28 de febrero de 2018

Segundas partes nunca fueron buenas

El relato que viene a continuación corresponde a un ejercicio donde había que buscar dos palabras pertenecientes a dos universos distintos, es decir, que nada tuvieran que ver la una con la otra. Una vez elegidas esas dos palabras había que escribir una historia extraña. 
La elección de esas dos palabras se hizo de la siguiente manera: cada alumno escribió en sendos papeles dos palabras y luego se juntaron todas en una bolsa. Una mano inocente, la del profesor, fue extrayendo las papeletas para cada alumno. Una vez más, mi amigo Murphy y su ley vinieron a visitarme y las dos palabras que me tocaron en suerte (en negrita y rojo al final del relato) dieron lugar al texto más disparatado que he escrito hasta ahora (y eso que ya llevo unos cuantos en mi haber).



Estoy sala’o.

Todo se empezó a torcer con aquella piñacera entre Louis y yo. No llevó nada bien que me negara a servir de plato en la mesa principesca. Sé que quería lucirse con su especialidad “Cangrejo relleno” pero yo no me sentí muy entusiasmado, eso de que quisiera rebozarme y ponerme al fogón no me pareció buena idea. En aquella tremenda bronca el chef real acabó con una mano escaldada y yo en ese momento me dije “Sebastián, bróder, este verraco te lo hará pagar”.

Y así fue. Sus constantes chismorreos acerca de mí hicieron mella en Ariel que sucumbió a la lengua viperina del estúpido francés chupasalsas. Tantos años como acompañante de la princesa, aguantando sus lloriqueos de “me quiere, no me quiere”, solo sirvieron para que me conmutaran la pena de muerte por otra de destierro en el mercado.

Una jebita muy guapa —demasiado maquillada para mi gusto— me compró, y sentí cierto alivio cuando le dijo al tendero que era vegetariana, lo que me hizo suponer que no quería comerme. Aunque el uso que pensaba darme no me lo hubiera imaginado ni en un millón de vidas oceánicas.

Los primeros días anduve algo despistado, la casa de Marieta —así se llamaba aquella linda jeba— era muy peculiar. La habitaban muchas jóvenes de edades parecidas a la de mi nueva ama y obedecían a un hombre al que todas llamaban Igor. Era este sujeto un varón malencarado, musculoso y lleno de tatuajes —el que llevaba en el antebrazo derecho me recordaba a mi primo el alacrán Renato—.

La rutina diaria de Marieta siempre era la misma. Las mañanas las empleaba en holgazanear en la cama, se levantaba bien entrada la tarde, comía algo y esperaba con la misma poca ropa que usaba para dormir, sentada en una banqueta de la barra de un bar muy mal iluminado y con olor a tabaco rancio. Marieta solía llevarme enganchado en el tirante de su combinación, y desde ese lugar me enteraba de todo lo que ocurría.

Allí, en ese bar, y con la misma actitud indolente, el resto de sus socias se sentaban también. Pero Igor no, él se dedicaba a contar el dinero de la caja y a platicar con los hombres que en el garito entraban. Estos, además de echarse unos tragos, solían emparejarse con una jebita para irse después con ella a alguna de las habitaciones que se encontraban en un largo y estrecho pasillo. Aventuré mucho sobre qué pasaría en aquellos dormitorios pues los gritos y suspiros, que a través de las finas paredes se podían oír cuando la música del bar no era demasiado fuerte, me dejaban algo confuso y desorientado.

Marieta casi siempre era la última en abandonar la apestosa barra, sobre todo cuando llegaba un hombre muy delgado, completamente vestido de negro y con unos lentes ahumados que no se quitaba nunca. El hombre de negro se acercaba a mi ama y entonces, sin quitarme el ojo de encima, nos íbamos los tres a la habitación de ella.

Una vez allí se repetía siempre el mismo ritual: Marieta se desnudaba mientras el hombre de negro se sentaba en una butaca, luego ella se tumbaba en la cama y posándome en su vientre me hacía pasear por su cuerpo. Desde el cuello hasta los pies iba recorriendo el voluptuoso contorno de mi ama. Cuando pasaba entre las tetas, el señor de negro se incorporaba ligeramente para ponerse completamente de pie cuando me acercaba a la chocha —monte de Venus lo llamaba de manera socarrona Igor—. Mi repetitivo paseo terminaba cuando el hombre de negro emitía un ronco jadeo y empezaba a convulsionar. Entonces, Marieta me dejaba encima de una mesa, se volvía a vestir con sus ligeras ropas y recibía unos billetes del tipo vestido de oscuro que solo en ese momento sonreía siniestramente.

