4 de abril de 2016

Cometas en el cielo

Reseña perteneciente a la sección Alalimón



Cometas en el cielo escrita por Khaled Hosseini.
Cometas en el cielo dirigida por Marc Forster (Reseña de Chelo)


   Leí esta novela hace ocho años, en su momento me gustó muchísimo, con ella conocí a Khaled Hosseini, un escritor que yo defino como un gran contador de historias.

   A petición popular, Chelo y yo decidimos que esta novela/película fuera protagonista de nuestra sección compartida. Confieso que abordé esta segunda lectura con reservas y algo de temor pues la anterior entrada de Alalimón, también se trataba de un libro que me había gustado muchos años atrás y luego me resultó decepcionante. Ante esa experiencia en esta ocasión andaba yo algo recelosa.


   Mis temores no tenían fundamento pues esta segunda lectura de Cometas en el cielo no sólo no me ha decepcionado, he captado matices que se me escaparon la primera vez –la magia de la relectura–. Y va a ser en estos matices donde voy a incidir, quizás convierta esta reseña en una reflexión sobre el bien, el mal y el remordimiento más que en una crónica del libro.

Hay una forma de volver a ser bueno

   El libro es narrado en primera persona por Amir, un afgano afincado en Estados Unidos, que rememora su infancia en Kabul en los años previos a la invasión soviética. Entre sus vivencias infantiles se encuentra la amistad con Hassan, el hijo de un criado de la casa con el que comparte juegos y la afición nacional de volar cometas; comparten todo menos su origen, cada uno pertenece a una etnia distinta y mientras Amir es un miembro de la clase dirigente, Hassan se encuentra en la de los esclavos. 

   Sin embargo un hecho violento sucede entre los dos niños que enturbia su relación y acaba separándolos, dejando en Amir una huella que lo marcará para siempre.

Me convertí en lo que soy a los doce años

   Con el devenir de los años ese suceso, que atormenta a Amir constantemente, vuelve a remover la conciencia del protagonista cuando una llamada telefónica le hace volver a Afganistán. 

   En esta conmovedora historia se abordan muchos temas. 

   Los recuerdos de una infancia feliz en escenarios que ya han desaparecido para siempre pues el Kabul que Amir conoció en su niñez está destruido por la guerra. La difícil relación de Amir con su padre, un padre generoso pero que vierte en su hijo expectativas que el niño no puede cumplir; los dos lo saben y eso les separa.

Los niños no son cuadernos para colorear. No los puedes pintar con tus colores favoritos

   En el vano intento de Amir por complacer a su padre comete errores que le harán perder la amistad de su mejor amigo, Hassan, a la vez que le convierten a él en un ser despreciable pero al mismo tiempo consciente de su mal proceder lo que le reporta remordimientos que le marcan irremisiblemente, aunque es esa culpa la que da un viso de esperanza cuando años más tarde retoma el contacto con personas del pasado.

   En esta historia también se habla del desarraigo que siente el exiliado. Hosseini describe a la perfección  cómo el que huye de una guerra debe dejar atrás sus tradiciones, su hogar, su historia y debe adaptarse a los usos de un país extraño, cómo siente la nostalgia de todo aquello que abandona y que sabe nunca podrá recuperar jamás. Ya de paso, se hace una crítica demoledora de la situación de Afganistán y los intereses internacionales que convirtieron aquel país en un lugar inhóspito y violento. Las descripciones de los años de mayor fanatismo talibán son espeluznantes.


   Pero lo que más me ha impactado de toda la novela es el mensaje que subyace en la historia. A través de tres personajes –Hassan, Assef y Amir- se describe cómo puede ser un hombre por la postura que adopta ante la vida.

   Hassan, representa la pureza, el espíritu noble que no tiene malicia ni doblez alguna. Generoso hasta la exasperación y objeto de los abusos de quien no se parece a él. Es tan noble y bondadoso que su mansedumbre me llegó a irritar. Durante muchos pasajes de la lectura me vino a la mente un dicho que repetía mi madre: ‘de puro bueno parece tonto’. 

