento Salazar y casi todos sus compañeros habían caído con el primer obús, tan solo el cabo Pellicer, Manuel y él pudieron salir del camión en llamas.

Pellicer, con más de la mitad del cuerpo quemado, solo sobrevivió una hora. Manuel tenía  una herida de metralla muy fea en el muslo que no paraba de sangrar. Recordando las clases de primeros auxilios que recibió antes de salir para Afganistán, Javier le hizo un torniquete y se lo cargó al hombro. Debía llegar al puesto de Bādgīs antes de que se hiciera de noche, y si los talibanes no les daban caza antes.

El avance era penoso, le hubiera gustado que Manuel estuviera consciente y le dijera cómo hacían los tuaregs para sobrevivir con ese sol abrasador del desierto. Después de ingresar en el ejército juntos, y tras las bromas de Manuel que le recordó que las misiones militares españolas no se realizaban nunca en Alaska ni en ningún polo, fueron destinados al lugar que más le gustaba a su amigo: el desierto. No se habían enfrentado a ningún temible tuareg, pero los insurgentes afganos eran igualmente temibles, y letales.

Agotado y exhausto, aprovechó la sombra minúscula que daba una roca para depositar a Manuel y poder recuperar el resuello. Cuando se sentó al lado de su amigo inconsciente, se tocó el hombro izquierdo y comprobó que la humedad en la espalda no era debida al sudor. Era sangre. Tenía una herida y sangraba profusamente. Entonces entendió que su debilidad no solo era producto del calor y del esfuerzo.

Se estaba haciendo de noche. Sabía que las temperaturas en ese lugar eran extremas y que el frío nocturno le haría perder las pocas fuerzas que aún le quedaban. El puesto estaba aún muy lejos. Imposible llegar. Imposible sobrevivir.

Sonriendo amargamente y aunque sabía que su amigo no le podía escuchar, le dijo.

—Manuel, parece que aquel juramento estúpido se va a cumplir. No hay nieve, pero el frío también es intenso y esta arena a ti te gusta más. No es el polo sur, pero…

Se abrazó al cuerpo de su camarada, en busca de calor y consuelo. La respiración de Manuel era arrítmica, luego se volvió muy rápida para cesar bruscamente.

Con la voz entrecortada, Javier le dijo al oído:

—He cumplido mi promesa, amigo. Y tú también.





NOTA
Aunque terminé el curso de escritura hace meses, este relato es un ejercicio del mismo. En esta ocasión había que empezar por el final. En el primer párrafo había que contar el final del relato. En un intento, vano en mi caso, de emular al gran García Márquez, había que contar el final de la historia pero manteniendo la intriga sobre el porqué de ese final. Una vez más, hice lo que pude.





34 comentarios:

  1. Hola.
    Yo no creo que sea un esfuerzo bvano, a mí me ha encantado.
    Durante un tiempo estuve enganchada(gracias a mi madre) a la lucha Scott-Amundsen y me encantan y apenan los diarios, ahí descubrí lo que era verdaderamente el escorbuto...
    Me gusta mucho el relato, el desarrollo, los recuerdos de infancia, todo.
    Besos y el monasterio está en Tineo, el occidente asturiano, es Santa María la Real de Obona, tiene mucha historia y muchas leyendas, y cuando vas y entras en lo que era el claustro es alucinante, las fotos no le hacen justicia.
    Besos.

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    1. Hola, Gemma.
      Gracias por creer que el esfuerzo ha sido provechoso. Hija mía, en el curso a veces nos ponían las cosas complicadas, pero encima pedirte que emules a un monstruo de las letras como García Márquez asusta al más pintado.
      Me alegra saber que valoras el ejercicio tan bien.

      Tomo nota del nombre del monasterio, cuando vuelva por la zona (que volveré) iré a visitarlo sin falta.
      Un besote.

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  2. Tiene muy buena pinta. Tomo nota. un beso.