Mi vida con Marieta aunque no era igual de lujosa que cuando vivía en palacio, tampoco era demasiado dura. Cuando la visitaban otros hombres yo me dedicaba a mirar desde la mesilla cómo se ponían a quimbar. A mí solo me tocaba trabajar cuando el hombre de negro acudía. Pero como, generalmente, al segundo o tercer recorrido por Marieta el paseo terminaba, reconozco que no tenía que esforzarme mucho.

Así pasaban las jornadas, hasta que mi mala suerte reapareció. Estoy sala’o.

Ayer el hombre de negro no se levantó cuando yo caminaba por la papaya de Marieta, a pesar de pararme allí un rato intencionadamente. Después de hacer el recorrido unas diez veces, y ante la falta de respuesta por parte del siniestro individuo, este le sugirió a mi ama que ¡me comiera una pata!

¡¿Qué tú dise?! ¡Casi me da un chungo!

Marieta le contestó que era vegetariana y que no podía hacer eso, pero cuando el comemierda le puso sobre la cama unos cuantos billetes más, ella se olvidó de sus costumbres alimenticias y accedió.

¡No me jodas! ¡Jinetera malparida!

Vuelta a las andadas. Otra vez volvía a ser objeto de los apetitos más lascivos de los humanos. La cara de Louis, el maldito chef, se me apareció riéndose a carcajadas. Me quedé paralizado hasta que la sabrosona boca de mi ama se acercó a mí. No sé si fue el instinto de supervivencia o comprobar de cerca que esa linda bemba despedía un aliento fétido, pero una furia insospechada me invadió y utilicé una de mis pinzas para atrapar con saña la lengua de Marieta. Aunque mi intención era asesina solo conseguí que gritara e insultara —esto último no lo puedo asegurar porque mi pinza en su boca le impedía vocalizar adecuadamente—. El hombre de negro se abalanzó sobre los dos, y fue entonces cuando yo solté mi presa para caer al suelo.

Mientras la jinetera lloraba desconsolada, el mala hoja vestido de negro le ofrecía un pañuelo para tapar la hemorragia de la boca y un cabreado Igor acudía para ver qué estaba pasando, yo aproveché el quilombo que se formó y me escondí entre dos baldosas del suelo que estaban algo sueltas.

Y aquí sigo, sin una triste alga que llevarme a las pinzas, partío del hambre y esperando que la inanición acabe conmigo. ¡Manda pinga! ¡Qué peligrosa es la vida de un cangrejo en un puticlub, bróder!


Quiero agradecer a Ángel Guzmán su asesoramiento, y su paciencia, a la hora de orientarme por el "lenguaje cubano". Gracias, Ángel.






33 comentarios:

  1. Qué bueno Kirke, me ha sorprendido el tono que le has dado al lenguaje. Yo entiendo poco de eso y ya quedó aclarado que eran palabras cubanas. El personaje me lo iba imaginando que sería un cangrejo o algo parecido. Pero lo has bordado, que maravilla de imaginación tienes. Un abrazo.

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    1. La mayoría de las expresiones cubanas me las facilitó un compañero de mi marido que es de Cuba. Quise así que el texto "sonara" como habla el cangrejo de la sirenita.
      Un disparate en toda regla, vamos.
      Un beso, Mamen.

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  2. ¡Pero bueno, compi! Qué cosas tan divertidas escribes y, lo que es más, se te ocurren. Anda que las palabrejas que te tocaron. Has resuelto de maravilla una historia que no podía de ninguna de las maneras imaginar cómo acabaría.
    Me he reído con lo del primo Renato.

    ¡Genial es poco, ambia mía!

    Un beso muy fuerte, ya nos dirás qué te dice el profe ;-)

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    1. Al profe no le hizo mucho tilín el relato, las cosas como son. Meter un cangrejo de un cuento infantil con prostitutas le descolocó y se quedó un poco "p'allá".
      Pero a mis compañeros de clase sí que les gustó, y algunos hasta se rieron.
      En fin, para gustos los colores.
      Un beso, guapa.

