Leer, el remedio del alma

Leer, el remedio del alma
Imagen creada por Ilea Serafín

3 de marzo de 2019

Elizabeth Garrettt Anderson: la médica testaruda.

EDICIÓN ESPECIAL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER


“Sobre todo, no le temas a los momentos difíciles, pues de ellos salen las mejores cosas.”
Rita Levi-Montalcini (Premio Nobel de Medicina)

Aprovechando que se acerca el Día Internacional de la Mujer, y a pesar de que no me gusta demasiado esta efemérides por lo que implica, voy a hacer un 2x1: traigo un nuevo protagonista para “Demencia, la madre de la Ciencia” y de paso rindo homenaje a todas las mujeres que se encontraron con dificultades para desarrollar su carrera por su condición femenina. Y lo voy a hacer con un personaje que tuvo que luchar contra viento y marea no solo para ejercer su profesión, sino incluso para prepararse académicamente.

Elizabeth Garrett Anderson nace el nueve de junio de 1836 en Whitechapel (Londres). Su padre era un hombre de negocios emprendedor descendiente de herreros, y aunque él mismo no tenía estudios era partidario de que todos sus hijos, independientemente de su sexo, tuvieran una buena preparación intelectual.

Mientras sus hermanos se dedicaron a diferentes tipos de actividades —donde sus hermanas se decantaban por la maternidad y el cuidado de la familia—, Elizabeth elige ser médica, algo inaudito pues hasta el momento no había ninguna mujer con esa profesión en su país, ya que en la conservadora y encorsetada sociedad victoriana la labor de médico se consideraba inadecuada para una mujer: el espíritu femenino era demasiado sensible para enfrentarse a una disección y su inteligencia insuficiente para comprender las complejas materias médicas. Además, ¿qué paciente en su sano juicio iba a tomar en serio a una mujer como médico?

Esta forma de pensar era lo que impedía el acceso de las mujeres a las facultades de medicina.

Con este panorama Elizabeth hubo de conformarse, de momento, con convertirse en enfermera del Middlesex Teaching Hospital cuando tiene veinticuatro años. Pero su estancia en ese hospital la aprovecha para formarse, de manera autodidacta, como doctora. Observa con atención a los médicos que trabajan con ella y contrata a profesores particulares que le imparten clases de anatomía y de química.

Asiste como oyente a las clases de la facultad. Cuando consigue un certificado de honor en todos sus exámenes —exámenes que oficialmente a ella no le sirven de mucho pues está allí de ‘prestado’— el profesorado le sugiere que mantenga en secreto sus éxitos.

Un día acude a estas clases un médico invitado, éste hace una pregunta a los alumnos y Elizabeth es la única capaz de contestarla. Esta es la gota que colma el vaso de la paciencia de sus compañeros varones que exigen la expulsión de tan incómoda estudiante. Le impiden acceder a clase y más tarde la acaban despidiendo del hospital donde ejercía como enfermera.

Pero Elizabeth no se amilana y busca otras alternativas.

Por aquel entonces la Society of Apothecaries (Sociedad de Boticarios) no contempla en sus reglamentos ninguna prohibición para que las mujeres ingresen en ella. Garrett solicita incorporarse y se presenta a los exámenes tras cinco años de cursar un exhaustivo programa con diversas asignaturas. Recibe un diploma y su nombre se consigna en el Registro Médico.

Tras esta demostración por parte de Elizabeth, la Sociedad de Boticarios tomó buena nota. Ante el temor de que más mujeres quisieran seguir el ejemplo de Garrett se revisaron los reglamentos  y se cambiaron prohibiendo el ingreso de las peligrosas damiselas en el único cuerpo médico examinador que, hasta entonces, no le ponía trabas a las mujeres.

Aunque Elizabeth ha conseguido su diploma aún no tiene un título universitario. Las universidades de Oxford, Cambridge, St. Andrews, Londres y Edimburgo le deniegan el acceso. Así que, una vez más, esta mujer inasequible al desánimo busca otra alternativa. Aprende francés y se va a la Universidad de París, allí le permiten estudiar medicina y se convierte, con treinta y cuatro años, en la primera mujer británica que consigue el título de médico tras presentar una tesis sobre la migraña.

Pero en Gran Bretaña se niegan a reconocer el título francés de Elizabeth y siguen sin aceptar que esta mujer sea médica.