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    1. Lady Aliena, a tenor de tu comentario parece ser que crees que esta publicación es una reseña de un libro cuando resulta que es un relato.
      Me dejas preocupada, porque si no ha quedado claro es que yo soy muy mala narradora, aunque también cabe la posibilidad de que tú no te hayas leído esta entrada, en cuyo caso la confusión no es responsabilidad mía.
      Un saludo.

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  3. Pues lo hiciste a las mil maravillas, Paloma. Caramba, ¡qué relato! Decir que me ha gustado es poco. Una historia de amistad, dramática y enternecedora. Lo has sabido contar de forma que, mientras uno lee, visualiza perfectamente cada una de las escenas.
    Ese curso de escritura ha sido muy provechoso, jeje.
    Enhorabuena y un beso.

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    1. Hola, Josep Mª.
      Qué alegría saber que las historias que me invento son del agrado de quienes me leen. Me salió algo dramática esta pero me gustó sumergirme en el papel de dos soldados, algo que me ha sorprendido porque yo soy muy poco castrense.
      Que me digas que has visualizado las escenas es lo más halagador que puedo escuchar sobre mis relatos.
      ¡Gracias!
      Un besote.

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  4. Un excelente relato. Lo que en un principio comienza siendo como un juego de críos dejados llevar por la camaradería y amistad acaba cumpliéndose con los años...la promesa de morir juntos. Me ha encantado, felicidades querida amiga. Con tu permiso me lo llevo. Besos y abrazos.

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    1. Hola, Marina.
      A veces, de niños se dicen y hacen cosas que con el tiempo acaban teniendo sus frutos y con consecuencias insospechadas.
      Todo un honor que quieras llevarte este texto, tienes mi permiso, por supuesto.
      Muchas gracias por tu comentario tan generoso.
      Un beso grande.

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  5. Javier y Miguel. Al principio creí que se trataba de una historia de amor imposible de dos Romeos en un mundo heterosexual. Luego me llevaste al Polo Sur y me sentí en solitario sin saber qué hacer. Al final un obús me dijo dónde estaba. "Las hazañas bélicas" regresaron a mi pasado y me vi leyéndolas en casa de mi amigo Antonio, el cual, sin saberlo, contribuía a que engañara a mi padre que no quería ver historias de guerra en casa.
    El salto a la novela más larga es inevitable, Kirke.
    Un beso.

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    1. Hola, Paco.
      Creo que la amistad entre dos hombres, sin que haya ninguna atracción física, siempre ha existido, pero últimamente cuando se habla de dos hombres parece que es imposible que puedan tener una relación solamente afectiva, de amistad.
      Yo, al menos, sí creo en la amistad y en la camaradería. Javier y Manuel son una muestra de cómo los lazos afectivos que se crean en la infancia pueden llegar hasta la edad adulta.
      Aunque no entiendo el espíritu militar ni eso de dar la vida por la patria o por el honor, sí que valoro el sacrificio de esos soldados que mueren lejos de su tierra, en lugares completamente ajenos a su entorno habitual. Respeto mucho una elección que lleva a algunas personas a consecuencias extremas.
      Lo de la novela no lo tengo yo muy claro, pero sí es cierto que ya siento las ganas de escribir historias más largas que un relato de dos o tres páginas, aunque eso conllevará abandonar el formato blog.
      Un beso.

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  6. No has superado al maestro porque aquello de "El día que lo iban a matar... etc" es insuperable, pero te has superado a ti misma.
    Me ha encantado este relato que, como dices, mantiene cierta intriga aun sabiendo desde el principio que los dos van a morir.
    Me encanta la ambientación en ese desierto de ese país de ensueño que se ha terminado convirtiendo en una pesadilla (como sabes, hoy en mi blog también hablo de Afganistán). Está muy bien escrito, con un estilo muy sencillo en el que nada sobra ni falta; con recuerdos precisos y suficientes para meternos en la historia y su por qué.
    No sé cómo lo calificaría tu profe, pero a mí me encanta.
    Efectivamente, responde a la "buena pinta" que tenía 😂😉.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa.
      Yo también me di cuenta de la "casualidad" de que tu entrada, publicada el mismo día que la mía, se ambientara en Afganistán, y como no soy yo de creer mucho en las coincidencias he pensado que nuestra conexión internauta puede llegar a ser paranormal, ja, ja, ja.
      El texto fue muy bien recibido por la profesora, la verdad, aunque me sugirió unos pequeños cambios (que aquí están reflejados a medias) para centrar más la atención en la historia que ocurre en el desierto y para que la niñez de los protagonistas pasara a un segundo plano.
      Me alegra saber que esta historia tiene buena pinta aunque no sea realmente lo que "otros" creen ;)
      Un besote, guapa.