   Assef –un personaje secundario pero importante en el argumento–, por el contrario, representa la cara opuesta de la moneda. Es el malo, el perverso que disfruta avasallando y humillando a los demás, especialmente si los considera débiles. Un ser despreciable y que ejerce una violencia gratuita. Le gusta hacer daño y se recrea en el dolor ajeno. Precisamente esa cualidad le convierte en un superviviente nato –aspecto este que también da para reflexionar–. De tan malvado tampoco me pareció creíble. No digo que no existan personajes así, en psiquiatría se les denomina ‘psicópatas’, pero aun así me pareció desmesurado.

  Amir, es el protagonista y el que me pareció más verosímil. Aparece, en un principio, como un ser egoísta y sólo preocupado por su bienestar, eso provoca el daño en terceros, pero es un daño no buscado, es algo que se genera por su forma de defenderse de sí mismo. Aunque su manera de actuar puede presentarnos a Amir como alguien infame su sentimiento de culpa nos demuestra que no es malvado, sabe del daño que inflige y eso le apena; ser consciente de que otros padecen por su causa revela que no todo está perdido.

El hombre sin conciencia, sin bondad, no sufre

   Y esos remordimientos serán los que le abran la puerta a la redención.

La auténtica redención reside en el sentimiento de culpa que desemboca en la bondad

   Creo que este es el mensaje real de una novela entretenida y emotiva: siempre hay tiempo para enmendar los errores del pasado (o del presente), nadie es perfecto, todos nos equivocamos, pero si somos conscientes de ello podremos rectificar: siempre hay una forma de volver a ser bueno.

Kirke  



1 de abril de 2016

Antonio Machado


   El poeta elegido para este mes de abril en Poemas y Cantares es Antonio Machado.

   Antonio Machado Ruiz nació en Sevilla el 26 de julio de 1875, fue el segundo de ocho hermanos. Su padre era abogado y su abuelo médico y rector de la Universidad de Sevilla. Cuando, en 1883, el abuelo obtiene una plaza en la Universidad Central de Madrid toda la familia se desplaza a la capital.

Fachada principal del proyecto de edificio para la «Institución libre de enseñanza», en el Paseo de la Castellana de Madrid

   Allí Antonio se educa en la Institución Libre de Enseñanza, un método pedagógico avanzado donde se abogaba por una enseñanza laica y liberal; tiene como profesores a Giner de los Ríos y Joaquín Costa. Cuando cumple 14 años, Antonio ingresa en el instituto San Isidro pero suspende Latín y Castellano, lo que le obliga a trasladarse a otro instituto, el Cardenal Cisneros. Mientras, su padre emigra a Puerto Rico para buscar fortuna pero lo único que consigue es contraer una tuberculosis que le llevará a la tumba.

   Un Machado veinteañero se sumerge en la vida bohemia madrileña e ingresa en el mundo del teatro formando parte de la compañía teatral de María Guerrero. 

   Con 32 años consigue la cátedra de francés en Soria, él en realidad quería estar en Madrid pero sus méritos curriculares no se lo permitieron. Es en esta ciudad donde aprende a amar Castilla y de ese amor nacieron bellos poemas dedicados a esa tierra tan especial y que quedaron impresos en “Campos de Castilla”. Es en esta región donde conoce a Leonor, el gran amor de su vida. 

   Durante una estancia en París, para estudiar filosofía, conoce a Rubén Darío y es allí donde enferma su mujer. Regresan a España pero Leonor fallece;  tenía 18 años y llevaba casada con el poeta tres. Antonio sumido en la pena y la desesperación se traslada como profesor a Baeza. Después pide el traslado a Segovia buscando la cercanía de Madrid, su verdadero objetivo. 

El poeta con su esposa, Leonor
   En 1928  conoce a la poetisa Pilar de Valderrama con la que mantiene una relación sentimental y que será la Guiomar de sus poemas. 

   En 1932 por fin consigue la tan ansiada plaza en la capital, imparte clases en el instituto Calderón de la Barca y en el Cervantes.