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  3. ¡¡Ay, por Dios, lo que me he reído!! Entre la historia y, sobre todo, el lenguaje, te ha quedado de miedo. En serio que se me han escapado un par de carcajadas. Te arriesgas en el mundo del sexo con gran acierto y en las palabras malsonantes que se convierten en expresiones de lo más divertido.
    Cuéntanos lo que dice el profe, como dice Chelo.
    Un beso y enhorabuena.

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    1. Ya le digo a Chelo que al profe no le entusiasmó el texto, pero me dijo, riendo, que me había quedado una gamberrada.
      Me temo que tiene conmigo a una alumna díscola que se salta bastantes normas, como el iniciar un relato con una imagen Disney y terminarlo con una escena de sexo algo retorcida. Mientras no me mande al psiquiatra todo va bien.
      Un beso y gracias por tus piropos (los valoro más que los del profesor)

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  4. ¡Sencillamente genial Paloma!

    La originalidad y la gracia que le has dado al relato (y a partir de dos palabras tan incompatibles en principio) son de premio. La utilización por otra parte del vocabulario cubano es digno de mención, así como esa atribulada vida de este singular cangrejo que apunta más picante que en su vida anterior junto a la sirenita. Con lo bien que estaba el pobre con sus paseitos por Marieta, como le cambió su singular vida de repente, ja,ja,ja.

    Abrazos y felicidades.

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    1. La vida de un ser que está en la pirámide de la cadena alimenticia en lo más bajo, es de por sí arriesgada. Si además tiene mala suerte, como el pobre Sebastián, se masca la tragedia.
      En fin, hice lo que pude, Miguel.
      Gracias, por tu comentario tan cariñoso y por esos ánimos que valoro muchísimo.
      Un beso.

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  5. ¡Buenas noches, Paloma!
    Me ha sorprendido gratamente este relato con las desventuras del protagonista, con su lenguaje cubano, y ese deje, hubiera sido un latin lover si fuera humano, pero no lo es. Día a día te superas con tus textos, porque ante todo, imaginación no te falta.

    ¡Chapeaux!

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    1. Este cangrejo cubano sabrosón parece que no tiene muy buena estrella y así le ha ido. El caso es que no sabemos si saldrá o no de esas baldosas donde se esconde. Lo mismo consigue escapar, acaba con Igor y se hace con el negocio del puticlub.
      Este Sebastián tiene madera de protagonista para muchos cuentos.
      Un beso, Lola.

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  6. Paloma, me acabas de dejar muelta! Menudo dominio del idioma cubano que tienes, chica. Y jamás imaginé que Sebastian se viera envuelto en tales aventuras erótico-festivas, jeje.
    Besos

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    1. Yo tampoco me habría podido imaginar cómo acabaría el pobre Sebastián al ver la película con mi hija cuando esta era pequeña. ¡Quién me lo iba a decir!
      Me alegro que te divirtieras con esta gamberrada.
      Un beso, guapa.

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  7. ¡Genial, Paloma! Reconozco que cuando leí tu nota introductorio fui a ver las palabras de ese binomio fantástico. Al ver cangrejo y puticlub, bueno, ejem. Las pinzas me dieron mucho miedito.
    Es una historia en la que sabes aprovechar tu vena cómica, en este caso con un genial uso del habla cubana del gracioso cangrejo. Diversión, visibilidad de las escenas, voz propia del personaje... ¡no se puede pedir más! Seguro que tu profesor está alucinando contigo, pero sobre todo me encanta tu entusiasmo y en cómo se nota en las historias que nos regalas. Un abrazo!!

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    1. Ahora mismo no sé si "entusiasmo" es la palabra adecuada para describir mi paso por el taller. Te confieso que estoy algo asustada, porque me cae cada marrón... Deberías haber visto la cara que puse cuando salió la primera palabra, cangrejo, pero cuando salió la segunda, puticlub, casi me caigo de la silla.
      Y si estoy asustada es porque me sentí cómoda escribiendo esta gamberrada (así la definió el profesor), no tuve ningún problema en hacer hablar al cangrejo de la sirenita como un barriobajero.
      Al menos, el próximo ejercicio es más normal, o eso creo (ya veremos lo que me sale).
      Gracias, David, por tus ánimos y valoración.
      Un beso muy grande.