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  7. Hola Paloma,
    Pues yo sinceramente creo que has conseguido todo el propósito, no sé qué te dijeron cuando hiciste el curso, pero a mí me ha encantado. Todo, de verdad. La trama, la lealtad de los personajes, el drama por la situación en la que se encuentran, el juego que has dado con el tema del frío (remontado y jugando con un recuerdo de la infancia) y esa frase del principio que tan bien he ido comprendido mientras leía el relato.
    Estupendo, Paloma. Enhorabuena.
    Un beso enorme.

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    1. Hola, Irene.
      Como le comento a Rosa, el texto fue bien valorado por la profesora, aunque me puso algunas pegas (siempre lo hacen, ja, ja, ja).
      No sé ni cómo se me ocurrió escribir una historia de soldados pues lo bélico no es lo mío, pero quería sobre todo escribir una historia de amistad.
      Me alegra mucho que te haya gustado.
      Un besote grande.

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  8. Hola Paloma, a veces pienso que los profesores se pasan un poco con los retos, pero desde luego en mi opinión sincera es que has hilado un magnífico relato sobre la amistad.

    P.D. Me he reído mucho con la respuesta al comentario que ya imaginas, sí el de la buena pinta.

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    1. Hola, Miguel.
      Yo también creo que algunos retos son excesivos y que te pongan, encima, como ejemplo a un monstruo como García Márquez acongoja bastante, también te lo digo. Pero está bien, por otra parte, buscar objetivos ambiciosos, así una se esfuerza y puede rendir más.
      Sí que quería hacer un relato sobre la amistad entre dos hombres (como le comento a Frasan, últimamente parece que no puede existir ese sentimiento entre dos personas del mismo sexo), me alegra saber que así lo has visto tú.
      Un abrazo.
      P.D. Reconozco que "esa" respuesta mía a la que aludes ha sido un poco impertinente, la verdad, pero es que hay cosas que me encienden y no pude reprimirme. Otro abrazo.

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  9. Pues a mí me ha gustado, Paloma. Si yo fuera el profe estaría contentísimo porque se ve madera de escritora en ti.
    Un beso

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    1. Hola, Juan Carlos.
      Aunque la profesora valoró positivamente el relato no sé yo si llegó a ver una escritora en mí, ja, ja, ja. Todavía me falta bastante, pero estoy en ello.
      Gracias por tus palabras.
      Un beso.

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  10. Me ha gustado mucho.
    Se refleja la amistad, esa que nace en la infancia y perdura en el tiempo, la tristeza de la muerte y una promesa cumplida, triste y dura pero cumplida.
    Tú profesor debería valorar mucho este relato, esta muy bien escrito. Enhorabuena Paloma.
    Un besote.

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    1. Hola, Tere.
      Creo que hay relaciones que se fraguan en la infancia y perduran a lo largo del tiempo. En una sociedad donde todo tiene periodo de caducidad estas cosas son más valiosas cada vez.
      Gracias por tu amable comentario.
      Un besote grande.

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  11. Fantástico, Paloma. A mí también me ha gustado mucho.

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  12. La promesas están para cumplirse!! Buen relato.

