Cometas en el cielo escrita por Khaled Hosseini.
Cometas en el cielo dirigida por Marc Forster (Reseña de Chelo)
Leí esta novela hace ocho años, en su momento me gustó muchísimo, con ella conocí a Khaled Hosseini, un escritor que yo defino como un gran contador de historias.
A petición popular, Chelo y yo decidimos que esta novela/película fuera protagonista de nuestra sección compartida. Confieso que abordé esta segunda lectura con reservas y algo de temor pues la anterior entrada de Alalimón, también se trataba de un libro que me había gustado muchos años atrás y luego me resultó decepcionante. Ante esa experiencia en esta ocasión andaba yo algo recelosa.
Mis temores no tenían fundamento pues esta segunda lectura de Cometas en el cielo no sólo no me ha decepcionado, he captado matices que se me escaparon la primera vez –la magia de la relectura–. Y va a ser en estos matices donde voy a incidir, quizás convierta esta reseña en una reflexión sobre el bien, el mal y el remordimiento más que en una crónica del libro.
Hay una forma de volver a
ser bueno
El libro es narrado en primera persona por Amir, un afgano afincado en Estados Unidos, que rememora su infancia en Kabul en los años previos a la invasión soviética. Entre sus vivencias infantiles se encuentra la amistad con Hassan, el hijo de un criado de la casa con el que comparte juegos y la afición nacional de volar cometas; comparten todo menos su origen, cada uno pertenece a una etnia distinta y mientras Amir es un miembro de la clase dirigente, Hassan se encuentra en la de los esclavos.
Sin embargo un hecho violento sucede entre los dos niños que enturbia su relación y acaba separándolos, dejando en Amir una huella que lo marcará para siempre.
Me convertí en lo que soy a
los doce años
Con el devenir de los años ese suceso, que atormenta a Amir constantemente, vuelve a remover la conciencia del protagonista cuando una llamada telefónica le hace volver a Afganistán.
En esta conmovedora historia se abordan muchos temas.
Los recuerdos de una infancia feliz en escenarios que ya han desaparecido para siempre pues el Kabul que Amir conoció en su niñez está destruido por la guerra. La difícil relación de Amir con su padre, un padre generoso pero que vierte en su hijo expectativas que el niño no puede cumplir; los dos lo saben y eso les separa.
Los niños no son cuadernos
para colorear. No los puedes pintar con tus colores favoritos
En el vano intento de Amir por complacer a su padre comete errores que le harán perder la amistad de su mejor amigo, Hassan, a la vez que le convierten a él en un ser despreciable pero al mismo tiempo consciente de su mal proceder lo que le reporta remordimientos que le marcan irremisiblemente, aunque es esa culpa la que da un viso de esperanza cuando años más tarde retoma el contacto con personas del pasado.
En esta historia también se habla del desarraigo que siente el exiliado. Hosseini describe a la perfección cómo el que huye de una guerra debe dejar atrás sus tradiciones, su hogar, su historia y debe adaptarse a los usos de un país extraño, cómo siente la nostalgia de todo aquello que abandona y que sabe nunca podrá recuperar jamás. Ya de paso, se hace una crítica demoledora de la situación de Afganistán y los intereses internacionales que convirtieron aquel país en un lugar inhóspito y violento. Las descripciones de los años de mayor fanatismo talibán son espeluznantes.
Pero lo que más me ha impactado de toda la novela es el mensaje que subyace en la historia. A través de tres personajes –Hassan, Assef y Amir- se describe cómo puede ser un hombre por la postura que adopta ante la vida.
Hassan, representa la pureza, el espíritu noble que no tiene malicia ni doblez alguna. Generoso hasta la exasperación y objeto de los abusos de quien no se parece a él. Es tan noble y bondadoso que su mansedumbre me llegó a irritar. Durante muchos pasajes de la lectura me vino a la mente un dicho que repetía mi madre: ‘de puro bueno parece tonto’.
Assef –un personaje secundario pero importante en el argumento–, por el contrario, representa la cara opuesta de la moneda. Es el malo, el perverso que disfruta avasallando y humillando a los demás, especialmente si los considera débiles. Un ser despreciable y que ejerce una violencia gratuita. Le gusta hacer daño y se recrea en el dolor ajeno. Precisamente esa cualidad le convierte en un superviviente nato –aspecto este que también da para reflexionar–. De tan malvado tampoco me pareció creíble. No digo que no existan personajes así, en psiquiatría se les denomina ‘psicópatas’, pero aun así me pareció desmesurado.
Amir, es el protagonista y el que me pareció más verosímil. Aparece, en un principio, como un ser egoísta y sólo preocupado por su bienestar, eso provoca el daño en terceros, pero es un daño no buscado, es algo que se genera por su forma de defenderse de sí mismo. Aunque su manera de actuar puede presentarnos a Amir como alguien infame su sentimiento de culpa nos demuestra que no es malvado, sabe del daño que inflige y eso le apena; ser consciente de que otros padecen por su causa revela que no todo está perdido.
El hombre sin conciencia,
sin bondad, no sufre
Y esos remordimientos serán los que le abran la puerta a la redención.
La
auténtica redención reside en el sentimiento de culpa que desemboca en la
bondad
Creo que este es el mensaje real de una novela entretenida y emotiva: siempre hay tiempo para enmendar los errores del pasado (o del presente), nadie es perfecto, todos nos equivocamos, pero si somos conscientes de ello podremos rectificar: siempre hay una forma de volver a ser bueno.
Kirke






