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  8. Vaya que si me he reído jeje, a merecido la pena leerlo, ya lo creo, es muy bueno, y sobre todo el sentido del humor que derrocha el texto, ains, con todo el ajetreo que llevo, estas risas me han venido muy muy bien.
    De verdad me imaginaba al pobre Cangrejo jeje.
    Espero que nos cuentes que te dice el profesor y sobre todo que se rían como lo hemos hecho nosotros. Besos. Nos leemos a la vuelta.

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    1. Como ya comento anteriormente, al profe no le hizo mucho tilín. Le descolocó que un personaje de un cuento infantil acabara rodeado de prostitutas.
      Algunos de mis compañeros sí se rieron y la alumna que escribió la palabra "puticlub" me dio la enhorabuena.
      Disfruta de tu viaje, Tere. Gracias por buscar un momento para pasar por aquí.
      Un beso.

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  9. Jajajaja madre mía!! Pobre Sebastian!! Te ha quedado un relato de 10!! Y con las palabras que te tocaron, hacer algo decente ya era difícil pero es que a ti te ha quedado genial!! Me ha encantado lo de aguantarla con el “me quiere no me quiere”, en plan: ¡cabr...a con lo que he hecho por ti!!! Jaja
    Si es que él no quería irse de Debajo del mar
    La vida con Marieta no estaba tan mal, como decía Sebastian, no tiene que trabajar mucho, duerme hasta tarde y es vegetariana!
    Felicidades guapísima, me ha encantado, he disfrutado mucho leyéndolo!!
    Un besote
    PD: ¿sabes que mi madre y alguna amiga me llaman a veces Marieta?? Jajaja de hecho es mi nombre de facebook

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    1. Sí, María, ese "me quiere, no me quiere" hay que leerlo con voz de falsete, porque la maldita Ariel es una desagradecida.Con todo lo que se esforzó el pobre Sebastián para que el papanatas del príncipe se fijara en ella, y así se lo paga.
      Me gustaría aclarar que todos los personajes que aparecen en el relato son ficticios y no están basados en nadie real. Lo digo por esa coincidencia de nombres, Marieta.
      De hecho, y esto es en serio, tengo mucho cuidado a la hora de poner nombres a los personajes, busco que no coincidan con ninguno de gente que conozco, por si las moscas.
      Un besote grande, y estoy de acuerdo contigo, Sebastián no debería haber salido de debajo del mar, ja, ja, ja.

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    2. Jajaja yaaa!! Tranquila que no me he sentido identificada jajajajja lo digo a modo de anécdota :)) es más, me ha hecho gracia!!
      Pero te entiendo, a mí me pasa también cuando escribo, que intento elegir nombres de personas que no conozco o que no me lean, y cada vez es más difícil!! :)
      En un relato hablé mal de una “Martina” e hice que la prota le cogiera manía al nombre, y después me se tí mal por si alguien se ofendía jajaja
      Feliz jueves guapa! Muaaaa!!!

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  10. Con cada relato me sorprendes más, Paloma. ¿Hasta dónde llegará tu imaginación? Realmente complicado lo hubiera tenido yo para combinar en un relato un cangrejo y un puticlub. Pero tú lo has logrado de mil maravillas, jajaja. Y qué decir del lenguaje. Me ha parecido de lo más original y gracioso. Un vocabulario que desconocía (aunque no ha resultado difícil adivinar el significado, jeje) y que a esta historia le va como anillo al dedo.
    Y vaya con Ariel, tan buena como parecía...
    Si profundizáramos un poco en todos los cuentos infantiles, tendríamos más de una sorpresa desagradable, jeje.
    Un abrazo.

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    1. Más de una vez he pensado en darle la vuelta a los cuentos infantiles, no sería la primera persona que lo piensa. Además, no sé por qué pero me caen mejor los villanos de los cuentos que los buenos, puede que porque son más creíbles y eso los hace más humanos. Quién sabe, lo mismo abro una sección en el blog dando una segunda vida a personajes secundarios de esos cuentos.
      Juro que no me fumé nada cuando escribí este relato, pero reconozco que se me fue la pinza y ha salido algo escabroso y muy políticamente incorrecto. Qué se le va a hacer.
      Un abrazo, Josep Mª.