   Durante la Guerra Civil intentan convencer a Machado para que abandone Madrid y se vaya a una zona más segura. Los encargados de ofrecer esa salida son León Felipe y Rafael Alberti. Tras mucho insistir el poeta cede y se instala en Valencia donde se involucra en la defensa de la cultura junto a otros intelectuales. Durante toda la contienda dejó constancia del pesar que le producía el enfrentamiento entre hermanos, algo que él ya preveía pues muchos años antes escribió:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

   Finalmente pasa a Francia y llega a la localidad de Colliure donde fallecerá a las pocas semanas, el 22 de febrero de 1939; tenía 63 años. Tres días después falleció su madre. Juntos fueron enterrados en una tumba cedida por una vecina de ese pueblecito francés.

Tumba de Antonio Machado y Ana Ruiz (su madre)
   Por su posicionamiento ideológico, claramente republicano, en 1941 fue expulsado post mortem del cuerpo de catedráticos de instituto; en 1981 fue rehabilitado.
   Me ha sido muy difícil elegir una poesía de este prolífico autor, muchas son las que me gustan y cada una tiene un aspecto que la hace especial. Como esta sección trata de hacer una semblanza del poeta he elegido el poema que escribió sobre sí mismo, “Retrato”; quién mejor que el propio protagonista para contar su vida.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero; 
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; 
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido 
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-, 
mas recibí la flecha que me asignó Cupido, 
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 
pero mi verso brota de manantial sereno; 
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, 
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética 
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; 
mas no amo los afeites de la actual cosmética, 
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos 
y el coro de los grillos que cantan a la luna. 
A distinguir me paro las voces de los ecos, 
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera 
mi verso, como deja el capitán su espada: 
famosa por la mano viril que la blandiera, 
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo 
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-; 
mi soliloquio es plática con ese buen amigo 
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago 
el traje que me cubre y la mansión que habito, 
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.


Y cuando llegue el día del último viaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado (1875-1939)

   Podría escribir páginas y páginas sobre las sensaciones que me transmiten los versos de Machado –los de esta poesía y los de otras muchas más–. Quizás destacaría ese sentimiento de derrota e indignación ante el devenir de España, la impotencia ante tanto absurdo, y que tanto me acerca a este poeta pues en ese aspecto tengo una especial conexión con él. Me voy a limitar a transcribir unas frases que Machado escribió en su Autobiografía; plasma sentimientos con los que me siento plenamente identificada y que yo nunca podría describir así de bien:

Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente. Soy más autoinspectivo que observador y comprendo la injusticia de señalar en el vecino lo que noto en mí mismo. Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible.”


  Kirke  







27 de marzo de 2016

La Semana Santa y la Pasión


   La Semana Santa ya no es lo que era. Ha cambiado mucho, al menos para mí.

   Durante mi niñez-adolescencia solía pasarla en casa de mis abuelos paternos, en un pueblecito de Burgos con muy pocos habitantes, unos cincuenta aunque en esa semana se triplicaban, es decir, ciento cincuenta (hay más gente en mi comunidad de vecinos). Recuerdo que pasar allí esos días suponía para mí una Penitencia, algo que por otra parte era muy apropiado dado el significado religioso de esas fechas.

Pueblo de mi padre
   Mi abuela era la sacristana “de facto” del pueblo; el cargo oficial de sacristán lo ejercía un hombre, pero como la casa de mis abuelos estaba pegada a la iglesia era ella la que tenía las llaves y la que se encargaba de preparar la mayoría de los oficios y ceremonias que establecía la liturgia. Además, y aún no sé por qué, de todos sus nietos a quien elegía para que la ayudara era a mí. 