Por aquella época se casa con James George Skelton Anderson, un hombre que, al igual que hizo el padre de Elizabeth antes, la apoya y colabora en su desarrollo profesional. Una vez más aparece la figura masculina que se desmarca del sentir general y, en un alarde de valentía y de sentido común, no se pliega a lo establecido contribuyendo a la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

Cuenta también con el apoyo de Emily Davies —una sufragista defensora a ultranza del derecho de las mujeres a ingresar en la Universidad— e inicia una exitosa carrera como cirujana en el hospital femenino New Hospital for Women, en cuya fundación ella misma colabora.

Esta colaboración entre mujeres que sufren la discriminación en el terreno laboral por su condición femenina es algo común en aquellos años convulsos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las sufragistas con su enconada lucha para conseguir el derecho a votar, revuelven conciencias y crean un sentimiento de solidaridad.

Fruto de esta colaboración entre mujeres fue la relación, no demasiado armoniosa todo hay que decirlo, que se dio entre Elizabeth Garrett Anderson y Sophia Jex-Blake.

Aquí voy a hacer un paréntesis en la biografría de nuestra protagonista para contar brevemente la trayectoria de Jex-Blake pues de alguna manera está relacionada con el trasfondo de esta publicación.

 Sophia Jex-Blake fue otra médica que tuvo que bregar para estudiar Medicina y que protagonizó una historia singular dentro de la lucha feminista por la igualdad de oportunidades.

Sophia junto a otras seis mujeres intentó ingresar en la Escuela de Medicina de Edimburgo. Este grupo, llamado “Las siete de Edimburgo”, pudo asistir a las clases magistrales y realizar los exámenes con una dispensa especial. Las siete mujeres, aprovechando ese “trato de favor”, se aplicaron seriamente en sus estudios obteniendo excelentes calificaciones. Al igual que le pasó a Garrett, este éxito no fue bien visto por los estudiantes masculinos y algunos médicos de la facultad. Los alumnos varones se rebelaron y la escuela se negó a dar a estas mujeres su título en Medicina. Ellas llevaron su caso a los tribunales y al Parlamento; el resultado fue negativo pues las siete aspirantes a doctoras perdieron la batalla. Aunque perder una batalla no significa necesariamente perder una guerra que no había hecho más que comenzar.

Al igual que Garrett, ellas no se rindieron. La mayoría se graduó en Berna (Suiza) y cuando volvieron a Gran Bretaña fundaron su propia escuela, la London School of Medicine for Women.

Dados los inconvenientes que Elizabeth Garrett Anderson tuvo que sufrir también para formarse como médica no es de extrañar que apoyara la causa de Sophia. Por eso colabora en la fundación de esta escuela de medicina para mujeres. Allí, ella misma imparte clases y contrata como profesora de Ginecología a la primera médica de Estados Unidos, Elizabeth Blackwell.

Garrett se implica también en la vida social y política. Es una ferviente sufragista y en 1908 es elegida alcaldesa de Aldeburgh, convirtiéndose así en la primera mujer de Gran Bretaña que alcanza este cargo.

Elizabeth muere el diecisiete de diciembre de 1917. Tiene ochenta y un años, y el hospital que ella había fundado toma su nombre en homenaje a esta persona que nunca se dio por vencida a pesar de las múltiples trabas que se encontró en su camino por el simple hecho de haber nacido mujer.


El trabajo de estas pioneras de la titulación en Medicina acabó dando sus frutos. El Irish College of Physicians, tras las acciones de estas guerreras decidió aceptar a las mujeres en los exámenes de titulación, y el Royal Free Hospital acabó admitiendo a estudiantes mujeres para realizar estudios clínicos.

Aquella batalla de Edimburgo capitaneada por Sophia se perdió cuando el Parlamento no reconoció la titulación adquirida, pero finalmente estas incansables luchadoras ganaron la guerra.

Gracias a mujeres así, inasequibles al desaliento y a las dificultades, nosotras hoy tenemos el camino allanado. Aún hay muchas cosas por hacer y muchos más obstáculos que salvar pero aquellas pioneras nos demostraron que la perseverancia y el saber que tenemos razón ayuda a alcanzar todo lo que nos propongamos.

Va por todas ellas.  