    Un abrazo

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  13. Es un buen ejercicio Paloma, que desde luego has superado muy bien. Me resulta complicadísimo pensar en un principio igual que el final y sin desvelar el misterio hasta el final, bufff un gran reto que a mi que no soy nada experta me parece que has superado con nota. La amistad, ese gran sentimiento que si es auténtica hace sacar fuerzas de donde no hay, es en las situaciones extremas donde vemos la solidez de los sentimientos porque es muy fácil ser amigos cuando todo va bien. Eso lo reflejas perfectamente en el relato.
    Besos

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    1. Hola, Conxita.
      Este tipo de ejercicios ayudan a despertar la imaginación, en principio parecen complicados pero estimulan y obligan a tocar registros que de otra manera nunca yo conocería.
      Nunca hubiera pensado que yo podría escribir una historia con dos soldados como protagonistas (no soy amante de las historias bélicas, precisamente) y mira tú por dónde escribí esto, aunque no sea estrictamente un relato bélico.
      Todo es proponérselo, Conxita. Estoy segura que tú habrías escrito algo muy bueno si te hubieran planteado algo así.
      Un besote y que tengas un buen fin de semana.

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  14. Hola Paloma!!! ¿Qué tal el verano guapa?? :))
    El relato me ha encantado, y creo que has conseguido el efecto de Crónica de una muerte anunciada, donde sabes el final al principio!! Me ha gustado mucho tu creación de los personajes, además me gustan las historias que tratan sobre una amistad tan fuerte como la que nos has traído. Aunque es triste, me ha parecido muy bonita. El profe debió de quedar muy contento con tu relato!! Un besote guapa!!

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    1. Hola, María.
      ¡Qué bien leerte de nuevo!
      Mi verano ha sido bastante bueno, aunque no tan exótico como el tuyo... ;)
      Creo que la amistad es un valor algo devaluado hoy en día, parece que solo existen las relaciones interesadas donde cada uno busca un beneficio particular. Sin embargo, los amigos de toda la vida aún existen, y algunos hasta mueren juntos y cumplen promesas.
      Gracias por tu valoración y sé muy bienvenida, guapa.
      Un besote.

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  15. Estoy de acuerdo con Frasan M, Norte también es de la opinión que la novela va pidiendo paso
    ;) Feliz domingo!

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    1. Hola, Norte.
      De momento una novela me parece una tarea de titanes y no me veo capacitada para ello, pero sí que me apetece escribir historias más largas, relatos de más de dos-tres páginas. Aunque soy consciente que ese tipo de historias no son las más adecuadas para compartirlas en un blog.
      Gracias por la visita.
      Un beso y que tengas buen inicio de semana.

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    2. Tienes que animarte,... yo tengo escritas dos novelas y la primera recuerdo que comenzó en unas navidades lluviosas,... un año y medio después ponía el punto final 350 páginas después...

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    3. ¡Dos novelas! Hala, qué valiente. No sé si yo tengo tanta energía e inventiva. De momento me pongo con relatos largos, pero quien sabe, lo mismo también me lío y lo que creo que serán unas treinta páginas se convierte en doscientas.
      Ya vermos.

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  16. Buen relato, Paloma. Has sabido mostrar una bonita historia de amistad hasta el final y toda la trama está enfocada a ello. A mi personalmente no me gusta demasiado que una historia me desvele el final. Es cuestión de gustos, por eso no suelen entusiasmarme las novelas o películas que recrean hechos históricos. Si sé que el Titanic se va a hundir... qué gracia hay en ver la previa. En cambio, adoro los relatos circulares, esos en los que inicio y final coinciden con precisión. Si bien, el relato sobredimensiona la sensación inicial... Bueno, no sé si me explico, je, je, je... En todo caso, un estupendo relato, Paloma. Un fuerte abrazo!!

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    1. Hola, David.
      A mí tampoco me gusta que me desvelen el final, a no ser que lo haga García Márquez, pero eso es harina de otro costal.
      Este ejercicio, como los demás del curso, viene bien para probar nuevos registros, nuevas formas de hacer las cosas. Luego, fuera del ámbito académico, cada uno elige la técnica o el recurso que más le gusta.
      Gracias por tu visita.
      Un abrazo.

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Hada verde:Cursores
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