—Hay que reconocer que el tipo está de muy buen ver. Tiene muy buena planta, sí señora.
—¿Buen ver?
¿Buena planta? Mira que eres remilgada. ¡Está como un queso! Solo por mirar a
semejante pibón les perdono a esos soplagaitas que nos incordien con sus
cámaras y sus cachivaches. Cuánto trasto para rodar una película.
—Bueno, tampoco
te pongas así porque no es el primer galán que nos visita con esa manía que les
ha dado con rodar aquí... La abuela me dijo que una vez estuvo uno muy alto, moreno,
con las sienes plateadas y con bigote que levantaba suspiros por donde iba. Clark
Gable dijo que se llamaba.
—No creo que
aquel actor supere al rubio este. Es que hay que ver… Mira lo que está haciendo
ahora. ¡Madre mía! Lo que no ha conseguido este sol de justicia lo va a lograr
el gachó: ¡me derrito! ¡¿Lo ves?!
—¿El qué? ¿Que
le está lavando la cabeza a su compañera? No sé qué tiene eso de extraordinario.
Y menos entiendo por qué lo graban.
—Hija, qué sosa
eres. Esa escena rezuma sensualidad por todos los poros. Ya me gustaría a mí
que me lavaran el pelo así.
—Pero ¿qué
dices? ¡Si ni siquiera tienes melena! Eso es cosa del otro sexo.
—Pues qué
lástima haber nacido con el sexo equivocado, entre otras cosas, para no tener
que currar tanto, que somos nosotras las que damos el callo y porque si tuviera
una buena melena me dejaba yo hacer por ese buenorro hasta la permanente.
—No blasfemes,
hermana. Además, en cuanto te acercaras a él te pegaba un tiro. ¿No te das
cuenta de que es un cazador?
—Su personaje
es un cazador, él no.
—¡Lleva rifle!
—Da igual. Me
he fijado y no sabe ni cómo se dispara. No me extraña, con esa carita de ángel…
Además, las balas que usan no son de verdad, me lo contó una colega. Dice que
se acercó a husmear y que otro de los actores se asustó y le disparó con uno de
esos rifles; hizo mucho ruido, pero no le provocó ninguna herida.
—No te fíes. De
todas formas, las armas de los nativos que van con el equipo de la película sí
son de verdad. Yo no me acerco ahí ni de coña. No obstante, esa obsesión por
traer personajes que son cazadores me da mala espina.
—¿Y qué
quieres? Si vienen a rodar aquí no van a ser profesores de física cuántica los
protagonistas. En Kenia no hay muchas universidades, pero sabana y animales
para cazar… los que quieras. Aunque, últimamente ya hay menos.
—¿Cazadores?
—Animales.
—Yo no digo que
aquí se hagan películas sobre profesores universitarios, pero… no sé. El tema
ya cansa. Cualquier día, alguno se mete demasiado en su papel y se pone a
pegarnos tiros de verdad.
—De todas
formas, eres una exagerada. También han venido a rodar películas donde no había
cazadores.
—¿Sí? Dime una.
—Lawrence de
Arabia.
—Tienes razón,
ahí no salían cazadores… de animales, pero había guerras y soldados que también
iban armados. Variaciones sobre el mismo tema. El caso es que hay tiros y
muertos y… peligro. Esta gente está mejor en sus casas, o en los escenarios
naturales de sus países. Que filmen sobre sus cosas y nos dejen en paz a los
demás.
—¡Arrea! ¡Nos
están apuntando!
—¡Corre,
hermana! ¡Corre!
—Nos están
apuntando, pero con las cámaras, so tonta. ¡Nos graban! ¡Joder! Y yo con este
pelaje. Tenía que haberme bañado en el río antes de venir.
—Deja de darte
lametazos. Vámonos antes de que les dé por apuntarnos con otro tipo de
objetivo, como el de una mira telescópica.
—No, yo no me
voy. Quiero que el rubiales se fije en mí.
—Pero tú… ¿te
estás escuchando? ¡Que son humanos! Nos largamos. Ya es hora de conseguir
comida para la manada. Al otro lado de la colina he visto un rebaño de cebras
de lo más apetitoso.
—Que no. Me
quedo. Yo quiero que el rubio me mire con esos ojos azules y que me lave el
pelo.
—Y dale. Que
eres una leona… ¡No tienes melena!