32 comentarios:

  1. Interesante la biografía de esta Garrett Anderson (¿No me suena su primer apellido y el de su marido Skelton a laboratorios farmacéuticos de hoy? Es fácil que yo esté confundido).
    La verdad es que estás mujeres abrieron puertas hasta entonces imposibles.
    Un beso

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    1. Hola, Juan Carlos.
      Que yo sepa no hay ningún laboratorio con ese nombre, pero yo ando últimamente muy desligada de la industria farmacéutica, así que no lo descartes.
      Esta mujer es un exponente más de cuánta luchadora nos abrió las puertas a las mujeres de hoy en día.
      Un besote.

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  2. Un buen reconocimiento a estas dos mujeres y a muchas más, que lucharon por los derechos de las mujeres. El viernes vimos "Las Sufragistas! película interesante que nos mostró la lucha que llevaron a cabo para poder votar. Un abrazo.

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    1. Hola, Mamen.
      Ahora que están muchas cosas ya hechas es difícil valorar cuánto lucharon algunas mujeres para llegar a donde estamos.
      Un besote.

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  3. Inspiradora e interesante la historia de esta mujer (mujeres). Debían estar hechas de una materia diferente a la de muchos mortales porque ante las adversidades, lejos de rendirse, tomaban nuevo impulso. En mi cabeza, con una mentalidad mucho más actual, no cabe la idea de que una mujer no pueda estudiar o hacer cualquier cosa que se proponga, pero en aquella época eran pocos los que estaban dispuestos a darles siquiera una oportunidad. Creo que el primero y más importante de sus logros fue no dejarse llevar de las creencias de la época. Les dio igual lo que estuviera o no bien visto y/o permitido, ellas solo prestaron atención a sus deseos y lucharon para conseguirlos. Sin ese primer gesto, nada hubiera sido posible.

    Un bonito y justo homenaje a tu protagonista con motivo del día Internacional de la Mujer, Paloma. Además, como me suele suceder con esta sección, he conocido a científicos de los que no había oido hablar siquiera.

    ¡Un beso!

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    1. Hola, Julia.
      Es verdad que hoy en día no cabe en la cabeza que se le prohíba a nadie estudiar cualquier cosa por el hecho de ser mujer, al menos en el mundo occidental porque en otros países con regímenes totalitarios de corte religiosa sí ocurre aún.
      El caso es que hasta hace nada como quien dice eso no era así, y el empuje de estas heroínas que no se rindieron hizo que las cosas cambiaran. Está claro que sin movilizarse, sin protestas, sin gente que levante la voz para denunciar situaciones injustas, las cosas seguirían igual. Hay que empujar y chillar incluso para cambiar el mundo.
      Me encanta dar visibilidad a estas figuras que no suelen salir en la tele ni en los programas de gran audiencia, pero que se merecen ser conocidas.
      Gracias por tu interés con esta sección.
      Un beso y buen inicio de semana.

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  4. Muy interesante, como siempre. Estaría bien una entrada similar pero dedicada a las pioneras españolas, la cronología creo que es muy similar, en España a principios del siglo XX ya hay mujeres médico. Leí un artículo no hace mucho en El País sobre el doctor Roberto Novoa, machista convencido que sin embargo era el único profesor de la facultad de Santiago que admitía a mujeres en sus clases y de hecho apadrinó a las primeras licenciadas gallegas (una de ellas tía de la exvice Teresa Fernández de la Vega). El ser humano es más raro...
    Un abrazo y ve pensando convertir esta serie en un libro divulgativo.

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    1. Hola, Gerardo.
      Interesante la información que das y muy a cuento porque, a raíz de esta publicación, me anoté mentalmente el indagar sobre las pioneras españolas que tú también apuntas. Es complicado encontrar información sobre féminas españolas porque la mayoría de los libros que versan sobre estos temas están escritos por extranjeras con muy poco interés sobre nuestras compatriotas. De hecho, en el libro principal que empleo para documentarme sobre mujeres científicas, El legado de Hipatia de Margaret Alic, no se cita a ninguna, ni de pasada.
      Tendré que acudir a la jefa de la biblioteca de Farmacia, una bibliotecaria excelente, para que me ayude a documentarme.
      Lo del libro divulgativo va a ser complicado. Un libro ya sería algo más serio, este canal del blog me permite cierto grado de relajación, y que conste que todo lo que cuento está tomado de fuentes serias y con bastante rigor.
      De hecho me han propuesto algún trabajo parecido. El editor de una revista científica española me sugirió que escribiera sobre mujeres científicas para una sección titulada El rincón de la Historia, pero se me hace muy cuesta arriba por un tema que llevo fatal: ¡las citas bibliográficas! Tener que referir cada frase, cada dato, al lugar donde lo he consultado, se me hace muy engorroso. Si a eso le añadimos mi nefasta memoria para recordar dónde leí o quién me contó alguno de esos datos...
      En fin, no descarto publicar algo al respecto, aunque no tenga muy claro el formato, en serie de artículos o en una antología. Ya veremos.
      Un abrazo.

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    2. Es cuestión de método y eso, como científica, lo dominas a la perfección. Hace unos meses envié algo a la editorial Nowtilus, me respondieron muy amablemente (raro, porque la mayoría ni quiere oír hablar de escritores nóveles) que en la actualidad solo se dedican a la divulgación y que si tenía algo sobre el tema me tendrían en cuenta. Por mis circunstancias, se me hace imposible salir de la ficción de momento y me sale la vena profe que no es la más adecuada para ese campo.
      Te envío un link porque están sacando libros sobre lo que escribes: http://edicionesnowtilus.blogspot.com/2018/04/novedad-editorial-mujeres-con-poder-en.html
      Ánimo.

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    3. Gracias, Gerardo.
      Del enlace que me envías me he quedado con la dirección de correo, lo mismo un día me lío la manta a la cabeza y contacto con ellos para ofrecer mis servicios, ja, ja, ja.
      Muchas gracias por la información y por los ánimos.
      Un abrazo.

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  5. Hola Paloma, por suerte los tiempos han cambiado, y aunque hay aún mucho trabajo por delante, los avances en igualdad de género en la sanidad y en sus profesionales es notorio. Como ejemplo personal, y sin mayor valor estadístico, creo que nunca he tenido un médico de cabecera masculino, y por lo general en los ambulatorios veo casi más médicas que médicos, y además creo que tratan con mayor sensibilidad a los pacientes. Ejemplos como el de Elizabeth Garret son inspiradores en esta lucha. Un fuerte abrazo y feliz semana.

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    1. Hola, Miguel.
      En mi centro de salud también hay más mujeres que hombres en las consultas (en la dirección ya es otro cantar), y eso es síntoma, al menos para mí, que no somos iguales. Me refiero a que hay determinadas profesiones que son más atractivas para un sexo que para otro.
      Puede que esto que comento no sea políticamente correcto, pero pienso que la fisiología nos determina mucho aunque, y esto es lo que hay que combatir, la educación recibida desde la cuna también.
      Yo estoy a favor de la igualdad de oportunidades, es decir, si una mujer quiere ser soldado o cualquier otra profesión "habitualmente masculina" y tiene capacidad, pues adelante. Lo mismo pienso de los hombres. Que cada uno se desarrolle según sus aptitudes y gustos, y nada más (y nada menos).
      Desde luego, y volviendo a los centros de salud, está claro que han cambiado muchas cosas desde que Garrett intentó estudiar. También está claro que sin el tesón y la lucha de aquellas pioneras hoy no estaríamos igual de bien.
      Un abrazo y gracias por tu visita.

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  6. Es digna de admiración la tozudez de estas mujeres que con todo en contra consiguieron tanto para ellas y para todas las que llegaríamos después.
    Como me suele pasar con estas entradas tuyas de esta sección, no conocía de nada a estas mujeres y mucho menos de lo que comenta Gerardo de la facultad de Santiago. Mucho les debemos a estas pioneras todas las mujeres actuales.
    Aún hay mucho por conseguir, pero creo que es más lo conseguido.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa.
      Yo también creo que es más lo conseguido, como decimos en mi barrio: "lo gordo" ya está hecho. Aunque hay que seguir peleando, y puede que más ahora que ciertos sectores quieren volver hacia atrás. Por lo menos, si no avanzamos que tampoco retrocedamos, eso sería fatal.
      Me ha picado la curiosidad Gerardo con lo de la facultad de Santiago. Tengo que indagar. En cuanto sepa más os cuento ;)
      Un besote.

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  7. Muchas gracias por este post, me has descubierto un par de boigrafías realmente buenas. De hecho esta noche lo releeré con clama, que ahora ando algo acelerada.
    Muy feliz día.

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    1. Hola, Gemma.
      Ante todo no te me estreses, que este rincón es para entretenerse, no para agobiarse.
      Estas mujeres, como muchas otras, ahora están relegadas, apenas se sabe de ellas, pero fueron muy importantes para que las cosas cambiaran. Puede que sin su tesón, ahora siguiéramos teniendo dificultades las mujeres para acceder a la Universidad.
      Un besote y relájate, guapa.

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  8. Hay cosas que ahora nos parecen increibles, pero que en aquella época estaban al orden del día. Que las mujeres no pudieran votar y ni matricularse en una Universidad por considerarlas incapaces de hacer algo de provecho es comparable a la creencia de que los negros no eran seres humanos porque no tenían alma. Cierto es que en todas partes cuecen habas, pero la sociedad británica era, me atrevería a decir, una de las más cerradas y estrecha de miras. Los prejuicios eran el pan nuestro de cada día. Y en todas estas historias de injusticia que nos cuentas en este espacio se demuestra que solo la pertinaz insistencia y el saber soportar todos los inconvenientes es capaz de derribar esas barreras que parecían infranqueables.
    Todavía me parece extraño que, dadas las circunstancias, esas brillantes y valientes mujeres obtuvieran calificaciones sobresalientes, siendo, como eran, examinadas por hombres.
    Uno más de tus interesantísimos artículos, que nos ilustran sobre cuán incomprensible e injusto ha sido el comportamiento humano en general y masculino en particular, con ese temor infundado por perder poder y categoría ante el sexo opuesto.
    Un beso.

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    1. Hola, Josep Mª.
      Es cierto que la sociedad británica victoriana no era el mejor escenario para que una mujer se hiciera valer. La mentalidad de los británicos siempre ha dejado bastante que desear en cuanto a tolerancia y transigencia. Quizás por eso fue ahí donde las mujeres se rebelaron con más virulencia.
      Aunque, como le comentaba a Rosa, "lo gordo" está hecho en cuanto a derechos no nos podemos dormir en los laureles porque la sombra de la recesión planea ahora mismo. Acabo de oír las noticias en la radio y según un sondeo el 56% de los jóvenes ven normal controlar a su pareja y mostrarse celoso si tiene otras amistades. Se me han puesto los pelos de punta, estamos volviendo a cosificar a la mujer, a considerarla una propiedad del hombre. Que aparezcan partidos políticos que se opongan a la ley de género y, lo que es peor, que tengan aceptación entre el electorado me hace pensar que "lo gordo" se va a deshacer. Es deprimente.
      En fin, habrá que seguir luchando y no relajarse ni un poquito.
      Un beso grande.

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  9. Da gusto siempre leerte y aprender, es un gustazo Paloma.
    Que mal las pobres que no podían acceder a una carrera universitaria por el hecho de ser mujeres, menos mal que los tiempos han cambiado, y lo que queda todavía, pero no es tan duro como antes pelear.
    Estoy en un descanso de mis clases y el profe ha dicho que hagamos lo que queramos jeje, y yo os visito.
    El sábado o el domingo intentaré hacer una reseña de una peli que vimos el domingo y nos gusto.
    Besotes y todo va mejor.

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    1. Hola, Tere.
      Los tiempos han cambiado, pero no nos podemos fiar, es posible que volvamos atrás con las posturas retrógradas que están calando ahora mismo. Reconozco que algunas feministas han forzado la máquina y han dado combustible a quienes quieren volver a lo de antes, cuando ellos no tenían que competir tanto pues la competencia se reducía a la mitad si se quitaba a las mujeres.
      Me alegro de que las cosas estén volviendo a la normalidad, Tere. Después de la tormenta viene la calma.
      Un besote y mucho ánimo.