   De todas las tareas la que más me incomodaba era la de destapar las imágenes de la iglesia durante la Vigilia Pascual. Desde el Domingo de Ramos todas las pinturas y esculturas del templo estaban tapadas con unos lienzos morados en señal de luto y dolor, en las horas previas al día de la Resurrección se procedía a retirarlos. La tarea en sí no era desagradable, lo que me molestaba era que lo hacíamos la madrugada del sábado-domingo en un edificio del siglo XVII y con una iluminación escasa. Es decir, pasaba mucho miedo; en esas condiciones contemplar de cerca las escenas que aparecen en algunos cuadros -de dudoso buen gusto- daba bastante canguelo. 

Entrada de la iglesia y altar menor
   Cuando veo en Cuarto Milenio reportajes donde osados reporteros pasan una noche en una casa abandonada haciendo alarde de valentía yo me pregunto si serían capaces de pasar la noche del Sábado Santo en la iglesia del pueblo de mi padre, ahí les querría yo ver.

   Por supuesto también había procesiones. Muy sencillas y nada tumultuosas pero procesiones al fin y al cabo. Como mi abuela era la sacristana y yo su ayudante oficial siempre íbamos las primeras; bueno en realidad los primeros eran los Pasos y el cura, después ya íbamos nosotras. Vamos, que no podía escaquearme de ninguna de las maneras. Recuerdo que toda mi atención se centraba en que el cirio que portaba entre las manos no se apagara; parecerá una tontería pero en Burgos y en el mes de marzo hace un viento de aúpa y llevar una vela encendida por la calle tiene su mérito. 

   Me gustaría aclarar que las procesiones castellanas no tienen nada que ver con las, mucho más célebres, de Andalucía. Tuve la oportunidad de conocer la Semana Santa en Córdoba y en Sevilla y eso es otra cosa. En Castilla todo es más sobrio -en todos los sentidos- y por tanto bastante más aburrido. Los días transcurrían entre misas, oficios y rosarios. Siempre me pregunté dónde estaba la Pasión, porque mis vacaciones muy apasionantes no eran.

   Otra cosa que asocio con la Semana Santa son los atascos de tráfico. Tanto el Jueves Santo por la mañana como el Domingo de Resurrección por la tarde el tapón de vehículos en los accesos de Madrid era monumental. Entonces no había DVD en los coches ni aparatos electrónicos para pasar el rato. Lo único que se podía hacer era leer un libro pero si la luz natural escaseaba la lectura era imposible.  El viaje era un auténtico Calvario, suponía también otro tipo de penitencia. 


   Por todo esto mi recuerdo de las Semanas Santas de mi niñez no es muy divertido. Quizás porque me ha quedado un trauma de aquello o simplemente porque la experiencia da sabiduría ahora paso estos días de asueto de manera muy distinta.

Paseo de la Castellana, Jueves Santo, 19.30 h.
¡Sin tráfico!
   Para empezar, nunca viajo en estas vacaciones, salvo contadas excepciones; no estoy dispuesta a malgastar mi tiempo libre en un atasco y/o en la fila de facturación de un aeropuerto. Madrid en Semana Santa -al igual que en agosto- se queda desierto y es una gozada pasear por sus calles. No me importan las aglomeraciones -nací y vivo en una capital grande, estoy más que acostumbrada- pero, de vez en cuando, viene bien un poco de relax y yo aprovecho estos días para disfrutar de mi ciudad y sus alrededores (léase localidades aledañas). Por supuesto, no voy a ningún acto religioso; tantos ratos en una sacristía hicieron de mí una redomada agnóstica.

   Podría decirse que hago otro tipo de turismo, yo lo llamo cultural-gastronómico, lo que se traduce en ir de museos y ponerme morada de comida. 

   De hecho esta Semana Santa he aprovechado para ver una exposición de Chagall que, dicho sea de paso, me decepcionó un poco. También aproveché estos días de menos aglomeración para almorzar en un restaurante argentino al que le tenía ganas -he intentado comer allí varias veces y nunca había mesas libres-. El Sábado de Gloria en lugar de destapar santos me fui a dar un paseo por Toledo con mariscada incluida, porque a esa ciudad famosa por ser el lugar al que acudieron judíos, cristianos y musulmanes, también se fue a vivir un gallego que puso un restaurante donde se degusta un marisco excelente. 
Bife lomo alto argentino y novillo uruguayo

Frutos del mar

   Por cierto, la gastronomía argentina y la gallega tienen un punto en común: los postres son auténticas bombas calóricas pero tan ricos que no se puede resistir la tentación.

Dulce de leche y panacota

Filloa y helado


   Para eliminar tanta caloría y grasa saturada este Domingo de Resurrección por la mañana me fui a hacer un poco de ejercicio que lo cortés no quita lo valiente.




    Ahora, ya de vuelta de mi personal Vía Crucis -he ganado algo de peso- me reincorporo a la rutina, al bullicio urbano y a los cafés con los compañeros que me contarán sus fabulosos viajes y sus vivencias procesionales. Mientras, yo recordaré con nostalgia qué ricos estaban el lomo alto argentino y el bogavante gallego-toledano.

   Por cierto, hoy es día de regocijo y contento pues Cristo ha resucitado y vuelve a estar con nosotros. Brindemos por ello:




23 de marzo de 2016

Mi escritorio


    Hace unos días Julia C desde su blog Palabras y Latidos nos enseñó el lugar donde se pone a escribir: su escritorio. A modo de juego propuso que esta idea se extendiera entre los blogueros y que fuéramos mostrando nuestro rinconcito de trabajo. Las fotos del lugar donde se sienta a escribir eran muy bonitas y lo primero que pensé fue "como me pidan a mí que enseñe mi escritorio voy a quedar fatal". Julia nominó a otros blogueros y reconozco que respiré aliviada. Pero Chari, con su blog La voz de las olas, sí fue nominada y ahora me ha nominado a mí. Para más escarnio las fotos de Chari y su lugar de trabajo son igualmente preciosas. Voy a quedar fatal.

   Me gustaría aclarar que yo no tengo un solo escritorio, tengo varios. No, no vivo en una casa grande, lo que ocurre es que tengo que repartir espacio con otros inquilinos (mi marido y mi hija) y todos, a veces, necesitamos nuestro lugar de aislamiento. Afortunadamente la tecnología nos ha facilitado la faena con el invento del ordenador portátil. Según qué tarea me pongo a hacer elijo un lugar u otro. Vamos por partes.

   Trabajo puro y duro. Siempre que no tengo que hacer experimentos en el laboratorio o dar clase prefiero trabajar en casa. Las estadísticas y los artículos me los curro en una habitación donde se encuentran los libros y revistas que suelo consultar. Aunque ya casi todo se mira en internet yo aún recurro a los libros de texto, soy así de tradicional. Pensé poner una foto mona, con todo recogido y bien colocado pero luego pensé que no sería honesto, así que la foto es la apariencia que tiene mi escritorio después de una jornada de trabajo.


 Me gustaría aclarar que esa mesa es utilizada también por mi hija para estudiar y por mi marido para su trabajo. También me gustaría aclarar que yo soy muy ordenada pero mis compañeros de piso no, por lo que voy a explicar algunas cosillas de lo que sale en esta foto. El montón de hojas y libros que aparece a la derecha de la mesa no es mío, es de mi querida hija cuyo cerebro no procesa la palabra "recoger". El portátil que está en primer plano es mi ordenador y la pantalla que aparece al fondo es el ordenador de mi chico (las fotos pegadas en la esquina son de un viaje que hicimos a Bruselas hace varios años y un pequeño homenaje a los atentados de ayer). El tapete para el ratón es de Avengers Assemble: desde un punto de vista fisiológico no hay niños en la casa, pero mi esposo y nuestra hija son admiradores a ultranza de los héroes de Marvel. Ni que decir tiene que 'eso' lo eligieron ellos.

  Tengo cubiletes preciosos para guardar los bolígrafos, uno de ellos es de cerámica e imita un albarelo (un bote típico de las farmacias antiguas), sin embargo empleo una lata de refrescos para guardar los bolis y rotuladores que uso habitualmente. Resulta que entre mis compañeros de piso es muy corriente coger cosas prestadas y luego no retornarlas a su lugar de origen, como estoy harrrrrta de nunca encontrar el bolígrafo que me gusta o el marcador fluorescente he decidido usar el bote que veis en la foto por razones obvias ya que en mi casa madre no hay más que una y soy yo.



   Blog. Cuando escribo el blog me voy a otra zona de la casa, el rincón del salón que tiene un amplio ventanal, porque adoro la luz del día. Ahí puedo aprovechar la luz natural durante muchas horas y es mi lugar preferido para escribir. Cuando escribo una reseña suelo acudir a citas que previamente anoté en un cuaderno o bien al propio libro.


Mi rincón bloguero
Herramientas blogueras


    Lectura. Pero donde se pergeña todo, donde nace el blog realmente es donde leo y ese es mi lugar preferido de la casa, también es el lugar donde suelo comentar y participar en otros blogs, especialmente al final de la jornada, pues es el momento de relajarse y descansar.

Aquí empieza todo

   Otro lugar donde leo mucho es el Metro pero ahí no escribo nada con el ordenador así que no cuenta.

   De todas formas y para enmendar tanto desbarajuste y caos me gustaría enseñaros mi otro escritorio, el del ordenador. Ese está como yo quiero -es míiiiio- y ordenado como a mí me gusta. 



   Ahora voy a nominar a otros blogueros, no deseo poner en un compromiso a nadie pero citaré a tres para que no se rompa la cadena. No obstante que los nominados no se sientan en la obligación de nada: si queréis participar hacedlo y si no pues a otra cosa mariposa.

Arethusa de Arethusa Rococó.
María del Carmen Piriz de Alguien con quien hablar
Beatriz Morote de Gozar de la vida.

Kirke  

NOTA: Pido disculpas por la calidad de las fotos porque he utilizado el móvil, pero quería entregar esta entrada antes de desaparecer por unos días de la blogosfera. No sólo de blog vive el hombre, también de esparcimiento y recreo.


20 de marzo de 2016

Los aborígenes. La alimentación en la evolución humana.


 
   Siempre ha habido polémica entre los vegetarianos y los omnívoros. No voy a entrar en materia sobre los inconvenientes de las dietas vegetarianas y sus carencias nutricionales porque este no es el foro ni el momento adecuado.  Antes de proseguir también me gustaría dejar claro que quienes defienden o siguen este tipo de dietas tienen para mí todo el respeto que se merecen y si deciden no tomar carne están en su derecho, máxime cuando el motivo es ético y/o religioso.

   Pero de un tiempo a esta parte ciertas asociaciones animalistas defienden un “vegetarianismo antropológico” según el cual el ser humano siempre fue vegetariano y lo de comer carne es una perversión moderna. Dicen que nuestros antepasados fueron vegetarianos y que nosotros deberíamos volver a las costumbres ancestrales de nuestros primitivos antecesores. Se promulga una especie de vegetarianismo vintage

   Nuestros antepasados NUNCA fueron vegetarianos, y el que piense lo contrario que se lea este ensayo de Arsuaga o, en su defecto, el resumen que voy a exponer a continuación.  

   En este libro José Luis Arsuaga, reputado paleoantropólogo, expone de una forma clara y concisa los hechos probados que nos llevan a saber que el ser humano siempre fue omnívoro.

   Arsuaga parte de la morfología de un Autralopithecus, un primate homínido ya extinto; de una de sus especies se originó el género Homo, el género al que pertenece el ser humano, el nuestro.



   Los autralopitecos eran primates bípedos y tenían menos pelo que otros simios. De forma muy educativa Arsuaga nos explica lo que supone andar sobre dos piernas: la superficie expuesta a los rayos del sol es mucho menor –en el caso de un cuadrúpedo todo el lomo recibe directamente estos rayos-, el tener poco pelo favorece la sudoración que ejerce un gran poder termorregulador y todo esto conlleva el poder bajar de los árboles, el hábitat de los simios, y aventurarse en la sabana africana a plena luz del día -cuando la visión es mejor- ampliando el radio de acción para desarrollarse e interactuar con el medio. 

   Sin embargo el alejarse del medio donde se encuentran los frutos y los vegetales que formaban principalmente la alimentación de estos seres podía ser peligroso. El problema de una alimentación exclusivamente vegetal y/o granívora es que la digestión es muy lenta y requiere un gran gasto de energía y hay que ingerir alimento de forma casi continuada. Sólo algunos frutos  con alto contenido en ácidos grasos –como las nueces- eran muy energéticos.

   Pero, basándose en fósiles encontrados en diferentes lugares, se sabe que los australopitecos también eran carroñeros. La capacidad de utilizar herramientas –palos, piedras- les permitía romper los huesos de otros animales y así acceder al tuétano que se encuentra en su interior y que es rico en colágeno. Con este insólito hecho se descubre que el interior de los huesos esconde una sustancia que, además de ser muy sabrosa, proporciona más energía, lo que permite utilizar el tiempo que no se emplea en comer en realizar otras tareas. 

   El primer australopiteco al que se le ‘ocurrió’ comer el interior de un hueso fue imitado por sus vecinos, pues como ocurre con todos los primates estos viven en grupos sociales. Aquellos que decidieron seguir con esa práctica estaban mejor preparados para sobrevivir, y por tanto, tuvieron mayor probabilidad de procrear siendo así su descendencia la que prevaleció.

   Todas estas teorías se sustentan en la morfología de la mandíbula y de las piezas dentales de los fósiles encontrados: se observa un menor prognatismo y una capa más gruesa de esmalte si se compara con los cráneos de otros primates no bípedos. No voy a entrar en detalles para no extenderme mucho.

   También aporta pruebas químicas. Nos habla del carbono presente en los alimentos vegetales y el que se encuentra en los de origen animal, este carbono es distinto según las zonas y una vez ingerido se incorpora a los huesos de manera que al estudiarlos a posteriori podemos saber qué comió el espécimen al que pertenece el fósil en cuestión.

   Hay que tener en cuenta que en un mamífero el cerebro y el aparato digestivo son los órganos que más energía consumen.

   El comer carne supuso que el tubo digestivo se acortara. La digestión de las proteínas y las grasas presentes en la carne no es tan compleja como la de la celulosa de los vegetales, y así se formó un aparato digestivo con menos necesidades energéticas y más funcional (no había que estar comiendo y masticando tanto tiempo).

La Naturaleza no busca la espectacularidad, sino el diseño más rentable

    En resumen, la ingesta de carne supuso un ahorro de gasto energético en la digestión que se utilizó para emplearlo en el cerebro con las ventajas evolutivas que eso supuso. "Lo que se ahorraba en tripas se gastaba en sesos".

   En resumidas cuentas, el Autralopithecus ya comía carne y el Homo habilis es un descendiente de una especie suya, o sea, si los australopitecos no eran vegetarianos nosotros tampoco.

   Durante la lectura de este ensayo tomé un montón de apuntes, podría extenderme mucho más porque todas y cada una de las aseveraciones que en él aparecen están sustentadas en pruebas y estudios. Salvo algunas excepciones donde el autor se aventura a colgar alguna hipótesis todo está contrastado y razonado.

   En fin, que al próximo que me encuentre diciendo que nuestros antepasados eran vegetarianos ¡me lo como!


Esqueleto de Lucy (Autralopithecus afarensis)

Kirke  



17 de marzo de 2016

Cinco esquinas


   "Él había pensado que, después de todo, un periodista puede ser a veces útil. Y también peligroso".

   Esta frase podría ser la sinopsis y hasta el mismo argumento de “Cinco esquinas”.  El tema principal es el periodismo amarillo o sensacionalista; el que se basa en destapar escándalos de la vida íntima de personajes relevantes. 

   Quizás la propia experiencia del autor al respecto haya tenido mucho que ver para escribir sobre este asunto. Su romance extra-conyugal con una de las reinas de las portadas de revistas del corazón supuso ríos de tinta en este tipo de prensa y una merma considerable en las arcas del novelista pues estaba en trámites de separación con su esposa. Supongo que con esta novela habrá querido quitarse esa espina clavada en su corazón –y en su bolsillo–.

   La época en la que transcurre la acción es la dictadura de Fujimori cuando se utilizaban algunos medios de comunicación para extorsionar a determinados personajes con poder y así manipular a su antojo. En esta circunstancia tuvo un papel relevante Vladimiro Montesinos, Jefe del Servicio de Inteligencia Nacional del Perú y mano derecha de Fujimori. En la novela nunca aparece su nombre, tan sólo se le cita con el apodo de “ el Doctor”.

  El director de un semanario sensacionalista, Rolando Garro, decide chantajear a un poderoso empresario con las fotos subidas de tono tomadas en una fiesta donde se puede ver al industrial en situaciones comprometidas montándoselo con varias prostitutas. Todo el revuelo que se da al publicar las fotos desencadena una serie de hechos muy diversos y, algunos, increíbles.

   El propio autor define así esta novela: La idea de esta novela comenzó con una imagen de dos señoras amigas que de pronto una noche, de una manera impensada para ambas, viven una situación erótica. Luego se fue convirtiendo en una historia policial, casi un thriller, y el thriller se fue transformando en una especie de mural de la sociedad peruana en los últimos meses o semanas de la dictadura de Fujimori. También dijo que la novela empezó sin título, lo que le supuso un mayor trabajo, ya que el nombre me sirve de guía para escribir.

   Estas frases son sumamente esclarecedoras del resultado final de la novela y que yo resumiría en: la idea empezó de una manera, acabó desarrollándose de otra y terminó como pudo. 

   Se habla de la dictadura de Fujimori, del terrorismo de Sendero Luminoso y del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) pero de una manera tan superficial que destacar estos temas como parte del argumento  me parece exagerado y presuntuoso.


   La novela empieza con una relación lesbiana, este inicio tan peculiar me dejó algo descolocada, y me pregunté qué pintaba esa escena en la trama pero pensé que según se desarrollara el argumento tendría su explicación. Los encuentros amorosos entre las dos mujeres se repiten a lo largo de la historia y una vez terminado el libro sigo preguntándome qué pinta esto en todo lo demás. Quizás ¿añadir algo de picante a un libro insípido?

   Luego aparece el chantaje del periodista en cuestión y las reacciones que provoca. Siendo el periodismo amarillista el principal tema tampoco se trata, a mi juicio, con la profundidad que se podría esperar. Se plantea esa doble cara del periodismo, puede ser sucio si airea cotilleos o útil si denuncia ilegalidades, y quizá esta sea la única virtud o moraleja que se pueda extraer de toda la novela.

  Incluso las continuas referencias al poder en la sombra que mueve los hilos del escándalo y la extorsión, el Jefe de la Seguridad Nacional, el “Doctor”  (Vladimiro Montesinos), se hacen sin entrar demasiado en materia. 

   El propio Montesinos, que fue el fundador de un grupo paramilitar implicado en genocidios, violaciones de los Derechos Humanos y terrorismo de estado, podría haber sido el protagonista de una novela donde se quiere denunciar las prácticas ilícitas de un gobierno corrupto. Pero no, el autor ha preferido tratar todos estos temas de forma somera y sin sustancia.

   Me ha costado reconocer al Vargas Llosa al que estoy habituada. No conozco toda su obra, pero todas y cada una de las novelas que he leído me han gustado mucho. Hasta que leí ésta.

   Tengo la impresión que en esta novela no se ha implicado suficientemente. Como si la hubiera escrito en ratos libres y sin poner excesivo entusiasmo. Incluso el estilo narrativo de Vargas Llosa, tan rico en epítetos y giros espléndidos, aquí brilla por su ausencia; algunos diálogos me hicieron volver a leer la carátula para comprobar que era él quien firmaba el libro. Quizás su nuevo romance le tenga alborotado y no se haya podido concentrar. 

   Esperemos que todo se serene y vuelva el Vargas Llosa de antaño.

Kirke  





Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores