30 de abril de 2016

La amistad y la distancia


   Dicen que el roce hace el cariño y la distancia el olvido. No estoy de acuerdo.

   Sí que es verdad que la convivencia diaria con las personas que nos rodean hace que las conozcamos mejor y que podamos compartir de una forma más directa sus sentimientos. Sin embargo también se puede hacer lo mismo cuando esas personas viven a muchos kilómetros de nosotros o cuando, por cualquier otro motivo, el contacto físico/visual no se da. A mí me ha pasado.

   Cuando inicié esta aventura de crear un blog y compartir gustos literarios tuve la inmensa suerte de conectar con otros internautas que me aportaron sus pensamientos y sus impresiones; al principio sobre literatura, luego sobre otros temas en los que yo reflexionaba o mostraba mi opinión. En cualquier caso conecté con estupendas personas que se encontraban tras un nombre (verdadero o ficticio) y tras un avatar.

   Nunca eché de menos una imagen tangible de esas personas. Sus maneras de expresarse, bien a través de sus propios escritos, bien a través de los comentarios que vertían sobre mis textos o los de otros compañeros, eran para mí suficiente carta de presentación. Con algunos he tenido tal sintonía que los considero más que compañeros, amigos.

   El jueves pasado tuve la oportunidad de conocer en persona a tres de ellos. Un escritor presentaba su primera novela en una librería. Se trataba de Pablo Palazuelo y la novela en cuestión era “Nunca es tarde para morir”. Con motivo de este evento quedamos en reunirnos y, ya de paso, conocernos físicamente.

   Fue así como nos juntamos Juan Carlos Galán (El blog de Juan Carlos), Francisco Moroz (Abrazo de libro), Chelo (El blog de Chelo) y una servidora. La reunión tuvo lugar en Madrid, ciudad donde residimos todos menos Chelo. Pero esta mujer, que a ilusión y entusiasmo no le gana nadie, se trasladó desde Valencia hasta la capital como si la distancia entre las dos ciudades fuera de unos cientos de metros en lugar de kilómetros.

   Por motivos de agenda el rato que estuvimos con Juan Carlos no fue tan extenso como nos hubiera gustado a todos pero Francisco, Chelo y yo pudimos departir, en un café próximo a la librería que organizó la presentación,  durante un par de horas. 

   Si digo que fue un encuentro muy agradable no expresaría ni de lejos la realidad, fue mucho más y eso que el inicio no pudo ser peor porque Chelo y yo, que previamente habíamos estado comiendo juntas, llegamos al lugar convenido con Francisco, ¡veinte minutos más tarde! Desde aquí, y una vez más, mil perdones Francisco por semejante retraso. Menos mal que mi padrino es en realidad tan atento y caballero como se vislumbra en sus escritos y nos recibió con una sonrisa en la cara a pesar de la espera.

   Fue una maravilla comprobar que la sintonía y el buen rollo que se respiraba en cada visita en nuestros respectivos blogs se dieron también en aquella “cita”. Empezamos a charlar como si fuéramos amigos de toda la vida, en realidad, como los amigos que somos desde que nos conocemos por la blogosfera. Hablamos de libros, de anécdotas, de nuestros quehaceres cotidianos, de nuestros gustos……hablamos y hablamos. Porque hablar se nos da de maravilla a los tres, especialmente a la que escribe, por lo que aprovecho esta ocasión para disculparme si pude ser la causa de alguna jaqueca en mis contertulios.

   Además de impresiones también hubo intercambio de presentes. Dicho intercambio fue algo desequilibrado, sobre todo por mi parte, porque me presenté sin ningún regalo y quedé fatal. Intenté paliar el fallo invitando a los cafés. Soy un desastre. Soy muy poco detallista pero también soy muy agradecida y pienso enmendar mi error en un futuro.


   Es este encuentro se esperaba la presencia de otra bloguera que por problemas de permisos laborales no pudo asistir pero estuvo presente en nuestras conversaciones en todo momento. Ella sabe que la echamos mucho de menos.

   Más tarde, y ya en la librería, estuvimos disfrutando de la maravillosa exposición que hizo Juan Carlos de la novela de Palazuelo. Con un don de la palabra estupendo y ejerciendo de maestro de ceremonias, Juan Carlos nos presentó un autor al que se le augura una carrera exitosa a la vista de las ventas primero en internet y ahora en edición impresa.

   Al día siguiente, y como el tren en el que regresaría Chelo a su ciudad salía por la tarde, tuve la inmensa suerte de departir más tiempo con esta estupenda mujer a la que ya consideraba una amiga, pues nuestras colaboraciones en la sección compartida Alalimón propiciaron que tuviéramos un contacto más estrecho. Esa amistad virtual se afianzó y se consolidó estos dos días juntas. La persona que se adivinaba tras el blog que escribe se mostró mucho más vital y mucho más simpática de lo que ya sabía que era.

   Como el tiempo se mostró benévolo –las lluvias anunciadas no hicieron acto de presencia– nos dedicamos a pasear por el centro de Madrid. La intención era mostrarle los lugares más castizos de mi ciudad; ese era mi deseo aunque no sé si lo conseguí completamente pues como todo el rato estuvimos hablando creo que se me olvidó señalar algunos de los monumentos por los que pasamos. 

   Aprovecho este momento para subsanar el error. Chelo, la puerta esa que era tan grande con cinco entradas se llama Puerta de Alcalá, el parque que estaba al lado se llama Parque del Retiro y la fuente con una señora montada en un carro tirado por dos leones es la Cibeles. No sólo soy un desastre, soy una guía de turismo nefasta. 
   Espero que me perdone Chelo mi mala gestión turística y que el bocata de calamares que nos zampamos en el Brillante le sirviera de consuelo y para reponer la energía gastada esa mañana, pues anduvimos bastantes kilómetros.

   Está claro que el afecto puede darse cuando hay distancia y no existe contacto físico. Cuando se comparten gustos, cuando se tienen puntos de vista similares, cuando se tiene una actitud parecida ante la vida y hay respeto mutuo, la sintonía está asegurada y surge ese maravilloso sentimiento que es la amistad. El encuentro “real” con estos amigos “virtuales” me lo ha demostrado.

¿Dicen que el roce hace el cariño y la distancia el olvido? No estoy de acuerdo.



Kirke  


27 de abril de 2016

Madrid 1616

   Hace ya varios meses leí una novela donde se narraban las peripecias de Miguel de Cervantes y un aprendiz de librero, Gonzalo de Córdoba, para recuperar el manuscrito de la primera parte del Quijote; la novela se titulaba 'Madrid 1605'. En aquella ocasión y paralelamente en la época actual, un catedrático de literatura retirado, Erasmo, y una antigua alumna suya, Pilar, corren de igual forma aventuras para recuperar tan valioso manuscrito.

   'Madrid 1616' es la segunda parte de aquella novela. Si en la primera se relata, a través de un escrito de Gonzalo de Córdoba cómo se gestó y se publicó la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en esta segunda, como es de suponer, se relata, también con un escrito del mismo Gonzalo, cómo se gestó la segunda parte. 

   Con un estilo narrativo muy similar al de 'Madrid 1605' y con la misma maestría se narran las nuevas aventuras, de Erasmo y Pilar por un lado, y de Miguel de Cervantes y Gonzalo de Córdoba por el otro. Quizás podría verse en esta segunda novela una redundancia en cuanto a la temática y, siguiendo con la tendencia de los autores a establecer paralelismos, con segundas partes de una buena novela. Dicen que la segunda parte del Quijote es mucho mejor que la primera; puestos a hacer paralelismos creo que 'Madrid 1616' no es mejor que 'Madrid 1605' pero, con todo y con eso, la novela es muy buena y se lee de tirón. Considero que no es mejor porque, en la trama que se desarrolla en la época actual hay escenas demasiado parecidas a la primera entrega y le quita frescura al argumento.

   Pero la parte correspondiente a la época de Cervantes es excelente. No sólo se novela cómo don Miguel decidió escribir una segunda parte para su don Quijote, también se pone en escena los últimos años del maravilloso escritor. Se nos muestra a un Cervantes anciano, muy castigado por la enfermedad y las penurias, pero que conserva, al igual que en su juventud, todo el vigor de quien quiere vivir intensamente a pesar de todos los reveses que el destino le deparó.

   En esta segunda entrega William Shakespeare también tiene una porción de protagonismo. Siempre se ha especulado si el dramaturgo inglés tuvo contactos epistolares con el escritor alcalaíno. Sí que se da por seguro que el inglés leyó la primera parte del Quijote. En cualquier caso, los autores de esta novela fabulan  -están en su derecho- y los ponen en contacto. Esta conexión da pie a realizar una comparación entre el devenir que tuvo cada escritor.

"El señor Shakespeare había convertido su talento en monedas contantes y sonantes, en tierras y en casas y en blasones, y se codeaba con reyes y con condes. Y mientras tanto, a un hombre que a buen seguro lo superara en ingenio y en buenas letras como era don Miguel, el destino le había deparado una vida llena de infortunios y estrecheces, que hasta el cautiverio entre los infieles había conocido."

   Al igual que me ocurrió en 'Madrid 1605', en esta novela he visto semejanzas entre la vida de Cervantes y la de su principal hijo literario, don Quijote: un hombre idealista, al que los golpes de la dura existencia no le obligan a doblar la testuz. Y, al igual que me ocurrió cuando leí el final de don Quijote, se me saltaron las lágrimas cuando se describe la muerte de don Miguel.

    No sé hasta qué punto es real el final que los autores de esta novela nos describen, pues nos muestran a un Cervantes reconocido y laureado por el pueblo, que se ha rendido sin condiciones al entretenimiento de sus novelas. Como ya he reseñado más arriba esto es una novela y quien la escribe tiene toda la potestad de imaginar cuanto quiera.

"Desde el momento en que alguien decide consignar unos hechos por escrito, quizás lo que en realidad pretenda sea corregir la realidad, ponerle remedio a esta cosa sin sentido que es la vida."


   Siempre sentí debilidad por Cervantes, me parece, además de ser el mejor escritor que ha dado la Literatura, un ser entrañable. Quizás todo ese infortunio que le persiguió, esa existencia llena de desgracias y sinsabores, le presenta como alguien necesitado de cariño y reconocimiento. 

   En un momento dado se hace alusión a la capacidad que tienen los poetas -los escritores- de vivir muchas vidas en una: tan sólo tienen que tomar una pluma para dejar de ser quienes son y convertirse en sus creaciones.

  En este aspecto hay unas palabras puestas en boca de Cervantes que me han conmovido especialmente y que, aun siendo muy consciente que todo es invención de los autores, yo espero que no sea fábula sino una realidad: Cervantes llevó una vida feliz.

"Habrá quien piense que Cervantes  fue un hombre desdichado pero entonces tendrán que recordar que fui feliz en mis novelas y en mis comedias y en mis poemas. Y que esa dicha no está al alcance de todos los hombres. Por ello doy mi vida por bien empleada."


Kirke  





24 de abril de 2016

La sanadora


   Hace tiempo que varios compañeros de la blogosfera me animan a escribir relatos, pero soy reacia a meterme en la piel de otro ser y escribir ficción.

   Hace unas semanas la Biblioteca de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de la VI Semana Complutense de la Letras convocó un concurso de relato breve donde los textos se servirían del tema «Los Venenos» para, de manera libre y creativa, construir la trama argumental. 

   Me animé y decidí participar. Aquí muestro mi bautismo de fuego en esto de los concursos de relatos breves:

La sanadora




   Noto sus desconfiadas miradas sobre mí. Sé que desde hace tiempo todos me temen. 

   Me gusta vivir sola, pero a ellos les molesta que me aloje fuera de la aldea, en mi solitaria cabaña del bosque. Las hierbas y raíces que cuelgan de las vigas del techo les atemorizan, especialmente la que tiene forma humana; dicen que con ella hago hechizos. Sólo es mandrágora y muchos de los que me llaman bruja se beneficiaron de sus propiedades cuando, narcotizados, pudieron resistir los dolores causados por fracturas que yo misma me encargué de sanar.

   Ese encono ha crecido últimamente. En la aldea se comenta que por las noches me visita el Maligno y que hago tratos con Él. 

   Pronto vendrán a buscarme, pero no me encontrarán. El bebedizo de beleño ya surte efecto. Con su sabor amargo en el paladar dormiré eternamente, lejos ya de la inquina y del miedo.

Kirke  


NOTA: Las normas del concurso exigían que el texto no excediera las 150 palabras.




22 de abril de 2016

Miguel de Cervantes


    Esta es una Edición Especial de Poemas y Cantares. Hoy se cumplen cuatrocientos años del fallecimiento de Cervantes y de ahí esta publicación especial pues quiero rendir homenaje a tan insigne escritor. Ya que desde los organismos oficiales el centenario está pasando con más pena que gloria la iniciativa, una vez más, la tendremos que tomar individualmente. Desde este humilde blog intentaré homenajear a este genio de la escritura como se merece.

   Miguel de Cervantes Saavedra nació un día de septiembre de 1547, no hay certeza sobre el día exacto pero se cree que fue el 29 pues esa es la festividad del arcángel San Miguel. Su padre se llamaba Rodrigo y era cirujano –el equivalente a practicante en la actualidad–, su madre se llamaba Leonor y era nacida en Arganda del Rey –localidad muy cercana a Alcalá de Henares–. Fue el cuarto de siete hermanos.

   A la edad de cuatro años, Miguel se traslada con su familia a Valladolid donde el padre, por cuestión de deudas, acaba en prisión. Se ve que a don Miguel lo de estar preso ya le venía de familia. Hay bastante controversia acerca de la formación académica de este escritor, pero es casi seguro que no tuvo estudios universitarios. Con formación o sin ella, el caso es que se aficionó a las representaciones teatrales gracias a las obras de Lope de Rueda. 

   Quizás por cosas de la juventud o porque era lo habitual en aquella época, también anduvo metido en líos de duelos y acusado de herir a un individuo en uno de ellos tuvo que huir para no ser apresado. Por este motivo se va a Italia y se enrola en el tercio de Miguel de Moncada como soldado a las órdenes del capitán Diego de Urbina. Es así como el 7 de octubre de 1571 participa en la batalla de Lepanto, con 24 años, siendo integrante de la armada cristiana dirigida por don Juan de Austria. En esta batalla un trozo de plomo le secciona un nervio de la mano izquierda perdiendo, como consecuencia, el movimiento de la misma. A causa de esta lesión se le conoció como “el manco de Lepanto”.

Batalla de Lepanto
   Cuando regresa a España, la galera que le transporta es atacada por una flota turca y Miguel acaba preso en Argel junto con su hermano Rodrigo. Sus captores creen estar ante un rehén valioso pues tiene en su poder unas cartas de recomendación del propio Juan de Austria y piden un alto rescate para liberarlo. Por desgracia la familia del escritor no tiene los recursos necesarios para pagar tan elevada suma de dinero y permanecerá cautivo cinco años.

   Durante su cautiverio intentó fugarse cuatro veces, y cuatro veces fracasó. Mientras, desde España, la madre de Miguel y Rodrigo intenta reunir la cantidad de dinero pedida por los captores; acaba reuniendo una suma importante pero insuficiente para liberar a los dos hermanos. Es entonces cuando Miguel decide que sea Rodrigo quien se beneficie y recupere la libertad. Más adelante los abnegados padres trinitarios –dedicados a conseguir fondos y gestionar la liberación de presos cristianos– consiguen reunir los 500 escudos necesarios para Cervantes y éste es, por fin, liberado. 

   Miguel regresa a España y por sus conocimientos del norte de África, adquiridos durante su cautiverio, trabaja como espía de Felipe II. Tras un intento infructuoso para conseguir un puesto en las Indias se instala en Madrid.

   Con 37 años se casa con Catalina de Salazar. Esta mujer era natural de un pueblo de Toledo, Esquivias, y por esta razón Cervantes pasó largas temporadas en esa localidad. Pero antes de su matrimonio, Miguel mantuvo relaciones con la esposa de un mesonero y con la que tuvo una hija, Isabel de Saavedra, siendo ésta su única descendiente pues con Catalina no tuvo hijos; al parecer el matrimonio nunca funcionó muy bien.

   En 1587, viaja a Andalucía como comisario de la Armada Invencible. Se establece en Sevilla y trabaja como comisario de abastos y luego como recaudador de impuestos. Diez años después es acusado de apropiación de dinero público y se le encarcela. Dicen que durante este período de apresamiento fue cuando ideó su inmortal, e ingenioso, don Quijote de la Mancha.

   Se va a vivir a Valladolid, cuando Felipe III trasladó la corte allí, corre el año 1604 y la primera parte del Quijote está casi terminada. En 1605 se publica con el título El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Estamos ante un hito literario, pues con esta impresión aparece la que se puede considerar la primera novela moderna. La segunda parte sería editada en 1615.

   En 1616, con 68 años, y ya muy afectado por la degeneración que le produce la diabetes que padece, Miguel de Cervantes fallece el 22 de abril. Hasta su último aliento le movió el ansia de vivir y de escribir pues los días previos a su fallecimiento escribió:

Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir...”

 Por expreso deseo del escritor sus restos fueron depositados en el Convento de las Trinitarias*, sito muy cerca del lugar donde él mismo vivía. Este deseo fue la forma de agradecer a esa orden las gestiones realizadas para poner fin a su cautiverio en Argel.

Placa en el Convento de las Trinitarias*
"Miguel de Cervantes Saavedra que por su última voluntad yace en este convento de la orden trinitaria a la cual debió principalmente su rescate"

   Se podrían decir muchas cosas de este maravilloso escritor, y todas serían pocas para ensalzarlo como se merece. Quien ha leído el Quijote sabe de su genialidad. Con esta entrada y esta breve semblanza quiero rendir tributo a quien elevó las letras españolas a lo más alto del orbe literario. 

   Dicen que Cervantes tuvo muy mala suerte en vida y que nunca llegó a ver reconocida su obra. Siempre padeció penurias económicas y dificultades para encontrar apoyos o protectores. A pesar de que las ventas de la primera parte del Quijote fueron muchas él apenas llegó a tener beneficios pues el librero encargado de imprimirla, Francisco de Robles, le estafó una gran cantidad de dinero.

   Su vida  fue realmente desdichada: cautivo en Argel, luego apresado en Sevilla cuando ejercía de recaudador, muchos disgustos familiares (sus hermanas, que vivían con él, tenían fama de casquivanas). Parece ser que pocos meses antes de morir le llegó una notificación donde se relataba la conversación mantenida un año antes entre un licenciado y unos caballeros del séquito del embajador francés y en la que preguntaban al licenciado que describiera al autor del ya famoso Quijote:

Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: "Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?".

   Tengo la desagradable sensación de que esa falta de reconocimiento que padeció en vida sigue aún tras su muerte pues, como he comentado al inicio de la entrada, en el cuarto centenario de su fallecimiento las instituciones oficiales apenas se están moviendo, y si lo hacen, ni se nota. 

   Desde mi modesta posición pienso remediar tamaña injusticia y, cual Quijote luchando contra molinos de viento, desfacer el entuerto. Desde hoy y en sucesivas publicaciones iré aportando anécdotas y peculiaridades relacionadas con el “Príncipe de los Ingenios”.



Kirke  

(*) Intenté visitar la iglesia del Convento de las Trinitarias para realizar una foto de su interior. Lamentablemente me fue denegado el acceso pues se estaba realizando un evento castrense y tuve que desistir tras una agria discusión con un alto oficial militar (supongo que era alto el rango porque tenía muchas "chapitas" en la guerrera). A propósito, mi más sincero agradecimiento a los agentes de la Policía Municipal que acudieron en mi defensa. En sucesivas entradas relacionadas con mi adorado Cervantes intentaré subsanar este fallo; lo prometo.

18 de abril de 2016

Do you speak English? VII

Regreso a Roma (Segunda Parte)

Piazza de Spagna

   Al contrario que la vez que recorrí Roma en compañía de mis descerebradas amigas esta vez no nos perdimos, si acaso algún rodeo innecesario en alguna ocasión pero de poca importancia. 

   La que sí se perdió fue la Loba Capitolina –una réplica de la escultura que representa a Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo–, pues anduvimos buscándola y no estaba en el lugar que, según nuestro mapa, debía de estar. Como faltaban pocos días para la Semana Santa pensamos que quizás se había tomado unas vacaciones. Evidentemente, la loba no se movió del lugar en el que está emplazada, fuimos nosotros que no nos dimos cuenta que las escaleras que conducen hasta la plaza donde está ubicada no eran una escalinata más de las que abundan en la ciudad y que tan pesadas se hacen de subir cuando se lleva caminando todo el día, por lo que pasamos de largo y no pudimos saludar a tan famosa nodriza.

Castillo Sant'Angelo

   Como esta vez no teníamos un horario estricto para regresar por la noche pude disfrutar de “Roma, la nuit”, o mejor dicho “Roma, la notte”. Roma por la noche tiene su encanto, aunque a algunos lugares da igual el tipo de luz que los ilumine porque el Castillo Sant’Angelo es igual de feo de noche que de día. Sin embargo pasear por la Via dei Fori Imperiali a la luz de las farolas con tu pareja debe de ser muy romántico. Digo ‘debe’ porque aunque yo paseé de la mano de mi marido, en la otra mano estaba agarrada mi hija y al lado caminaban mis suegros y mis cuñados, así que la situación muy romántica no era. No obstante el paseo fue sumamente agradable.

   Para lugar romántico y encantador la Piazza Navona. Las fuentes que la adornan son dignas de admiración, las construcciones del palacio Pamphili y de la iglesia de Santa Inés son merecedoras de encomio y las facturas de las terrazas que se encuentran en la plaza son de juzgado de guardia, ¡menudo robo! Esa plaza está muy bien para pasear y si uno necesita sentarse mejor que lo haga en el reborde de las fuentes y no en las sillas de sus restaurantes porque en ese caso será víctima de un atraco a mano armada. 

Piazza Navona
   Otro día estuvimos visitando el Circo Máximo, un lugar grandioso y espectacular. En el pasado era allí donde se celebraban carreras de carros, en el presente es allí donde los romanos se manifiestan en contra de sus presidentes del gobierno. Yo, que iba dispuesta a imaginarme a Ben-Hur compitiendo contra el malvado Messala, lo único que pude imaginar fue a Berlusconi agarrado a una rubia despampanante mientras sus gobernados se desgañitaban dedicándole improperios. (Sé que la famosa carrera de cuadrigas de Ben-Hur se desarrolla en Judea y no en Roma pero mi acervo de carreras romanas es muy pobre).
Circo Máximo lleno de manifestantes
    Cuando estuvimos visitando la iglesia de Santa María in Cosmedín, también vimos la Bocca della Verità. Es una máscara de mármol que se encuentra en el atrio de la iglesia. Cuenta la leyenda que si uno introduce la mano en la ranura que simula la boca de esa máscara y ha cometido adulterio el demonio que se encuentra dentro se queda con la mano. 

   La foto que se hacen todos los turistas es al lado de la máscara e introduciendo la mano en dicha ranura. A mí la pose no me atraía nada, no porque tuviera miedo de quedarme sin mano –ni soy adúltera ni, aunque lo fuera, me creo que haya ningún demonio ‘come manos’–. Mi reticencia a introducir la mano ahí se debía a que muchos opinan que esa máscara era la tapa de una cloaca de la época de los antiguos romanos, y francamente, con ese pasado no me parecía muy higiénico tocar ese orificio. Ya sé que han transcurrido muchos siglos desde que la máscara tuvo la función de sumidero de aguas fétidas pero las bacterias fecales me dan mucho repelús.

Bocca della Verità
   La que no tuvo ningún inconveniente en introducir la mano en la boca fue mi suegra, y además, libre de todo prejuicio, se permitió la libertad de gastar una broma pues en el momento en que una servidora se disponía a disparar la cámara fotográfica, se puso a gritar como si le estuvieran cortando la mano. Sus hijos y su marido, que saben lo gamberra que puede ser, ni se inmutaron. Yo me quedé algo cortada pues no sabía si hacer la foto o aguardar a que su expresión fuera algo más dulce y los alemanes que estaban esperando para hacerse su propia foto estuvieron a punto de llamar a emergencias pues se creyeron que le estaba pasando algo malo de verdad. Los teutones en general no tienen sentido del humor y esos en concreto, desde ese día, no tienen buen concepto de los españoles.

 Al igual que la primera vez, estuve en la Fontana de Trevi, y al igual que aquella vez, tiré una moneda. Como sé que lo de la moneda es efectivo estoy esperando volver a Roma. Aún no se ha cumplido ese deseo pero no pierdo la esperanza y sé que voy a visitar una vez más esa maravillosa ciudad. Cuando lo haga ya os lo contaré.



Kirke  


14 de abril de 2016

Morir bajo tu cielo

   Hace mucho tiempo que tengo ganas de leer algo sobre nuestro desastre del 98, sobre Cuba o sobre Filipinas. Hace poco tiempo me enteré quiénes fueron en realidad ‘los últimos de Filipinas’. Hasta entonces sólo asociaba esa expresión a un profesor que tenía en el colegio y que llamaba así a los que entregaban siempre en último lugar los exámenes y los trabajos.

   Cuando me avisaron que había una novela que relataba los acontecimientos de la pérdida de Filipinas no lo dudé y me decidí a leerla. Cuando me enteré quién era su autor sí que dudé, pero aun así decidí leerla igualmente.