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  10. Realmente unas luchadoras que consiguieron ser pioneras.
    Particularmente pienso que las mujeres tenéis una fortaleza ante el desánimo que muchos hombres quisieran para sí.
    ¡Bravo por todas ellas! No hacen falta días para conmemoraciones ni reivindicaciones, más bien se necesitan mentes abiertas y aceptación de que la igualdad entre mujeres y hombres es posible si se tiene voluntad para que así sea.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Javier.
      Si somos tan duras ante el desánimo es porque necesidad obliga. Cuando un organismo se desarrolla en un medio hostil se hace mucho más fuerte.
      Yo sueño con el día en que no haga falta celebrar o reivindicar a la mujer, cuando la igualdad sea un hecho y esté asumida por toda la sociedad, cuando lo evidente y lo lógico no necesite ser defendido porque está integrado en nuestra forma de ser y actuar. De momento, me temo que tendremos que "celebrar" muchos más Días Internacionales de la Mujer.
      Un beso.

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  11. Mi admiración para todas aquellas mujeres que con decisión y coraje fueron capaces de romper las ataduras de una sociedad que vivía de espaldas a su valía.

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    1. Hola, Norte.
      Muchas gracias por tu admiración y tus palabras.
      Un saludo.

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  12. Cierto, hoy tenemos las puertas abiertas para lo que queramos hacer (teóricamente, en la práctica no es tan sencillo) pero nada comparado a aquellas mujeres que tuvieron que luchar tanto por demostrar algo tan primario como es la igualdad entre el hombre y la mujer. Aún hay que luchar mucho.
    SAludos.

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    1. Hola, Manuela.
      Si echamos la vista hacia atrás vemos que antes era mucho peor y que ahora tenemos más fácil algunas cosas, pero por desgracia aún hay muchas cosas mal y hay que insistir.
      Además, ahora planea la sombra de la involución dados los comportamientos de algunos sectores reaccionarios.
      Un abrazo.

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  13. Desconocía a esta personalidad, así que otra píldora para mitigar mi gran ignorancia en tantas cosas. La vida que reseñas es un ejemplo de lo que significan jornadas como la de mañana. Nada puede producir tanto asco que una sociedad que niegue las mismas oportunidades a sus habitantes por razones de sexo, raza o condición social. Una sociedad que pretenda ser justa no puede tolerar eso. Afortunadamente, al menos en Occidente, la situación ha cambiado, aunque todavía nos queden tics por eliminar.
    Sinceramente, quienes critican el movimiento feminista deberían leer artículos como este.
    Un abrazo

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    1. Hola, David.
      Estas pioneras además de valentía demostraron tener una tenacidad encomiable. No dejarse vencer por las dificultades es otra característica indispensable para ganar este tipo de batallas.
      Una sociedad con igualdad de derechos y oportunidades para todos es más justa, y una sociedad justa beneficia a todos, a hombres y mujeres.
      Yo tampoco entiendo la reacción de algunos sectores contrarios a este tipo de reivindicaciones, y con sus actitudes ellos mismos se descalifican.
      Gracias por tan buena valoración de este artículo.
      Un abrazo.

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  14. Son impresionantes, me parecen tan fantásticas estas mujeres que abrieron camino, les debemos tanto y me encanta este hueco que les haces en tu blog y que nos permite disfrutar de ellas.
    Y también me gustan especialmente esos hombres que se atreven a ir contra lo establecido, que no tienen miedo a la crítica y apoyan con entusiasmo a sus parejas, a sus hijas, a sus compañeras...Bien por ellos porque también para ellos era complicado ir contracorriente.
    Besos y muy buen finde

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    1. Hola, Conxita.
      Ir contra la corriente para denunciar una situación injusta siempre demuestra valentía, hacerlo, además, para conseguir beneficios para terceros, como fue el caso de los hombres con las feministas, es digno de admiración. Pero, como le comento a David, una sociedad más justa beneficia a todos por igual, a las mujeres y también a los hombres.
      Bien por todos esos valientes que nos demostraron el valor de la perseverancia y la lucha.
      Un beso, guapa, y buen finde también para ti.

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  15. hola Kirke! muy feliz día de la Mujer! gracias por este trabajo maravilloso y reinvindicativo para mujeres tan espectaculares que quedan relegadas al olvido, fantástico!! abrazosbuhos y saludos a todas las bellas mujeres que te leen y suman a los comentarios, abrazosbuhos!!!!!!!!

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    1. Hola, Búhas.
      Feliz Día de la Mujer también para vosotras. Qué menos que recordar en un día como hoy a esas pioneras en la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades.
      Un abrazo.

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Hada verde:Cursores
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