Augusto de la Orden es un joven psiquiatra que llega a Madrid en el año 1892. Uno de sus primeros pacientes es otro médico, el doctor Décimus Lenoir, acusado de matar a su propio hijo.
En un intento de comprender qué puede llevar a un padre a comportarse así, Augusto, a través de cartas, diarios y recortes de periódico encontrados en la casa del asesino averiguará qué ocurrió realmente. Así nos retrotraemos siete años atrás, cuando sucedió el terrible asesinato.
En 1885 se desata en Madrid una epidemia de cólera, la enfermedad se extiende de manera alarmante causando gran número de muertos. Pero a la vez se suceden varios hechos luctuosos relacionados con niños: secuestros, agresiones y muertes ocasionadas por otra dolencia de origen muy diferente al de la epidemia.
Décimus Lenoir como especialista en enfermedades tropicales decide investigar y como hombre de ciencia que es no puede comprender algunas evidencias que revelan un origen extraño en la causa de la muerte de esos niños.
Durante sus investigaciones se topa con dos individuos a cual más peculiar: el padre Riesco, un sacerdote apartado de su parroquia por su comportamiento poco ortodoxo y Reinaldo Urdiales, un criollo venezolano que posee cualidades extraordinarias para determinado tipo de caza.
Décimus impotente para comprender qué está ocurriendo y viendo a su propia familia en peligro decide aliarse con tan extraños personajes pues hay cosas que la ciencia no puede explicar.
En perfecta simbiosis, Lenoir, Riesco y Urdiales se enfrentan a un mal que no tiene explicación, al menos una explicación razonable. Un mal que destruye el cuerpo y también el espíritu, un mal que sigue actuando más allá de la muerte. Ciencia y saber ancestral van de la mano para acabar con un poder maléfico que ataca sin piedad.
En perfecta simbiosis, Lenoir, Riesco y Urdiales se enfrentan a un mal que no tiene explicación, al menos una explicación razonable. Un mal que destruye el cuerpo y también el espíritu, un mal que sigue actuando más allá de la muerte. Ciencia y saber ancestral van de la mano para acabar con un poder maléfico que ataca sin piedad.
Con la genialidad que caracteriza a Tristante, este escritor nos sumerge en un mundo oscuro. Nos pasea, con fantástica pericia, por los mitos más arraigados en la superstición popular. Crea una atmósfera tenebrosa donde se presiente una amenaza, un peligro que proviene de seres aparentemente inofensivos -lo que los convierte en mucho más peligrosos-, seres que atravesando océanos de tiempo siembran muerte y dolor.
Cuando pienso en un escenario de terror y misterio no sé por qué siempre me sitúo en el Londres victoriano, con sus calles oscuras y cubiertas por la niebla. Jerónimo Tristante me ha demostrado que no hace falta viajar tan lejos.
Si se sabe contar bien una historia de miedo, las calles de Madrid pueden ser el decorado perfecto. No hace falta irse a un callejón oscuro de Whitechapel, en la calle Huertas también puede residir el mal. Si uno quiere imaginarse una escena escalofriante con muertos que se levantan de sus tumbas tampoco es necesario situarse en el cementerio de Highgate, el de la Almudena es perfectamente válido.
Porque si se quieren vampiros no es necesario irse a Transilvania, en el madrileño Barrio de las Letras también los hay. Y si se quiere acabar con ellos no hace falta llamar a Van Helsing, el trío Riesco-Lenoir-Urdiales se las apaña muy bien dando matarile a tan nefastos seres.
Una novela que utiliza todos los tópicos ya conocidos del género "vampírico" y no por eso deja de ser entretenida y hasta asombrosa, pues el final, además de tener un ritmo trepidante, viene con sorpresa incluida. El que la acción se desarrolle en escenarios conocidos ha sido un aliciente más para que haya disfrutado mucho con su lectura.
He leído por la red que este es el primer libro de una trilogía llamada "Los diarios secretos del doctor Lenoir". Al día de hoy sólo se ha publicado esta primera novela de la trilogía, dado que se editó en 2013 no sé si el autor ha cambiado de idea. Espero que no, porque desde hoy soy una seguidora incondicional de Lenoir y sus fascinantes compañeros, Riesco y Urdiales. Yo estoy dispuesta a viajar con ellos por los océanos del tiempo.
Cuando pienso en un escenario de terror y misterio no sé por qué siempre me sitúo en el Londres victoriano, con sus calles oscuras y cubiertas por la niebla. Jerónimo Tristante me ha demostrado que no hace falta viajar tan lejos.
Si se sabe contar bien una historia de miedo, las calles de Madrid pueden ser el decorado perfecto. No hace falta irse a un callejón oscuro de Whitechapel, en la calle Huertas también puede residir el mal. Si uno quiere imaginarse una escena escalofriante con muertos que se levantan de sus tumbas tampoco es necesario situarse en el cementerio de Highgate, el de la Almudena es perfectamente válido.
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| Mausoleo del Cementerio de la Almudena (Madrid) |
Porque si se quieren vampiros no es necesario irse a Transilvania, en el madrileño Barrio de las Letras también los hay. Y si se quiere acabar con ellos no hace falta llamar a Van Helsing, el trío Riesco-Lenoir-Urdiales se las apaña muy bien dando matarile a tan nefastos seres.
Una novela que utiliza todos los tópicos ya conocidos del género "vampírico" y no por eso deja de ser entretenida y hasta asombrosa, pues el final, además de tener un ritmo trepidante, viene con sorpresa incluida. El que la acción se desarrolle en escenarios conocidos ha sido un aliciente más para que haya disfrutado mucho con su lectura.
He leído por la red que este es el primer libro de una trilogía llamada "Los diarios secretos del doctor Lenoir". Al día de hoy sólo se ha publicado esta primera novela de la trilogía, dado que se editó en 2013 no sé si el autor ha cambiado de idea. Espero que no, porque desde hoy soy una seguidora incondicional de Lenoir y sus fascinantes compañeros, Riesco y Urdiales. Yo estoy dispuesta a viajar con ellos por los océanos del tiempo.
Kirke

