   Juan Manuel de Prada es un escritor de ideas muy conservadoras. No tengo nada en contra de las personas que opinan así, aunque mi ideología es bastante más liberal, lo que no me gusta es cómo este señor expresa esas ideas. Sus intervenciones en algunos programas de televisión son, en el mejor de los casos, polémicas. Es un ferviente católico y sus diatribas en contra del aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual han sido furibundas. Reseño esto último para poder comprender lo que voy a explicar a continuación.

   Vaya por delante que no pude acabar el libro. Esta reseña se basa en una lectura inconclusa por lo que pido disculpas de antemano. Sin embargo, he querido manifestar el porqué de mi decisión y las impresiones que me llevaron a ese abandono.

   El libro prometía, pues el inicio está muy bien. Comienza describiendo la vida de los dos oficiales que estuvieron al cargo de "los últimos de Filipinas": el capitán Las Morenas y el teniente Martín Cerezo. Al mismo tiempo que se nos cuentan los antecedentes de estos dos militares se describe la situación político-social de Filipinas. Se nos muestra la Manila colonial más rancia que pertenece a los restos de un Imperio decadente que se encuentra ya en caída libre.

   Se hace una buena crítica al remilgado cinismo de los más pudientes que a caballo entre la tradición y la modernidad "iban a comulgar por las mañanas, por las tardes acudían a casas de tolerancia y asistían por las noches a la logia masónica". 

   También se muestra muy bien cómo el trato que se les da a la población indígena por parte de los colonizadores repercute en una guerra que en principio sólo parecía una revuelta de unos pocos. Los filipinos no formaron en ningún momento parte del gobierno de las islas, ni ocuparon puestos de relevancia en sus organismos oficiales por lo que nunca se volcaron en la defensa de las mismas. 

Nadie se implica en una causa que no siente como propia

   Esta implicación no la tenían ni los propios soldados españoles obligados a batallar en un lugar que ni siquiera eran capaces de ubicar en el mapa. Para más escarnio sólo peleaban los más pobres pues si se tenía el dinero suficiente se podía pagar para evitar el enrolamiento. El ejército español estaba formado por pobres desgraciados que no sabían por qué o por quiénes luchaban.

 Tengo que resaltar que la narrativa de De Prada es exquisita, utiliza un lenguaje muy rico –tuve que visitar continuamente el diccionario- y unas expresiones elaboradas que demuestran su gran talento para escribir.

  Lo anteriormente expuesto puede considerarse como introducción a lo que está por venir y para situarnos en lo que, se supone, es la trama principal: el Sitio de Baler. Durante once meses un destacamento de soldados españoles resistió en un pueblo de la isla de Luzón, Baler, el asedio de los insurrectos filipinos. Cuando la guerra terminó este grupo de soldados no se enteró y siguieron atrincherados en una iglesia varios meses más después de firmado ya el armisticio.


   Pero, y ahora viene el problema, también van apareciendo otros personajes que complementan la trama, y es aquí donde el autor muestra cierto maniqueísmo que, además de hacer poco creíbles a esos personajes, presentan la historia como si fuera un cuento para niños, donde el malo es perverso y está sumergido en un pozo de inmundicias mientras que el bueno es un dechado de virtudes.

   Es curioso, pero entre estos personajes tiene mucho peso el clero. Por ejemplo, el arzobispo de Manila se nos presenta como un tipo contemporizador que a la vez que reconoce los defectos de la curia romana la disculpa descargando responsabilidades en los gobernantes, especialmente si son liberales (a Maura, cuya militancia en aquella época era liberal, le dedica varios epítetos poco favorecedores). Otro personaje que tiene relevancia es una monja –un poco rara porque algunos votos no está obligada a cumplir-, una mujer aventurera y con mucho desparpajo que aprovecha la mínima ocasión para hacer proselitismo y divulgar la fe católica a los descreídos filipinos que piensan que la fuente de todos sus males está en la religión. Entre los objetivos para convertir a la verdadera fe se encuentra Teodorico Novicio, el tagalo que capitaneó el ataque en Baler y que repartió caña a los españoles. Es curioso cómo alguien así, que yo me imaginaba bastante feroz, se comporta ante las soflamas de la monja de manera condescendiente y hasta sumisa. 

   Y es así como página tras página se hace una defensa a ultranza de las creencias religiosas, las católicas exactamente. Las continuas alusiones a la bondad de Dios, a los ritos religiosos y su significado acabaron aburriéndome. Para más inri, resulta que el villano de la novela es un holandés traficante de armas y luterano-calvinista por más señas, con unos vicios repugnantes y depravado hasta la exageración; eso sí, se hace hincapié en que su maldad es debida al poco amor que le tiene a Dios, pobrecito él. 

   No tengo ningún problema en que se defiendan las creencias religiosas, en absoluto, y si esa es la intención del escritor no seré yo quien ponga objeciones. Lo que ocurre es que yo buscaba otro tipo de lectura en esta novela, y aquí toda la responsabilidad es mía. Yo quería una historia de soldados; los que combatieron en la defensa de Filipinas, los últimos en concreto. Pero en el primer tercio del libro apenas se hace mención a ellos –un par de cortos capítulos relatando el desplazamiento desde España a Manila del destacamento en cuestión-. 