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  11. He imaginado hasta el acento del pobre Sebastian y tengo que reconocer que me has hecho soltar alguna carcajada con esa imaginación desbordante y sobre todo imaginar al profe con un ejercicio tan original, jajaja. Bien por ti Paloma, la escritura también tiene esa parte divertida y gamberra de jugar a imaginar lo que nos de la gana, que para eso lo escribimos.
    Besos guapísima

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    1. Me divertí mucho escribiendo esta gamberrada, me olvidé de convencionalismos y de reglas y creo que por eso me lo pasé tan bien. Ya sabes que no soy amiga de seguir consignas y eso, aunque me pueda traer alguna que otra crítica, me da más libertad para escribir a mi aire.
      De hecho, si somos puristas, abusé en este relato de los localismos (esa jerga cubana del cangrejo) y en el curso nos enseñan que eso no se debe hacer. Así que ya ves, aquí estoy de nuevo saltándome las reglas.
      Pero yo busco principalmente divertirme y eso lo conseguí. Si, además, os divertís vosotros, mejor que mejor. Más no puedo pedir.
      Un besote, guapa.

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  12. Jajajajajaja!!!! Muy divertido!!! Un buen ejercicio, desde luego. El hombre de negro... si la descripción coincidiese con tu profesor sería la leche!!

    Un abrazo

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    1. Hmmm, mi profe no se parece al hombre de negro, al menos no va a clase vestido así, algo que, por otra parte, me deja más tranquila, ja, ja, ja.
      Un abrazo, David.

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  13. Me ha gustado mucho. Tremendamente original!!!!

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    1. Gracias, encantada de que te haya gustado.
      Un saludo.

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  14. Desde luego Paloma este es el típico relato que uno no escribiría de no ser por exigencias de un certamen o esos ejercicios estrafalarios que os encargan en el curso de literatura. Y hay que decir que dada la extraña combinación de palabras que te ha tocado en suerte, lo has resuelto bastante bien, con imaginación y sentido del humor. Y es que esos paseos del cangrejo arriba y abajo por el cuerpo de Marieta con paradas estratégicamente seleccionadas son dignos de figurar en un tratado de perversiones sexuales. Me pregunto que clase de mente retorcida puede ser capaz de idear algo así jejeje. Fuera bromas te ha quedado un cuento muy divertido y ameno, espero que haya sido del agrado del profesor y el resto de alumnos tanto como lo ha sido del mío. Un abrazo.

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    1. Lo bueno de estas propuestas disparatadas es eso que tú mismo comentas, que escribes cosas que nunca hubieras escrito "voluntariamente" y a mí eso me parece bien en cuanto que uno se desinhibe, siempre y cuando se haga dentro de unos límites, claro.
      No sé yo si, en este caso, me desmelené excesivamente y han aflorado cosas que ni yo misma conocía. Vaya por delante que a mí no me pone nada que un cangrejo se pasee por el cuerpo de nadie, y menos de una señora por muy buena que esté, ja, ja, ja, pero se me ocurrió que pudiera que a alguien sí.
      Me has dejado preocupada, el que solamente se me haya ocurrido ¿será un aviso de que algo no marcha bien en mi imaginación? A lo mejor debería hacérmelo mirar.
      Al profesor no le gustó demasiado este relato, las cosas como son (lo de poner un personaje de un cuento en un burdel no le agradó), aunque reconoció entre sonrisas que me había salido una gamberrada muy graciosa. A mis compañeros sí les gustó mucho, especialmente a la que puso la palabra "puticlub" (le encantó).
      El que te haya gustado a ti es un tanto a favor para seguir escribiendo, de vez en cuando, gamberradas.
      Un beso grande, Jorge.

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  15. Qué bueno Paloma!,... a estas alturas ya se ha dicho casi todo,... desde luego intentar escribir una historia de un cangrejo en un puticlub es una empresa complicada y, sin embargo, creo que lo has bordado. Me he reído un montón,... y ese lenguaje... muy bueno!

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    1. Hice lo que pude, Norte, con esas dos palabras tan dispares. Intenté escribir algo serio pero fui incapaz, todo lo que me venía a la cabeza eran historias extravagantes y con un punto de humor. En el curso me dijeron que se podría haber escrito algo no humorístico y yo, la verdad, no consigo calzar un cangrejo en un puticlub si no es en plan de coña.
      Conseguir que te hayas reído me supone un aliciente para seguir escribiendo, creo que para llorar ya hay otros medios y en gran abundancia.
      Un abrazo fuerte.

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  16. hola! lindo, original, fresco... fantastico!!!! gracias, saludosbuhos, imposible no sonreir!

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Hada verde:Cursores
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