7 de junio de 2015

De vacunas y enfermedades


    Estos días ando muy enfadada, la farmacéutica que soy y la científica que llevo dentro me están alborotando las neuronas por un suceso que ha acaecido en España. 

    Y es que estos días he visto con horror y estupefacción cómo la estulticia de unos padres ha puesto en peligro la vida de un niño. En Olot ha aparecido el primer caso de difteria en casi treinta años. Parece ser que los padres del crío decidieron no vacunarle siguiendo una corriente/moda, bastante extendida por lo que se ve, que está en contra de la vacunas. No puedo entender que en pleno siglo XXI, en una sociedad desarrollada y con un sistema sanitario avanzado –en declive pero aún aceptable- haya personas que deciden rechazar tratamientos que mejoran la salud y previenen enfermedades.

   Todos los tratamientos tienen (posibles) efectos secundarios, las vacunas también. Antes de  que un fármaco se ponga en circulación se  estudian los efectos contraproducentes y los beneficiosos, según el riesgo y la mejora que pueda aportar se decide si es viable. 
   No me voy a extender en los efectos beneficiosos de las vacunas, pero la estadísticas cantan: desde que se estableció un calendario de vacunación apropiado la mortalidad infantil (y la adulta también) debida a enfermedades infecciosas ha descendido brutalmente, mientras que los efectos perniciosos que algunas vacunas pueden producir se cuentan como casos muy aislados.

   A todos aquellos padres que decidieron no vacunar a sus hijos porque creyeron que las vacunas son innecesarias les recordaría que probablemente sus hijos no necesitaron esas vacunas porque los hijos de la inmensa mayoría de otros padres están vacunados y esas enfermedades tan peligrosas no abundan en nuestra sociedad gracias a esas vacunas que ellos desprecian. 
  Sin embargo nuestra sociedad cada vez está más diversificada, la movilidad de gente de nacionalidades muy distintas nos pone en contacto con otras culturas…..y también con enfermedades que estaban controladas. Y esto es lo que ha pasado en Olot. 

   Ahora unos padres rotos por el dolor dicen sentirse engañados por los que les convencieron de no vacunar; una lástima que no se dejaran convencer por el personal sanitario que les explicó el riesgo tan grave que conllevaba su decisión.

   Por otro lado me gustaría hablar con sinceridad de esos grupos que se hacen llamar anti-vacunas pero la educación y cierto pudor a la hora de utilizar palabras soeces me lo impiden. Sólo comentar que cuando se habla de algo hay que saber de qué se habla, que decir una verdad a medias es peor que mentir y que utilizar el temor y el desconocimiento de algunos para cobrar protagonismo es ruin y despreciable. 

   Esperemos que este desgraciado episodio sirva para desengañar a otros padres mal informados. 

   Dejémonos de modas y tengamos un poquito de sentido común. 

                                                                                                                Kirke 

6 comentarios:

  1. No se puede dejar la vida y la salud de los niños en manos de la decisión de unos particulares porque luego pasa lo que pasa. No solo han puesto en peligro a su hijo, sino a todos los que lo rodeaban. Las vacunas deberían ser obligatorias. No se pueden dejar ciertas cosas al albur de la ignorancia que, ya se sabe, es muy atrevida.
    Plenamente de acuerdo contigo. Un beso.

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    1. Se supone que todo paciente tiene derecho a rechazar un tratamiento. Puedo entender que un enfermo se niegue a ser intervenido quirúrgicamente o a ser sometido a quimioterapia, por ejemplo, es su vida la que está en riesgo. Pero en el caso de las enfermedades infecciosas ya no hablamos de la salud de una persona en concreto sino de la de terceros que puede verse amenazada.
      Pienso como tú, Rosa, la vacunación debería ser obligatoria.

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  2. Cualquiera es libre a la hora de practicar deporte de riesgo. Si después te despeñas, te ahogas o te estrellas es mala suerte o peor preparación. Pero a la hora de conducir un coche es obligatorio tener permisos de circulación y una formación al respecto. La diferencia no es otra que la de entrar terceros en la ecuación de nuestro libre albedrío. Resumen: No estoy relacionado con la sanidad pero con lo dicho por ti estoy totalmente de acuerdo.
    Si yo no me quiero operar de apéndice o de ovarios o próstata es problema solo mio, poniendo en riesgo mi integridad física y jugándome la vida libremente. Pero ningún sistema sanitario actual ni ninguna sociedad avanzada me van a dejar andar por las calles libremente con Ébola, tuberculosis o difteria.
    Lo habéis dicho muy bien: Se trata de modas pasajeras que al contrario que otras, si tienen consecuencias fatales para los que convivimos con los cuatro Snobs que las ponen en práctica.
    Últimamente me sorprende oír también que todos los alimentos son veneno. El pan, los lácteos, las carnes...Nos alimentaremos pues de flores silvestres y miel.
    Besos y perdona por mi disgresión

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    1. No hay nada que perdonar, Francisco, lo has explicado muy bien. El libre albedrío está limitado cuando entra en juego la integridad de terceros. No estás relacionado con la sanidad pero entiendes muy bien lo que está pasando porque tienes raciocinio y sabes discernir algo que por desgracia no está muy extendido. Ya sabes lo que se dice: el sentido común es el menos común de los sentidos.
      Otro día hablaremos de los alimentos porque yo trabajo en nutrición y no puedes hacerte idea de las sandeces que tengo que oír y leer a diario sobre el tema.
      Un beso, y gracias por tus comentarios tan enriquecedores.

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  3. Que me vas a contar sobre nutrición. Vivo con una bromatóloga. jajaja
    Y para tu tranquilidad como de todo con moderación y no paro de hacer deporte. Mente sana en cuerpo sano.que decían nuestros queridos antepasados.

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    1. Una bromatóloga en casa? Entonces estás en buenas manos. El profesor Grande Covián decía que la mejor dieta era la del plato de postre: comer de todo pero en un plato pequeño, es decir, poca cantidad. Una alimentación equilibrada y una actividad física constante es la combinación perfecta para una buena salud. Sigue así, Francisco.

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Hada verde:Cursores
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