   En fin, que me fui desinflando a medida que se sucedían las páginas y como el libro tiene casi 800 pues no tenía el cuerpo para tanto sacrificio. Es posible que si la novela fuera algo más corta habría aguantado para ver en qué acaba todo. Aunque el final ya lo sé por los libros de Historia.

Kirke  


11 de abril de 2016

Do you speak English? VI

Regreso a Roma (Primera Parte)


    La segunda vez que visité Roma fue muchos años después de la primera y yo ya había dejado atrás las locuras veinteañeras –pero no la insensatez–. (La crónica de mi primer viaje se puede leer pinchando aquí y aquí)

   En esta ocasión el viaje lo realicé con mi esposo, mi hija, mis cuñados y mis suegros. Los padres de mi marido celebraban sus Bodas de Oro y nosotros decidimos regalarles un viaje a la Ciudad Eterna con paquete añadido –el paquete éramos sus hijos, sus nueras y su nieta–.

 Y allá que nos fuimos, tan alegres y tan confiados pues como yo  había estado allí la idea era recorrer lo que ya había visitado. Lo que los demás ignoraban –salvo mi marido que me conoce perfectamente– es que soy una desmemoriada patológica; me cuesta trabajo recordar el itinerario de un trayecto que hice apenas unas semanas, por lo que rememorar las calles de una ciudad por las que transité veinte años atrás era misión imposible.

   También es verdad que por muy mala memoria que tenga lo que sí tenía muy presente es que no iba a fiar nuestra estancia y nuestra movilidad a poder preguntar a los transeúntes, que lo de que el italiano no se parece en nada al español no se me había olvidado. Esta vez llevaría un buen mapa y un diccionario italiano-español (en realidad era una guía práctica de conversación con frases hechas y útiles para situaciones concretas como ir a un restaurante o una tienda).

   Aterrizamos en los días previos a la Semana Santa, tomar el avión ya supuso una odisea pues el vuelo tenía overbooking y no nos quedamos en tierra de pura chiripa; cosas de las compañías aéreas y sus ansias de enriquecerse a costa de vender más billetes que plazas tiene el avión. No quiero desviarme del tema que me ocupa pero soy incapaz de entender que esa práctica sea legal.

   Pasado el primer susto y como llegamos muy pronto decidimos ir a desayunar en una cafetería situada muy cerca de nuestro hotel, en la Plaza de la República. Una servidora, a pesar de experiencias pasadas con el idioma italiano y que mi familia ya conocía, fue la encargada de hacer la comanda. Casi todas las peticiones de mis acompañantes eran más o menos fáciles de trasladar al amable camarero, salvo la de mi suegra cuyo deseo era tomar “un café con un chorrito de leche desnatada y templada y endulzado con sacarina” por lo que le pedí a la buena mujer si, por una vez, su desayuno no podía consistir en un simple “café con leche” y mi suegra, que es muy buena persona y me quiere mucho, accedió. Menos mal, de lo contrario todavía estaría allí intentando hacerme entender por el camarero.

Basílica de San Pedro

   El primer lugar que visité fue, otra vez, el Vaticano. En esta ocasión no intentamos acceder a la Plaza de San Pedro a través de la dichosa columnata de Bernini, primero porque no estábamos ninguno –salvo mi hija– en condiciones de trepar vallas y segundo porque recordaba perfectamente, y a pesar de mi mala memoria, la mala baba que se gastan los carabinieri. Prefería que el inicio de la estancia en Roma estuviera libre de sobresaltos y, a ser posible, el término de la misma también.

   Como esta vez viajábamos por libre, sin guía ni nada parecido, decidimos utilizar el transporte público y bajamos al suburbano. Sabíamos que había bonos para viajar más económicamente y que permitían coger el metro varias veces en un mismo día por un módico precio. Para no estar mucho tiempo en la taquilla del metro haciéndome entender mediante gestos utilicé la guía práctica de conversación y, después de ensayar varias veces mientras nos encaminábamos a la estación más cercana, le espeté a la taquillera: “Sette biglietti per un giorno”. La empleada del metro me debió de entender porque emitió los billetes sin problema y mi suegro se debió de quedar alucinado porque le dijo a mi marido “Ignoraba que tu mujer sabe hablar italiano” a lo que mi cónyuge le contestó “Qué va. No tiene ni idea”. A pesar de esta aclaración mi suegro no creyó a su hijo y en cambio decidió que a partir de ese momento no se separaría de mí, pues estaba seguro que yo era la única del grupo que le podría servir de ayuda en una ciudad desconocida y extranjera. ¡Qué majo mi suegro! Y qué cándido, pero es que, al igual que su esposa, me quería mucho y ese cariño que me tenía le cegó.

Arco de Constantino

    Después de toda una mañana caminando por el Foro Romano pensamos ir a comer al barrio de Trastevere, uno de los lugares más encantadores de Roma. Ya estábamos cansados y decidimos tomar un autobús urbano que nos acercara allí. En la plaza de Vittorio Emanuele hay muchas dársenas de donde salen bastantes autobuses y dado que estábamos muy cerca del citado barrio pensamos que seguro habría un bus que pasaría por allí. Así que me decidí a preguntar escuetamente a una viandante, y digo escuetamente porque me limité a decir “Bus Trastevere, ¿per favore?”. Juro que lo dije con mi mejor acento italiano, acento que debió de ser malísimo porque la viandante, después de mirarme de arriba a abajo, me contestó “Eres española, ¿verdad?” Ante mi afirmación me indicó en un perfecto castellano los diferentes autobuses que pasaban por Trastevere y además me recomendó un par de restaurantes para comer allí. ¡Qué útil es saber idiomas! Sobre todo si son otros los que se molestan en aprender el tuyo.

Basílica de Santa María en Trastevere

   En el restaurante que elegimos nos dispusimos a leer la carta. Mientras cada uno estaba pensando qué pedir, mi hija que por aquel entonces tenía once años, me dice con los ojos como platos: “Mamá, mira lo que pone aquí: ¡penne!” para enseguida añadir “¿Eso se come?” Sin percatarme que la "n" estaba duplicada y antes de caer en la cuenta que “penne” es un tipo de pasta, la urgencia por salir del paso hizo que le contestara a mi hija lo que suelo decirle en situaciones similares cuando me pone en un aprieto: “Pregúntaselo a tu padre”.

Continuerà.....

Kirke  





9 de abril de 2016

La ternura de los lobos

   Esta novela puede incluirse en muchos géneros: aventura, costumbrista, histórica, y sobre todo intriga o suspense. Además para mí tuvo una intriga añadida: el título.

   Me llamó la atención que los lobos puedan poseer ternura; mi padre se crió en una zona rural donde el lobo hizo mucho daño, a la ganadería e incluso atacando humanos, y ese animal nunca ha caído bien en mi familia paterna –que nos perdone Félix Rodríguez de la Fuente–, por eso quería saber dónde reside la ternura en un lobo. Ese fue el primer aspecto enigmático para mí; aspecto que sigue siendo un enigma porque los lobos aparecen en el título pero no en la novela (apenas un par de referencias a ellos en toda la historia). Y como consecuencia me ha quedado otro enigma sin resolver: ¿por qué ese título?

   Dejemos las disquisiciones sobre el título y pasemos al libro en sí. 

   Nos encontramos en el Canadá más salvaje –en el sentido de agreste y poco civilizado– de mediado el siglo XIX y los pioneros que se aventuran en unos parajes inhóspitos y hostiles buscan un futuro mejor que el que sus países de origen les ofrecen. En esos momentos y dada la climatología el comercio de pieles es el motor económico de la zona. 

   Ser trampero, rastreador y/o cazador es la principal dedicación que poseen los habitantes de esos lugares; personajes hoscos que, en perfecta simbiosis con el entorno, se convierten en seres duros y violentos.

   La acción se desencadena cuando un trampero muere en extrañas circunstancias. Las sospechas recaen en un mestizo al que su sangre india le hace más culpable –estamos en una sociedad extremadamente racista– y en el hijo adoptado de un matrimonio de colonos que al desaparecer el mismo día del asesinato se convierte en el candidato idóneo para ser el asesino.

   La madre del muchacho desaparecido inicia la búsqueda de su hijo afrontando un viaje en condiciones muy severas y que la llevará a lugares deshabitados y peligrosos. La acompaña un mestizo y más tarde un contable de la Compañía que monopoliza el mercado de pieles, la Hudson's Bay Company. En ese viaje irá descubriendo muchas cosas de sus compañeros de viaje y de sí misma.


   He comentado al principio que la novela es de aventuras pero en realidad no hay demasiada acción, tan solo al final, y es que la autora se centra en describir detalladamente, a veces en demasía, la vida tan dura a la que tuvieron que enfrentarse los primeros habitantes de la zona más septentrional de Canadá, con praderas heladas cubiertas de nieve, donde el pasar una noche al raso puede suponer la muerte, y pequeños villorrios donde apenas se cubren las necesidades básicas para subsistir.

Lo que en un mundo más apacible se considera heroísmo aquí forma parte de la rutina diaria
   
   Con un estilo narrativo peculiar y que a mí no me ha agradado mucho, Stef Penney nos va mostrando una galería de personajes a cual más singular. Cada uno encierra en sí mismo un enigma y secretos que poco a poco se van desvelando. Alguno de estos secretos se ven venir desde lejos y en ese aspecto creo que la autora peca de ingenua o de poco arte para ocultar lo que se supone debe ser una sorpresa al final. 

Indios mohawk

   La historia tiene saltos en el tiempo que algunas veces se muestran algo caóticos y que hacen perder el hilo del argumento pero en general la lectura es bastante amena a pesar de tener escenas algo lentas y personajes secundarios que no aportan nada a la historia principal. 

   En cambio el desenlace final es rápido y algo brusco. En una reseña de un compañero bloguero, y a la que debo esta lectura, se hacía referencia a que el final tenía algún hilo suelto. Yo más que un hilo he visto flecos, y muchos, como los adornos que llevaban las chaquetas de piel de los indios. Hay muchas historias que quedan inconclusas, sin definir bien el final y ya no sé si es que la autora tiene en mente hacer una segunda parte o que de repente le entraron las prisas por terminar la novela.


   En resumen, una novela entretenida que muestra suspense en todo momento y que se lee fácilmente. Ni más ni menos. Por cierto, tengo entendido  que van a hacer una película basada en la novela, a lo mejor ahí sí que salen lobos…


                                                         Kirke 


Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores